El versátil maestro artesano de otro mundo - Capítulo 54
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54: Capítulo 54.
La infracción 54: Capítulo 54.
La infracción Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Detente!
¿Te vas después de ofender a la señorita Rowling?
—Bathrilor estaba lleno de ira.
Extendió su mano para bloquear a Lin Li, quien estaba listo para irse.
—Señor, no soy digno.
¿Podría decirme en términos simples qué es lo que quiere?
— preguntó Lin Li en voz baja.
Estaba a punto de volverse loco por culpa de ese tipo.
No sabía ni de dónde venía, ni qué quería hacer, ni cómo se llamaba.
Sin embargo, le estaba acusando de molestar y ofender a Rowling.
Lin Li no entendía nada en absoluto.
Aunque hubiera molestado y ofendido a Rowling, ¿qué tenía que ver con él?
—Este es el banquete del castellano Isaac.
No quiero formar un espectáculo, pero, ¡le aconsejo que se disculpe con la Srta.
Rowling de inmediato!
—…
—Su comportamiento impertinente irritó a Lin Li y su expresión se volvió fría.
—¿Y qué pasa si no me disculpo?
—Prueba y lo sabrás.
—Esa actitud no disimulada de superioridad pareció regresar en la sonrisa de Bathrilor.
—Te golpearán y expulsarán de este banquete.
Hasta podría expulsarte del Gremio de la Magia.
Creo que su maestro, el mago Kevin, no elegiría pelearse con el castellano Isaac ni por asomo…
Lin Li escuchó boquiabierto esos finales terribles que supuestamente le esperaban.
¿Era este el genio legendario?
La cabeza le daba muchas vueltas.
No era normal que unas pocas lágrimas de la belleza pelirroja tuvieras unas repercusiones como esas.
Se necesitaba mucha imaginación para concebirlas.
Aquel hombre tenía que haberse dedicado a escribir novelas caballerescas…
—¿Lo has pensado bien?
—Al ver que Lin Li no respondía durante un buen rato, Bathrilor se mostró aún más complacido.
Parecía que ya veía la humillante admisión de culpabilidad por su parte y que se disculparía ante la señorita Rowling después de haberla afrentado…
—Lo he pensado bien.
En pocas palabras: si no me disculpo, seré muy miserable —asintió Lin Li con seriedad.
Lo había pensado detenidamente.
—Pero, después de pensarlo, he decidido no hacerlo.
Lin Li se dio la vuelta para irse después de lanzar aquellas palabras.
Se mostraba muy reacio a estar cerca de un loco.
—¡Tú!
—La expresión de Bathrilor se congeló.
Su sonrisa altiva y poderosa se volvió horrible en un instante.
Las palabras de Lin Li fueron como una bofetada que golpeaba su rostro severamente.
Bathrilor, quien había vivido en la prosperidad toda su vida, nunca antes había estado tan desconcertado.
Después de un breve estupor, la ira nubló su razón.
Bathrilor levantó su mano derecha con fuerza y el rubí incrustado en su anillo comenzó a brillar con una luz roja.
Lin Li acababa de dar seis o siete pasos cuando, de repente, sintió una violenta distorsión de los elementos mágicos que lo rodeaban.
Casi inconscientemente, sintió que algo iba mal.
Era demasiado tarde para reaccionar, así que solo logró ponerse un escudo elemental.
Entonces, vio un destello de luz en el rubí y unas llamas deslumbrantes se extendieron como dragones de fuego que se precipitan, o como una gigantesca telaraña en llamas que descendía del cielo.
— Bathrilor, ¡para!
—interrumpió Isaac, quien, hasta el momento, hablaba en voz baja con un hombre de mediana edad.
Quién iba a saber que cuando mirara hacia arriba, sería testigo de esa horrible escena.
En ese instante, Isaac estaba abrumado.
Ese muchacho era el tesoro del Gremio de la Magia.
Si le sucedía algo en el banquete, el bueno de tío Gerian derrumbaría su mansión.
El grito de Isaac llegó demasiado tarde.
En el momento en el que abrió la boca, docenas de dragones de fuego se estrellaron contra el escudo elemental.
¡Boom!
Un horrible estruendo se escuchó en el salón de banquetes.
Una llamarada de fuego se esparció e innumerables chispas cayeron sobre la alfombra gruesa, quemándola y formando puntos negros sobre ella.
Bajo el estallido de las dos ondas mágicas, las mesas y las sillas saltaron por los aires, y una docena de servilletas blancas bailaban alrededor de los candelabros de cristal.
Los invitados que estaban más cerca cayeron al suelo por la explosión.
En ese instante, todos quedaron estupefactos.
Hasta Isaac, el castellano de la ciudad de Jarrosus, observó las chispas salpicando ante sus ojos llenos de desesperación.
Extendió la mano y señaló a Bathrilor queriendo regañarle, pero se quedó sin palabras.
Con una expresión compleja, suspiró y bajó lentamente su mano.
Rowling, que lloraba como una flor de pera bañada por la lluvia en un rincón apartado, también había sido testigo de la apasionante escena.
A la luz de las chispas, la bonita cara de Rowling, bañada en lágrimas, se llenó de horror y desesperación.
Sus labios rubicundos se abrieron ligeramente, pero sintió que algo se bloqueaba en su corazón.
En ese momento, estaba realmente preocupada por el joven mago…
Y, casi al mismo tiempo, Kevin dejó caer la copa de vino que tenía manos y se echó a un lado rápidamente.
—¿Por qué, tío Isaac?
—Bathrilor parecía estar satisfecho con su golpe.
Retiró tranquilamente una servilleta de su cabeza y dio una palmada, mostrando una sonrisa relajada en su rostro.
Pero, cuando se dio la vuelta, vio a Isaac allí parado con el rostro ceniciento.
No pudo evitar sentirse desconcertado.
—Aplaudir…—Lo que le esperaba era una sólida bofetada en la cara.
Isaac perdió su gracia habitual en medio de su furia.
—Tío…
tío Isaac…
¿Por qué me pegas?
—La bofetada hizo que Bathrilor se tropezara hacia atrás.
Se cubrió la mejilla izquierda con la mano y su expresión se hizo vidriosa.
Isaac temblaba de rabia.
—¿Sabes lo que has hecho?
—¿Qué he hecho?
Es un mago insignificante.
Tío Isaac, si te preocupa esto, haré que envíen veinte magos mañana mismo.
—Bathrilor nunca antes había sido abofeteado en público.
Isaac acababa de hacerlo y, aunque no se atrevió a enfrentarse a él, su tono estaba resentido.
—¿Veinte magos?
—Isaac se rio con ira.
—Eres tan generoso.
Desafortunadamente, ni los veinte magos ni cincuenta son comparables a un solo mechón de su cabello.
Olvídalo, haz lo que quieras.
Yo me lavo las manos.
Además, aunque quisiera ayudarte, esto es algo que escapa a mi control.
Tú escribirás personalmente una carta a tu padre.
Ojalá no sea demasiado tarde…
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