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El Último Portador - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 De regreso al presente
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8: De regreso al presente 8: De regreso al presente El silencio que siguió después de derrotar al Claimoor fue casi tan pesado como la batalla misma.

Fragmentos de hielo estaban regados por todos lados.

El aire aún estaba cargado de magia, y el gas que había provocado mi hechizo; comenzaba a disiparse lentamente.

Mi respiración seguia agitada y mis manos todavía temblaban por el uso de la reliquia.

Eleonor se giró hacia mí y se sacudió la ropa, como si nada hubiera sucedido.

—Te tardaste —dijo con un tono seco.

Di un paso… y luego otro.

De pronto, el peso de la reliquia en mi brazo se volvió insoportable.

El pulso mágico se desordenó, la respiración se volvió errática y un zumbido me llenó los oídos.

—Noah, escúchame —me dijo Eleonor… No pude responder.

El aire comenzó a faltarme.

Me desplomé sobre los brazos de Eleonor.

En esos momentos, miles de pensamientos recorrieron mi cabeza.

Recordé el momento exacto de la muerte de mi padre y veía a mi madre despedirse, deseándome un buen viaje y entregándome el escudo de protección de la familia.

De pronto, escuché una voz que no reconocí.

—Respira hondo… Hazlo lento.

Mantén la calma, solo fue un desmayo.

Parpadié.

Una mujer de cabello negro estaba arrodillada a mi lado, sosteniéndome de la muñeca, mientras un pequeño dispositivo emitía pulsos de luz azul.

—¿Quién…?

¿Quién eres tú?

—Sophie —respondió ella con una sonrisa—.

Soy la encargada de la logística, suministros, rutas de salida… y ahora mismo, tu soporte vital.

—Sigues siendo el mismo —me dijo Eleonor—.

Nunca dejas de preocuparme —susurró de forma que nadie la pudiera escuchar.

—No estaba del todo consciente —le respondí, todavía intentando recuperar el aliento—.

Dime, ¿cómo apareciste tan oportunamente?

No… más bien dime, ¿qué haces aquí?… Eleonor observaba los alrededores, tensa.

—¿Cuánto tiempo necesitará?

—preguntó.

—Usó la reliquia sin preparación —contestó Sophie—.

Está exhausto, pero vivirá… Eleonor pasó mi braso por su hombro.

—Mi departamento está cerca.

Debemos irnos ya.

—¿Tu departamento?

—le dije.

El frío seguía clavándose en mis pulmones, pero había algo más pesado que eso: la sensación de que habían demasiadas cosas que no entendía.

A mitad del camino, mis piernas cedieron.

Eleonor me sostuvo antes de que cayera.

—Tranquilo —dijo—.

Ya no estás solo.

—¡Dense prisa!

—les gritaba Sophie, que ya los esperaba en su camioneta.

Con la ayuda de Eleonor caminé y me subí a la camioneta de esa chica que no sabía quién podía ser, y nos dirigimos al supuesto departamento de Eleonor.

El departamento era silencioso, ordenado, protegido por sellos semejantes a los de la mansión.

—Tienes que descansar; aunque seas el portador, tu cuerpo no estaba preparado para usar el poder de la reliquia.

Te daré algo para que te ayude a dormir un par de horas y así recuperes tus fuerzas.

Después de eso, no recuerdo qué pasó.

Quedé profundamente dormido.

Cuando desperté, Eleonor estaba sentada frente a su computadora, con los codos apoyados sobre el escritorio.

Sophie hablaba en voz baja cerca de la ventana.

Ella hablaba con alguien por el celular.

Parecía que estaba haciendo cambios en algún tipo.

—Cancelen las rutas antiguas —decía—.

Cambien los registros de vuelo.

Sí… el portador está vivo.

Colgó y se retiró a otra habitación.

—Eleonor… —murmuré y le pregunté—.

¿Por qué estabas aquí?

Ella tardó en responder.

Suspiró profundamente y me respondió: —Llevo un año cuidándote en secreto.

Frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

Eleonor lo miró directamente.

—Hace un año, la abuela Ciara me dio una orden —continuó—.

Como tu guardiana, mi deber era protegerte… sin que lo supieras.

—¿Cómo que ya llevas un año?

¿Qué es lo que has estado haciendo todo este tiempo?

Senti un nudo en el estómago.

—La biblioteca… —dije lentamente.

Ella no lo negó.

—La chica que ayudaba con los libros.

La que siempre estaba en el turno de tarde.

La que siempre te evitaba.

Todo ese tiempo era yo.

El silencio se volvió pesado.

Tragé saliva.

—Cumplía con mi responsabilidad.

—¿Y cuál es esa responsabilidad?

—Asegurarme de que siguieras vivo.

—Cerré los ojos.

—Entonces nunca estuve solo —murmuré.

—Así es.

Nunca lo estuviste —repitió ella.

Ella me miró directo a los ojos y me dijo con un tono de enojo: —Huiste, abandonaste todo.

Después de que la Marca te eligió, después de que todos murieron… te fuiste.

—No huí, me aparté —le respondí.

Eleonor soltó una risa seca.

—Eso es huir, Noah.

Te mudaste a Canadá, escondido, fingiendo ser normal, mientras nuestra familia se preparaba para otra guerra.

Apreté los puños.

No estaba listo.

—Nunca lo estás —replicó—.

Ni cuando éramos niños.

Esas palabras me hicieron recordar el día que dejé a mi familia para mudarme a Canadá.

Flashback La noche en que abandoné la academia, nadie intentó detenerme.

Caminé por los pasillos con una mochila pequeña.

La Marca ardía en mi espalda, como si supiera lo que estaba a punto de hacer.

Eleonor me esperaba en la entrada.

—Si cruzas esa puerta —me dijo—, no habrá vuelta atrás.

—No puedo ser lo que todos esperan —le respondí—.

No soy tú.

—Tienes razón —me contestó—.

Pero eres el portador, y eso es peor.

No le pude contestar nada.

Solo seguí caminando.

—¿Me estás escuchando?

—gritó.

Sus gritos me hicieron salir de mis pensamientos.

—¿Sabes lo que fue quedarse?

—dijo Eleonor con la voz enojada—.

Entrenar sabiendo que todo dependía de alguien que no estaba.

Defender una herencia rota.

La miré.

—¿Crees que fue fácil para mí?

—No —me respondió—.

Creo que fue conveniente, solo pensaste en evadir tu respónsavilidad.

Esas palabras dolieron más de lo que esperaba.

—Cada vez que fallabas en la academia —continuó—, yo tenía que cubrirte.

Cada vez que dudabas, alguien más pagaba el precio.

—Y, aun así, la Marca te eligió.

¿Y qué hiciste tú?

Huiste.

—Porque tenía miedo, porque ya no pude soportar más tus críticas, las miradas de mis compañeros, los susurros en los pasillos.

Me rompí, no lo pude soportar más.

El silencio cayó entre nosotros.

—Yo también —dijo finalmente—, pero no me fui.

—Viví esperando siempre lo peor cada día, con el recuerdo de ver a mi padre tirado en el suelo y ver a mi madre morir en aquella cama.

—Sí, tu padre también murió, pero ¿qué hiciste tú?

Saliste corriendo como un cobarde.

No soportaste que te regañaran, qué te ezforzaras más, solo eras dar un poco más de ti.

Eleonor cerro los punos con fuerza y respiro profundamente, solto todo el aire y me dijo.

Eres patético.

Apreté los puños, respiré hondo, me volví y le grité!

—Tal vez sí soy patético; no tengo tu fuerza ni tus habilidades mágicas, pero siempre quise ser como tú.

—Desde que comenzamos la academia, siempre te admiré.

Quería ser tan genial como lo eras tú.

—Aquella noche, aunque solo éramos niños, tú te paraste enfrente de un Claimoor y nos protegiste.

No lo dudaste, y desde ese momento ya no te veía como mi prima la genial; fuiste mi heroína, la que arriesgó su vida para protegernos.

—Y cuando la Marca se pronunció en mí, yo también me sorprendí.

No entendía, y todavía no lo entiendo.

—Pero en aquellos años traté de estar a la altura, me esforcé.

—Pero la noche cuando tú me viste, tus palabras me rompieron.

Yo podía aguantar las risas de los demás compañeros, la indiferencia de los instructores.

—Todo eso no me importaba, pero tú… tú eras la persona que más respetaba y admiraba.

Y que me despreciaras, me humillaras… eso no lo pude soportar.

Eleonor me escuchaba de espaldas.

De pronto se dio la vuelta y me dijo: —Lamento haberte dicho todo eso, y perdón por lo que te dije hace unos momentos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Jose_Ch76 “Si disfrutan la historia, por favor apoyen dejando un comentario ”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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