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El viajero interdimensional - Capítulo 11

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11: Capitulo 10: Eden 11: Capitulo 10: Eden La victoria en el piso 117 había dejado a Rubén con una sensación agridulce.

Por un lado, la proximidad a desbloquear el Nen era palpable; solo le faltaban dos niveles de Inteligencia.

Por el otro, una espada de Damocles pendía sobre su cabeza, o más bien, sobre su propia existencia social: la habilidad Pervertido con Suerte.

Desde que la había desbloqueado, se movía por los pasillos de la Torre Celestial con la cautela de un gato en una habitación llena de obstáculos.

Su Arcano 18, ahora agudizado, no le daba un control sobre la habilidad, sino una molesta conciencia de su funcionamiento.

Sentía el flujo de la “suerte perversa” como una corriente etérea a su alrededor, lista para enredarlo en cualquier momento.

Cada esquina era una potencial trampa, cada encuentro casual con una mujer, una posible catástrofe digna de la peor comedia romántica.

Mientras tanto, en las profundidades de su orgullo y su confusión, Koyuki Akashi luchaba contra sus propios demonios.

Ver a Rubén ascender tan rápidamente, superando el piso 100 y llegando al 117, mientras ella seguía estancada en el 93, era un recordatorio constante de la brecha que existía entre ellos.

Pero ya no era solo la frustración de una rival; era la punzada de alguien que empezaba a importarle.

Quería felicitarlo por su última victoria.

No era un sentimiento de derrota, sino un impulso genuino de reconocimiento, envuelto en la esperanza de que, tal vez, al interactuar con él, podría entender algo, robar un fragmento de su determinación o, al menos, descifrar por qué su corazón se aceleraba cuando pensaba en él.

Así que se dirigió a su habitación, su andar tan elegante como siempre, pero con una determinación nerviosa.

Su plan era simple: encontrarlo, decirle “Bien peleado” con su tono habitual de desdén, y marcharse rápidamente antes de que la situación se volviera incómoda.

Rubén, por su parte, acababa de salir de la ducha y se dirigía a su habitación, envuelto en una toalla y con el cabello todavía húmedo.

Su mente estaba en blanco, relajada por el agua caliente.

Por un momento, había olvidado la maldición/bendición que cargaba.

Caminaba distraído, secándose la nuca con una mano, cuando se acercó a la esquina que conducía al pasillo de su habitación.

Al mismo tiempo, Koyuki doblaba la esquina desde el extremo opuesto, su mente tan llena de sus propios pensamientos que no prestaba atención a su entorno.

La ley de la probabilidad, ahora multiplicada por un +200% debido al (aún no admitido) interés romántico de Koyuki, entró en acción.

Fue un choque perfecto.

No violento, sino sorpresivo y desequilibrante.

“¡Oof!” Rubén chocó contra algo suave y esbelto.

Koyuki emitió un pequeño grito ahogado.

La inercia los llevó a ambos al suelo en un revolotear de extremidades y toallas.

El mundo se detuvo para Rubén en una fracción de segundo.

Cayó hacia adelante, y en un instinto natural para evitar golpear el suelo con la cabeza, extendió los brazos.

Su mano derecha encontró una superficie inesperadamente suave, firme y con una curva perfecta.

Al mismo tiempo, su rostro se hundió en una almohada de una suavidad celestial, que olía a jabón caro y a un perfume sutil y floral.

Para Koyuki, la caída fue un torbellino de confusión que se congeló en una realidad aterradora y bochornosa.

Sintió el peso de Rubén sobre ella, el calor de su cuerpo a través de la fina tela de su ropa.

Y luego, la presión clara e inconfundible de una mano grande y caliente apretando uno de sus pechos.

Y para colmo, su rostro estaba enterrado en su escote.

El silencio que siguió fue absoluto, cargado de un horror cómico.

Rubén fue el primero en procesarlo.

Su mente, potenciada por su Inteligencia 13, analizó la situación con una velocidad aterradora: 1.

Estaba en el suelo.

2.

Koyuki estaba debajo de él.

3.

Su mano derecha estaba agarrando su pecho.

4.

Su cara estaba en sus senos.

5.

Esto era, sin lugar a dudas, el Efecto 3 (Fortuna Perversa) en todo su esplendor.

Se separó de un salto, como si la piel de Koyuki estuviera al rojo vivo.

Su rostro estaba tan rojo como un tomate.

“¡Yo…

yo no…!

¡Fue un accidente!

¡La esquina!

¡No te vi!” balbuceó, incapaz de formar una frase coherente.

Koyuki se incorporó lentamente.

Su rostro, normalmente pálido y sereno, estaba sonrojado desde el cuello hasta la punta de las orejas.

No era el rubor de la ira, sino el de una vergüenza profunda, mezclada con una confusión monumental.

Sus ojos ámbar, enormes y brillantes, lo miraban con una intensidad que podía derretir acero.

La respiración le faltaba.

La sensación de su mano en su pecho, la calidez de su aliento a través de la tela…

eran sensaciones que se quemaban en su memoria.

Su orgullo, su dignidad de “Garza Escarlata”, gritaban por venganza.

Pero otro sentimiento, más profundo y traicionero, susurraba que el contacto, aunque violentamente inapropiado, no había sido…

del todo desagradable.

Ese conflicto interno estalló en la forma más predecible: furia externalizada.

Un temblor recorrió su cuerpo y luego, un grito agudo y lleno de indignación estalló en el pasillo.

“¡¡PERVERTIDO!!” Rubén, que ya estaba en posición de huida, no esperó a oír más.

Giró sobre sus talones y echó a correr como si su vida dependiera de ello, que probablemente era el caso.

“¡¿CÓMO TE ATREVES?!

¡¡REGRÉSAME MI PUREZA!!” gritó Koyuki, poniéndose de pie de un salto y lanzándose a la persecución.

Su elegancia habitual se había esfumado, reemplazada por la furia primal de una mujer cuyo espacio personal había sido violado de la manera más cliché posible.

“¡YA NO ME PODRÉ CASAR POR TU CULPA, IDIOTA!

¡DETENTE Y ENFRENTA TU DESTINO COMO UN HOMBRE!” chilló, lanzando una patada a una maceta decorativa que Rubén acababa de esquivar, enviando tierra y plantas volando por el pasillo.

Rubén no se detuvo.

Su Destreza 17.92 y su Soru Intermedio le daban una ventaja insalvable, pero la vergüenza y el pánico lo mantenían corriendo a velocidad normal.

Mientras corría, su mente accedió frenéticamente a la pestaña de 【Relaciones】.

Koyuki Akashi.

Estado: 😳 AVERGONZADA / 😠 Furiosa (pero no del todo genuina) / 💘 Interés Romántico (12%).

Intención:Perseguir y castigar al “pervertido”, pero internamente está más confundida que enfadada.

El incidente ha intensificado sus sentimientos.

Rivalidad Persistente:90%.

¡Funcionaba!

La maldita habilidad funcionaba.

A pesar del griterío y la persecución, su interés romántico había saltado del 9% al 12%.

El Efecto 4 (Catalizador Emocional) estaba en pleno vigor.

Y su rivalidad también había aumentado, lo cual, en el extraño mundo de su relación, probablemente también era una forma de conexión más profunda.

Finalmente, llegó a la puerta de su habitación, la 100-47.

Con manos temblorosas, pasó la llave magnética y se colapsó dentro, cerrando la puerta de golpe y apoyando la espalda contra ella, jadeando.

¡BANG!

¡BANG!

¡BANG!

“¡SAL, COBARDE!

¡SAL Y ENFRENTA LAS CONSECUENCIAS DE TUS ACTOS PERVERSOS!” gritó Koyuki desde el otro lado, golpeando la puerta con sus puños.

Los golpes y los gritos continuaron durante lo que pareció una eternidad.

Rubén se deslizó por la puerta hasta quedar sentado en el suelo, escuchando la tormenta.

Pero después de unos diez minutos, los golpes cesaron.

Solo se escuchó un último y frustrado “¡Esto no va a quedar así!” seguido de unos pasos que se alejaban rápidamente.

El silencio regresó.

Rubén exhaló un suspiro de alivio que le dolió en el pecho.

Estaba vivo.

Y, técnicamente, había “mejorado” su relación.

Se quedó allí sentado, en el suelo, y lentamente alzó su mano derecha, la misma que había cometido el “crimen”.

La miró fijamente, como si fuera un artefacto de otro mundo.

Su memoria táctil reproducía con una claridad insultante la sensación: la suavidad de la tela, la firmeza y el volumen del pecho de Koyuki bajo su palma, el latido acelerado que había sentido por un instante antes de que ella explotara.

Una sonrisa tonta, involuntaria y llena de incredulidad, se extendió por su rostro.

La maldición era real.

Era aterradora.

Era socialmente devastadora.

Pero, caray…

también era maravillosamente efectiva.

Con esa thought final, y con la sensación del suave y voluminoso pecho de Koyuki grabada a fuego en su memoria y en su mano, se arrastró hasta la cama y se dejó caer en ella.

La sonrisa boba no se desvaneció.

El caos y el peligro que su nueva habilidad traería eran inminentes, pero por esta noche, en la quietud de su habitación, Rubén González, el Caminante de Umbrales y ahora oficialmente un “Pervertido con Suerte”, se durmió con la certeza de que su vida en la Torre Celestial nunca volvería a ser aburrida.

Los días que separaban el piso 117 del 120 fueron un torbellino de crecimiento, caos y sonrojos recurrentes para Rubén González.

Si antes su vida en la Torre era una mezcla de entrenamiento y supervivencia, ahora había añadido un tercer elemento: la comedia romántica forzada, y para su sorpresa, no podía estar más satisfecho con los resultados.

Su dedicación en el almacén abandonado rendía frutos a un ritmo que hubiera sido impensable sin su interfaz y el Libro de Aprendizaje Rápido.

El Soru se había convertido en una segunda naturaleza.

Su cuerpo ya no luchaba contra la técnica; la abrazaba.

Los desplazamientos eran tan fluidos que casi no sentía el esfuerzo.

La barra de maestría en su interfaz brillaba con un 89% (Intermedio), indicándole que estaba a un paso de alcanzar el rango Experto.

Soñaba con lo que eso podría significar: ¿mayor distancia?

¿Menor coste?

¿La capacidad de llevar a alguien más consigo?

Su habilidad con la espada también florecía.

Hermana Oscura ya no era un arma; era una compañera de baile.

Los bonos pasivos de su maestría Intermedia (67%) se sentían en cada combate simulado.

El +5% a Destreza y +5% a Velocidad cuando la blandía hacían que sus movimientos fueran un cuchillo plateado, imposibles de seguir para el ojo no entrenado.

Practicaba secuencias donde encadenaba un Soru con un corte horizontal, o bloqueaba un golpe imaginario con la espada y contraatacaba en el mismo fluir del movimiento.

Y luego estaba el Tekkai.

La defensa de hierro que una vez fue torpe y estática ahora era una herramienta más versátil.

Podía activarla en partes específicas de su cuerpo para bloquear un golpe dirigido a un punto vital, y desactivarla al instante para recuperar la movilidad.

Su maestría estaba en un asombroso 91% (Novato), a punto de dar el salto a Intermedio.

Ansioso por ver cómo mejoraría la reducción de daño y si ganaría alguna nueva capacidad.

Sin embargo, este idilio de progreso se veía constantemente interrumpido por la manifestación física de su habilidad pasiva.

El universo, o el guionista cósmico de su vida, parecía empeñado en ponerlo en situaciones cada vez más comprometedoras con Koyuki.

El primer incidente mayor ocurrió en un pasillo particularmente concurrido de la Torre.

Koyuki caminaba frente a él, manteniendo una distancia que ella consideraba “segura y digna”.

Rubén, consciente del peligro, mantenía sus ojos fijos en ella, listo para esquivar cualquier fenómeno de probabilidad alterada.

Lo que no tuvo en cuenta fue a un luchador novato que, despistado y cargando un enorme saco de equipo, tropezó y se lanzó contra su espalda.

“¡Umph!” El empujón fue suficiente para desequilibrarlo.

Sus pies se enredaron y se lanzó hacia adelante directamente hacia Koyuki.

En un intento desesperado por no caer de bruces, sus brazos se extendieron instintivamente.

El tiempo se ralentizó.

Rubén vio cómo sus manos, con una precisión aterradora y guiadas por la “suerte” más perversa, se dirigían no hacia sus hombros o su espalda, sino directamente hacia las curvas redondeadas y firmes de sus nalgas.

El contacto fue perfecto.

Sus palmas se moldearon sobre la tela ajustada de su pantalón de entrenamiento, apretando con fuerza involuntaria.

Koyuki se congeló.

Una oleada de calor le subió por la columna vertebral.

La sensación fue tan súbita, tan íntima y tan bochornosa que le tomó un segundo completo procesarla.

Luego, un grito ahogado escapó de sus labios.

“¡T-TÚ…!

¡OTRA VEZ!” Rubén se separó de un salto, las manos en el aire como si estuvieran cubiertas de ácido.

“¡Fue un empujón!

¡Lo juro!

¡Alguien me empujó!” gritó, señalando al novato que ya se alejaba murmurando disculpas.

Pero Koyuki no escuchaba.

La vergüenza, más intensa que la vez anterior por la naturaleza del contacto, se transformó en una furia escarlata.

Su rostro estaba tan rojo que parecía a punto de echar humo.

“¡PERVERTIDO INCORREGIBLE!” chilló, y la persecución comenzó de nuevo, esta vez con Koyuki lanzando patadas bajas a sus talones mientras él huía esquivando transeúntes atónitos.

El segundo incidente fue, si cabe, más elaborado.

Estaban en el almacén, en uno de sus raros entrenamientos conjuntos donde practicaban esquivar ataques cuerpo a cuerpo.

Koyuki ejecutó un chassé lateral particularmente rápido.

Rubén, en lugar de retroceder, se preparó para desviarlo con el antebrazo.

Pero entonces, el Pervertido con Suerte intervino de la manera más absurda posible.

El pie de Koyuki, que debería haber rozado el aire junto a él, de repente pareció encontrar un parche invisible de aceite en el suelo de concreto.

Sus pies se deslizaron hacia adelante de manera antinatural y perdió el equilibrio por completo, lanzándose directamente contra el pecho de Rubén.

Rubén, con sus reflejos sobrehumanos, reaccionó al instante.

Su cerebro gritó “¡Sujétala para que no se caiga!”.

Sus manos se movieron para atraparla.

Pero, oh sorpresa, la “suerte” volvió a guiarlas.

En lugar de agarrarla por los hombros o la cintura, ambas manos se dirigieron como misiles teledirigidos a sus senos, apresándolos con firmeza mientras el impacto de sus cuerpos los llevaba al suelo.

Quedaron tumbados, Rubén debajo y Koyuki encima, con sus manos aún en su pecho.

El mundo se detuvo.

Rubén podía sentir el latido frenético del corazón de Koyuki a través de su palma.

Koyuki lo miró, boquiabierta.

La vergüenza fue tan abrumadora que ni siquiera podía gritar.

Un temblor recorrió su cuerpo antes de que, con un quejido de pura frustración existencial, se levantara y comenzara a golpearlo con los puños cerrados.

“¡¿POR QUÉ?!

¡¿POR QUÉ SIEMPRE TERMINAS AGARRÁNDOME AHÍ?!

¡¿ES QUE MIS PECHOS TIENEN UN IMÁN PARA TUS MANOS PERVERSAS?!” gritaba, mientras Rubén se cubría la cabeza y rodaba por el suelo para esquivar los golpes, que carecían de fuerza real pero estaban cargados de indignación.

A pesar de las persecuciones y los gritos, Rubén notaba un patrón.

Cada “incidente”, aunque provocaba una reacción explosiva inmediata, no alejaba a Koyuki.

Al contrario, seguía apareciendo al día siguiente.

Y su interfaz lo confirmaba.

Koyuki Akashi.

Estado: 😳 AVERGONZADA CRÓNICA / 😠 Furiosa Superficial / 💘 CRUSH (20%).

Intención:Confusión máxima.

Siente una atracción creciente que su orgullo le impide aceptar.

Sigue buscando superarlo, pero ahora también busca su atención de manera indirecta.

Rivalidad Persistente:90% (estable).

El “Interés Romántico” había saltado al 20%, clasificado ahora como CRUSH.

La habilidad pasiva estaba funcionando con una eficiencia aterradora.

Koyuki, atrapada en su propio narcisismo y su educación orgullosa, no podía (o no quería) poner nombre a lo que sentía.

Atribuía las palpitaciones y la confusión a la rabia y la frustración, pero cada incidente grababa la imagen de Rubén un poco más profundamente en su psique.

Empezó a observarlo no solo como un rival, sino como un hombre, y eso la aterraba y la excitaba por igual.

Llegó por fin el día de la batalla del piso 120.

Rubén se sentía más preparado que nunca.

Con sus habilidades al borde de una nueva evolución y una extraña sensación de que, a pesar de todo, tenía a alguien en su esquina (aunque esa persona probablemente seguiría gritándole “pervertido” cada vez que se vieran), se dirigió a la arena con una confianza tranquila.

La batalla en sí fue una demostración de su crecimiento.

Su oponente era un maestro de la capoeira, cuyos movimientos impredecibles y giros bruscos habrían sido un dolor de cabeza semanas atrás.

Pero el Soru de Rubén era ahora demasiado rápido.

Esquivaba los ataques con una elegancia que hacía parecer que estaba bailando.

Usó el Tekkai en un brazo para bloquear una patada circular que no pudo evitar, y la reducción de daño le permitió aguantar sin inmutarse.

Finalmente, acabó la pelea con un despliegue de Soru que dejó al capoeirista girando en círculos, para luego noquearlo con un golpe preciso en la mandíbula.

La victoria fue suya.

El rugido de la multitud era un eco lejano.

Lo más importante fue la notificación que recibió: ¡Has alcanzado el Piso 120!

Recompensa: Habitación de Lujo Piso 120-11 concedida.

Clave de acceso actualizada.

Una sonrisa de genuino triunfo se dibujó en su rostro.

Un nuevo hogar.

Un escalón más cerca del piso 199, del Nen, y de la fuerza necesaria para enfrentar su destino.

Mientras salía del ring, sus ojos se encontraron con los de Koyuki en las gradas.

Ella no sonreía, pero tampoco fruncía el ceño.

Solo lo miraba, con una expresión compleja que mezclaba admiración, resentimiento y esa confusión que ahora los definía.

Asintió levemente, un gesto casi imperceptible, antes de darse la vuelta y perderse entre la multitud.

Rubén comprendió en ese momento que su viaje en la Torre Celestial ya no era solo una cuestión de poder.

Se había convertido en una historia de crecimiento, de lazos extraños y de una suerte perversa que, contra todo pronóstico, estaba construyendo el cimiento de algo que, tal vez, podría llamarse harem.

Con una nueva llave en la mano y un futuro lleno de posibilidades (y de accidentes comprometedores), Rubén González se dirigió hacia su nueva residencia, listo para lo que viniera a continuación.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir creciendo y escribiendo mas de estas historias.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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