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El Valle de la Nada - Capítulo 7

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7: 7 7: 7 En cuanto salieron sus dos amigos, les intentó contar lo que había visto, aunque, claro, no hubo mucha oportunidad entre el cambio de clases, las constantes molestias de Raven contra ellos y las miradas de advertencia de los profesores.

Cuando finalmente pudo contarles lo del muchacho del pasillo, las reacciones de sus amigos no fueron exactamente las que, podría decirse, David deseaba.

-¡Les digo la verdad!

–gimió audiblemente David al finalizar su relato.

Se encontraban sentados bajo la sombra del gran roble en medio patio, el mismo sitio, (según los relatos de Raúl Elder), donde se alzó la gran pila de fuego que devoró el cuerpo de Annie Thing, la idea de la hoguera le provocaba escalofríos, pero curiosamente, el estar bajo la sombra de aquel inmenso cerezo era tranquilizador.

Los tres amigos, sentados en la banca de piedra no llamarían mucho la atención.

A Raúl, en medio de Jonathan y David, con su rostro oculto tras un libro viejo con tapas de piel negra sin ningún título en frente, dejando ver sus despeinados cabellos negros, parecía que toda aquella historia no le llamaba la atención; mientras que Jonathan, con sus cabellos rubios algo revueltos por la reciente carrera de la tienda a la banca, miraba a David con sus ojos verde pasto reflejando incredulidad, mientras que masticaba lentamente el emparedado de jamón que aún sujetaba en su mano derecha y con la otra se rascaba la barbilla en un gesto confundido.

David comenzaba a sentirse irritado.

¿Es que no comprendían qué era de lo que les estaba hablando?

-¡Lo digo en serio!-casi chilló David indignado porque no parecía que le prestaran atención, los ojos azul cielo de Raúl asomaron por sobre el libro para fijarlos en David, su mirada penetrante causó un escalofrió en la espalda de su amigo, causando que la indignación y enfado que había comenzado a despertar en él, inflándose como un globo, repentinamente se pinchó al sentirse atravesado por esos ojos y cerró la boca al instante, ahogando cualquier otra protesta.

Raúl, con su famosa calma, bajó el libro dejando ver por un minuto la detallada imagen de lo que para aversión de sus dos amigos parecía ser un cadáver y con los intestinos por fuera.

David notó que Jonathan dejaba de masticar su bocadillo y hacia un mohín de asco.

Raúl no pareció darse por enterado de las expresiones de sus dos amigos mientras marcaba la página y lo cerraba luego.

Se rascó la nuca con un suspiro resignado y se volvió a ver a David como quien se disponía a explicarle a un niño pequeño cuanto era uno más uno.

-David, ya te había dicho que aquí en el valle, más de la mitad de los habitantes del lugar han tenido algún encuentro extraño, así que no entiendo porque estás tan sorprendido de que te haya pasado a ti –explicó Raúl relajadamente.

David aún estaba algo impresionado por el detallado dibujo del libro y parpadeó sorprendido.

Al comprender aquellas palabras hizo una mueca de molestia.

–Además, -se apresuró a aclarar Raúl-, si lo que buscas es convencer a Jonathan de que realmente viste un fantasma, bueno, he de decirte que pierdes el tiempo –terminó de hablar encogiéndose de hombros como si nada.

–Debes entender que Jona hace honor a su apellido, –rió suavemente ante la cara que puso Jonathan por el diminutivo y que evidentemente no entendió mucho el último comentario, causando finalmente la risa de David.

David debía admitir que Raúl tenía un punto a su favor, era verdad que el valle era famoso por su actividad fantasmal tan constante.

Además, Jonathan Mason era famoso por su conocida frase “yo-no-creo-en-fantasmas”, la cual no dejaba de repetir cada que alguien le hablaba sobre alguna nueva aparición.

David suspiró volviendo su vista hacia arriba sintiendo con agrado la brisa y viendo las hojas del árbol que se mecían gracias a ella, creando la impresión de estrellitas cuando la luz del sol se colaba por entre las ramas.

A su lado, Jonathan volvía a comer y Raúl había vuelto a hundir sus narices en aquel extraño libro; todo el sitio era tan tranquilo.

Desvió la mirada observando alrededor.

Detrás de ellos se elevaba el gran edificio central, la parte más antigua del colegio, donde se encontraba la biblioteca, el auditorio y la sección de primaria.

El salón de David y sus amigos, se encontraba ubicado en el segundo piso con las ventanas que daban al patio central donde ellos estaban en ese momento.

La gran mole del edificio, que tenía unos cuatro pisos de altura y algo así como ciento y algo metros de ancho, de lejos podía parecer de primera impresión la gran fachada de una catedral monstruosa color negro.

Sin embargo, una vez que la veías de cerca, sus numerosas ventanas reflejaban el sol y la gran puerta de madera oscura, a pesar de tener aspecto amenazador para quienes recién llegaban, una vez que atravesaban las puertas y caminaban por sus pasillos forrados de paneles de madera cálida y altos techos y escaleras amplias, tenían en verdad cierto aire acogedor.

En realidad, pensó David, el conjunto de esos tres enormes edificios de piedra negra parecían estar abrazando aquel gran patio donde el frondoso cerezo crecía imponente.

Con un nuevo suspiro volvió la vista al frente, más allá se alzaban las rejas negras que protegían a la zona de recreo de la avenida donde estaban detenidos los enormes camiones del colegio, y más abajo se veía la ciudad.

La escuela estaba sobre una colina, cosa que ayudaba a que esta pudiera contemplarse perfectamente desde cualquier parte del valle.

Era el edificio más alto del lugar, después de todo era una ciudad pequeña.

Ni siquiera los hoteles, que eran varios y en ciertas temporadas se llenaban por completo de turistas, eran tan altos ya que no era bueno obstruir la vista a la mayor atracción del lugar.

Su mirada vagó por las altas ventanas del edificio a su izquierda, que era también una sección antigua donde antes se encontraba el convento.

Estaba hecho de la misma piedra que el edificio principal y a pesar de no ser tan alto como el anterior, era mucho más largo y ancho ya que esa era la sección de preparatoria y algunas carreras.

Era una suerte que no fueran muchos los que estudiaban en esa ciudad, ya que en cuanto cumplían la edad para estudiar una carrera, terminaban por irse a otras ciudades.

Las ventanas reflejaban el cielo azul, las nubes, un muchacho de ojos centelleantes, el lejano movimiento de los…

David devolvió rápidamente la mirada a la otra ventana, juraría que había visto de nuevo a aquel muchacho, pero era una imagen aun más aterradora de la que recordaba.

Por más que buscó entre los reflejos de nubes y demás cosas, no encontró de nuevo aquella cara con ojos relampagueantes.

Se llevó la mano a la nuca rascándose la cabeza revolviéndose un poco los cabellos, todo aquello era tan extraño.

-¿Pasa algo?

–la voz de Raúl llamo su atención, sus ojos azules y brillantes volvían asomar por sobre su libro y le miraban con curiosidad.

David se encogió de hombros en respuesta antes de prestar atención al envase de soda que sostenía en sus manos.

Dio un largo trago a su refresco, se sentía tan extraño, acababa de pasar de la emoción al nerviosismo ya que de algo estaba seguro, sabía de varias personas que habían tenido algún encuentro fantasmal, o incluso de varios que coincidían en alguna historia.

No creía que hubiera también quien haya tenido más de un encuentro fantasmal, lo que es peor, no creía que hubiera alguien que, hasta el momento, tuviera ya cuatro encuentros y dos de ellos con el mismo fantasma, y eso comenzaba a ponerle nervioso.

Verdaderamente no creía que fuera algo normal.

Un par de ojos azules le observaron por unos minutos más espiándolo por sobre el libro de piel negra antes de volver a ocultarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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