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El Valle de la Nada - Capítulo 17

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17: 17 17: 17 Si el levantarse y bajar a desayunar fue un verdadero pesar para David aquella mañana, no pueden siquiera imaginar lo que significó lograr subir a tomar un baño y vestirse para luego salir de la casa para buscar a su madre, antes de reunirse con los muchachos más tarde para ir a la feria, que ya se podía ver a la distancia desde la ventana del cuarto de David.

El sol brillaba en lo alto, convirtiendo el recorrido de la casa al pequeño local de su madre en una verdadera proeza para el pálido y agotado David, quien echó a andar lo más rápido que le permitían sus temblorosas rodillas y el pasto alto.

Una piedra en el camino lo hizo colisionar justo en el momento en el que iba a llegar finalmente a su meta y apenas tuvo tiempo para extender las manos al frente para al menos evitar romperse la nariz.

El suelo nunca llegó para sus manos, sólo para sus rodillas, alguien le había cogido antes de caer.

Abrió los ojos sorprendido encontrándose con una niña de su edad que lo miraba con igual sorpresa.

Tenía unos brillantes ojos castaños, y una melena color caramelo sujeta en una coleta alta, era muy delgadita, como comprobó David al darse por enterado que al caer se había abrazado a ella por su pequeña cintura.

La niña abrazó con fuerza la pequeña muñeca que llevaba en sus brazos mirando a David con el ceño ligeramente fruncido y un sonrojo en sus mejillas de color caramelo igual que su cabello y sus ojos.

David se sonrojó a su vez, sabía que ese gesto se podía traducir como un claro “suéltame”, cosa que le era un poco difícil para él en ese momento.

Tras algunos segundos de silencio e intercambio de miradas, David pudo tener suficiente energía como para ponerse finalmente de pie y soltarla.

-Hola, perdona –balbuceó David, no entendía qué le pasaba, no era la gran cosa, solo era una niña, nada del otro mundo, había muchas en su salón.

Aunque, David debía admitirlo, esa niña no era como las que había visto en su salón, parecía una muñeca, en realidad se veía igual a la muñeca que llevaba en brazos, hasta su vestido azul claro con volantes que llevaba o sus brillantes zapatos negros, la única diferencia era que mientras la muñeca sonreía en sus brazos, ella lo miraba como si él fuera un bicho raro.

-Weny, cariño ven acá, ya nos vamos a ir, –llamó una mujer desde el interior de la tienda de su mamá.

La niña, que al parecer se llamaba Weny, tras darle una última mirada dio media vuelta y entró en la tienda.

Algo confundido aún, David prefirió mejor simplemente seguirle.

Su madre se encontraba confortablemente sentada en un banco alto detrás del aparador con un libro descansando en su regazo bajo su mano.

Al otro lado, sentada también en un banquito, se encontraba una mujer que aparentaba tener la misma edad que su madre, de inmediato supo que esa mujer era la madre de Weny, eran idénticas, uno bien podría imaginar que Weny era el clon miniatura de su madre, hasta llevaba también una muñeca sentada en su regazo.

Un escalofrío recorrió la espalda de David, haciéndole dar un paso atrás, en el momento en que sus ojos se posaron sobre la muñeca en brazos de la mujer.

David tuvo una extraña sensación de amenaza, como un ratón que sabe que a unos pasos mas allá, había un gigantesco gato listo para comerlo.

Pero eso era una tontería, se dijo David frunciendo el ceño, no era más que una tonta muñeca de porcelana.

Observó de nuevo la muñeca con algo de aprehensión, sin notar la mirada preocupada de su madre o la mirada curiosa de la mujer.

La niña, quien había ido a colocarse al lado de su madre, le miraba con una mirada tan extraña como curiosa.

-Cariño, ¿estás bien?

–la voz de su madre lo hizo reaccionar, parpadeó algo sorprendido y miró a su madre quien se había levantado de su lugar y le miraba con preocupación.

Le sonrió tranquilizadoramente y asintió.

-Si, ando bien –declaró y se encaminó hacia ella haciendo un pequeño rodeo de modo inconsciente para mantenerse lejos de aquella muñeca.

Su madre lo recibió en un abrazo y le acarició tranquilizadoramente los cabellos como para infundirle fuerzas.

Aquello era lo maravilloso de las madres, parecían siempre saber cuando era que sus hijos pequeños necesitaban un gesto de protección.

-Bien, mira David, ella es la señora April Fogy.

Le presentó.

Luego de un rato la señora Fogy sonrió a David como saludo, no fue difícil para él comprender que esa sonrisa era algo forzada, e incluso desagradable.

-Y ella es su hija, Weny, viven en el bosque, bueno, medio internadas en el bosque, tiene ahí su casa y su tienda, venden muñecas.

Le contó a su hijo con una sonrisa animada.

David prefirió abstenerse de palabras sin dejar de abrazar a su madre, esbozando una leve sonrisa de reconocimiento, no le interesaba si pensaban que era un niño de mamá, en ese momento sentía que necesitaba que su madre le sujetara o se desplomaría en el suelo, volvía a sentirse repentinamente muy débil de nuevo.

-Un placer, David.

Bueno, Elen querida, nosotras nos retiramos, todavía debemos de prepararnos para la feria, no podemos faltar, –comentó April Fogy.

Tenía una voz suave y dulce, David no pudo dejar de pensar que seguramente conquistaba a cualquiera con quien hablaba.

-Claro, nosotros también debemos alistarnos, es nuestra primera feria después de todo.

Dijo su madre muy animada, soltándose de David para poder despedirse adecuadamente de las Fogy.

David se hubiera desplomado al piso de no ser por que alcanzó a apoyarse en la pared, en ese momento le fascinó el hecho de que la tienda fuera tan pequeña.

Notó que alguien le observaba, Weny se le acercó rápidamente.

Mientras las dos mujeres se despedían con unos cuantos comentarios en la puerta de entrada, David, demasiado debilitado como para moverse y decirle algo a Weny, se limitó a mirarla, esta le observó preocupada, y luego le sonrió.

Sacó de su bolsillo una especie de pulsera de hilo y rápidamente sin soltar su muñeca, se la colocó en el brazo.

David iba a decirle algo, pero ella le indicó que guardara silencio y le besó la mejilla antes de darse media vuelta e irse a reunir con su madre quien no pareció darse por enterada de lo que había pasado.

-Adiós, David –se despidió la señora Fogy tomando la mano de su hija saliendo del lugar.

David no se dio ni por enterado, miraba al piso, sintiendo sus mejillas sonrojadas y calientes sintiendo la zona donde le había besado Weny como si le quemara, y su corazón latía rápidamente.

Su madre se quedó observándolo extrañada.

-Di, ¿te encuentras bien?

Preguntó preocupada por la salud de su hijo, él levantó la mirada y le sonrió ampliamente.

Tenía un buen color en el rostro y aquello la tranquilizó bastante.

-Me siento de maravilla –respondió un sonriente David, llevando su mano a donde se encontraba la pequeña pulsera café acariciándola suavemente.

Y descubrió, aún más sorprendido, que lo que había dicho no era una mentira.

Jamás se había sentido mejor.

Corrió a la entrada del local y sujetándose del marco se volvió a ver a ambos lados de la calle y pudo distinguir en la lejanía la melena color caramelo de las Fogy, sintió un hueco en el estómago y que dentro había un montón de mariposas.

No podía borrar la sonrisa algo boba de sus labios, tal vez tuviera doce años, pero no era un insensible ni un ciego, podía decir fácilmente que Weny Fogy era la niña más bonita que había visto en toda su vida.

David ni siquiera notó la mirada divertida de su madre que lo observaba desde el interior, ni las miradas extrañadas de los dos muchachos que acababan de llegar y que David ni se había dado ni por enterado al estar estirando el cuello intentando distinguir la melena caramelo de Weny.

Raúl y Jonathan se miraron entre ellos con una mirada interrogativa, como preguntándose entre ellos si sabían la causa de la rara actitud de su amigo.

Jonathan se encogió de hombros y sonrió entretenido.

-Tal vez un extraterrestre le lavó el cerebro, –declaró de modo burlón, ganándose una mirada fastidiada de parte del pequeño Raúl.

Elen Unreal solo rió suavemente desde el interior, pensando que su hijo estaba creciendo muy rápido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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