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El Último Portador - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - Capítulo 36: La verdad del portador
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Capítulo 36: La verdad del portador

La enfermería de la mansión Sevianko había quedado en silencio.

Las luces blancas seguían iluminando las camillas donde Noah y Eleonor permanecían inconscientes. Los monitores marcaban signos estables, pero el ambiente seguía cargado de una tensión que no desaparecía con la calma.

Sophie no se había movido de su puesto junto a la ventana. Observaba el exterior a través del cristal, aunque apenas podía distinguir algo más que las luces de los vehículos que aún se movían en el perímetro.

Irina entró sin hacer ruido. Sus ojos ya no brillaban, pero su expresión seguía siendo alerta.

—El convoy estará listo en treinta minutos —informó en voz baja—. La unidad Eco-55 acaba de aterrizar en la plataforma norte.

Sophie asintió sin apartar la mirada de la ventana.

—Mikhail ya se fue.

—Lo sé. Me lo encontré en el pasillo. Me pidió que te dijera algo.

Sophie giró la cabeza.

—¿Qué?

Irina dudó un instante antes de hablar.

—Dijo: “Que sepa la verdad cuando despierte. Ya no hay tiempo para protegerla”.

El silencio volvió a instalarse entre ambas.

Sophie miró hacia la camilla donde Noah permanecía inmóvil. Su respiración era profunda, estable. La marca en su espalda había dejado de brillar, pero algo en su expresión mientras dormía transmitía una calma que no terminaba de ser tranquilizadora.

—¿Qué verdad? —preguntó Sophie en voz baja.

Irina se acercó hasta quedar a su lado.

—No lo sé con certeza. Pero tengo una idea.

Ambas guardaron silencio durante largos segundos.

Fue entonces cuando Noah abrió los ojos.

No fue un despertar gradual. Simplemente pasó de estar inconsciente a tener la mirada fija en el techo, como si nunca hubiera dormido.

Sophie reaccionó al instante.

—¡Noah!

Se acercó a la camilla con rapidez. Irina hizo lo mismo desde el otro lado.

Noah parpadeó una vez. Luego otra.

Cuando habló, su voz sonó diferente. Más calmada. Más… antigua.

—¿Dónde está Eleonor?

Sophie señaló hacia la camilla contigua sin apartar la mirada de él.

—Está bien. Estabilizada. Pero tú…

—Lo sé —la interrumpió Noah.

Se incorporó lentamente. Ninguno de los monitores emitió alerta alguna. Sus signos vitales seguían siendo normales, como si despertar después de haber invocado dos bestias guardianas fuera lo más natural del mundo.

Irina lo observaba con atención, casi con desconfianza.

—¿Cómo te sientes?

Noah la miró directamente a los ojos.

—Diferente.

Se levantó de la camilla con movimientos precisos, sin el más mínimo temblor. Dio unos pasos hacia la cama de Eleonor y la observó en silencio durante largos segundos.

Sophie e Irina intercambiaron una mirada.

Ninguna de las dos sabía qué decir.

Fue Noah quien rompió el silencio.

—Vi cosas ahí dentro —dijo sin apartar la vista de Eleonor—. En la Cámara de la Memoria.

—¿Qué cosas? —preguntó Sophie.

Noah tardó en responder.

—Vi a los primeros portadores. Vi cómo elegían a los guardianes. Vi…

Hizo una pausa.

—Vi por qué fui elegido.

Irina dio un paso al frente.

—¿Y?

Noah se giró hacia ella. Por un instante, sus ojos reflejaron algo que ninguna de las dos había visto antes en él.

No era miedo. No era duda.

Era certeza.

—No fui elegido por accidente —dijo—. Ni porque la marca decidiera probar algo nuevo. Fui elegido porque…

Se detuvo.

Sophie sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Porque ¿qué?

Noah respiró hondo.

—Porque ya había sido portador antes.

El silencio cayó sobre la enfermería como un peso físico.

Irina frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido. La marca elige a un nuevo portador cuando el anterior muere. No puede…

—Puede —la interrumpió Noah—. Si el portador no muere del todo.

Sophie dio un paso atrás sin darse cuenta.

—¿Qué estás diciendo?

Noah se sentó en el borde de la cama de Eleonor. Su expresión era serena, pero sus palabras cortaban el aire como cuchillas.

—Hace miles de años, cuando los Seres Supremos sellaron a los Kartnod, el primer portador ofreció algo más que su vida. Ofreció su esencia. La marca no era solo un símbolo de poder. Era un ancla. Un punto de conexión entre dimensiones.

Hizo una pausa.

—Para que el sello fuera eterno, el primer portador tuvo que… fragmentarse. Su cuerpo murió, pero su esencia quedó ligada a la marca. Y desde entonces, cada vez que la marca elige a alguien, no solo transmite el poder. Transmite parte de esa esencia original.

Irina procesó la información con dificultad.

—Entonces tú… ¿eres una reencarnación?

—No —respondió Noah con calma—. Soy un recipiente. Como lo fueron todos los portadores antes que yo. Pero hay una diferencia.

—¿Cuál? —preguntó Sophie.

Noah la miró directamente.

—La esencia del primer portador siempre ha estado ahí, latente, esperando. Pero para despertar del todo necesita algo.

—¿Qué?

—La reliquia robada en Brasil.

Sophie sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque lo vi. En la Cámara. El medallón de piedra verde no fue creado para estabilizar al portador. Fue creado para mantener dormida la esencia del primero. Para que ningún portador pudiera acceder completamente a ese poder.

Irina comprendió antes que Sophie.

—Alguien quiere que despiertes.

Noah asintió lentamente.

—Y cuando lo haga… cuando la esencia del primer portador despierte por completo dentro de mí…

—¿Qué ocurrirá? —preguntó Sophie con voz apenas un susurro.

Noah guardó silencio unos segundos.

Luego habló.

—Recordaré todo.

La frase quedó flotando en el aire.

Sophie sintió un nudo en el estómago.

—¿Y quién serás entonces? ¿Noah? ¿O el primer portador?

Noah la miró con una expresión que no supo interpretar.

—Ambos.

El silencio que siguió fue roto por el sonido del comunicador de Irina.

Ella lo activó con un gesto automático, sin apartar la vista de Noah.

—Dígame.

La voz del operador sonó clara a través del dispositivo.

—Unidad Eco-55 lista para traslado. Repito: unidad médica preparada. Deben abordar en los próximos diez minutos.

Irina confirmó la recepción y cortó la comunicación.

Sophie observó a Noah.

—¿Vas a venir?

Noah asintió.

—Tengo que llegar a Francia. Ahí están los registros completos. Ahí podré confirmar lo que vi.

Se levantó y caminó hacia la camilla donde Eleonor seguía inconsciente.

Colocó una mano sobre la frente de ella con una suavidad que contrastaba con todo lo que acababa de decir.

—Y ella tiene que venir conmigo.

—¿Por qué? —preguntó Irina.

Noah no respondió de inmediato.

Cuando lo hizo, su voz transmitió algo que ninguna de las dos había escuchado antes en él.

Protección.

—Porque cuando despierte del todo… voy a necesitar a alguien que me recuerde quién soy.

Sophie sintió un nudo en la garganta.

Irina desvió la mirada.

Afuera, las luces de la unidad Eco-55 comenzaron a parpadear, marcando el inicio del traslado.

Y en algún lugar del Atlántico norte, el medallón de piedra verde brilló con más intensidad que nunca.

Como si supiera que su momento estaba cerca.

Como si celebrara el despertar que estaba por venir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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