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EL VELO DE LA ROSA - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - 42 Capítulo 40 – Camino a la Academia
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42: Capítulo 40 – Camino a la Academia 42: Capítulo 40 – Camino a la Academia El carro avanzaba lentamente por los caminos que llevaban a la Ciudad Imperial.

Sus ruedas crujían sobre los adoquines, mientras el chirrido de las bisagras y el golpe de los cascos de los caballos creaban un ritmo constante.

Desde dentro, Anna D’Valrienne observaba el paisaje por la ventanilla: los campos verdes, los árboles que se mecían suavemente con el viento y los pequeños pueblos que bordeaban la ruta.

Todo parecía tranquilo, pero la tensión que llevaba consigo no la abandonaba.

Eliana se sentó frente a ella, acomodando el borde de su capa y guardando un silencio respetuoso antes de hablar.

—Nunca pensé que volveríamos a cruzar estos caminos —dijo, su voz suave rompiendo la quietud del carro—.

Recuerdo cuando cruzabas la ciudad para asistir a clases en la Academia, y cómo todos te temían.

Todos te odiaban… Anna bajó la mirada hacia sus manos, entrelazadas sobre su regazo.

—Lo sé… y no solo en la ciudad.

En la Academia, cada pasillo me recordaba lo que fui.

Cómo traté a los demás como si fueran menos que nada… incluso a quienes solo querían acercarse.

Eliana asintió, con expresión comprensiva.

—Recuerdo la vez en el salón de alquimia, cuando empujaste a un estudiante solo porque derramó un frasco de polvo de plata.

Todos reían mientras él caía al suelo… y nadie lo defendió.

Ni siquiera los profesores.

Anna suspiró, y sus ojos se perdieron un instante en el paisaje que pasaba: —Esa era yo… arrogante, cruel.

Y ahora vuelvo.

Pero no soy esa persona.

No puedo cambiar el pasado, pero puedo mostrar que se puede liderar con responsabilidad, con cuidado, sin aplastar a nadie bajo mi orgullo.

Eliana le lanzó una mirada cálida, casi maternal.

—La Anna que salvó la ciudad durante la pandemia ya no es la misma.

Todos los que estuvieron a tu lado saben que lo que hiciste fue real.

Y que lo hiciste por las personas… no por el reconocimiento.

El silencio reinó un momento, solo interrumpido por el crujir del carro.

Afuera, Garoum marchaba con los guardias, vigilante en cada sombra, cada movimiento que pudiera significar un peligro.

Su presencia, aunque distante, era un recordatorio silencioso de que nadie molestaría a Anna mientras ella cruzaba ese camino.

—A veces me pregunto —dijo Anna, con un hilo de voz— si la gente creerá en mi cambio… o si pensarán que solo estoy interpretando un papel.

—Créeme —dijo Eliana, tomando la mano de Anna por un instante—.

Saben la verdad.

Lo que hiciste en la ciudad de tus hermanos, la manera en que lideraste a médicos, alquimistas, soldados y ciudadanos… eso no se finge.

Anna asintió levemente, dejando que las palabras se hundieran en su mente.

Por un instante recordó un flashback: Flashback: Años atrás, empujando estudiantes, humillando sirvientes, disfrutando del miedo que causaba… Aquella Anna parecía imparable, cruel por naturaleza.

Ahora, la Anna que miraba por la ventanilla del carro apenas podía reconocerse en aquel recuerdo.

La arrogancia había sido reemplazada por determinación, el miedo por respeto, y el desprecio por cuidado genuino hacia los demás.

—No puedo permitir que la Academia piense que sigo siendo la misma —dijo Anna con voz firme—.

Debo demostrar que la fuerza no se mide por miedo, sino por responsabilidad.

Eliana sonrió, con una mezcla de orgullo y tranquilidad: —Y lo harás.

Nosotros estamos contigo.

Cada paso que des, Garoum y yo estaremos aquí.

Y cuando Selene y Daemian vean tu regreso, entenderán que la ciudad y la Academia presenciarán a alguien que cambió de verdad.

El carro se detuvo un instante mientras pasaban junto a un puente de piedra que cruzaba el río Rilyn.

Anna apoyó la cabeza contra la ventanilla y respiró profundo, observando cómo la corriente reflejaba el cielo matinal.

—Llegó la hora —susurró—.

No por reconocimiento.

No por redención.

Sino por lo que podemos construir.

Eliana asintió y, mientras el carro retomaba su marcha, sonrió suavemente: —Y yo seguiré asegurándome de que no te pierdas en los recuerdos del pasado.

Que cada paso que des sea firme, pero también humano.

El carro avanzaba hacia la Ciudad Imperial, con Garoum y los guardias vigilando a ambos lados, y Anna D’Valrienne mirando por la ventanilla, lista para enfrentar la Academia y todo lo que el pasado aún pudiera arrojarle.

Tras unas horas El gran portón de la Academia Real de Laryon se abría lentamente ante la comitiva de Anna D’Valrienne.

Los adoquines resonaban bajo el paso firme de los caballos y del carro que la había traído, mientras la brisa matinal agitaba suavemente los estandartes y banderas que marcaban la entrada.

Dentro del carro, Anna mantenía la mirada tranquila hacia el frente, sus manos apoyadas suavemente sobre el regazo.

Su atuendo era sencillo: una túnica de tonos neutros, sin joyas ni adorno ostentoso.

Ningún anillo, ningún collar, ningún símbolo de riqueza.

Solo ella, su postura recta y una calma que contrastaba con la arrogancia que la había caracterizado años atrás en la misma Academia.

A su lado, Eliana ajustaba su capa y la observaba con una mezcla de orgullo y expectación.

Afuera, Garoum marchaba con paso firme entre los guardias enviados por Selene y Daemian, vigilante y silencioso, su mirada fija en cualquier sombra que pudiera significar peligro.

Ambos demostraban que acompañar a Anna ya no era motivo de miedo, sino de honor.

Mientras el carro avanzaba por el patio central, los estudiantes y profesores que esperaban allí quedaron inmóviles.

Muchos recordaban perfectamente a la “noble cruel”: la joven que solía entrar a la Academia con ropas ostentosas, collares brillantes, anillos relucientes, y un aire de superioridad que aplastaba a todos los que la rodeaban.

La misma que humillaba a compañeros y sirvientes, que imponía su voluntad con desprecio y que nunca mostraba compasión.

Pero ahora… lo que veían los dejaba sin palabras.

Anna descendió del carro con la calma de alguien que conoce su propósito.

Cada paso estaba medido, sereno, y su mirada se mantenía fija, pero no era fría ni intimidante; transmitía determinación y humanidad.

Los murmullos comenzaron a recorrer los corredores: —¿Es… ella?

—susurró una alumna de segundo año, apenas reconociéndola.

—Dicen que salvó la ciudad de los D’Valrienne del sur… pero… ¿puede ser la misma Anna?

—murmuró un joven aprendiz de alquimia, con el rostro blanco de incredulidad.

Eliana caminaba a su lado dentro del carro, conteniendo una sonrisa, mientras Anna bajaba y saludaba brevemente a los presentes, sin ostentación ni despliegue.

Garoum y los guardias mantenían la formación, firmes y alertas, pero no rígidos; su postura irradiaba respeto y orgullo.

Un profesor veterano, Maelrik Torvan, frunció el ceño y susurró a su colega: —Si esto es cierto, y de hecho se trata de la misma Anna, entonces… algo cambió en ella.

—Sí… los informes de la ciudad del sur decían que lideró médicos, alquimistas, guardias y hasta campesinos… pero todos pensábamos que exageraban —respondió la rectora interina, Dame Calyra Enden—.

Ahora la vemos con nuestros propios ojos.

Los estudiantes la miraban con dudas, pero también con curiosidad y un respeto silencioso que antes hubiera sido imposible.

Cada paso que daba Anna parecía desafiar el recuerdo de la joven cruel que todos habían conocido: la misma que caminaba con anillos brillantes y sonrisas de desdén.

Un flashback cruzó la mente de varios presentes: Flashback: Anna entrando en el salón de historia, mostrando su riqueza con cada joya, humillando a un compañero que no conocía su lugar.

La arrogancia en sus gestos, la frialdad en su mirada.

Ahora, la Anna que avanzaba frente a ellos era diferente: Su vestido simple caía con elegancia, su postura firme pero serena, y la ausencia de joyas hacía que su presencia se sintiera más auténtica y confiable que cualquier ostentación pasada.

—Bienvenida de vuelta… —susurró un estudiante, apenas audible.

—Nunca creí que vería esto —dijo otra alumna—.

No parece la misma persona.

Anna llegó al centro del patio, deteniéndose un instante.

Sus ojos recorrieron a todos los presentes: estudiantes que recordaban su crueldad, profesores que la habían juzgado sin piedad, y aquellos que solo conocían los rumores de sus actos pasados.

—Sé lo que algunos piensan de mí —comenzó con voz clara y firme, resonando sobre los adoquines—.

Sé que muchos me recuerdan como cruel, arrogante y despiadada.

No puedo borrar lo que fui.

Pero sí puedo demostrar lo que soy ahora.

El silencio llenó el aire, pesado y expectante.

Algunos estudiantes bajaron la mirada, sorprendidos por la sinceridad y la autoridad de Anna; otros intercambiaron miradas, preguntándose si era posible que la misma joven que despreciaba todo y a todos pudiera haber cambiado tanto.

—No busco su perdón —continuó Anna, la voz firme pero cálida—.

Busco trabajar junto a ustedes.

Aprender, enseñar y liderar con responsabilidad.

Si aceptan juzgarme por mis acciones presentes y no por las pasadas, podremos construir algo mejor.

Dame Calyra Enden asintió levemente, con el ceño aún fruncido, pero la aprobación silenciosa brillaba en sus ojos.

Incluso Maelrik Torvan, quien había criticado a Anna con dureza durante años, mantuvo su boca cerrada, observando en silencio.

Garoum y Eliana permanecían a su lado, orgullosos, sin miedo.

Su presencia reforzaba la nueva imagen de Anna, mostrando que quienes conocían la verdad de su cambio la apoyaban sin titubeos.

Anna respiró profundo y avanzó hacia la entrada del aula principal de la Academia, cada paso un recordatorio de que su viaje no había terminado.

Esta vez, no venía como la noble cruel que todos recordaban, sino como una líder formada por responsabilidad, coraje y humanidad.

Los murmullos continuaron, mezclando asombro, duda y respeto: —Si esto es realmente cierto… la Anna D’Valrienne que conocimos está muerta.

Y lo que queda… es alguien que todos deberíamos observar con atención.

El eco de sus pasos resonaba en los pasillos, marcando un nuevo capítulo, no solo para Anna, sino para toda la Academia Real.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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