El Ultimo Sol Naciente - Capítulo 298
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- Capítulo 298 - 298 Capítulo 300 ‘El Nocturno’ Parte- 3 spin-off +18
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298: Capítulo 300: ‘El Nocturno’ Parte- 3 (spin-off +18) 298: Capítulo 300: ‘El Nocturno’ Parte- 3 (spin-off +18) Un nuevo objeto apareció.
Era un látigo mágico.
Si las herramientas convencionales no funcionaban, Reines debía recurrir a los artículos mágicos.
Ella tenía algunas cosas más parecidas a ésta guardadas.
Ella esperaba algún día poder usarlas y hoy era ese día.
“Eres un servant, así que supongo que puedes quitarte la ropa simplemente desmaterializando su existencia” Aunque Toru pudiera hacer eso, él sabía que desnudarse enfrente de esta mujer loca era una sentencia de muerte, más si se tiene en cuenta que ella tiene un látigo en la mano.
Ese látigo no era normal y eso da miedo.
“Creo que ya te estás pasando de la raya, Reines.
Yo puedo desaparecer e irme.
No hace falta que hagas nada más” “¿Pero qué estás diciendo?
Tú accediste a esto.
¿Te vas a echar para atrás?
¿Eres tan cobarde?
¿Acaso no tienes testículos ahí abajo?
Pensé que no ibas a huir” Por primera vez desde que este enfermizo juego comenzó, a pesar de que Reines creía que los insultos serían inútiles, la mirada de Toru se ensombreció ante lo que ella dijo.
Es cierto que él accedió a esto, es cierto que está quedando como un cobarde al intentar alejarse de ésto.
Aunque a él no le guste, mostrar debilidad ante Reines era lo mismo que meterse a una jaula de osos con el cuerpo untado en miel, y esa era la peor decisión posible.
Con eso, él se resignó ante su destino.
Miró a la pared y cerró los ojos, pensando en que esto terminará si logra resistir.
Al mismo tiempo, su ropa se desintegró en el aire, dejando solo su ropa interior.
Esa fue la respuesta suficiente que Reines buscaba.
Con sus manos delicadas de señorita de la alta sociedad, ella levantó el látigo y golpeó a Toru con toda la fuerza que logró reunir.
El latigazo sonó bastante fuerte y el cuerpo de Toru se sacudió como si hubiera tenido un espasmo repentino.
El látigo brillaba levemente en el color del fuego, tal vez esa era la razón por la que el lugar donde el látigo golpeó, la pierna derecha, le quedó ardiendo como si hubieran puesto metal caliente sobre su piel.
“Buen chico.
Eres increible.
Dejame darte una recompensa”, dijo ella, agitando el látigo y golpeando una vez más.
Toru se retorció otra vez con dolor.
Dejó salir un pequeño gemido debido a eso, lo que provocó que el vientre de Reines se calentara.
Ella se rió y nuevamente lanzó un latigazo.
Toru esta vez aguantó, pero Reines no le iba a permitir eso.
“¿Cómo se siente?
¿Dime qué siente tu cuerpo cada vez que te acaricio con mi Lacito del Amor?” “¿Le pusiste nombre a esa cosa?
¡Ghk…!”, un latigazo más lo hizo retorcerse.
“¿De qué está hecho ese látigo?
¿Por qué duele tanto?” El látigo provocaba dolor, pero no heridas.
Era la herramienta perfecta para una sádica aficionada.
Reines jamás pensó que esta baratija que encontró en el mercado negro sería tan útil.
Mientras golpeaba a Toru una vez más, ella sentía unas profundas ganas de llevarse la mano a ese lugar entre sus piernas debido a los gemidos ahogados y masculinos de Toru.
Su excitación estaba cada vez más fuera de control y la humillación por la que Toru estaba pasando no ayudaba.
Ella quería saltar sobre él y ejercer un nuevo nivel de humillación.
‘Duele demasiado.
¡¿Cómo es posible?!
¡El dolor nunca fue un problema para mí!’, pero él ahora estaba siendo entrenado por esta chica.
El dolor que este látigo provocaba era real.
Él estaba seguro que debe haber alguna magia extraña involucrada, pero no había tiempo para quedarse a pensar.
Los latigazos siguieron volando, Toru aguantó la voz y Reines se excitaba al ver el inutil intento de Toru por resistir.
“¿No vas a rogar que pare?
¿Seguirás fingiendo ser fuerte?
Puedes llorar, puedes gritar.
Te lo permito así que hazlo” Si Toru fuera torturado por algun ninja enemigo sin duda jamas diria una palabra, pero el tipo de tortura que Reines usaba era demasiado diferente.
Además de eso, Toru también tenía traumas con la sádica de Biserka.
Él ya estaba al límite, quería irse de aquí.
“Reines… ¡Ahh!
¡Ya detente!
¡Me voy a enojar!
Kgh…” Sus amenazas vacías inútiles no sirvieron de nada.
Reines levantó el látigo y golpeó una y otra vez.
Toru siguió quejándose, pero Reines no lo escuchó.
Cuando él pensaba en huir, se dio cuenta que los latigazos se detuvieron.
Unos segundos después, Reines se subió encima de él con todo el vestido desabrochado y desarreglado.
Reines respiraba con dificultad y sus ojos mostraban peligrosos corazones carmesíes capaces de quemarlo todo.
Su rostro entero estaba encendido en color rojo ardiente de excitación y su respiración misma era húmeda y caliente, como si su cuerpo estuviera tan caliente que ahora mismo está exhalando vapor.
“Dilo otra vez, Assassin.
¡Haz que me detenga!” La mirada en los ojos de Reines hizo que él se riera nerviosamente.
Toru ya lo sabía, sabía que esta chica es extremadamente peligrosa, pero aun así se atrevió a meterse con ella.
Ahora debía pagar las consecuencias de sus actos.
Todo el cuerpo le dolía por los latigazos, está atado a la cama sin posibilidad de moverse y, aunque puede desmaterializarse y huir, lo que le dijo Reines antes golpeó su orgullo.
Asahi Kyoko no crió a un cobarde.
Toru no iba a perder en este juego.
Él mismo fue quien retó a Reines.
Huir sería la deshonra más grande de todas, irónicamente una deshonra orquestada por un Assassin.
Entonces, con pesar, Toru susurró: “Reines… yo…” Antes de poder decir más, Reines le bajó la ropa interior a Toru, dejando a la vista el miembro masculino de este chico.
Reines sonrió complacida.
Esto era más de lo que ella esperaba, pero no estaba para nada decepcionada.
Usar este “juguete” para divertirse iba a ser lo mejor.
“No me importa lo que digas, Assassin” Toru ya no tenía ni voz ni voto.
Él se había convertido en el juguete de esta chica.
Además, no podía huir de ella.
Aún le quedaba la opción de romper las sogas y someter a Reines, pero si lo hace, esta chica habrá ganado.
“Ahora voy a jugar contigo” Reines usó ambas manos para sujetar “eso”.
Aunque Toru se negara, ella sabía que esto haría que este chico se sintiera más humillado.
Ella realmente había pensado en todo y no estaba dejando escapar ninguna oportunidad.
Si ella estuviera sobria no sería capaz de hacer esto, pero, ¿eso acaso importa ahora?
Reines dejó caer su saliva encima del pene de Toru y comenzó a agitarlo delicadamente.
Ella sonrió al ver como la cara de Toru se distorsionaba intentando ocultar que esto le estaba haciendo reaccionar.
“¿Qué es esto que veo?
¿Te gusta?
¿Por qué te pusiste tan duro de repente?” La cara de Toru se puso roja.
Esto se sentía horrible.
Bueno, allá abajo se sentía bien, pero en cuanto a su orgullo, todo eso se estaba cayendo a pedazos.
Se sintió avergonzado de que una chica un año menor que él lo tratara como si fuera un masoquista.
Toru no es un masoquista… Aunque si lo piensas por unos segundos… “Qué linda voz tienes.
Si aprieto el agarre de mis manos, te retuerces como si odiaras esto.
Que lindo, demasiado lindo” La mirada peligrosa de Reines parecía hacerse cada vez más peligrosa.
Esos corazones de locura y excitación eran peor que el Shigan.
“¿Debería comérmelo?”, se preguntó ella mientras Toru cerraba los ojos.
Para ella esta es la primera vez que toca los genitales de un hombre.
Conoce mucho sobre estas cosas, pero jamás tuvo la oportunidad de experimentarlas ella misma.
Su boca generó mucha saliva, como si tuviera mucha hambre.
Sin pensarlo dos veces, ella acercó su boca al pene de Toru y lo engulló entero.
Toru miró hacia abajo y se encontró con la mirada maliciosa de Reines.
Gray ya había hecho esto por él antes, pero mientras la chica del campo se veía ansiosa y extasiada, Reines solo tenía esa mirada provocativa y malvada.
Estaba claro que está chica no buscaba solo saciar su lujuria, su objetivo principal era hacer que Toru se sintiera humillado.
Y eso estaba funcionando demasiado bien.
“Reines.
Ya tuviste suficiente.
Déjame ir”, volvió a sonreír, pero ésta vez su sonrisa era muy nerviosa y ansiosa.
“Dejemos esto para otro día” Si un hombre se atreviera a escapar de esto no sería considerado hombre nunca más.
Sin embargo, la línea que ésta situación traza es demasiado ambigua.
No eres hombre si huyes, pero quedas reducido a menos que un hombre si te quedas.
Ese tipo de contradicciones hacen que el cerebro de Toru se estanque en una ola de pensamientos aleatorios.
Reines sintió placer en esto.
Su garganta se estiró con el grosor de Toru y algunas lágrimas de placer se asomaron por las comisuras de sus ojos.
Ella no sabe lo que está haciendo, pero al parecer estaba haciéndolo bien.
Intentó que sus dientes no tocaran la piel de Toru y usó su lengua y su garganta para tragarlo entero.
A sus ojos, Toru lucía como esos hombres que fingen ser masculinos y serios, pero que ahora han caído en las garras de una mujer peligrosa.
¿Cuántas novelas pervertidas habrá leído Reines sobre esto?
Este gusto sádico era más que un simple fetiche.
Con la boca llena para hablar, Reines agarró los muslos de Toru y le clavó las uñas.
Entonces movió la cabeza y succionó todo lo que pudo.
En respuesta, Toru apretó los dientes y los puños.
Él no entendía cómo es que ésta chica es capaz de hacer esto.
Ni Gray era tan buena.
A veces simplemente existen personas que tienen un talento natural.
A punto de eyacular, Toru dejó salir un gemido ahogado con los ojos cerrados, pero volvió a abrir los ojos cuando eso no pasó.
Al mirar hacia abajo, Reines le sonreía con picardía.
“Lo lamento, pero no lo vas a hacer” se rió Reines.
Ella estaba tan complacida al ver la decepción en el rostro de Toru.
Es obvio que, aunque Toru no lo va a admitir, disfrutó mucho del trabajo bucal de Reines.
La estimulación fue tanta que casi eyacula como un adolescente precoz.
“Lo harás cuando yo quiera, Assassin.
Estás a mi merced.
Todo lo que yo quiero hacerte, estoy segura que lo disfrutaras.
Un pervertido que se excita en esta situación debería disfrutarlo más, ¿no?” “No… no soy un pervertido”, respondió él con la respiración pesada.
“Solo dices tonterías.
Estás loca” Reines negó con la cabeza.
Ésta señorita se subió encima de Toru y le puso el dedo frente a los labios.
“Nada de lo que digas ayudará.
Sigue rogando que me detenga, sigue resistiéndote con todo lo que tengas.
Eso solo lo hará más placentero” Ella se llevó los dedos a la entrepierna y se masajeó muy delicadamente encima de las pantimedias.
Mientras Toru miraba eso con los ojos perdidos, Reines sonreía.
Para ella, los hombres son seres demasiado sencillos y fácilmente manipulables.
Si ven a una mujer linda, rápidamente caerán a sus pies.
Reines sabía de su propia belleza y la usaba para engañar a los tontos ilusos.
Siendo tan joven, Reines es como una víbora oculta en la oscuridad.
Esa víbora ha salido a la luz y ahora envolvió su cuerpo alrededor de este pobre servant.
Jugando con esa zona tan peligrosa, Reines se sacudió encima de Toru para rozar su piel con la de él a través de las pantimedias.
Ella se reía mientras lo hacía.
Le encantaba ver como Toru cedía ante el placer.
Era patético, como un perro idiotizado, pero eso era lo que más le gustaba.
Él seguirá fingiendo que no siente nada, fingirá que no ha sido dominado por ésta chica, pero lo cierto es que él ya perdió esté juego.
Reines ganó.
Los fluidos de su cuerpo comenzaron a mezclarse y regarse encima de Toru.
Reines dejó salir pequeños gemidos acompañados de su risa maníaca y su respiración se sentía forzada.
Lo mismo pasaba con Toru.
Aunque se veía que intentaba aguantarse, él ya estaba comiéndose a Reines con la mirada.
Sin embargo, en este momento, él no es un hombre que pierde el control.
Romper éstas sogas y lanzarse encima de ella no era una opción.
Sin embargo… ¿Qué es lo que va a hacer ella a continuación?
Él realmente no lo sabía, pero eso también fue bueno.
Esto era extrañamente divertido dejando de lado el dolor que tuvo que pasar para llegar aquí.
Reines gemía, sacudiendo las caderas sin parar.
Ella se llevó una de las manos al pecho y apretó el pezón con fuerza.
Esta era demasiada tentación.
Toru ya no podía ante lo que estaba viendo.
Reines, que antes daba un poco de miedo, ahora tiene la cara roja y está gimiendo mientras sacude las caderas.
Él ya quería hacerlo, pero Reines seguía jugando con él, torturándolo con esta abstinencia.
“¿Qué es lo que quieres, Assassin?
¿Puedo ver las ansias en tus ojos?
Si me lo pides como la perra que eres estaré encantada de ayudarte”, ella se reía sutilmente, envolviendo sus delicados dedos alrededor del cuello de Toru.
“No tengas miedo.
Dilo.
Di lo que quieres que haga” Toru sentía que algo le faltaba y Reines se aprovechó de eso.
Ella ya consiguió humillarlo y a este punto él ya no tenía problemas con seguir el juego.
“Reines… por favor…” El alcohol en su sangre fue el condimento perfecto para este momento.
Con la cara roja, respirando ansioso y con suaves espasmos en el cuerpo, entrecerró los ojos mientras rogaba.
Su cuerpo estaba lleno de marcas de latigazos, con quemaduras leves que le habían enrojecido la piel.
Un chico con el cuerpo de acero, músculos cubiertos con cicatrices de batalla ahora estaba rogándole a la chica delgada y pequeña que se sacudía encima de él.
“Ya no puedo más.
Quiero hacerlo… quiero que lo hagas por mi” Esas palabras fueron música para los oídos de Reines.
Su sonrisa se ensanchó y se rió mientras rompía las pantimedias.
Sus bragas azules estaban empapadas, pero las hizo a un lado con el dedo.
“¿Qué es lo que quieres, Assassin?
Dilo correctamente”, jugó con la punta, frotandola con la entrada de su vagina.
“Nunca había hecho esto… No sé qué decir…” El lugar comenzaba a oler extraño y caliente; húmedo, sería la forma correcta de decirlo.
Reines negó, siguió esperando que Toru le dijera qué es lo que quiere hacer.
Ansioso, Toru se mordió el labio y una pequeña gota de sangre cayó.
Aguantar las ganas de someter a Reines resultó ser todo un desafío.
Pero como él ya está en el juego, seguirlo era la ley.
“Quiero meterla ahí… No me hagas repetirlo” Esa resiliencia por parte de Toru fue exquisita.
Reines tampoco podía contenerse así que se dejó caer encima de Toru.
Toda esa ‘cosa’ se metió hasta el final y besó la entrada de su útero.
Un escalofrío le recorrió toda la espalda y su cuerpo entero se puso rígido.
Esta era su primera vez.
Ella se rió otra vez para calmar el dolor repentino que sintió en el momento que Toru se abrió paso en su interior.
“Ahí lo tienes.
¿Tanto que rogabas y esto es todo lo que puedes hacer?”, fingió decepción, pero lo cierto es que se sintió incluso más mareada que por la borrachera.
En cuanto a Toru, él literalmente se aferró a las sogas en un intento de no eyacular.
El interior de Reines era tan apretado, caliente, mojado y viscoso, que sintió que eso iba a matarlo.
Se sintió indefenso, pero eso también fue extrañamente placentero.
Quien normalmente toma la iniciativa y domina la situación siempre fue él, pero Reines lo ha domado como si fuera un león de circo.
Con dificultad, esta vez Reines fue más despacio.
Su abdomen se deformó un poco por haberse metido algo tan grande de golpe.
Sus piernas ya le habían fallado antes, pero ahora era más difícil mantenerse encima de Toru.
“Aah… ¿Qué debería hacer?
Luces ansioso, pequeño Assassin”, con ambas manos, se masajeó el vientre sintiendo todo dentro de sus entrañas.
“¿Me muevo?
¿Quieres que lo haga?
¿No sería ese tu trabajo?
¿Quieres que tu ama haga todo el trabajo?” Toru entendió todo, al menos ahora, no debía contenerse tanto.
Con la fuerza de sus piernas y su espalda, levantó las caderas e hizo que su pene golpeara fuertemente en el fondo del estómago de Reines.
Ella repentinamente dejó salir un fuerte gemido que pareció más un grito.
Su cubrió la boca con ambas manos pensando que su imagen de ama se había desmoronado, pero se olvidó de eso en el momento que Toru volvió a sacudir las caderas.
Este tipo estaba poseído por la lujuria.
Aún atado de manos y piernas, se movió vigorosamente de arriba hacia abajo.
Parte de su cabello húmedo le cubría un ojo, pero Reines podía ver el otro ojo de Toru.
La mirada del chico era demasiado extasiada, con una pequeña lágrima que se asomaba por las comisuras de sus ojos.
Era extraño que esa fuera la misma expresión que Gray suele hacer cuando lo hace con Toru.
Desesperada, Reines puso las palmas de las manos en el pecho de Toru.
Gimió mientras sus pechos pálidos rebotaban debajo de su vestido desordenado.
Los sonidos de chapoteo y la piel golpeando la piel inundaron los sentidos de Reines.
Su mente, antes llena de pensamientos obscenos sobre humillar a Toru, rápidamente fue despejada por una imagen nublada del servant.
‘¡Aah!
No… No… Yo debo…’, Reines olvidó lo que estaba haciendo.
Cuando sintió que Toru se hacía más grande en su interior, tuvo un repentino momento de lucidez.
Rápidamente, se levantó separándose de Toru, lo que dejó un fino hilo viscoso entre sus genitales, que se rompió cuando Reines casi se cae de la cama.
Por un momento, ella miró al techo aún excitada, pero cerró los ojos y recuperó su actitud sádica.
“¿Por qué me haces esto?”, preguntó Toru mirando a la nada.
“Yo ya estaba listo para…” Reines interrumpió con una risa.
A pesar de que le temblaban las piernas y de que le dolía el vientre, gateó hasta estar encima de Toru.
“¿Crees que tienes permiso para dejarlo salir dentro de mi?”, ella a duras penas podía mantenerse en esa posición sobre el chico.
“Estas muy equivocado, Assassin” Pero Toru estaba perdido en la lujuria.
“Reines… por favor… Hagámoslo de nuevo.
Solo un poco más… Solo eso te pido… Yo no puedo aguantarme más” Que Toru esté rogando a estas alturas era demasiado excitante para ella.
Reines sintió como su vientre se contraía a pesar del dolor.
Duele, pero también se siente bien.
¿No era eso lo mismo que ser un masoquista?
Pues Reines tal vez tenga gustos muy exóticos.
“Mi lindo cachorrito… Cuando me lo pides así, no hay forma en que pueda negarme” Temblando, Reines se puso sobre él y exhaló aliento caliente.
Se abrió a sí misma y esta vez permitió que Toru pueda entrar lentamente.
Al sentirlo otra vez, Reines apretó los dientes.
Esta cosa era muy difícil… “Ésto es un regalo para mi obediente cachorro”, y comenzó a saltar encima de Toru.
Con ambas manos, Reines se quitó el vestido y ahora estaba completamente desnuda.
Había un poco de vello en su pubis y su piel era casi pálida en muchos lugares.
Sus labios de abajo tenían un lindo y brillante color rosado al igual que sus pezones.
Aunque las costillas se le marcaban un poco en los costados del torso por lo delgada que es, no cabía duda que era la hija de una familia noble.
Es hermosa en su traje de cumpleaños.
Ella se siente como si la estuvieran partiendo en dos con un cincel, pero cada vez que la punta besaba la entrada de su útero, esto le provoca unos escalofríos muy curiosos que viajaban por todo su cuerpo y la hacían temblar.
Sus ojos carmesíes de corazones ahora eran más intensos.
Ella se quería comer entero a Toru.
Las sogas se apretaron más.
La piel de Toru se puso roja en las muñecas y los tobillos.
Esto le redujo mucho su movilidad, pero no importaba porque Reines estaba haciendo todo el trabajo.
Y ella se veía que lo disfrutaba mucho.
Sus fluidos se mezclaron con la sangre que se derramó en el momento que su himen se rompió.
De hecho, Reines nunca se había masturbado antes así que nunca tuvo el típico y aterrador incidente donde te rompes el himen sin querer.
“¿Lo disfrutas mucho, Assassin?
¿Es esto lo que querías?
¿Querías tener a tu ama saltando encima de ti”, dijo ella, gimiendo y susurrando al oído de Toru.
“Que pervertido eres… Eres menos que un perro en celo.
Eres una basura humana si piensas que esto se siente bien.
Me das asco, mucho asco”, pero ahora se reía complacida porque el servant reaccionó a los insultos.
Él dejó salir un gemido ahogado y tembloroso.
Las palabras de Reines lo excitaban más y más.
Estaba tan erecto que podría romper una pared con sus genitales.
En mucho tiempo, él no había sentido nada parecido.
Tampoco es que él sea un hombre de gustos excéntricos, pero ha entrado a un nuevo mundo del que Reines no le iba a dejar salir con facilidad.
Con cada rebote de sus senos, cada vez que sube y baja, siendo clavada con fuerza y sin detenerse, Reines sentía como toda la fuerza de su cuerpo se le escapaba.
Era una lástima que ella no fuera una magus centrada en combate cuerpo a cuerpo, ya que así tendría más resistencia, pero al ser una alquimista el entrenamiento físico no era requerido.
Ella se va a cansar bastante rápido… De repente, sus paredes vaginales se apretaron alrededor del pene de Toru y ella se retorció mientras le clavaba las uñas a Toru en el pecho.
Antes de lo que pudo imaginar, tuvo el orgasmo más fuerte que haya sentido en su vida, también era el primero.
Derrotada, cayó sobre el pecho de Toru y respiró con dificultad.
Sus ojos estaban vacíos y cansados, su cuerpo lleno de sudor y sus piernas completamente empapadas en fluidos viscosos.
‘¿Qué era lo que estaba haciendo?’, aún tenía a Toru dentro de su cuerpo, duro y palpitante, pero era difícil volver a moverse.
Estaba cansada.
“Aún no es suficiente”, susurró Toru.
Las sogas se rompieron y Toru envolvió sus fuertes brazos alrededor de los hombros de Reines.
“No quiero.
Déjame descansar”, respondió Reines, cerrando los ojos, pero Toru no la escuchó.
“Hiciste lo que querías conmigo.
Es justo que yo también haga lo mismo” Reines tuvo un mal presentimiento.
Y ese presentimiento era correcto.
Toru la levantó y la recostó en la cama con las piernas levantadas.
Sus pies estaban sobre los hombros de Toru y él la sujetaba de las muñecas.
Él es demasiado fuerte.
Reines no pudo moverse un solo centímetro.
Abrió los ojos un poco asustada al ver que Toru se la iba a meter otra vez.
Eso era peligroso.
Reines acababa de tener un orgasmo, si Toru la somete de esta forma… “¡Aaaaaah!”, demasiado tarde.
A Toru ya no le importaba nada.
Se limitó a someter a Reines con fuerza.
Ella se había perdido nuevamente en el placer doloroso que la golpeaba.
E inconscientemente se aferró a Toru, clavando sus uñas en la espalda del chico.
“¡Maldita bestia!
¡Eres un bruto!” Toru sonrió.
“Ruega que me detenga” Ella cayó en su propio juego.
En primer lugar, ¿por qué pensó que podría humillar a Toru con tanta facilidad?
Si ella podía jugar con el servant es porque el mismo servant lo permitió.
Ahora que ella hizo lo que quiso y se sintió satisfecha, pensó que podría descansar, pero Toru no estaba satisfecho.
Para ambos esto había sido una nueva experiencia, pero más para Toru, que nunca fue tratado como un masoquista en esta vida.
Eso encendió la llama del deseo en Toru y Reines ahora tiene que aguantar eso.
Él era agresivo, pero no lo suficiente para hacer daño.
Toru aprendió mucho con Gray sobre cómo tratar a una mujer en este tipo de cosas.
Primero, tienes que variar tus movimientos.
Si eres monótono, las mujeres se aburrirán de ti.
Es por eso que debes saber cómo moverte.
A Gray le gusta ser romántica y empalagosa, pero para Reines eso iba a ser diferente.
Toru la agarró por los tobillos y le levantó las piernas hasta que ella misma pudo ver sus pies a los costados de su cabeza.
Reines no tuvo el tiempo suficiente para sorprenderse de su propia elasticidad en su cuerpo.
Toru estaba empujando justo en el lugar que hacía que el cuerpo de Reines se estremeciera.
Ella gimió, gritó y agarró a Toru por el cuello.
El placer era absoluto y no podía negarse a pesar de que odiaba la idea de ser dominada.
Su cuerpo delgado chapoteó en sudor y fluidos, y la cama se mojó por completó.
Cada vez que Reines tenía un orgasmo, un chorro le empapaba el abdomen a Toru.
Las sabanas iban a convertirse en un charco si esto seguía así.
“Espera… ¡Detente!
¡No puedo!
¡Ooohhh!”, rogó Reines.
Para Toru seguía sin ser suficiente.
Reines se iba a desmayar en cualquier momento y él iba a aprovechar antes de que eso pasara.
Aunque Reines se negara, ella seguía gimiendo y moviéndose al ritmo de Toru.
Su cuerpo estaba debilitado, pero su interior se sentía tan bien que ya no podía parar.
Después de someter a Reines, Toru sintió que finalmente podía dejarlo salir.
Claro, él no iba a hacerlo dentro de Reines.
Antes que la lujuria está la responsabilidad.
Así que cuando sintió que se iba a venir, la sacó de Reines y eyaculó encima de ella.
Ella dejó caer su cuerpo sobre las sábanas mojadas.
Con la mirada en blanco, completamente perdida.
“Te dije que no…”, gimió Reines.
Toru negó con la cabeza.
“Yo también te dije que no”, y luego agarró a Reines por el tobillo y tiró de ella.
“¡Nooo!
¡Déjame descansar un rato!
¡No puedo moverme!” “Una vez más y te dejaré descansar” Toru iba a cumplir lo que decía, pero no de la forma que Reines quería.
Esta vez ella estaba en cuatro frente a él.
Este chico levantó la mano y le dio una nalgada a Reines.
Ella gimió apretando las sábanas y, cuando iba a cuestionar a Toru por lo que hizo, él la detuvo metiéndola otra vez.
Las marcas de besos y mordidas comenzaban a aparecer en el cuerpo de Reines.
Sus nalgas estaban rojas por culpa de Toru, quien no dejaba de abofetearla cada vez que la embestía con las caderas.
Los ojos de Reines estaban en blanco.
No había nada en lo que ella pudiera pensar a excepción de lo que le empuja las entrañas.
Tal vez se arrepintió por haber tratado a Toru como un juguete, pero ese arrepentimiento ya no importaba.
Toru puso las manos sobre la cabeza de Reines e hizo que ella hundiera la cabeza en la almohada.
Sus gemidos eran demasiados, casi parecía que estaban asesinando brutalmente a una chica en esta habitación.
Ni siquiera Trimmau, que estaba afuera de la puerta reaccionó ante eso.
Los gemidos de su ama no sonaban como si estuviera sufriendo, por lo que evitó intervenir.
Además, Reines le dio una orden específica y ella solo estaba siguiendo esa orden.
En el siguiente momento, Toru hizo que Reines se apoyara con las manos en la puerta.
Así procedió a continuar con lo de antes.
Hizo que Reines gimiera sin piedad.
Las piernas de ella temblaban intentando mantenerse de pie, pero su cuerpo cedió y cayó de rodillas.
Reines finalmente cayó inconsciente, haciendo que Toru suspirara con decepción.
“Actuaste tan arrogante y ahora estás así…”, Toru sonrió con calma.
Abrió la puerta y le preguntó a Trimm si podía limpiar todo el lugar.
Trimmau asintió y fue por sábanas limpias.
“Buenas noches, ojou-sama.
Me divertí como nunca.
Han pasado años desde la última vez que me sentí así”, suspiró, hizo una pausa con una sonrisa dolorosa mientras levantaba a Reines del suelo.
“No…” Se sentó en la cama y limpió a Reines con algunas toallas húmedas.
“Jajaja… ¿Alguna vez en mi vida me divertí?” Era confuso recordarlo.
Hasta se sintió culpable por tratar a Reines tan bruscamente, pero ella se lo buscó.
Lo único que podía hacer ahora era ayudar a Trimm a limpiar este desastre e irse de regreso a casa.
Pero aún sigue mareado y ebrio.
Se preguntó si se le dificultará limpiar este lugar sin romper algo por accidente.
Eso ya no importa.
La noche acabó.
Era hora de regresar a la vida cotidiana.
Así que, horas después, Toru se encontró de regreso en la oficina del profesor.
Aún tenía una botella disponible que se llevó de la bodega, así que aprovechó para beber en calma.
En algún momento se durmió.
Y esa fue toda la historia… —Días después en el aeropuerto— En su forma de fantasma, Toru se tocó la cabeza con mucho dolor.
Él y Sakura estaban por abordar, y él ya había logrado recordar todo lo que pasó esa noche.
Fue toda una odisea extraña que terminó con algo que, si Sakura llegase a descubrir, seguramente se ganaría otra bofetada por estar de mujeriego.
No, ese era el menor de los problemas.
¿Qué hay de Gray?
Ella lloraría mucho si se enterase de esto.
Toru pensó que sus recuerdos eran una pesadilla.
Él no actuaria como un idiota que se rie como un idiota.
Bueno, es un idiota, pero un idiota que no se rie.
‘¿Qué demonios me pasó?’ Después de mucho tiempo, Asahi Toru se sintió avergonzado por su propio comportamiento.
Detrás de ellos, Waver se cruzaba de brazos observando como su hija iba a un lugar de extremo peligro.
Flat se despedía con la mano y Svin asintió con la cabeza.
Reines, sin embargo, sonrió con picardía.
¿Y Gray?
Ella no se atrevió a venir, pues si estaba cerca de Toru seguramente se lanzaría junto a él al viaje.
La Guerra por el Santo Grial ha comenzado…
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