El Último Portador - Capítulo 9
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9: La masacre en Irlanda 9: La masacre en Irlanda El viento del atlántico azotaba los acantilados de Slieve League, haciendo que los árboles se doblaran y el olor a sal marina se mezclara con la tierra húmeda del bosque cercano.
La mansión ÓBroin se localisaba a pocos cientos de metros del borde del precipicio, rodeada de un bosque denso que servía de protección natural.
Sus torres de vigilancia reflejaban los rayos de sol que caían entre las nubes, ignorantes del horror que estaba a punto de desatarse.
Uno de los guardias caminaba normalmente cuando miró que alguien se dirigía hacia el ala norte de la mansión.
¿ Quién es?
—¿Por qué se dirige hacia el ala norte?
Nádie está autorizado a entrar en esa zona.
—Apresuró su paso para alcanzarlo.
—¿Eh?
¿Para dónde crees que vas?
—le preguntó el guardia que custodiaba la puerta.
El intruso lo miró y le dijo: —No te entrometas.
Sacó un arma del bolsillo de su chaleco y se abalanzó, hiriéndolo en el estómago.
—Esto va de parte de mi señor —dijo, mirándolo a los ojos.
Dejó caer el cuerpo del guardia, que tenía un gran hoyo en el estómago.
El arma que cargaba era un dispositivo que podía tomar la magia del portador y crear una hoja mágica.
Le quitó el comunicador que llevaba y siguio por el pasilla.
Cuando llegó al final, vio la puerta y dijo: —Aquí está.
Este es el sello que mantiene cerrada la dimensión espejo.
El Señor Markus tenía razón.
—Ahora solo tengo que colocar esta gema y cubrirla con mi sangre y el sello explotará.
Eso hará que el escudo colapse.
—Ya han sido cinco mil años desde que la familia Kartnod fue sellada.
Ya es tiempo que una nueva era comience.
Ya quiero conocer a mis antepasados.
Miró las cinco figuras talladas en la puerta: un oso, un lobo, un ciervo, un dragón y una serpiente.
Los símbolos de los primeros descendientes de los seres supremos.
—Si no hubiera sido porque le suplicaron a uno de los seres supremos, nunca hubieran podido sellarlos y a su ejército en la dimensión espejo.
—¿Qué crees que estás haciendo?
—le gritaron desde atrás.
El guardia que lo había visto había llegado.
—¿Qué pasó aquí?
—preguntó al ver el cuerpo de su compañero desangrándose en el suelo.
Sacó su arma, una Beretta 92 italiana, con cargador de 15 cartuchos.
Apuntándole, le dijo: —¿Quién eres tú y qué es lo que tratas de hacer?
Sin responde, el se abalanzó.
El guardia le disparo.
El intuso esquivó el disparo.
De inmediato notó que no era alguien normal, así que tomó la placa que colgaba en su pecho y gritó: —¡Atácalo!
Y la figura de un lobo saltó y mordió el brazo con que sostenía su arma.
—Veo que no eras solo un simple ladrón.
¿Quién te mandó aquí?
El intuso, riéndose, respondió: —Eso no importa ya.
Mi misión está completada.
Una nueva era está a punto de comenzar.
Tomó del suelo su daga con la mano izquierda y se cortó el brazo que le tenia aprisionado el lobo.
De un salto se dirigió a la puerta y puso su sangre en la gema que ya había colocado.
Gritó: —¡Bienvenidos sean!
Y una luz comenzó a brillar, seguida de una explosión mágica.
La noche anterior se había colado a la mansión usando un sello de ocultamiento.
Eso provocó que todos los que portaban alguna marca sintieran un tipo de distorsión en la barrera.
Pero, como no tenía conocimiento de dónde estaba ubicado el sello, se mantuvo escondido buscando su ubicación.
El poder de su sello se agotó más rápido de lo qué esperaba, debido a la barrera; así que se vio obligado a actuar sin ocultarse de los guardias.
Cuando la gema explotó y la luz comenzó a brillar, todas las alarmas mágicas comenzaron a sonar.
El guardia lo atravesó con una lanza de hielo.
—¡Ah!
—soltó un suspiro de dolor—.
Así que tú también eres un usuario de magia.
Bueno, serás testigo del poder ancestral de mis señores.
Tosió una bocanada de sangre y se desplomó, pero ya era demasiado tarde: el sello ya estaba comprometido.
El guardia, al ver esa luz, saltó y posó sus manos sobre el sello, depositando toda su fuerza vital, y dijo: —Espero que sea suficiente para cerrar parcialmente la dimensión y dar tiempo a que el mecanismo de emergencia sea activado.
Cayó al suelo sin vida.
Pero esos segundos que tardó en depositar su fuerza vital fueron suficientes para que una cantidad considerable de Claimoor pudiera escapar.
No hacía más de quince minutos que la tía Maeve había hablado con Noah.
Su voz aún resonaba en su mente.
Pero para ese momento, el sello se había roto.
Maeve tomó su teléfono celular; cada segundo parecía una eternidad.
Cuando Noah respondió, le gritó: —Noah, escucha con atención.
Ya no estás a salvo.
El sello se rompió y la familia Kartnod se liberó.
—Debes escapar como sea.
Tienes que llegar a ese lugar sin importar cómo lo consigas.
No importa qué o a quién sacrifiques.
Ellos jamás deben atraparte.
Tú eres la última esperanza.
Ahora mismo toda nuestra familia está siendo atacada.
Antes de que pudiera decir más, un Claimoor atravesó la ventana del salón donde ella se encontraba.
En los pasillos de la mansión, los guardias corrían tratando de contener a las criaturas, pero los Claimoor surgían de la nada, rompiendo puertas y paredes.
Daniel estaba leyendo un libro en su habitación cuando sonaron las alarmas y dos sombras se formaron detrás de él.
La placa en su pecho brilló de la nada y, por instinto, gritó “Protección”.
Una figura con forma de oso se materializó detrás de él, frenando el ataque.
Sin pensarlo, tomó algo que estaba sobre la mesa de noche y formó una espada de fuego.
De un salto, cortó las cabezas de los Claimoor.
Pensó: —¿Y se dijo para si mismo; debo ir por mi Madre?
De inmediato salió corriendo a buscarla.
Al ver cómo la ventana se rompía en pedazos, Maeve se cubrió la cabeza con las manos y se lanzó detrás de un sofá.
El Claimoor comenzó a lanzar ataques con su tentáculo, pero una figura con forma de oso se materializó en medio de los dos: Maeve había usado su escudo de protección.
Ella también podía usar magia, aunque no tan poderosa como otros miembros de la familia.
Lanzó un rayo que congeló las piernas del Claimoor.
En ese mismo instante, Daniel llegó y, al verlo, sin pensarlo le cortó la cabeza y corrió a abrazar a su madre.
—¿Estás bien?
—preguntó.
—Estoy bien —respondió—.
Pero tenemos que irnos de la mansión.
El sello de emergencia se activará en menos de cinco minutos, y los que se queden quedarán atrapados en la dimensión espejo.
Debemos ir a la biblioteca.
Orla estaba en la biblioteca con varios hijos de los empleados.
Con voz calmada, les dijo: —Tenemos que salir de aquí ahora mismo.
Todos deben seguirme.
Cuando Orla se dirigía a la salida, Daniel y su madre llegaron.
—Debemos apresurarnos, queda muy poco tiempo antes de que el sello de emergencia se active —dijo Maeve, preocupada.
—Sello de emergencia, ¿qué es eso?
—preguntó Daniel.
—Es una medida de precaución que desarrollamos después de lo que pasó hace doce años.
Pero es solo temporal.
Nos dará un año de tiempo, nada más.
—¿Dónde está la abuela?
—preguntó Orla.
—Ella debe de estár a salvo.
Recuerda que tu padre es su guardián, y no hay hombre más capaz que él en toda Irlanda.
Ahora debemos irnos.
Los guardias sabían que los Claimoor no debían de salir de la mansión, tenían que resistir hasta que el sello de emergencia se activa.
Las alarmas sonaron mientras las luces de emergencia reflejaban los pasillos ennegrecidos por los charcos de sangre.
Algunos sirvientes fueron alcanzados antes de huir.
En la cámara principal, un tentáculo destrozó la puerta donde se almacenaban los sellos.
Para su sorpresa, solo se vio una luz que lo cegó por completo, y que se esparció por todas partes como una onda expansiva.
Mientras tanto, en la parte trasera de la mansión, los sobrevivientes corrían hacia el bosque.
La niebla bajaba desde los acantilados, mezclándose con el olor a humo y salitre.
Daniel y Orla cuidaban de los más jóvenes.
En Canadá, Noah recordaba las palabras de su tía.
El sello se rompió, los Kartnod están libres.
La magnitud del ataque era innegable.
Un ejército que había esperado por siglos su liberación.
Todos los que salieron, se movían en silencio, ocultos por la densidad de los árboles.
Algunos niños lloraban; pero seguían de cerca a Daniel y Orla, que caminaban al frente de todos.
Cada sombra, cada crujido de una rama los hacía girarse.
Maeve observaba de lejos cómo una luz naranja salía de la mansión.
Su comunicación con Noah había sido breve, pero necesaria: debía asegurarse de que él supiera que la única esperanza de supervivencia recaía en él.
Finalmente, los sobrevivientes lograron reagruparse en un claro del bosque, lejos de la línea directa del acantilado, aunque no estaban completamente seguros.
La mansión había sido sellada; los Claimoor estaban atrapados temporalmente.
Pero no sabían se algunos logras salir antes que el sello de emergencia se activa.
Esa tarde en Slieve League estaba teñida de rojo, y los gritos se mezclaban con el rugido del viento y el golpe de las olas contra los acantilados.
Orla sostuvo la mano de un niño tembloroso, mientras Daniel daba indicaciones.
Maeve apareció entre los árboles: —Tenemos que movernos.
No podemos quedarnos aquí.
El grupo comenzó a avanzar por un sendero hacia la costa, con el mar a un lado y el bosque protegiéndolos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Jose_Ch76 Si han llegado esta aqui, me gustaria que ayuden comentando para que el algoritmo le muetre mi novela a mas personas.
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