El Valle de la Nada - Capítulo 18
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18: 18 18: 18 La feria del Valle de la Nada, estaba ubicada en el cementerio junto a la casa Cray, toda la calle se encontraba repleta de puestos y de gente.
El cementerio había sido vistosamente decorado con adornos colgantes y varios altares, por todo el lugar centellaban gran cantidad de veladoras y parecía que mientras más se ocultaba el sol, el sitio brillaba con luz propia.
La casa Cray tenía sus puertas abiertas de par en par y por ese sitio desfilaban varios curiosos.
David terminó de ayudar a su madre a colocar correctamente su pequeño puesto que se encontraba justo enfrente de la Casa Cray, ya que el Señor Alba le había invitado a participar como negocio y ella aceptó encantada.
El puesto atraía rápido la atención por esa gran colección de amuletos y hierbas que su madre vendía, así también como el vestuario de ella.
David pensaba que se veía como una gitana, con su larga falda con muchos volantes y colores y su cabello castaño cobrizo que generalmente tenia recogido suelto en varios rizos sobre sus hombros, y cuidadosamente maquillada.
Cada que la miraba así, David era consciente del por qué su padre había caído enamorado en el acto de ella.
-Ya esta mamá, me iré ya con los muchachos, –informó sacudiéndose las manos.
Raúl y Jonathan habían ido con ellos e incluso ayudado a colocar el puesto.
Al final el Señor Alba se los llevó para servirse de su ayuda, así pues ahora David iba a rescatarles mientras comenzaba a sentirse debilitado de nuevo aunque estaba mucho mejor que en la mañana.
-Esta bien, Di, ve con cuidado, –le advirtió su madre por sobre el hombro antes de volverse a seguir atendiendo a la gente que curiosa se amontonaba frente a su puesto.
David se alejó corriendo esquivando a la gente y adentrándose en la casa Cray, todas las puertas se encontraban abiertas y ahora lograba ver la enorme colección del señor Alba.
Tenía una gran colección del terror, fotografías de fantasmas, videos y psicofonías, todas hechas en el Valle de la Nada.
Se escuchaba de fondo el sonido de la mecedora, que se alcanzaba a distinguir a pesar de ser ahogado por los murmullos de los turistas y del sonido de sus exclamaciones maravilladas que apenas y se daban cuenta de aquello.
-¡Señor Alba!
–llamó al hombre al verle a lo lejos bajando unos escalones, este le miró a través de sus gruesos anteojos con su cara de búho y le saludó con un movimiento de mano -¡¿Dónde andan Raúl y Jonathan?!
–le preguntó haciendo bocina con sus manos, el Señor Alba se encogió de hombros antes de volverse a su grupo de turistas que traía detrás continuando su camino.
David esbozó una mueca, el tratar de hallar a Raúl y a Jonathan entre esa masa de gente sería un verdadero problema.
-¡David!
Jonathan le hacía señales desde el otro lado de la habitación, junto a él se encontraba Raúl que observaba ceñudo a un grupo de chicas que chillaba cada vez que la ouija se movía un poco bajo sus dedos.
David les hizo una señal antes de comenzar a abrirse paso entre la gente para llegar donde ellos.
-Es mejor irnos de aquí, este sitio es un caos, –exclamó Raúl una vez David estuvo con ellos.
Jonathan y David estaban de acuerdo con él, así que los tres amigos, con grandes dificultades, lograron finalmente salir a la intemperie, donde no estaba nada mejor.
La calle y el cementerio estaban llenos de gente, daba la impresión que todo el valle estaba reunido en ese sitio, sin mencionar que también una gran cantidad de turistas.
David pudo identificar a varios grupos hablando en francés, italiano e incluso alemán, aquello parecía una enorme sopa de gente.
En sus paseos pudieron toparse con toda clase de personas, vieron a Raven, con su hermana, que vendía de nuevo sus amuletos baratos y sus fotos falsas; también vieron al famoso A.
Torch, que a David le pareció especialmente nervioso ese día y más pálido que la última vez que le había visto en la calle, miraba constantemente sobre su hombro y daba respingos cada que chocaba con alguien.
-Parece ser que ha habido más extraños accidentes con él de por medio, ya se ha vuelto tan común que los del periódico ya no se interesan en publicar la noticia.
Informó Jonathan cuando David les preguntó sobre la situación.
El hermano de Jonathan, Sony, de diecisiete años, trabajaba de medio tiempo en el periódico “Deadly News”, así que Jonathan tenía una muy buena fuente de información.
David se sintió observado.
Frunciendo el ceño observó alrededor, se habían alejado un poco del centro de toda la actividad, y no rondaba mucha gente por ahí, sin mencionar que había unos cuantos puestos nomás.
Sus ojos se posaron sobre una carpa pequeña, por la entrada se podía ver una mesa y sobre esta una bola de cristal.
-Oh, es Madame Chile, –murmuro Raúl a su lado.
David sufrió un escalofrió, no tanto por Raúl sino porque vio a la famosa Madame.
Sentada detrás de la mesa en un sillón de respaldo alto dentro de la carpa y sus dos ojos púrpura centellaban en la semipenumbra del lugar, al ver con más detalle descubrió el rostro de la mujer, era bastante mayor, posiblemente sería de la misma edad del Señor Alba.
Era una mujer morena, su cabello, veteado ya de muchas canas y recogido en un moño flojo a la nuca, tenía una coloración rojiza.
El color de su cabello era tan raro como el de sus ojos.
Su rostro alguna vez había sido bello por más que ahora luciera arrugado y viejo, su boca era grande y se estiraba ligeramente y caían las comisuras hacia abajo casi a la barbilla, no era una mujer gorda, más bien alguna vez había sido gorda y ahora era un saco de huesos y pellejos envueltos en un vestido gitano y un chal negro y de hilos peludos.
Sus brazos, cuello y dedos estaban cubiertos de joyas multicolores de plata, de sus orejas, que eran algo grandes y caídas, tenía colgados unas arracadas grandes y pesadas que caían casi sobre sus hombros enjutos y bajos.
La mujer se encorvaba ligeramente en su asiento y observaba a los tres jóvenes con sus ojos enmarcados por largas y espesas pestañas pelirrojas.
David tragó algo de saliva, aquella mirada penetrante era aún peor que la de Raúl.
La mujer se removió un poco en su asiento como para quedar en una posición más cómoda y movió sus pequeñas manos llenas de anillos sujetando un encendedor.
Raúl, Jonathan y David, se habían adelantado sin darse por enterados hasta quedar dentro de la carpa frente a la mesa de Madame Chily observando como ella prendía con manos temblorosas las numerosas veladoras que tenía cerca.
David pudo detectar que tenía las uñas tremendamente largas pintadas de azul brillante.
-Así que… -murmuró Madame una vez estuvieron todas las veladoras prendidas, les miró y les hizo una seña para que se sentaran.
Los niños obedecieron casi sin darse por enterados que antes no había ninguna silla detrás de ellos.
–Finalmente vinieron a visitarme, –terminó de hablar.
Madame hablaba con un tono suave y susurrante, David consideraba que aquel sonido semejaba bastante al de las uñas contra un pizarrón.
-No sabíamos que vendría este año Madame Chily, se corría el rumor que se encontraba muy enferma, –comenzó a hablar Raúl que estaba impresionantemente tranquilo, como quien habla con una vieja amiga.
Jonathan observaba curioso el interior de la carpa sin darse mucho por enterado de la conversación.
David, por su parte, jugueteaba con la pulsera en su brazo, que le había dado Weny, comenzaba a sentirse inquieto, no entendía mucho qué era lo que estaban haciendo en ese lugar.
-Oh, si, si, estuve enferma, pero ya ando muy bien, –rió la anciana causando un escalofrió en los otros dos jóvenes, mientras acariciaba lentamente con sus uñas el mazo de cartas que sujetaba en su mano.
–Estaré un rato por aquí, –murmuró mirando a David, quien notó su mirada especialmente.
–Las cartas me dijeron que debía venir a ver a alguien especial, –susurró apenas con el suficiente volumen para que David la escuchara con gran claridad, hasta podría jurar que era como si la escuchara dentro de su cabeza, frunció ligeramente el ceño, aquello no era normal.
Raúl pareció entender algo que David no, puesto que él se puso de pie rápidamente y pilló a Jonathan del brazo y, sin decir palabra, salió de la carpa llevándose a un sorprendido rubio.
David iba a seguirles cuando la mano ligera de Madame Chily se posó en su brazo deteniéndolo y se giró a mirar a la mujer extrañado -Me han contado que te has estado sintiendo… indispuesto, últimamente.
Le habló suavemente, David frunció el ceño, aquello era realmente raro, él no le había dicho a nadie sobre cómo se sentía estos días.
Se volvió a sentar en la silla, dispuesto a preguntarle luego a Raúl qué estaba pasando en ese sitio y qué demonios tenía que ver él en todo esto.
–Tranquilo, siéntate, que Madame Chily iluminará tu camino, ¿estás de acuerdo?
Le preguntó luego mirándolo con ojos entornados.
David la observó durante un buen rato en silencio, y finalmente asintió con un suspiró, acomodándose mejor en su asiento.
Madame Chily sonrió enseñando sus dientes amarillentos y mezcló las cartas en sus manos.
-No te arrepentirás, joven Unreal, –declaró la mujer ante un David no muy seguro de aquello, prefirió simplemente guardar silencio y escuchar.
Su abuelo una vez le había dicho que lo que uno debía hacer cuando no entendía qué le sucedía, lo mejor era escuchar todo, incluso las opciones más increíbles.
Esperaba, realmente, que su abuelo no estuviera equivocado.
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