El versátil maestro artesano de otro mundo - Capítulo 286
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286: Ataque enemigo 286: Ataque enemigo Editor: Nyoi-Bo Studio El Valle de la Derrota del Demonio estaba situado entre Jarrosus y el Bosque de los Susurros.
Mientras se dirigían hacia el norte desde la carretera que salía de Jarrosus, aproximadamente cuarenta minutos después, se veía un bosque corto.
Siguiendo la frontera de este bosque y avanzando unos pocos kilómetros, se podía ver el hermoso y abundante valle.
Era solo que el dueño del actual Valle de la Derrota del Demonio había cambiado de la Torre Esmeralda al Nido de las Sombras.
Debajo de la cordillera sinuosa y entre la exuberante vegetación, había una llanura de color marrón abigarrado.
Jadeos y gritos se escuchaban continuamente desde las cuevas de la montaña.
Esto iba acompañado de sonidos monótonos: “Dong, dong, dong”, lo que añadía un toque de crueldad al Valle de la Derrota del Demonio.
De vez en cuando, salían vagonetas de la cueva.
Iban llenas de un mineral denso y pesado de color negro.
Como el Reino de Felan era el menos avanzado en tecnología de minería, utilizaban la forma más primitiva: los humanos empujaban carros para transportar los minerales.
—Daos prisa, malditos cerdos perezosos.
¿Solo sabéis comer y holgazanear?
¿No es esta comida de cinco céntimos suficiente para manteneros satisfechos?
Sois más lentos que el caballo del malo.
¿Queréis que use un látigo para despertaros?
—Había supervisores caminando por de la entrada de la cueva.
El látigo que tenían en las manos bailaba y chasqueaba.
Eran los miembros de rango más bajo del Nido de las Sombras.
Era normal que no consiguieran tiendas cómodas ni una patrulla relajada.
Esos eran los privilegios de los miembros principales.
Esos miembros de bajo rango que se habían unido hacía menos de tres años, solo podían acompañar a los esclavos bajo el sol abrasador.
El único privilegio que tenían era usar el cuero con sus manos.
Los esclavos demacrados tiraban de los carros vigorosamente y su sudor goteaba por toda la hierba exuberante.
En otro lugar, había unos hornos simples y bastos que se habían instalado de forma temporal.
La orden que habían recibido era refinar la mayor cantidad posible de minerales de mithril en lingotes y en el menor tiempo posible.
Ronald cumplía cuarenta y cinco años este año.
Su vida temprana en el exilio le había hecho perder un ojo, pero nunca lo lamentó, ni una sola vez.
Había cambiado este ojo por el control de todo el Nido de las Sombras.
Su yo de ahora se encontraba en la cima de una torre centinela y usaba su ojo restante para vigilar el Valle de la Derrota del Demonio.
Bajo la tortura del ardiente sol y los látigos de cuero, había esclavos colapsándose a un lado de vez en cuando.
Algunos luchaban y se levantaban, mientras que otros nunca volvían a levantarse.
Ronald lo miraba todo fríamente.
Para él, los esclavos eran bienes meramente fungibles.
Su valor no podía compararse con un lingote de mithril refinado.
El único problema era que, si morían demasiados esclavos, se interrumpía el proceso minero.
—El rendimiento actual no está a la altura.
Creo que tenemos que comprar otro lote de esclavos.
Sí, el número de supervisores también tendría que aumentar.
Estos inútiles son demasiado perezosos, necesitan más latigazos —aunque se quejaba, su tono daba un sentido de orgullo que no podía ocultarse.
Era difícil culpar a Ronald por estar orgulloso.
Diez años atrás, desarrolló sus ambiciones salvajes en el Nido de las Sombras, pero fue suprimido por tierras estériles.
Hace dos meses, el Valle de la Derrota del Demonio fue atacado, lo que le dio suficiente capital.
La enorme producción de mineral de mithril había provocado una ventaja aterradora para el Nido de las Sombras.
En poco tiempo, podría tener una fuerza de élite que estaría equipada hasta los dientes.
Cuando llegara ese momento, ¿cuánto valdría Jarrosus?
Su ambición era difundir la influencia del Nido de las Sombras a todo el Reino de Felan.
Incluso Su Majestad tendría que entregar una tarifa de protección si se aventurara en su área de influencia.
—Ronald, no vendas la piel del oso antes de cazarlo.
El verdadero peligro aún está por llegar.
Necesitas prepararte para la batalla.
—El que estaba detrás de Ronald era un anciano de voz frágil.
Llevaba una túnica negra.
Se levantó la capucha.
Estaba muy serio y las sombras de sus ojos tenían un brillo afilado.
—Ja, ja, eres demasiado cuidadoso, mi viejo amigo.
—La risa de Ronald se extendió por todas partes.
Su único ojo estaba lleno de complacencia: —Si fuera la Torre Esmeralda de hace dos meses, me preocuparía, pero ya no son lo que eran.
Gerian es solo un montón de basura.
Cuando quemamos la Torre Esmeralda, ni siquiera se atrevió a salir de su caparazón.
¿Sabes, mi viejo amigo, que el gordo ahora tiene miedo?
Ja, ja, ¡ahora tiene miedo!
¡Tiene miedo de la fuerza del Nido de las Sombras y tiene más miedo de nuestro poderoso aliado!
—Gerian no es el único mago de la Torre Esmeralda.
—¿Mago?
¿Estás bromeando?
Mi viejo amigo, ¿no me has dicho siempre que en el mundo de la magia, el nivel lo es todo?
Un archimago puede matar fácilmente a decenas de tiradores mágicos.
Ahora, nosotros, el Nido de las Sombras, tenemos a este archimago y Gerian no ha recuperado sus poderes.
¿Quién más en la Torre Esmeralda podría ser tu oponente?
—¿Hmm, Gerian?
Aunque recuperara sus poderes, no es el único que me preocupa.
—¿Eh?
—Ronald tuvo miedo un momento.
Su único ojo estaba lleno de conmoción: —¿Es que hay otro archimago en la Torre Esmeralda a parte de Gerian?
Mi viejo amigo, no juegues conmigo.
Si hay una persona así, ¿no seríamos capaces de encargarnos de ella?
—No estoy seguro de si esa persona es un archimago, pero hay una cosa de la que estoy seguro.
Si esa persona hubiera estado cuando atacamos el Valle de la Derrota del Demonio, y aunque pudiéramos tomar el control, habríamos tenido que pagar un precio muy alto.
—¿Existe tal persona?
—Sí… La voz del anciano era muy suave, pero, por razones desconocidas, Ronald pensaba que sonaba horrible.
—Su nombre es Felic.
—¿Eh?
—Cuando se escuchó esa voz espantosa, Ronald tuvo una conmoción.
Después de eso, se echó a reír a carcajadas: —Ja, ja, ja.
Madre mía, hemos pensado en el mismo.
¿Así que la persona de la que hablas es ese farmacéutico de la Torre Esmeralda?
Deja de bromear.
De hecho, mi viejo amigo, admito que ese farmacéutico es poderoso.
Es capaz de elaborar la poción mágica arcana y el elixir salvaje.
¿Y qué?
Solo tiene veinte años.
Aunque estudiara magia desde el día en que nació, solo tendría el poder de un tirador mágico, en el mejor de los casos.
Con tus poderes, puedes convertirlo en cenizas con solo chasquear los dedos.
Déjame decirte esto: ¿qué te pasa?
Te vuelves temeroso al encontrar algunos obstáculos.
Hasta un niño de veinte años te da miedo.
Las palabras de Ronald fueron muy groseras, sobre todo la última frase.
Era un sarcasmo descarado, pero el anciano pareció no haberlo oído.
Sus ojos miraban la cordillera en la distancia.
Después de una larga pausa, dejó escapar un suave suspiro: —Ronald, nunca antes has visto a Felic.
No tienes ni idea de lo aterrador que es.
Si fuera cualquier otro tirador mágico, probablemente te diría: “No hay problema, él no es rival para mí”, pero este Felic es diferente.
No estoy confiado, no tengo ninguna confianza en absoluto.
—¿Por qué?
—¿Por qué?
—El anciano se echó a reír de repente, pero era una risa miserable.
Era ronca y pesada, al igual que el sonido producido cuando dos fragmentos de vidrio se frotaban uno contra el otro: —¿Sabes que, cuando Felic estaba en el nivel ocho, ya pudo resistir mi supresión de fuerza mental?
¿Puedes creértelo?
Un mago de nivel ocho que se resiste a la supresión mental de un archimago.
Ronald, no lo has visto, así que no puedes imaginarte lo aterrador que es.
—¡No digas más!
—Tal vez fue por lo directas que fueron las palabras del anciano, pero la voz de Ronald fue más bien grosera.
Se aferró a los lados de la torre del centinela y su mirada se posó en la continua cadena de montañas.
Allí estaba la única entrada al Valle de la Derrota del Demonio: —Si es como has dicho y Felic puede ir en contra un archimago, ¿qué importa?
¿Crees que la Torre Esmeralda todavía tiene agallas para venir al Valle de la Derrota del Demonio?
¿Es que piensas que realmente pueden recuperar el Valle de la Derrota del Demonio?
La voz de Ronald cayó y su mirada se congeló de repente.
Después de eso, escupió una sucesión de vulgaridades.
Se debió a que vio claramente que había una nube de polvo en las cadenas de montañas en la distancia.
Basándose en años de experiencia, Ronald podía decir con un solo vistazo que se trataba de un batallón de más de mil hombres.
Joder, era como ver un fantasma.
Un batallón de más de mil hombres que venía hacia el Valle de la Derrota del Demonio.
¿Podría ser que en este lugar perteneciente al Nido de las Sombras estuviera enfrentándose a una declaración de guerra?
¿Es la Torre Esmeralda?
El pensamiento acababa de aparecer en su mente, pero Ronald ya lo había negado.
Por supuesto, esto no era porque quisiera comerse la torre centinela, sino porque creía que la Torre Esmeralda no podía reunir a tanta gente.
Incluso pensando con los pies, este número aterrador era definitivamente algo que la Torre Esmeralda no podía reunir.
No hay una sola fuerza en todo Jarrosus que pueda convocar a tantos hombres y menos la Torre Esmeralda.
A menos que se juntaran.
Mil pensamientos estaban apareciendo dentro de la mente de Ronald.
Ya ni se molestaba en pensar cuál era el más probable.
Rápidamente extendió su mano por su cuerpo y sacó una baliza mágica.
Al mismo tiempo, sacó el fusible de la señal mágica.
Después de eso, un destello de color rojo se disparó al cielo.
“¡Bang!”.
El color rojo se encendió y explotó en el aire.
La luz roja deslumbrante cubría la mitad del Valle de la Derrota del Demonio.
—¡Ataque enemigo, ataque enemigo!
¡Salid, bastardos!
¡Preparaos para la batalla!
—El grito ronco de Ronald se extendió desde la torre centinela.
Un gran número de miembros del Nido de las Sombras salieron de sus tiendas.
Sus rostros estaban llenos de confusión.
Había gente murmurando: —Joder, a plena luz del día.
Que me aspen.
Después de eso, vieron un destello brillante y evidente.
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