El Valle de la Nada - Capítulo 26
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26: 26 26: 26 David se sentía extraño, aquella sensación de nuevo, como cuando Basil Chily le había abrazado y guió sus pasos hasta aquel expediente Era como si tuviera control de su cuerpo pero al mismo tiempo no fuera así, alguien más movía sus brazos y guiaba sus pasos, alguien más le estaba ayudando si no a sentir el dolor de sus huesos al menos a olvidarlo, sentía frío y a la vez no le afectaba, sentía su corazón aplacado y no tenía miedo a nada, ni siquiera a la muerte, todo aquello no era más que un sueño lejano, perdido entre sus recuerdos y en el tiempo.
-¡Rápido!, ¡rápido!
tenemos que llegar antes de que Al, haga algo muy malo –murmuró David entre dientes, pidiéndoselo más así mismo y a Annie que a su amigo Jonathan que le seguía como podía.
Casi sentía que volaba mientras corría por el bosque sin estar realmente conciente de la dirección en que iba, escuchaba también los pasos de Jonathan y su respiración agitada mientras le seguía con algo de dificultad, David imaginaba que realmente debía ser difícil por más que él en esos momentos no sintiera la dificultad en su avance gracias a que un espíritu lo guiaba y protegía.
Los árboles pasaban a su alrededor como saetas escuchando sus crujidos e incluso le daba la impresión de que intentaban estirarse para detenerle, para impedirle llevarse a Annie lejos de ellos.
David se concentró aferrando más al espíritu de ella para que no se la quitaran, tenía que ayudarla a salir de ese sitio y no permitiría que nada ni nadie le detuviera.
Pronto vio la salida del bosque y sintió una cierta calidez, una felicidad que no tenía nada que ver con él, era Annie Thing quien finalmente veía la salida de su hasta ahora prisión, era ella quien sentía la poderosa presencia de la persona a quien tanto amaba y había estado esperando.
Un grito de horror hizo saltar el corazón de David, era un grito muy poco varonil pero supo que era de un hombre, esperaba que nada le estuviera pasando a Raúl, y que Torch saliera bien librado de todo aquello.
-¡Tú me quitaste a Annie!
–rugió la ahora enorme figura de Al Ways que daba la impresión de crecer cada vez más envuelto en una gran nube de niebla oscura, ya ni siquiera parecía una figura humana como antes, más bien era una gran y aterradora nube oscura, sus ojos grises parecían centellear con un aura oscura, y sus cabellos castaños se agitaban como si tuvieran vida propia.
Torch gritaba horrorizado y se agitaba intentando huir del agarre de su tobillo, se encontraba colgado boca debajo cara a cara a Al Ways, su rasgos generalmente apuestos se encontraban horrorosamente acomodados en una mueca de furia -¡Tú mataste a Annie!
–le gritó a la cara, sus ojos grises abiertos, enormes por la furia que le inundaba, Raúl echado sobre su vientre en el pasto un poco más allá, estaba sintiendo realmente pena por Torch, si sobrevivía seguramente no quedaría mentalmente cuerdo después de esa aventura con el viejo “amigo” de su antepasado.
Raúl vio un brillo proveniente del bosque, y se puso de pie de un salto, identificó una figura brillante envolviendo otra más pequeña, sin mencionar que atrás de esta venía una tercera algo más atrás que tropezaba por el cansancio, sonrió grandemente, sabiendo que sus amigos le habían encontrado y no sólo eso sino que con ellos traían a Annie Thing, se volvió rápidamente al espíritu furioso de Al Ways- -¡Al, Al, Annie está aquí!
–le gritó con fuerza esperando que el espíritu en su furia le escuchara y no arremetiera por el contrario contra él, pero no tuvo suerte, el espíritu no le puso atención, estaba más ocupado agitando como una sonaja al pelirrojo el cual ya no tenía sus lentes, estos se habían caído y estaba cuarteados.
Raúl frunció el ceño ante eso, y sin más observó a David, realmente esperaba que su amigo pudiera actuar rápido.
Se quedó mirando sorprendido cuando creyó detectar una especie de gran pared de vidrio que delimitaba el bosque de la ciudad.
Nadie le había dicho nada sobre aquello.
David sintió una extraña barrera en las orillas del bosque siendo él el que respondía ante ello y no Annie, adelantó sus brazos y concentró toda su fuerza, al atravesarla sintió como si todo el bosque se estremeciera.
La barrera o fuera lo que fuera que le había intentado detener cedió rompiéndose, se sintió más ligero mientras corría en dirección a la enorme figura que era ahora Al Ways, se llevó la mano al cuello donde tenia el relicario, y se lo arrancó del cuello y sintió que la presencia de Annie se concentró en ese objeto.
Lo tomó con fuerza envolviendo la cadena rota en él, como si fuera una pequeña pelota, comenzó su carrera en dirección a Al Ways ignorando monumentalmente el dolor que provenía de su tobillo y sus rodillas.
-¡Al!
–gritó con todo sus pulmones pero sobretodo concentrándose en que Al Ways, debía escucharle, tenía que atraer su atención de manera especial, él era un espíritu lleno de rencor, y sólo una interrupción que captara su atención, como reconocer la energía de Annie, lo haría olvidarse de lo que hacía.
Sin más dio su mejor lanzamiento, lanzó el relicario al centro de la figura, el relicario destelló en dorado, rodeado de una luz cálida al comenzar a caer en arco justo donde se encontraría el Corazón de Al Ways..
Raúl y Jonathan observaron aquello boquiabiertos, vieron como el pelirrojo Torch caía al suelo inconciente, como una mano fuerte y blanca se estiraba para alcanzar el relicario y cuando este lo atrapó un gran resplandor los cegó haciéndolos desviar la mirada a otro lado, entornando los ojos.
El resplandor envolvió todo el Valle y parte del bosque, muchos lo vieron y quedaron impresionados, no tanto por la luz, sino por la sensación tan cálida que les inundó, los amantes se habían reunido finalmente, después de tantos años.
Una figura oscura como una niebla en el bosque se agitó cuando la luz le tocó, aquello no le agradaba para nada.
David, haciéndose visera con la mano, logró distinguir entre la luz las figuras de Al Ways y Annie Thing unidas en un estrecho abrazo, ambos aferrando el relicario entre sus dedos entrelazados, el hombre joven de cabellos castaños y ojos grises alto y fuerte con mirada calida, aferrando a la joven muchacha de largos cabellos negros, ojos azul cielo y piel blanca como la leche.
Todo aquello pareció durar una eternidad para David, quien vio como se volvían a verle y le sonreían agradecidos, antes de desaparecer en un remolino de luz y con un último brillo desaparecían en un destello que se elevó al cielo.
La luz desapareció, así como las nubes de tormenta, hubo un largo silencio al alrededor de David quien se inclinó a recoger el relicario que se sentía calido al tacto, lo abrió y sonrió al ver cómo ahora el retrato de estos dos se veía perfectamente, con lujo de detalles.
Suspiró levemente y cerrando de nuevo el relicario miró: donde antes de encontraban las dos letras “AA” entrelazadas, se encontraba ahora una gran y vistosa “D”, aquello hizo sonreír a David.
Esto sería un buen recuerdo.
Se volvió a ver sobre sus hombros a Raúl y a Jonathan que le observaron también, quién los hubiera visto, sabía que ese día algo en todos ellos había cambiado tal vez para siempre.
-¡Qué locura!
–Exclamó finalmente Jonathan rompiendo el tenso silencio que los había envuelto mientras se estiraba perezosamente revolviéndose sus cabellos rubios que estaban sucios por la tierra y hojas del bosque.
Raúl y David comenzaron a reír, dándose cuenta de que, por ese día, finalmente, la aventura había terminado.
-Vamos, aún tenemos que llevar los restos de Annie junto a los de Al, –dijo Raúl logrando detener su risa mientras se acomodaba la sudadera oscura que traía y que estaba hecha un desastre igual que sus pantalones.
David y Jonathan asintieron, pero cuando David quiso avanzar fue a dar al suelo recordando finalmente que ahora no había nadie quien le impidiera recordar el dolor.
Su tobillo izquierdo estaba terriblemente hinchado, sin mencionar sus pantalones rotos y manchados de sangre.
Sus rodillas estaban completamente peladas al igual que sus manos que, aunque ya no sangraban, era muy desagradable porque ahora tenía sangre seca cubriendo sus heridas.
Estaba todo lleno de tierra, sangre y raspones, –bueno, creo que lo mejor será que alguien te lleve al hospital, –declaró Raúl tomando la mochila y le sonrió.
David asintió, después de todo era verdad, lo mejor sería primero irse al hospital.
No quería quedar inválido tan joven.
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