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El Valle de la Nada - Capítulo 11

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11: 11 11: 11 -Bien, aquí estamos –anunció Jonathan con tono alegre.

David se quedó sin palabras al ver aquel lugar.

El museo de El Valle de la Nada era un gran atractivo para los turistas, considerando que el Valle ya era famoso por sus fantasmas el museo tenía que ser digno de la ciudad.

-Esta es “La Casa Cray” –dijo Raúl a su lado.

Los tres se encontraban en la acera enfrente del museo, el lugar era… aterrador.

La casa Cray era una gran casa de tres pisos, lucía como una antigua plantación, era de pura madera y lo que la hacía más aterradora era la madera oscura, tan oscura como el carbón.

Los vidrios reflejaban algunos rayos perdidos del sol, quizá lo más extraño era que eso causaba el efecto de que los vidrios se vieran igualmente negros.

Todo el terreno estaba rodeado por una gran reja negra y frente a la entrada había un arco de metal donde habían logrado poner el nombre del museo.

Lo que causó un verdadero escalofrió a David es que, justamente en el terreno de al lado, rodeado también por una reja parecida, se encontraba un cementerio de aspecto tétrico.

No tanto por las lápidas que se alzaban entre los altos pastos, sino por la extraña sensación de que en ese sitio había más que solo huesos.

-Anda, David, entremos antes de que se nos acabe el tiempo y tengamos que volver, –le llamó Jonathan que ya estaba subiendo los escalones a la entrada abierta de la casa Cray.

Raúl lo esperaba un poco más cerca mirándole con curiosidad, como preguntándole la razón del porqué no les seguía.

David le sonrió levemente e intentando no mirar el cementerio les siguió rápidamente al interior.

Antes de entrar junto a los otros en el oscuro vestíbulo, pudo sentir cómo su cabello se elevaba por aquel extraño viento y sin poderlo evitar miró de reojo en dirección al cementerio.

Por una fracción de segundo, antes de entrar al museo, pudo ver de pie junto a sus lápidas a un montón de figuras traslúcidas que le miraban fijamente.

Cuando se encontró dentro del vestíbulo oscuro de la casa Cray, tuvo que tomarse un momento para tranquilizar su corazón que latía con fuerza contra sus costillas amenazando con salírsele por la garganta.

-David, ¿estás bien?, –la voz susurrante de Raúl lo hizo dar un respingo, su pequeño amigo lo observaba con sus ojos azules muy fijamente, lo que causaba como siempre que David sintiera como si viera a través de él.

Se obligó a sí mismo a esbozar una sonrisa suave y asintió.

Raúl frunció ligeramente el ceño mirándole.

La entrada de alguien más en el vestíbulo llamó la atención de los jóvenes, logrando que David pudiera finalmente tranquilizarse y observar los detalles del lugar y de la persona que estaba de pie algo más allá mirándoles con gesto tranquilo.

El vestíbulo de la casa Cray estaba lleno de curiosidades, era un gran cuarto con el techo ligeramente más alto de lo normal.

Habían tres puertas aparte de la que correspondía a la entrada, dos a ambos lados y la última al fondo.

Contra una de las paredes se encontraba una vitrina que contenía muchos pequeños objetos, algunos parecían demasiado sencillos como unas pipas antiguas y anillos con piedras brillantes y también había algunas cosas escalofriantes, como tarántulas disecadas y algo parecido a un embrión humano flotando en un frasco de vidrio.

También colgaban de las paredes varias fotos que al parecer mostraban lugares del valle con extrañas y traslúcidas figuras que no lograba identificar bien en la semipenumbra del lugar.

El sonido de un carraspeo les llamó la atención y David dirigió su mirada a la puerta del fondo donde se encontraba de pie un hombre.

De primera impresión, David creyó que estaba viendo una enorme lechuza pero al mirar con más detalle comprobó que en realidad se trataba un hombre de estatura mediana un poco encorvado.

Tenía cabellos blancos abundantes peinados completamente aplanados contra el cráneo y daban la impresión de plumas, enmarcaban su rostro dándole una forma como de corazón.

Su cara estaba algo arrugada haciendo que se viera más plana que la de cualquier otra persona, además tenía una espesa barba y bigote blanco bien peinados que dejaban prácticamente oculta la boca a excepción de su nariz pequeñita y ganchuda, que más bien daba impresión de pico.

Sobre ésta estaban colocados dos enormes anteojos de marco y vidrio grueso que daban el efecto de que los dos ojos amarillos del hombre se vieran mucho más grandes de lo debido; era también algo regordete y su barriga la tenía atrapada bajo la presión de un gran suéter blanco tejido y sus piernas, enfundadas en unos pantalones negros, casi desaparecían por el efecto de la puerta negra que tenia detrás.

En conjunto el hombre era una verdadera curiosidad, en opinión de David.

-Señor Alba, –saludo Raúl al hombre dedicándole una leve sonrisa.

El señor Alba, quien había estado observando a David con el mismo interés que éste a él, finalmente llevo su vista al más pequeño del grupo(al menos en estatura) y esbozó una sonrisa emocionada como si estuviera viendo un apetitoso ratón.

-Hola, hola, Raúl.

¿Qué te trae de nuevo por aquí?

Hace tiempo que no has venido a contarme alguna nueva historia que agregar a mi colección, –declaró el señor Alba con voz profunda y algo rasposa, sin embargo con un tono amigable.

Raúl se encogió de hombros como restándole importancia a la pregunta.

-No ha pasado nada interesante últimamente, Señor Alba, pero aquí mi amigo, David Unreal, se muestra muy interesado en la historia del lugar, tal vez le tenga muy seguido por aquí de ahora en adelante.

Dijo Raúl mientras empujaba suavemente a David para que quedara mejor a la vista del hombre lechuza, este sonrió un poco más, y David se sintió en ese momento como un ratoncillo a punto de ser atrapado por el avechucho.

No estuvo tan equivocado, un segundo después el Señor Alba le sujetó por los hombros y le guiaba a través de la puerta que tenía detrás, David pudo escuchar cómo Raúl y Jonathan reían suavemente mientras lo seguían.

-Así que, David Unreal, ¿no?

Qué bien, ¿sabías, muchacho, que tu casa es muy famosa?

Le comenzó a contar mientras pasaban por un largo pasillo cubierto de fotografías y pinturas.

Finalmente, David pudo reconocer en una de las fotografías una imagen del colegio donde aparecía una figura tenue a un costado de lo que parecía un muchacho, no tuvo mucho tiempo para verla del todo ya que se habían alejado de esa imagen.

David entonces cayó en la cuenta de que todas las imágenes tenían que ver con espíritus y sintió cómo cierto sentimiento despertaba en él.

Curiosidad.

-¿Mi casa es famosa?, –preguntó mirando al hombre a su lado con los ojos brillando de curiosidad y sed de historias, ese lugar era el paraíso de la información que buscaba.

El señor Alba sonrió a su vez más ampliamente y asintió, antes de que pudiera responder, un sonido fuerte comenzó a perturbar la quietud del lugar.

“Zumm… zumm… zuumm…”  Una y otra vez, unas veces más suave y otras mucho más fuerte, David reconoció el sonido en el acto.

-Una mecedora, –murmuró suavemente dirigiendo sus ojos al techo de donde provenía el sonido.

Todos miraban en aquella dirección a excepción del Señor Alba que miraba a David, o más bien a sus cabellos, que se elevaban ligeramente como agitados por un viento inexistente.

“Interesante”, pensó el hombre, sonriendo especialmente dirigiendo una mirada de reojo a Raúl quien también le devolvió la mirada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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