Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

El Último Portador - Capítulo 42

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Último Portador
  4. Capítulo 42 - Capítulo 42: La calma antes de la tormenta
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 42: La calma antes de la tormenta

La luz del amanecer se filtraba tenuemente a través de las cortinas de la habitación cuando Noah abrió los ojos.No recordaba haberse dormido.

La última imagen en su mente era la misma de las últimas noches: fragmentos de recuerdos que no le pertenecían, rostros de personas que habían muerto hacía milenios, y una voz antigua susurrando verdades que aún no podía comprender del todo.

Se incorporó lentamente. El brazalete en su muñeca estaba frío, casi inerte, como si también estuviera descansando después de días de actividad constante.

La habitación era amplia, decorada con muebles antiguos que combinaban la elegancia francesa con símbolos protectores de la familia Orleans. En la pared frente a la cama, un grabado representaba el árbol genealógico de las cinco familias, con conexiones que se remontaban a más de cinco mil años.

Noah lo observó en silencio.

Su nombre estaba ahí, al final de una de las ramas. Junto al de Eleonor. Junto a los de Daniel y Orla. Y más arriba, los nombres de sus padres. De sus abuelos. De una cadena interminable de personas que habían cargado con el mismo peso antes que él.

—¿Otra vez despierto antes que el sol? —dijo una voz desde la puerta.

Noah giró la cabeza.

Eleonor estaba apoyada contra el marco, con el brazo izquierdo inmovilizado por un cabestrillo de material plateado que emitía un tenue brillo curativo. Su rostro había recuperado parte del color, aunque las ojeras delataban las noches de dolor.

—Deberías estar descansando —respondió Noah.

—Eso mismo iba a decirte.

Ella entró sin esperar invitación y se sentó en una silla junto a la ventana, con cuidado de no forzar el hombro herido. Por un momento ninguno habló. Simplemente compartieron el silencio mientras la luz crecía sobre Marsella.

—Sophie me contó lo que viste en la Cámara —dijo Eleonor al final.

Noah asintió.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Cómo te sientes? —preguntó ella, mirándolo directamente—. Saber que no eres solo tú. Que llevas dentro a alguien que vivió hace cinco mil años.

Noah tardó en responder.

—No lo sé —admitió—. A veces siento que soy yo. Otras… siento sus recuerdos como si fueran míos. Pero no duelen. No asustan. Es más como… como si siempre hubieran estado ahí, esperando.

Eleonor lo observó con atención.

—¿Y eso no te preocupa?

—Sí. Pero también me da respuestas.

Ella levantó una ceja.

—¿Como cuáles?

Noah se levantó de la cama y caminó hacia la ventana, deteniéndose a su lado. Desde ahí podían ver parte de los jardines interiores de la mansión, donde algunos guardias entrenaban en silencio.

—Como por qué fui elegido —dijo en voz baja—. No fue casualidad. No fue un error. La marca me reconoció porque ya había estado en mí antes.

Eleonor procesó la información en silencio.

—Entonces… ¿todos los portadores?

—Fragmentos —la interrumpió Noah—. Cada portador llevaba una parte de la esencia del primero. Como piezas de un rompecabezas. Y ahora todas esas piezas están despertando en mí.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

Fue Eleonor quien lo rompió esta vez.

—¿Y qué pasa cuando despierten del todo?

Noah la miró.

—Recordaré la verdad.

—¿Qué verdad?

—La que las familias han ocultado durante cinco mil años. La razón por la que los Seres Supremos se fueron. Lo que realmente ocurrió después de la guerra.

Eleonor sostuvo su mirada.

—¿Y estás listo para eso?

Noah negó lentamente.

—No. Pero ya no tengo elección.

Ella asintió, como si esa fuera la respuesta que esperaba.

—Entonces no estarás solo.

Noah la observó con atención.

—¿Qué quieres decir?

Eleonor se levantó con dificultad, sujetándose el brazo herido.

—Que soy tu guardiana —dijo con ese tono suyo, el que no admitía discusión—. Y aunque seas el portador, aunque despiertes al primer maldito portador de la historia… sigues siendo el inútil de Noah que necesita que alguien le cubra la espalda.

Por primera vez en días, Noah esbozó una sonrisa.

—Gracias —dijo en voz baja.

Eleonor no respondió, pero algo en su expresión cambió. Una suavidad que rara vez mostraba.

—No des las gracias todavía —respondió—. Cuando despiertes del todo, si te conviertes en un problema, te congelaré yo misma.

—No puedes. Tu magia es de fuego.

—Entonces te quemaré.

Noah sonrió de verdad esta vez.

Y por un instante, a pesar de todo, el mundo pareció un lugar menos pesado.

Mientras Noah enfrentaba el peso de su despertar en Francia, en el extremo opuesto del mundo la familia Sevianko se preparaba para detener la segunda ofensiva de la flota Kartnod.

Base Naval de Anadyer — Rusia

El viento helado azotaba la costa con una furia que solo el círculo polar podía generar.

Mikhail Sevianko estaba de pie frente al acorazado principal de la flota familiar, una mole de acero y magia de casi trescientos metros de eslora. Su casco, cubierto de runas protectoras que brillaban débilmente bajo la luz gris del amanecer, había permanecido oculto durante generaciones en un dique seco dimensional.

Hoy, por primera vez en siglos, emergía para la guerra.

—Los sistemas de armamento están al máximo —informó Irina Kovalchuk a su lado, sosteniendo una tablet que mostraba diagramas técnicos—. Los sellos ofensivos responden al ciento veinte por ciento de su capacidad teórica.

Mikhail asintió sin apartar la vista del buque.

—¿Las otras naves?

—El resto de la flota completará su activación en seis horas —respondió Irina—. Sergei y Anton… bueno, sus segundos al mando ya están coordinando los últimos ajustes.

El nombre de sus hombres caídos pesó en el aire.

Mikhail guardó silencio unos segundos.

—Eran buenos —dijo al final—. Murieron como debían.

Irina no respondió.

No había palabras para eso.

—Señor —intervino otro oficial desde atrás—. Los informes de inteligencia confirman movimiento enemigo en el Pacífico norte. Al menos veinte naves avanzan hacia nuestras coordenadas.

Mikhail sonrió. No era una sonrisa de alegría.

—Que vengan —dijo con calma—. Hace tiempo que estos mares no ven una batalla de verdad.

Caminó hacia la pasarela que conectaba el muelle con el acorazado. Sus botas resonaban contra el metal con cada paso.

—Activen todos los protocolos de combate. Quiero a cada hombre en su puesto en una hora. Y comuníquenle a la familia Orleans que el norte estará protegido.

Irina asintió.

—¿Y si necesitan refuerzos?

Mikhail se detuvo y giró la cabeza.

—Los Sevianko no pedimos refuerzos. Damos resultados.

Y continuó caminando hacia su nave.

Océano Pacífico Norte — Flota Principal Kartnod

La Noche Eterna surcaba las aguas con una suavidad que contrastaba con su imponente tamaño. A su alrededor, veintitrés naves de guerra mantenían formación cerrada, sus cascos oscuros apenas visibles bajo la densa capa de nubes que habían generado para ocultarse de los satélites.

En el puente de mando, Kaisel Kartnod observaba el mapa holográfico con atención.

—¿Confirmación de las otras flotas? —preguntó sin levantar la vista.

Ferdinan Voss respondió desde su estación:

—La división Yamashiro continúa su avance hacia el Pacífico americano. La unidad Treiken ya cruzó el estrecho de Bering. Y la tercera flota…

Hizo una pausa.

—La tercera flota fue diezmada en China.

Kaisel no mostró reacción.

—Kael Draxor subestimó a los humanos de esta era —dijo con calma—. No volverá a ocurrir.

—Señor —intervino Morvak Hale desde su posición—. Los sensores detectan una concentración masiva de energía mágica a trescientas millas al oeste. Coincide con los registros de la base naval Sevianko.

Kaisel asintió lentamente.

—Los Sevianko —repitió, como si saboreara el nombre—. Esa familia siempre fue un problema. En mi época… y ahora también.

—¿Órdenes, almirante? —preguntó Ilyan Sereth.

Kaisel observó el mapa un momento más.

Luego sonrió.

—Que se preparen para el combate. Atacaremos al amanecer.

—Los Sevianko son especialistas en magia de hielo —advirtió Ferdinan—. En estas aguas, su poder estará amplificado.

—Lo sé —respondió Kaisel—. Por eso no iremos nosotros.

Los almirantes intercambiaron miradas.

—¿Entonces? —preguntó Morvak.

Kaisel activó un comunicador.

—Que los Claimoors tomen posiciones de vanguardia. Y que desplieguen las unidades de supresión mágica.

Se giró hacia sus oficiales.

—Los Sevianko esperan una batalla naval convencional. Les daremos algo completamente distinto.

La sonrisa en su rostro se ensanchó.

—Atacaremos desde abajo.

En las profundidades del océano, cientos de metros bajo la flota, sombras deformes comenzaron a moverse.

Y en Anadyer, a miles de kilómetros de distancia, Mikhail Sevianko sintió un escalofrío que no podía explicar.

Algo estaba por venir.

Y esta vez, no sería solo una batalla.

Sino el inicio de algo mucho más grande.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo