Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Valle de la Nada - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Valle de la Nada
  4. Capítulo 6 - 6 6
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: 6 6: 6 Una semana había pasado rápidamente, es curioso que cuando te sientes feliz en un lugar, el tiempo se te va volando.

En esa semana, David pudo sentir al Valle de la Nada, por primera vez, como su verdadero hogar y a sus amigos, como si les conociera de toda la vida.

-Vamos, apúrense o llegaremos tarde –les recordó Raúl a sus ahora amigos: David Unreal y Jonathan Mason, quienes le seguían unos pasos más atrás.

Ese día de escuela había pasado curiosamente tranquilo, a David le sorprendió ya que esperaba encontrarse con la molestia de Alberto Raven en el autobús, sin embargo, este ni siquiera le había mirado, estaba más entretenido conversando con sus compañeros.

Eso, debía admitirlo, le había perturbado.

-El salón no se va a mover de donde está, Raúl –contestó Jonathan al apuro de su pequeño amigo que le llegaba apenas al hombro, Jonathan no era en realidad ningún chico de baja estatura, Jonathan era el más alto del salón, no muy flacucho y que, según David pensaba, seguramente en unos años más iba a tener el doble de altura que en ese momento: “quien sabe que será lo que le dan en su casa de comer”, pensaba David divertido ante aquello.

-Ya, pero sí nos va a matar el profesor si no llegamos, “americano” –declaró Raúl volviéndose a verles sin dejar de caminar.

David sonrió al ver la mueca de Jonathan ante el apodo de “americano” que se le ocurrió a Raúl.

Cuando le preguntó la razón de esto, respondió que era por lo de un cuento que leyó de Oscar Wilde, donde mencionaba a una familia de americanos que llegaban a una casa donde habitaba un fantasma y estos, a pesar de que lo veían, seguían sin creer en su existencia.

-Es como él, por más que escucha de los fantasmas sigue sin creer.

David estuvo entonces de acuerdo con el apodo, le quedaba perfecto.

-Mira por donde vas, enano –dijo Raven sonriendo burlonamente y metiéndole el pie cuando Raúl pasaba junto a él, provocando que el pobre chico fuera a parar de bruces al suelo.

Raven se alejó riendo a carcajada abierta mientras David y Jonathan le ayudaban a ponerse de pie mientras Raúl miraba a Raven furioso.

-Ese…

ese idiota…

como me gustaría romperle la nariz –mascullaba Raúl sobándose la rodilla adolorida que se golpeó al caer.

-No te preocupes, “pequeñín”, ya luego podrás desquitarte –dijo Jonathan dándole unas palmaditas en la espalda antes de continuar el camino, más bien, de salir huyendo de la mirada furiosa del pequeño Raúl.

-Vamos, Raúl –sonrió David tendiéndole su mochila, y luego siguieron su camino.

Le causaba gracia la relación entre esos dos, eran polos opuestos en todo y sin embargo, se llevaban muy bien.

-Qué bueno que ya llegaron –saludó el maestro mientras entraban y se acomodaron en sus asientos.

El profesor de historia, Magíster, era un hombre joven de unos treinta y cinco años, de cabellos oscuros, piel morena y ojos castaños, se le veía muy amigable con la eterna sonrisa en sus labios y sus mejillas ligeramente regordetas.

No era un hombre ancho y tenía unos rasgos un tanto infantiles.

En general el profesor le agradaba mucho a David, ya que sus clases las hacia muy amenas.

David trabajaba en su sitio haciendo algún apunte de lo que explicaba el maestro y se había olvidado por completo de que existía una molestia en el salón, hasta que un proyectil de saliva y papel le pegó en la mejilla.

Se sobresaltó llevándose la mano al lugar y tuvo que controlar su asco al descubrir aquel húmedo proyectil aún pegado en su piel.

Buscó con la mirada rápidamente al culpable, no fue muy difícil encontrarlo, con sus cabellos negros y su sonrisa fría y burlona le hacía una grotesca mueca de saludo desde su asiento en la última banca de la siguiente fila, de seguro tenía una perfecta posición para hacer sus lanzamientos.

En verdad que ese chico Raven era una molestia, pensó David limpiando su mejilla con el cuello del suéter antes de intentar volver a poner atención a la clase.

No duró mucho su concentración cuando fue rota por otro nuevo proyectil que dio en su oreja.

“Yack”, esto era realmente asqueroso, David tuvo que morderse la lengua para no gritarle palabrotas a Alberto Raven.

Qué molesto era todo aquello, ya que en diez minutos fue víctima de otras tres babosas bolitas.

David sintió que le hervía la sangre mientras intentaba en vano anotar lo que el profesor explicaba al frente, ignorante de todo lo que pasaba entre sus alumnos, eso era realmente frustrante.

-¡Basta!, –explotó, cuando una pelota de papel rebotó en su cabeza, ya estaba hasta la coronilla de Raven.

Pestañeó sorprendido al darse cuenta de que un silencio muy pesado inundaba el salón, se volvió al frente rápidamente donde el profesor le miraba con una ceja levantada y una mueca molesta en sus labios.

“Diablos” fue lo que atinó a pensar antes de verse de pie en el pasillo, fuera del salón.

Todo era tan molesto.

Terminar castigado por culpa de otro, bufó audiblemente mirando sus pies, últimamente no había tenido muy buena racha de suerte.

-¿Te castigaron?

–David dió un respingo y levanto su vista para encontrarse con un muchacho algunos años mayor que él, no parecía ser de la escuela ya que no llevaba puesto el uniforme, vestía de negro y tenia el cabello castaño claro como el suyo y ojos cafés.

David se sonrojó al notar la mirada divertida del mayor.

-Yo…

sí –suspiró al final, volviendo de nuevo su vista al suelo –por culpa de un idiota –gruñó, recordando la mirada burlona de Raven –pero…

¿quién eres tú?

no pare…

–no terminó de formular la pregunta porque cuando levantó la vista, a su lado ya no había nadie.

Confundido, se volvió a ver por ambos lados del pasillo buscando al joven, “desapareció”, pensó David, muy intrigado por aquello.

En esos pasillos era muy difícil no hacer ruido al caminar.

Un escalofrió recorrió su columna cuando al ver su reflejo en el vidrio de la ventana frente a él, vio su cabello ligeramente elevado y el rostro del muchacho sonriéndole antes de desaparecerse.

David se quedó paralizado, con la mandíbula trabada y el corazón latiéndole rápidamente en el pecho, sin embargo, no tenía miedo, estaba emocionado.

Una sonrisa se dibujó en sus labios en el momento en que sonó el timbre avisando el cambio de clases.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo