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El Valle de la Nada - Capítulo 14

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14: 14 14: 14 -¿Dices Al Ways?, –murmuró extrañado Raúl mientras avanzaban por la avenida una vez salidos del colegio.

Ese día Jonathan y David habían sido invitados a casa de Raúl a comer.

David tenía mucha curiosidad por conocer al resto de la familia Elder, sin mencionar que le gustaría saber como era la casa que según Raúl era tan antigua e incluso tal vez más vieja que la casa Unreal.

-Así es, ¿sabes algo sobre que Eny Thing estuviera relacionada con alguien llamado Al Ways?, –volvió a preguntar David.

Tan pronto como encontró un momento libre entre clases les había contado sobre su descubrimiento.

Jonathan se mostraba curioso (podía declararse un milagro) y al otro lado de Raúl observaba con ojos entornados la diminuta pintura en óleo intentando distinguir los dos rostros, cosa que David había tratado ya de hacer.

-Es posible, sé que Al Ways fue quien dirigió lo de la destrucción del templo; e incluso, creo, él fue el arquitecto del colegio, aunque sobre la vida amorosa de Al Ways y Eny Thing en realidad yo no estoy muy informado.

Seguramente alguna de mis hermanas o mi madre sepan eso, yo no me he metido mucho en ese tema, -confesó Raúl dándole una sonrisa de disculpa, ya que en esa ocasión no podía responderle.

–Además, si ellas no lo saben, posiblemente el Señor Alba sí sepa algo, –declaró luego de forma tranquilizadora.

David suspiró aliviado y asintió, no había podido dormir en toda la noche, aquella sensación de que debía de averiguar más sobre aquello le había asaltado con tal intensidad como cuando el instinto de supervivencia te llega si te estas ahogando en una alberca profunda.

David descubrió, el día que Raúl les invitó a comer a su casa, que en realidad jamás había siquiera pensado en si Jonathan o Raúl tenían hermanas o hermanos o si eran hijos únicos, en realidad no sabía nada de la familia de sus dos amigos.

Aquello le apenó un poco y decidió aprovechar ahora que tendría la oportunidad de saber un poco más sobre ellos.

-¿Por qué crees que tus hermanas pueden saber algo sobre eso y tu no?, –preguntó Jonathan tendiéndole de vuelta el relicario a David que se lo colgó de nuevo al cuello donde lo llevaba como un amuleto desde que lo había vuelto a encontrar.

Raúl se acomodó mejor la mochila sobre el hombro derecho y se pasó los dedos por el cabello revolviéndoselos un poco más, si es que eso era posible.

David pensó que ese gesto en Raúl era extraño, muy pocas veces se lo había visto, e imaginaba que se trataba de un gesto de nervios.

-Bueno, pues es fácil, posiblemente mis hermanas sepan sobre eso porque se trata de una historia de amor, cuando mi abuela hablaba de esa parte yo nunca presté mucha atención, –declaró Raúl alzando un poco la nariz al cielo con gesto orgulloso y David pudo detectar un leve sonrojo en sus mejillas blancas.

-En pocas palabras, a ti sólo te interesó escuchar la parte de miedo de las historias que te contaban.

¿Nunca te enseñaron que siempre debes escuchar la historia completa para comprenderla correctamente?, –declaró Jonathan mirando a Raúl de reojo, con una muy extraña seriedad.

Raúl y David le miraron elevando una de sus cejas ligeramente.

Al verles, Jonathan sólo atinó por soltarse a reír de buena gana.

-Estás loco, –fue la simple aclaración de Raúl, con un resoplido sobre el eco de las risas de Jonathan de fondo.

“Sin embargo, pensó David, Jonathan tiene razón”.

David alzó la vista al cielo apartándose los mechones de la frente.

Todo era tan extraño últimamente, sentía como si el mundo estuviera cambiando, o tal vez fuera él, era difícil asegurarlo.

Al menos por el momento.

La casa de los Elder estaba ubicada a unas seis cuadras del colegio.

Cargada junto al bosque, posiblemente era una de las mas cercanas a los árboles.

Según Raúl, antes se ubicaba algo dentro del bosque, pero habían cortado los árboles de la zona cuando el valle comenzó a crecer, cosa que a David no le sorprendía demasiado.

La casa era, bueno, no era nada como la casa Unreal, en realidad era una bonita casa bastante moderna, de dos pisos con jardín delantero rodeado de una cerca de madera blanca y con espacio para dos autos, no era más que una casa bastante normal, si la comparaban con la casa de David, que era un milagro de la construcción.

Curiosamente, Raúl no los guió al interior, sino que les hizo rodear la casa, la cual pudieron apreciar muy bien del todo.

David pudo ver por la ventana el movimiento de algunas personas, seguramente las hermanas de Raúl.

Este les había explicado que en su casa eran seis personas: su padre, que estaba fuera de la ciudad y su madre, además de sus tres hermanas: Jessica, la mayor, de dieciséis años; Angy, de catorce años y la menor, Anne, de cinco años.

Raúl era el único hijo varón, cosa que lo fastidiaba un poco ya que no sólo era el único sino también el más bajo de estatura.

Sus hermanas mayores eran bastante más altas que él y jamás habían sido demasiado chaparritas como él, sin mencionar que la menor tampoco era muy pequeña y no parecía que fuera a ser tan bajita como su hermano en el futuro.

Ni su madre ni su padre eran tampoco muy bajos.

Según su padre, había contado Raúl, él se parecía a su abuela, quien siempre fue una mujer pequeña, cosa que en realidad no le hacia gracia a Raúl.

-¿A dónde vamos, Raulisin?

–preguntó Jonathan quien iba unos pasos detrás junto a David mientras seguían a Raúl quien resopló ante la manera en que lo llamó Jonathan, David tuvo que apretar mucho los dientes para no reírse por la cara de su amigo que parecía como si se hubiera comido un limón especialmente agrio.

-Es muy fácil, yo prefiero entrar a mi cuarto por otro lado, –declaró Raúl con el ceño fruncido.

David se dedico a seguirle mientras su atención voló hacia lo que apareció ante su vista.

Detrás de la casa, junto al bosque, entre dos enormes árboles, se encontraba una pequeña casita.

Era algo más bien parecido a una cabaña redonda de madera y con una especie de segundo piso que sobresalía como una miniatura del primer piso.

Desde la distancia, David podía pensar que aquel agregado del techo era más bien una casa para pájaros que un cuarto extra de esa cabaña.

Tenía unas ventanitas con forma como de diamante y no parecían tener cristal.

David supo al instante que esa cabaña de madera oscura y añeja, era tan vieja como la casa Unreal.

-Esa era la cabaña donde Annie Thing y su hermana Som Thing vivieron, –informó una voz suave cerca del oído de David.

Pestañeó sorprendido, todavía prestando mayor atención a su observación de la cabaña sin darse por enterado que Raúl y Jonathan ya iban mucho más adelante que el.

-¿Eny Thing?

No sabía que tenía una hermana, ¿como sabes eso…?

No terminó de decir David.

Desviando su atención de la cabaña hacia donde provenía la voz, se encontró cara a cara con una niña unos dos años mayor que él, sonriéndole animadamente.

David tuvo una impresión de Deja vú al ver su cabello negro lacio y largo sobre sus hombros y sus ojos azules.

Sólo duró un segundo antes de dar una exclamación de sorpresa y fue a parar al suelo tras tropezarse con sus propios pies cuando retrocedió al darse cuenta de la cercanía de la niña.

En realidad no había esperado toparse con una chica.

Ella rió suavemente apartándose los cabellos del rostro.

Ahora que la veía bien, David notaba diferencias con respecto a la aparición en el bosque, esta niña tenía la piel color caramelo.

-Perdona, no quise espantarte, –habló la chica sonriéndole y tendiéndole la mano para ayudarle a levantarse.

David aceptó la ayuda, ella iba vestida con el uniforme del colegio, así que imaginó que era una de las hermanas de Raúl.

“Y hablando del rey de Roma”, pensó cuando vio que Raúl y Jonathan regresaban corriendo a verle.

-Ahí estas, David, creímos que te había chupado la tierra, –declaró Jonathan risueño llegando adonde estaba David y colocándole un brazo sobre los hombros.

–Oh, hola, Angy, –saludó a la chica, la hermana de Raúl, quien la miraba ceñudo.

-Hola, Jony, oh, hola, Ruly, –saludó con una risita suave agitando graciosamente su mano en dirección a su hermano pequeño que frunció más el ceño y entornó los ojos con evidente molestia.

David sonrió divertido, mirando a Angy y a Raúl con atención.

Eran muy parecidos, con ligeras diferencias.

Lo que le provocó curiosidad era que esos dos tenían algo que ver con Eny Thing y ahora caía en la cuenta, ellos no sólo eran parte de una de las familias más viejas del pueblo, sino que, como prueba de tener la vieja casa de Eny Thing en su patio trasero, posiblemente eran sus familiares lejanos, y eso realmente le parecía muy interesante, pensaba mientras jugueteaba con el relicario en sus dedos escuchando la discusión de los dos hermanos y sintiendo el peso del brazo de Jonathan sobre sus hombros.

Aquello estaba volviéndose más interesante conforme pasaba el tiempo.

Distraídamente dirigió su vista al bosque recordando aquella visión, aquella hermosa chica de cabellos negros que volaban al viento y de nuevo la extraña sensación lo atacó.

“Debo encontrarla”, fue el pensamiento que invadió su mente mientras entornaba los ojos y apretaba fuertemente el relicario en su mano, sabía que simplemente no quería encontrarla, sino que DEBIA encontrarla y no estaba seguro del por qué.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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