El Último Portador - Capítulo 43
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Capítulo 43: Sombras de traición
El amanecer apenas comenzaba a iluminar la costa de Marsella cuando la mansión Orleans despertó con una sensación extraña en el aire. El Mediterráneo se extendía tranquilo frente a la colina donde se levantaba la propiedad, y el sonido de las olas golpeando las rocas subía desde el acantilado con una regularidad casi hipnótica. Sin embargo, dentro del complejo algo parecía tensarse lentamente, como si la magia que recorría el mundo estuviera acumulándose antes de romperse.
En la sala de mapas, Noah observaba junto a Sophie las proyecciones tácticas que mostraban distintos frentes del conflicto global. Durante los últimos días los informes se habían vuelto cada vez más inquietantes: comunicaciones interceptadas, movimientos extraños en redes militares y señales que no encajaban con ninguno de los frentes conocidos.
Fue entonces cuando Noah sintió el pulso.
Un latido irregular recorrió su espalda.
La marca ardió bajo su piel con intensidad repentina. Fue breve, apenas un instante, pero suficiente para obligarlo a tensar los hombros.
Sophie notó el cambio en su expresión.
—¿Qué sucede?
Noah frunció el ceño.
—No lo sé… pero algo está mal.
Antes de que pudiera decir algo más, todas las luces de la sala cambiaron a rojo.
Las alarmas comenzaron a sonar en toda la mansión.
El tono de emergencia recorrió los pasillos con una urgencia imposible de ignorar.
La puerta se abrió con fuerza y Marianne apareció con el comunicador en la mano.
—Movimiento en el perímetro sur —informó—. Varios vehículos aproximándose por la carretera costera.
Sophie activó de inmediato las cámaras exteriores.
Las imágenes aparecieron en la pared principal de la sala.
Una caravana avanzaba por la carretera que ascendía desde la costa hacia la propiedad. Los motores rugían mientras atravesaban las curvas del camino y finalmente emergieron en la explanada que conducía al acceso principal de la mansión.
El primero se detuvo frente al perímetro.
Durante un segundo todo quedó en silencio.
Luego llegó el primer impacto.
Un destello de energía atravesó el aire y golpeó directamente las defensas exteriores.
Los sellos de protección reaccionaron al instante.
Una cúpula azul de energía se expandió sobre la mansión Orleans, cubriendo todo el complejo mientras vibraba bajo el ataque.
Étienne Orleans entró en la sala en ese momento.
Su traje de combate ya estaba activo y la energía de su marca recorría su cuerpo con intensidad.
Observó las proyecciones durante un segundo.
Luego activó el sistema interno de comunicaciones.
—Unidades de élite al patio central. Defensas del ala sur en posición.
Luc llegó pocos segundos después.
Sophie ampliaba el mapa táctico mientras Marianne revisaba las lecturas de los sensores.
—¿Cuántos? —preguntó Luc.
—Más de sesenta —respondió Sophie—. Y siguen llegando.
En las cámaras exteriores, las puertas traseras de los vehículos comenzaron a abrirse.
Los soldados descendieron con rapidez y se organizaron en formación frente a la mansión.
Vestían trajes de combate negros y portaban armas mágicas.
En el pecho de cada uno brillaba el mismo símbolo.
Un águila extendiendo las alas.
Sophie lo reconoció al instante.
—La facción Águila…
Una organización que durante décadas había sido considerada desaparecida.
Otra explosión sacudió el complejo.
Esta vez más cerca.
Étienne giró hacia Noah.
—Debes bajar al centro de comando subterráneo.
Noah negó.
—No voy a esconderme.
Luc intervino antes de que Étienne respondiera.
—Si quiere quedarse, no cambiará de opinión.
Un segundo de silencio siguió a sus palabras.
Finalmente Étienne habló.
—Entonces te quedas detrás de nosotros.
Las puertas que conectaban con el patio central se abrieron.
El aire frío del amanecer entró con fuerza.
El combate ya había comenzado afuera.
Los soldados avanzaban hacia el complejo mientras los vehículos continuaban disparando contra la barrera.
Luc fue el primero en actuar.
Extendió ambas manos hacia el frente y una barrera dorada se expandió sobre el patio como una pared sólida de energía.
Los ataques de las armas mágicas chocaron contra ella en una lluvia de chispas.
Marianne respondió creando una lanza de luz.
La lanzó con precisión.
La energía atravesó el aire y se clavó en el pecho de uno de los atacantes que avanzaban al frente.
El cuerpo cayó.
Pero los demás continuaron avanzando.
Con cada segundo el fuego enemigo aumentaba.
Desde la carretera, más vehículos se posicionaron frente al complejo.
Los disparos comenzaron a concentrarse en el mismo punto de la barrera.
Sophie observaba las lecturas del sistema con creciente preocupación.
—Están concentrando el ataque —dijo—. Intentan saturar las defensas.
Luc apretó los dientes mientras sostenía su escudo.
La presión aumentaba.
La barrera comenzó a parpadear.
Marianne lanzó otra lanza de energía.
Tres atacantes cayeron.
Otros ocuparon su lugar de inmediato.
La presión sobre las defensas aumentaba con cada segundo.
Entonces Sophie notó algo más.
—Los sensores están siendo interferidos.
Étienne giró hacia ella.
—¿Cómo?
Sophie revisó las lecturas con atención.
—Alguien está usando códigos internos.
Las palabras cayeron en la sala como un golpe seco.
Eso significaba que quienes dirigían el ataque conocían los protocolos de seguridad de las familias.
Alguien había abierto esa puerta desde dentro.
La barrera finalmente comenzó a ceder.
La cúpula azul vibró con violencia.
Y se quebró.
Una onda de energía recorrió todo el complejo.
Luc reaccionó al instante.
—¡La barrera cayó!
Las puertas del patio explotaron hacia adentro.
Los atacantes irrumpieron en el recinto.
Sophie miró las lecturas con incredulidad.
—Hay más refuerzos acercándose.
Étienne desenvainó su espada.
Luc levantó nuevamente su barrera.
Marianne preparó otra lanza de energía.
Noah avanzó un paso junto a ellos.
Observó cómo las tropas enemigas se desplegaban dentro del patio con precisión absoluta.
Entonces comprendió algo que ninguno de ellos quería aceptar.
Aquel ataque no había sido improvisado.
Había sido preparado durante mucho tiempo.
Y la única forma de lograr algo así…
era que alguien hubiera estado abriendo puertas desde dentro durante años.
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