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El Valle de la Nada - Capítulo 3

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3: 3 3: 3 David no podía creer como era posible que una hora antes estaba muy seguro que el día iba a ser maravilloso.

Miró tristemente su mochila vacía que yacía tirada en el suelo debajo de su cabeza.

¡Oh sí!, debajo.

Estaba colgado por los tobillos de lo que le parecía a David la cuerda con la que solían subir el telón del teatro.

Alberto Raven era sin duda un chico malvado, había llevado a David al teatro y ahí, junto con otros chicos, le habían vaciado los bolsillos, atado los tobillos con la cuerda y elevado hasta quedar al menos medio metro del suelo.

Aseguraron la cuerda para que no cayera y se largaron entre risas después de darle la “bienvenida” al colegio, David declaraba que realmente odiaba a ese chico.

Se meció un poco intentando alcanzar el nudo que sus nuevos y muy traviesos compañeros habían hecho para poder bajarse de esa posición.

-Demonios –gruñó entre dientes cuando en el momento en que iba a poder agarrar la cuerda su cuerpo mismo lo columpió lejos de este, sería difícil y por lo silencioso del lugar no le sorprendería que fuera extraño que alguien pasara por ahí y le salvara, aunque David no sabía si quería ser salvado, ya de por sí era mucha vergüenza encontrarse ahí colgado como para aparte ser descubierto por otros chicos.

-Sí, sí… ¡no!

-gimió cuando nuevamente falló su intento, seguramente llegaría tarde a clases.

-Diab… -guardó silencio bruscamente cuando su oído captó un sonido lejano, el sonido de mucha gente caminando en esa dirección.

Su corazón dio un bote al entender que seguramente un gran grupo se encaminaba hacia el interior del teatro y se movió apurado al darse cuenta de que él estaba en el escenario.

Seria horrible la vergüenza que pasaría si toda la escuela lo veía en ese su primer día colgando de un pie.

Se volvió a columpiar y sonrió feliz cuando logro aferrar el nudo, sin embargo, no fue felicidad lo que sintió cuando al soltarse la cuerda él fue a dar directo al suelo con un estrépito ahogado por el sonido de las puertas abriéndose dando paso a varios estudiantes.

David respiro profundamente con todas sus cosas apenas sujetas entre los brazos, se asomó un poco al pasillo para ver si había logrado salir de milagro del teatro sin que nadie le viera.

Sería muy penoso que lo vieran con la mochila rota con todos los útiles en sus brazos, despeinado y con un evidente moretón en la mejilla producto de la despedida que Alberto Raven le dio antes de marcharse, además de que el hecho de tener su uniforme arrugado y desfajado podría llamar mucho la atención, cosa que no quería para nada, ya tenía suficiente consigo mismo.

-¿Esto es tuyo?

–una voz susurrante provino de algún lado a su derecha, David volteó y pestañeó sorprendido cuando en su nivel de visión no vio a nadie, sin embargo solo tuvo que bajar un poco la mirada para ver quién era el que le halaba la manga.

A su lado había un muchacho que parecía ser mucho más joven que él, además de ser de pequeña estatura.

David no pudo evitar sorprenderse, este chico le llegaba al hombro y le miraba con los ojos entre cerrados y expresión muy seria.

Pero no fue tanto su estatura lo que le llamó la atención sino su cabello, era negro profundo y ligeramente largo y despeinado; al verlo no pudo evitar que le llegara a la mente la imagen del famoso Albert Einstein con sus cabellos de científico loco.

-¿Cómo?

–atinó a responder, ya que no había entendido bien a lo que el muchacho se refería; este elevó su mano dejando ver una libreta con una clara huella del zapato de Raven.

David observó la libreta algo sorprendido.

–Yo… gracias, si es mía –declaró sonriéndole apenadamente al niño.

Este se la dio y le miró de pies a cabeza.

David se dio cuenta que tenía unos ojos azules muy brillantes y que además era delgado y su uniforme parecía quedarle algo grande.

Cuando David se encontró con los ojos del niño no pudo evitar pensar que le estaban leyendo la mente y se sonrojó ante lo absurdo de la idea porque no era probable que eso pasara.

El chico sonrió levemente con ironía.

-Me llamo Raúl, Raúl Elder.

¿Tú eres el nuevo, Unreal, no?

–El chico sonrió un poquito más cuando David pareció turbado por el hecho de que él supiera quien era.

-Como lo imaginé, vamos, el profesor está algo preocupado porque no has aparecido, imaginé que te habías topado con Raven, este es uno de sus lugares favoritos.

Declaró el chico señalando al teatro de donde había salido momentos antes.

David miró sorprendido a Raúl Elder sin atinar a saber que contestar.

Sin embargo, antes de que pudiera decir mucho, el chico le había quitado varias cosas de los brazos y acomodado de nuevo la mochila que, a pesar de estar rota, con ella podía cargar más fácilmente sus cosas.

Raúl, tras devolvérsela, le hizo avanzar por el pasillo con toda calma.

David le miró, ¿ese chico, en verdad iba en su salón?

-Oh, lo encontraste Raúl, muy bien hecho –le felicitó el profesor cuando entraron al salón.

El maestro era un hombre que no parecía pasar de los cuarenta y se veía bastante alegre y amistoso, David se sonrojó al percatarse de que tenía varias miradas encima y detectó también aquellos ojos negros que ya había grabado en su memoria, Alberto Raven estaba también en su salón mirándole desde el fondo con una sonrisa burlona y amenazadora.

David no necesitaba saber leer la mente para entender lo que esa sonrisa significaba: “habla y mueres”.

-Bien, mejor que te sientes Raúl.

¿Por qué tan tarde joven Unreal?

–preguntó el maestro, mientras que Raúl tranquilamente iba a sentarse en una banca vacía que estaba enfrente ya que era el más bajo del salón y esa era la única forma para que pudiera ver el pizarrón sin que nadie le cubriera la vista.

David observó el rostro bonachón del profesor, tenía el cabello corto y castaño con algunas pequeñas vetas blancas, era algo bajo de estatura y regordete.

Realmente parecía un hombre agradable.

-Me perdí –suspiró David algo resignado aunque con seguridad.

Su aspecto, sin embargo, dejaba en duda lo dicho y pudo ver que el profesor efectivamente no le creyó, pero no siguió preguntando y eso lo agradeció David.

-Bueno, la próxima vez intenta cuidar por donde andas, siéntate ahí, al lado del joven Mason –declaró señalando a un muchacho alto y rubio que estaba sentado tres asientos atrás de Raúl.

David notó que seguramente este nuevo chico era el opuesto del otro, no creyó que pudieran existir semejantes compañeros en un mismo salón.

Sin más observaciones fue y se sentó al lado de Mason quien le sonrió animadamente, al mismo tiempo que el profesor comenzaba a dar la clase, impidiendo que ambos pudieran conocerse bien.

David logró sacar una libreta y comenzó a tomar apuntes mirando al frente.

La escuela no estaba tan mal, en realidad, suponía que no era diferente a otras.

Suspiró levemente mirando de reojo a sus compañeros ¿Qué sería lo que le esperaba después?

David no podía saber que en ese salón había tres personas que tenían sus pensamientos en él y uno de ellos planeando que David no disfrutara de su estadía en el Valle de la Nada.

Raúl Elder miró levemente para atrás detectando que Alberto Raven ideaba hacerle la vida imposible al nuevo chico, suspiró levemente.

Ese Unreal, no llevaba ni un día completo en el valle y ya se había metido en un gran problema, lo mejor seria vigilarle las espaldas o ese bobo se metería en problemas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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