El Ultimo Sol Naciente - Capítulo 257
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- Capítulo 257 - 257 Capítulo 259 ‘Gris y Transparente' Parte-6
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257: Capítulo 259: ‘Gris y Transparente’ Parte-6 257: Capítulo 259: ‘Gris y Transparente’ Parte-6 Fue un 19 de diciembre de 2003, en Novosibirsk-Rusia.
Durante una noche nevada, una nueva vida dio inicio en la mansión de la famosa familia Gusev.
Se trataba de una habitación grande, de paredes pintadas con colores azules claros y oscuros.
La gran ventisca nevada afuera estaba siendo bastante fuerte, lo suficiente para golpear la ventana junto a la cama con fuerza.
A su vez, los llantos de un recién nacido se escuchaban incesantes.
El llanto de esa vida que dio inicio entre sangre y lágrimas inexistentes.
Una mujer sostenía al niño entre brazos.
Sonreía al ver a su pequeño hijo, tan frágil y ruidoso.
El bebe dejó de llorar bastante rápido al estar en brazos de su madre.
Se quedó dormido con una expresión pacífica en su rostro.
Ese fue el día en que Alek Gusev nació… *** Sakura no entendía por qué había visto esto.
Era como estar presente en el momento del nacimiento de ese niño, pero no lo conocía.
Ella no conoce a nadie en este lugar.
Las mucamas pululan de un lado a otro trayendo toallas y todo tipo de cosas para el recién nacido.
La mujer cuyo cabello era castaño claro y sus ojos tan plateados como los del bebe que yacía en sus brazos, miró a su costado.
Ahí había un hombre, alto y delgado, con el cabello igual de castaño que el de la mujer a su lado, pero con sus ojos marrones oscuros.
El hombre usaba unos anteojos rectangulares y vestía un traje elegante, lo que le hacía parecer un empresario importante.
“Es un niño”, dijo la mujer.
“¿Cómo lo vas a llamar?”, preguntó el hombre.
La mujer volvió su mirada al neonato y, al ver al pequeño recordó que ya había pensado en un nombre.
“Alek…, como ‘Ayudante de la Humanidad’.
¿Te gusta?” “¿No crees que es un nombre muy común?” “Para nada.
Es un nombre que le vendrá bien en el futuro.
Pienso que Alek Gusev suena bien” “Supongo que estará bien así… Por mientras, Biserka, tengo algunos asuntos que tratar al otro lado del país.
Volveré lo antes posible para ver a nuestro hijo” Biserka Morozova, el nombre de la mujer.
Aunque, como está casada con este hombre, Jasha Gusev, entonces ella sería Biserka Gusev.
Ella le sonrió a su marido en respuesta.
La sonrisa de la mujer era hermosa justo como ella.
Una sonrisa que irradiaba esperanza y amabilidad.
Ese fue un buen comienzo desde los ojos de Sakura.
Aunque ella no entendía por qué estaba viendo esto.
Frente a sus ojos el tiempo siguió su marcha como imágenes borrosas, que de vez en cuando se volvían nítidas.
Se trataba del crecimiento del niño junto a una familia amorosa.
A los casi siete meses el pequeño dijo su primera palabra.
Sin embargo, a diferencia de los demás niños, cuya primera palabra suele ser mamá o papá, la de Alek fue… “Luz…” Tan solo un mes después dio sus primeros pasos, algo que no era normal.
Los niños aprenden a hablar y caminar entre los 12 y 18 meses de edad, pero Alek fue diferente.
Parecía ser muy diferente a los otros niños normales.
La vida de Alek Gusev fue bastante normal en los siguientes meses.
Demostró ser un niño muy inteligente que aprende rápido y memorizaba todo lo que sus ojos veían.
A la edad de tres años, las mucamas le enseñaron la etiqueta de una familia distinguida y lo educaron con los mejores valores, lo cual fue sorprendente porque pudo aprender todo eso muy fácilmente.
Todo eso mientras Biserka y Jasha trabajaban cada uno en sus diversas empresas.
Obviamente ellos no querían perderse el crecimiento de su hijo así que hacían tiempo para poder estar junto al pequeño Alek.
“Es muy adorable…”, susurró Sakura.
El niño era muy lindo.
Su cabello, su mirada fría pero de aura amable.
Sus ojos plateados que miraban todo con una curiosidad infinita.
Todo en él le despertaba cierta sensación de familiaridad.
La personalidad del niño estaba muy marcada.
Tenía la misma sonrisa hermosa de su madre.
Siempre tenía una sonrisa curiosa en la cara.
Hasta parecía desprender cierto aire angelical, como si un ángel hubiera descendido de los cielos tomando la forma de este niño.
Las mucamas estaban felices de tener a Alek con ellas.
Siempre que había días sombríos, él aparecía para alegrarles el día con su sonrisa radiante y su aura dorada de felicidad.
Solo tenía tres años.
Su cuerpo seguía siendo muy pequeño, pero era diez veces más inteligente que los niños de su edad.
Hasta era gracioso verlo caminar con sus piernitas cortas de infante por toda esa gigantesca mansión.
Siempre tenía algo que decir.
Siempre quería ayudar a los demás.
“Un ángel en la tierra…” “La Señora Biserka debe estar orgullosa de su hijo” “En un futuro él será el dueño de todo esto…” “No me agrada la idea de verlo crecer…” “Si… ¿y si pierde ese lado angelical que lo acompaña siempre?” Eran cosas que las mucamas constantemente decían.
Para ellas tener a Alek era como tener otro hijo.
Por supuesto, algunas de las mucamas tienen hijos que solían estar en los jardines de la mansión jugando.
Alek solía mirarlos desde la ventana como si anhelara jugar con ellos.
Todas las mucamas sabían que Alek le teme a la sociedad y más a lastimar a los demás.
‘¿Qué es lo que haré si no les agrada mi presencia?’, solía pensar el niño.
Incluso si las mucamas le decían que podía ir a divertirse con los demás niños, él se negaba con una sonrisa amable.
No había forma de hacerle cambiar de opinión pues, a pesar de ser la luz de esta mansión, era extremadamente terco.
Si quiere ayudar a alguien, lo haría sin importar qué.
Ayudaba a lavar la ropa, a limpiar las habitaciones.
Incluso solía ayudar en la cocina.
Siempre que sus manos tocaban los ingredientes, por alguna razón la comida sabía mejor que de costumbre.
Pasarón las estaciones del año.
El cumpleaños de Alek y luego… el comienzo de un infierno.
Sakura sintió escalofríos como si sintiera que algo horrible se avecina.
Sin poder hacer nada más que observar, ella se mantuvo en silencio observando esta historia.
Fue un día soleado, como un recuerdo brillante y feliz, pero que contrastaba completamente con lo que realmente estaba pasando.
Alek sostenía un libro entre sus manos.
Algo que había encontrado en el estudio de su padre y tomado sin permiso, por lo que, aprovechando que su padre estaba en casa, quiso pedirle prestado el libro.
Camino entre los largos pasillos de la mansion, cuyas paredes blancas estaban decoradas con papeles elegantes de color marron.
Había muchas mesas con floreros, lámparas y decenas de costosas obras de arte colgando de la pared.
Era sin duda alguna la mansión de una familia influyente.
Cuando llegó a la habitación de sus padres, antes de tocar la puerta con suaves golpes, se asustó al escuchar a dos personas gritando, haciendo que el libro se le caiga de las manos.
Se agachó para recoger el libro, pero escuchó algo que le hizo sonreír con miedo y tristeza.
“Como te atreves a hacerme algo así.
¡Soy tu esposa!
¡¡Yo debo ser la única para ti!!
¿Cómo pudiste?”, era la voz de Biserka.
“¿Acaso te olvidas que nunca quise casarme contigo?
Solo estuve contigo porque era mi obligación como parte de esta familia.
Ya tuve a mi hijo, no tengo que seguir fingiendo que me importas cuando sabes que me negué muchas veces a estar a tu lado” “No, eso no es posible.
¡Tú me amas!
¡Yo te amo!
¡¿Por qué?!” “Tú no me amas.
Siempre estuviste obsesionada conmigo, desde que éramos niños.
Ahora que cumpli tu capricho, deberías estar feliz.
Así que mejor dejemos de hablar de eso.
Estoy cansado” “¿Por qué…?
¿Por qué…?
Me dijiste que me amabas… ¿Por qué ahora te acuestas con otra mujer…?” Jasha la ignoró y abrió la puerta.
Al hacerlo, se encontró con Alek.
El niño sintió la mano de su padre sobre su cabeza.
“Padre… tengo este libro…” dijo nerviosamente.
“Queria saber si puedes prestarmelo…” “Puedes tomarlos todos.
No hace falta preguntar” Y el hombre se fue y dejó al niño que abrazaba el libro con sus pequeñas manos.
Alek, al ver la puerta abierta, entró a la habitación y se encontró con su madre, quien estaba llorando de rodillas sobre la alfombra.
Sintió que algo dentro de su pecho se apretó dolorosamente.
Nunca había visto a su madre así.
Se acercó a ella y se agachó para verla.
“Madre, no llores.
Tengo un libro.
Vamos a leerlo junt-” Una fuerte bofetada se escuchó resonar en toda la habitación.
Sakura abrió los ojos incrédula al verlo.
Alek estaba mirando hacia la derecha mientras su mejilla lentamente tomaba un color rojo.
Abrazo el libro con fuerza dolorosamente, pues en ese momento, por primera vez en su vida, sintió ganas de llorar.
Regresó su mirada a su madre, quien lo miraba iracunda con lágrimas en el rostro.
Él abrió los ojos sorprendido, asustado y adolorido.
“Lo siento, madre…”, agacho la mirada.
Luego de eso, suspiró y levantó la mirada.
Sakura apretó el puño con fuerza.
El niño mostró una sonrisa tan inocente en ese momento, a pesar de que una pequeña lágrima se desmoronó por su mejilla.
“No volveré a molestarte”, dijo.
“Con tu permiso”, y se alejó de la habitación en silencio.
Alek tenía cuatro años cuando eso pasó.
Y desde allí, su vida se volvió un infierno.
Ella podía sentir que sería así.
Ella sentía lo que ese niño estaba sintiendo en ese momento.
Confusión, miedo, pero sobre todo, una profunda tristeza que iría aumentando con el tiempo.
Ella lo vio entrar en otra habitación alejada.
Una vez allí, Alek abrió el libro y comenzó a leer.
Mientras leía, sus lágrimas comenzaron a empapar las hojas de papel.
*** Hay una leyenda urbana que ha estado circulando entre la gente común últimamente.
En Londres, casi a la media noche, suele verse una sombra de pie sobre el Big Ben.
La sombra parece vestir una gran capa negra que lo hace volverse uno con la oscuridad.
Algunos comenzaron a llamarlo “Sombra Solitaria”.
Hasta empezaron a crearle una historia producto de los rumores que cambiaban entre más personas esparcieron el rumor.
Se dice que la sombra le pertenece a un joven muchacho que estaba enamorado.
Pero cuando perdió a su amada, este se subió a lo alto del Big Ben y se lanzó desde allí, muriendo en el acto.
Ahora su alma sombría se mantiene en lo alto de la torre, observando el mundo en completa soledad.
“No puede ser, chico Assassin, eres famoso…”, se rió Add.
Ahora mismo estaban en la oficina de Waver, quien los había llamado a los dos para informarles de esto.
“Parece que a la gente le gusta inventar cosas”, susurró Assassin.
“Pero yo nunca me mostré en mi forma materializada así que no sabría decir cómo alguien pudo verme” “El caso es que alguien te vio.
Existen personas comunes no tan comunes que son susceptibles a los fantasmas.
Alguien así pudo haberte visto y allí comenzó el rumor”, dijo Waver sentado en su silla.
Gray se encargó de mirar en silencio.
Después de lo que pasó ayer con Reines, todo ha sido muy incómodo para ella.
Incluso le cuesta mirarlo a la cara.
“¿Por qué estabas en la cima del Big Ben?”, preguntó para quitarse los pensamientos anteriores de la cabeza.
“Porque me gustan los lugares altos”, Assassin respondió casualmente como si nada importase.
“No le veo nada de malo a eso…” y terminó cruzándose de brazos juzgando a Waver en silencio.
“Haa…” negó con la cabeza.
“Simplemente no seas llamativo.
Oculta tu presencia o algo así.” Eso era de sentido común.
Waver esperaba que Assassin entendiera eso.
Básicamente le está dando la libertad de hacer lo que quisiera sin ser visto.
“Desde que Sakura-sama está dormida, no he podido ocultar mi presencia.
Tal vez se deba a eso.
En fin, no lo volveré a hacer.
Meterme en esta clase de problemas me estresa” Pero lo de antes le interesaba mucho a Gray.
Lo de que a Assassin le gustan los lugares altos.
“¿Por qué te gustan los lugares altos?”, preguntó antes de darse cuenta que dejó salir su voz sin querer.
Sin embargo, la reacción de Assassin le hizo olvidar lo que habían vivido el día anterior.
Él se quedó callado, pensativo, ocultando la expresión de su rostro dentro de su capucha durante unos largos cinco segundos, lo que hizo que todos estuvieran confundidos.
Luego de eso, mientras su cuerpo se desmaterializa, dijo: “Por nada en especial.
Me gusta el viento frío de las alturas” Desapareció sin dejar rastro.
Gray tomó esto como si Assassin estuviera huyendo de la pregunta.
Ese largo silencio que mostró fue más sospechoso aún.
Miró a su mentor, quien negó con la cabeza sin saber qué decir.
‘¿Qué es lo que le cuesta contarnos?’, incluso preguntarse eso sería ser hipócrita.
Hay cosas de sí misma que ni ella puede decir a los demás.
No tenía el derecho a preguntarse eso.
Los pensamientos de Assassin son solo de él y de nadie más.
Nadie podía influir en eso.
“Voy a seguirlo”, dijo ella después de pensarlo.
“Cuida que él no haga más cosas que pongan en evidencia su existencia”, agregó Waver.
Ella asintió con la cabeza antes de que Add dijera algo.
“¡Busquemos al muchacho misterioso!”, exclamó emocionado.
Después de eso Gray lo ocultó en el interior de su capa.
Avanzando a través de los pasillos, buscando esa presencia triste, ella suspiró.
‘Estuviste allí en el pasado, hace diez años en una guerra que incluso mi mentor se niega a contar’, pensó en todo eso.
‘No lo recuerdas, pero emanas una sensación de tristeza más fuerte cuando estás viendo a Sakura’ Lo que se esconde bajo esa mirada de asesino.
Un niño destrozado por lo que todos decidimos llamar “vida”.
Continuará…
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