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El Último Portador - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - Capítulo 44: Sangre al amanecer
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Capítulo 44: Sangre al amanecer

El amanecer comenzaba a extenderse sobre la costa de Marsella cuando la presión acumulada en el perímetro de la mansión Orleans alcanzó finalmente su punto de ruptura. Desde el inicio del asalto, la caravana había avanzado por la vía costera en formación cerrada, levantando una estela tenue que se mezclaba con la brisa salina del Mediterráneo. No hubo caos en su llegada, solo precisión. Las primeras descargas de armas mágicas golpearon la barrera exterior como un pulso constante, midiendo su resistencia, obligándola a tensarse cada vez más en un mismo punto hasta que el equilibrio dejó de sostenerse. Cuando cedió, no estalló; se desgarró. Fragmentos de luz se desprendieron de su superficie y se disiparon antes de tocar el suelo, dejando expuesto el patio central en un silencio breve que duró menos de lo que tardó el enemigo en cruzarlo.

Los vehículos redujeron velocidad sin detenerse por completo, lo suficiente para que las primeras unidades descendieran con movimientos coordinados, cubriéndose entre sí mientras aseguraban el acceso. No hubo vacilación en su avance. En cuestión de segundos, el combate dejó de ser una presión externa y se convirtió en una irrupción directa dentro de la mansión.

Étienne fue el primero en responder. La energía de la marca recorrió su cuerpo con una firmeza visible, anclándolo al suelo mientras interceptaba al atacante que encabezaba la entrada con un golpe que lo lanzó contra la base de una columna. No era solo fuerza, era control del espacio, dominio absoluto del punto que defendía. A su lado, Luc levantó una barrera frente a la escalinata principal, absorbiendo la primera ráfaga de disparos que buscaba abrir un corredor hacia el interior. La estructura vibró, pero no cedió.

El avance enemigo continuó sin interrupción.

Desde los laterales, nuevas unidades se desplegaron hacia balcones y accesos secundarios, disparando hacia ventanales y posiciones elevadas para fragmentar la defensa. La mansión Orleans no era un lugar aislado ni protegido por la naturaleza; era una fortaleza integrada en la costa, con accesos claros, y eso la hacía vulnerable a una ofensiva bien ejecutada. La brisa marina arrastraba el eco de los disparos, y el olor a sal comenzaba a mezclarse con el humo que se acumulaba en el patio.

La sangre apareció sobre la piedra demasiado pronto.

Un guardia cayó cerca de la fuente sin emitir sonido. Otro intentó sostener la línea en los escalones y fue alcanzado antes de poder reorganizarse. La defensa resistía, pero cada segundo perdía terreno.

Entonces Eleonor entró en la batalla.

No llegó como refuerzo. Ya estaba dentro del flujo del combate, desplazándose entre los defensores con una presencia que no necesitaba imponerse. Su traje de combate estaba abierto en el costado, la sangre oscureciendo la tela, pero su ritmo no mostraba debilidad. La energía de la marca se encendió en ella con una intensidad feroz, recorriendo sus brazos antes de tomar forma. Dos lanzas surgieron casi al mismo tiempo. La primera atravesó a un atacante que avanzaba hacia la escalinata; la segunda impactó contra un grupo que intentaba asegurar la galería norte, rompiendo su formación de inmediato.

No se detuvo.

Cada movimiento era directo, preciso, sin desperdicio. Entraba, golpeaba y cambiaba de posición antes de que el enemigo pudiera responder. Un atacante intentó alcanzarla por la espalda y terminó en el suelo con la mandíbula destrozada. Otro disparó a corta distancia; la descarga rozó su hombro, pero Eleonor respondió en el mismo movimiento, atravesándolo sin reducir la velocidad. No ignoraba el dolor. Avanzaba a pesar de él.

A su alrededor, el avance enemigo comenzó a desordenarse.

Sophie no estaba en el centro del combate, pero su presencia sostenía la estructura de la defensa. Desde el borde del patio, con una visión completa del campo, reorganizaba posiciones, cerraba accesos y redirigía a los guardias hacia los puntos donde la presión comenzaba a romperse. Cada orden llegaba a tiempo.

—Refuercen el ala oeste. No dejen que crucen.

No había duda en su voz. En medio del caos, era una línea clara.

En el centro del patio, Noah permanecía inmóvil por un instante, respirando con dificultad. La energía de la marca había dejado de ser una reacción desordenada. Era algo más profundo, más constante, como si respondiera al conjunto de la batalla y no solo al peligro inmediato.

El aire cambió.

La temperatura descendió de forma gradual, apenas perceptible al inicio, hasta que el aliento comenzó a hacerse visible. Noah levantó una barrera para contener una ráfaga dirigida hacia Luc y varios defensores cercanos. El impacto la hizo vibrar, pero resistió.

No era suficiente.

Desde el lateral, un nuevo grupo avanzaba intentando cerrar el espacio alrededor de Étienne. Noah giró apenas el cuerpo y dejó que la energía fluyera sin forzarla. El hielo surgió desde el suelo en una expansión controlada, atrapando piernas, rompiendo la coordinación del avance enemigo. No fue una explosión, sino una alteración precisa del campo.

Cerró la mano.

La presión se concentró y el hielo colapsó hacia adentro. El impacto fue breve, contenido, suficiente para detener ese frente.

Noah sintió las miradas, pero no se detuvo en ellas.

Desde el exterior, los ataques continuaban golpeando la estructura, manteniendo la presión constante. Una nueva oleada cruzó el acceso principal, ocupando el espacio liberado. Luc levantó otra barrera, esta vez con un esfuerzo visible. Étienne seguía en primera línea, sin retroceder.

Más adelante, Eleonor recibió un impacto directo.

La descarga la alcanzó cerca del hombro y rompió su equilibrio por un instante. Su cuerpo giró, perdiendo estabilidad. Noah lo sintió antes de verla caer.

Pero Eleonor no cayó.

Afirmó el pie, recuperó el control y avanzó de inmediato hacia quien había disparado. El golpe fue directo, seguido por la aparición de una lanza que lo atravesó antes de que pudiera reaccionar. Su respiración se volvió más pesada. La sangre seguía cayendo, más visible ahora. Su brazo comenzaba a perder precisión, pero su avance no se detuvo.

La batalla cambió de ritmo.

Ya no era una secuencia limpia, sino una resistencia sostenida. Cada paso de Eleonor era una decisión consciente de no ceder terreno.

Sophie ajustó la defensa una vez más, evitando que el combate se extendiera hacia el interior de la mansión. Noah dio un paso al frente. El frío seguía expandiéndose desde él, pero ahora era más estable, más preciso.

Miró el campo de batalla.

La presión no disminuía.

La guerra ya no estaba en el perímetro.

Estaba dentro.

Y mientras la luz del amanecer se reflejaba sobre el Mediterráneo y se filtraba en el patio entre humo y movimiento, quedó claro que la mansión Orleans seguía en pie no por sus muros, sino por quienes sostenían la línea sin retroceder, incluso cuando el cuerpo ya no respondía como debía.

La batalla apenas comenzaba.

Y en un lugar muy lejos de Marsella, dentro de una sala amplia donde múltiples proyecciones tácticas flotaban en el aire, el asalto era observado en tiempo real.

Valerius no estaba de pie ni en tensión. Permanecía inmóvil, con la mirada fija en una de las proyecciones donde el patio de la mansión Orleans se mostraba desde varios ángulos al mismo tiempo. Cada movimiento, cada caída, cada cambio en la línea defensiva quedaba registrado con precisión absoluta.

—Interesante… —murmuró con calma.

La imagen de Eleonor avanzando herida ocupó el centro de su atención.

—Incluso así… sigue empujando la batalla hacia adelante.

Desvió la mirada.

Otra proyección mostró a Noah. El descenso de la temperatura, la expansión del hielo, la forma en que el campo comenzaba a cambiar a su alrededor.

Valerius entrecerró los ojos.

—Y él ya no está reaccionando… está empezando a entender.

El silencio en la sala se volvió más denso.

—Eso es más rápido de lo previsto.

—¿Señor? —respondió una voz desde el fondo.

—Markus Vidon.

El hombre dio un paso al frente.

—La operación sigue dentro de los parámetros —dijo con control—. La mansión está comprometida.

Valerius negó levemente.

—El perímetro cayó… pero la estructura sigue en pie.

Señaló la proyección de Eleonor.

—Mientras ella siga avanzando, esa posición no colapsa.

Luego miró a Noah.

—Y si él continúa así… esto deja de ser un asalto.

Markus no necesitó más.

—Se convierte en un problema.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Valerius.

—Exacto.

Por primera vez giró ligeramente el rostro.

—No podemos permitir que ambos alcancen ese punto al mismo tiempo.

—Entonces debemos intervenir —dijo Markus.

Valerius volvió a mirar la proyección.

—Aún no.

El hielo expandiéndose se reflejaba en sus ojos.

—Quiero ver hasta dónde llega.

Una breve pausa.

—Pero prepara la siguiente fase.

—Sí, señor.

Valerius apoyó los dedos sobre la superficie de control, ampliando la imagen de Noah.

—Porque cuando esto deje de ser una prueba…

Su voz descendió apenas.

—Ya no habrá forma de contenerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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