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El Valle de la Nada - Capítulo 2

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2: 2 2: 2 -Di, levántate o llegaras tarde a tu primer día de escuela –se escuchó el llamado de su madre Elen a través del hueco de las escaleras.

David no pudo evitar de nuevo hacer una suave mueca ante el apodo que le decía su madre.

-Sí, ya voy –contestó con tono relajado antes de posar de nuevo sus ojos en el espejo para poder arreglarse el cuello de la camisa de la escuela.

Para sus doce años de edad, la estatura de David Unreal era como la de cualquier otro chico, aunque quizá un poquito más baja, pero en realidad jamás le había molestado ese detalle.

Intentó peinar su cabello que era castaño claro con una coloración rojiza.

Era algo común que a pesar de que se peinaba, diez minutos después tenía las puntas de los cabellos apuntando al cielo y no lograba comprenderlo ya que a veces repentinamente su cabello se bajaba por completo.

Su madre casi se muere de risa cuando una vez que entraron a casa de su abuelo todo su cabello se puso por completo de punta como si hubiera visto algo terrorífico y por más que David intentaba volverlo a su sitio era imposible, su abuelo le había dicho que a él le daban escalofríos, aunque no entendió del todo que tenía que ver una cosa con la otra.

David suspiró mirando el resultado final, su uniforme que era compuesto por un pantalón gris a cuadros de rayas negras (era horroroso, pero le había quedado bien, a pesar de que cubría un poco sus zapatos tenis), la camisa blanca de manga corta era muy ligera y eso le alegraba porque aún no se acostumbraba al calor que hacia en aquella zona.

Llevaba además un suéter negro con el escudo de la escuela que le parecía muy curioso -una T que se parecía mucho a la cruz católica y una A roja con forma de llamas encima; figuraba mucho de lejos a una cruz quemándose.

Sus ojos grises brillaban de emoción cuando se miró, intentando atar el nudo de la corbata que era de color gris, su madre había dicho que con eso parecía de aquellos hombres de las funerarias, el chico no podía estar más de acuerdo con ella.

David comenzó a bajar los escalones de la escalera en forma de caracol.

El día que llegaron su madre y él, se habían sorprendido al descubrir que su casa, que parecía muy vieja y construida de piedra sólida, sólo contaba con dos cuartos (uno en el segundo piso y el otro ocupaba todo el tercer piso que alguna vez fue más una bodega que un cuarto).

Contaba con sólo un baño entero el cual compartía el segundo piso con la habitación de su madre; un recibidor, donde cabría un pequeño comedor y algunos libreros; una cocina no muy amplia, que estaba en un cuarto a la derecha que parecía sobresalir de la estructura del primer piso, y finalmente, un cuarto para sala y estudio (otro agregado al recibidor, pero del lado izquierdo).

A David le había dado la impresión de que originalmente había sido solo el primer piso y que luego habían construido los otros dos.

Para llegar a esos cuartos debían subir por una escalera de caracol de metal que atravesaba los tres pisos dejando descansillos para el segundo y el último.

David se había sorprendido pensando en cómo abrían hecho para que las camas y demás muebles subieran a los otros pisos ya que se le hacia físicamente imposible, y cualquier otra persona que estudiara álgebra o arquitectura estaría de acuerdo con él.

Otro detalle que tenía la casa es que parecía tener forma como de pirámide por fuera ya que los últimos pisos se van encogiendo en comparación al primero, además de que el techo de la cocina y la sala, así como el del cuarto de David, si los juntas, podrías formar un triángulo perfecto.

– ¿Me llevaras a la escuela Má?

–preguntó David al entrar a la cocina y pescar una tostada con mermelada del plato que ya estaba listo para él.

Su mochila esperaba medio vacía en la entrada puesto que todos sus libros se los darían en la escuela, según le había explicado su madre.

Elen miró a su hijo de reojo mientras le ponía un vaso con leche con chocolate enfrente.

-No, en la escuela dijeron que el autobús pasará a esta hora por ti, no debe de tardar así que termina y mejor que salgas a esperarlo –declaró su madre mientras que colocaba una de las tantas cajas que todavía faltaban por desempacar sobre la mesa.

Con un suspiro, David terminó y salió, aunque aún no eran las siete todavía.

Tras diez minutos de espera vio un enorme vehículo dar la vuelta en la esquina lejana y supo que ya llegaba el autobús.

El colegio del valle, tenía un sistema muy singular para recoger a sus chicos de primaria y secundaria, la escuela contaba con cuatro autobuses de dos pisos los cuales recorrían puntuales sus rutas variadas para recoger a sus alumnos.

Secundaria entraban a las seis, así pues los autobuses recorrían la ciudad por una hora y tan pronto como terminaban de dejar a estos chicos salían de inmediato por los de primaria quienes entraban a las siete.

Veloz y puntual si te habías apuntado a su recorrido debías estar en el momento preciso.

Si el conductor no te veía, éste continuaba, tenían un horario apretado y no esperaban a nadie por más de un minuto.

Estos autobuses eran imposibles de no identificar, tenían dos pisos y estaban pintados de negro.

En el frente y a ambos lados tenían el escudo de la escuela y el nombre de la ciudad en letras blancas, por dentro estaban llenos de largos asientos de plástico muy incómodos que sin embargo tenían capacidad para llevar 200 niños en cada vehículo cosa que era bastante buena.

Cuando David logró encontrar un asiento, se sintió de maravilla, el ruido de los chicos de varias edades platicando entre sí, las risas y las bolas de papel volando sobre sus cabezas lo hicieron sentirse que ya estaba en casa.

-Eres nuevo aquí ¿verdad?

–David se volvió a ver a quien le había hablado, se topó con un chico alto que parecía mayor que él, era muy delgado, de ojos negros y cabello negro y lacio que le hacia ver más delgado aún.

David sintió una extraña alarma natural.

Sin embargo ante la sonrisa del muchacho este sonrió tímidamente.

-Si, llegué ayer –declaró suavemente y tendió su mano–, me llamo David Unreal –se presentó.

El muchacho estrechó su mano con calma y asintiendo se sentó a su lado.

-Me llamo Alberto Raven, cuando lleguemos te mostraré la escuela, ¿te parece?

David sintió de nuevo esa extraña alarma pero ignorándola por completo asintió, ¿qué podría pasarle?

-Increíble… -susurró sorprendido al ver el enorme edificio negro que seria su escuela.

Aunque de lejos no se apreciara, en los patios había una gran cantidad de árboles y plantas bien arregladas, la imagen que se presentaba ante él era impresionante y sobrecogedora, se sintió muy emocionado, tan emocionado que no vio la sonrisa fría y maligna de Alberto Raven que no le había quitado la mirada de encima desde que este subiera al autobús.

Algo, que realmente no auguraba nada, pero nada bueno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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