El viajero interdimensional - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- El viajero interdimensional
- Capítulo 16 - 16 Capitulo 15 Dilema
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Capitulo 15: Dilema 16: Capitulo 15: Dilema La puerta de la suite 180-05 se cerró con un clic suave, un sonido que marcó el final de la actuación más delicada y crucial de la vida de Koyuki Akashi.
Mientras se alejaba por el lujoso pasillo, su andar, que había sido rígido y herido momentos antes, se relajó.
Los hombros, encogidos por una supuesta angustia, se enderezaron con la elegancia felina que le era natural.
Una vez que estuvo a una distancia segura, lejos de cualquier mirada o del agudizado sentido del oído de Rubén, se detuvo y se apoyó contra la fría pared de mármol.
Y entonces, sonrió.
No fue una sonrisa triunfante y ampulosa, sino una expresión lenta, profunda y tremendamente satisfecha que se extendió por sus labios y llegó hasta sus ojos, donde brillaba una luz de pura y astuta alegría.
“La actuación…
me quedó perfecta,” susurró para sí, su voz un hilo de victoria contenida.
El llanto, la palidez, el temblor en las manos, la voz quebrada por el dolor…
todo había sido meticulosamente coreografiado.
Cada lágrima (ayudada por el recuerdo de la vez que él, por “accidente”, le había pisado el pie favorito con su bota de entrenamiento) había sido una obra maestra de la manipulación emocional.
Había necesitado probarlo.
Necesitaba saber si las palabras de Rubén, esas revelaciones que sonaban a locura, salían de un lugar genuino o si solo eran el discurso de un hombre desesperado por retener una fuente de poder, un bono pasivo en su fría interfaz.
Y él…
él había superado la prueba con creces.
Mientras caminaba de regreso a su propia habitación en el piso 98, su mente, siempre analítica, comenzó a diseccionar la velada.
La primera capa, la de la conmoción inicial, había sido real.
¿Otros universos?
¿Dragon Ball Z?
¿Una interfaz de videojuego?
Era tan absurdo que solo podía ser verdad.
Ningún mentirano inventaría una historia tan elaborada y específica.
Pero bajo la conmoción, una emoción mucho más poderosa había brotado: una felicidad profunda y caliente.
Él se lo había contado TODO.
Le había abierto las entrañas de su existencia, le había mostrado el núcleo mismo de su ser, sus mayores secretos, sus miedos más profundos.
No había guardado nada.
Eso…
eso no lo hacía un usuario de un sistema despiadado.
Eso lo hacía un hombre.
Un hombre que confiaba en ella por encima de todo.
Un hombre que, a pesar de cargar con el peso de un multiverso hostil en sus hombros, había elegido ser vulnerable frente a ella.
La magnitud de ese regalo, de esa confianza, era abrumadora.
Mentiría si dijera que no la hizo sentirse la persona más especial y apreciada del mundo.
Llegó a su habitación, un espacio más modesto que la suite de Rubén pero que ya sentía como un refugio.
Se dejó caer en el sofá, abrazando un cojín contra su pecho.
Su sonrisa se suavizó, transformándose en una expresión de tierna incredulidad.
“Idiota,” murmuró, pero la palabra estaba cargada de un afecto tan profundo que casi le ardía en el pecho.
“Mi pobre, poderoso, complicado idiota.” Cerró los ojos y repasó mentalmente cada una de sus revelaciones, analizándolas no con el corazón de una novia herida, sino con la mente fría de la Garza Escarlata.
El Origen: Un mundo normal, una muerte trágica, un renacimiento en un universo de anime apocalíptico.
Era una tragedia épica.
Y explicaba la sombra de urgencia que siempre había visto en sus ojos, incluso en sus momentos más tranquilos.
No era solo ambición; era supervivencia pura.
La Habilidad: Caminante de Umbrales.
La capacidad de viajar entre realidades.
La idea era tan vasta que casi le daba vértigo.
Pero en lugar de miedo, sentía…
una emoción electrizante.
¿Otros mundos?
¿Otras culturas, otros sistemas de poder?
Ella, que había dedicado su vida a dominar el microcosmos de la Torre, sentía cómo su universo personal se expandía hasta lo infinito.
Rubén no era solo un luchador; era una llave.
La llave a una aventura que hacía que los 200 pisos de la Torre parecieran un juego infantil.
El Sistema: La interfaz, las estadísticas, el Grimorio.
Ahora todo encajaba.
Su velocidad de aprendizaje sobrehumana, la forma en que parecía “recordar” técnicas en lugar de aprenderlas.
Era un tramposo, sí.
Pero un tramposo que sudaba sangre y absorbía golpes en el canvas.
El sistema le daba el camino, pero era la voluntad de Rubén la que recorría cada paso.
Y lo más importante: el sistema no controlaba sus emociones.
Solo las medía.
Él había sido claro en eso.
Su amor era real.
El 99% era un testimonio, no una causa.
Y luego, llegó al meollo del asunto.
El Harem.
Aquí fue donde su actuación había alcanzado su punto más dramático.
La indignación, las lágrimas, la sensación de traición…
todo un espectáculo diseñado para presionarlo, para ver si se retractaba, si minimizaba sus palabras o si, por el contrario, se mantenía firme en su horrible y pragmática verdad.
Y se mantuvo firme.
No por crueldad, sino por una honestidad brutal que, ahora que lo pensaba, era uno de los atributos más valiosos de Rubén.
No le había endulzado la píldora.
No le había prometido un amor eterno y exclusivo sabiendo que era una mentira.
Le había dado la cruda, fea e incómoda realidad de su existencia.
Y al hacerlo, le había entregado el poder de decidir con toda la información en la mano.
Koyuki abrió los ojos, su mirada perdida en la ciudad iluminada más allá de su ventana.
¿De verdad le molestaba la idea del harem?
Se sorprendió a sí misma al darse cuenta de que, en el fondo, no mucho.
No como él pensaba.
Su mundo, el mundo de los luchadores de élite, estaba lleno de egos monumentales y una moral flexible.
Había visto relaciones complejas, acuerdos de conveniencia y dinámicas de poder que harían palidecer a la mayoría.
El concepto de un hombre poderoso con múltiples consortes no era tan escandaloso para alguien que había crecido en ese ambiente.
Lo que siempre había despreciado era la decepción, la infidelidad cobarde, las promesas vacías.
Rubén no le estaba ofreciendo eso.
Le estaba ofreciendo un pacto.
Una alianza estratégica, sí, pero también emocional.
La estaba invitando no a ser una de sus “conquests”, sino a ser la piedra angular de su vida, la primera y más importante pieza de un clan que trascendería dimensiones.
“Mi Rival Destinada.
Nada, ni nadie, podría cambiar eso.” Esas palabras resonaron en su interior, más poderosas que cualquier juramento de fidelidad monógama.
Una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios.
“Sinceramente…
me saqué la lotería con este hombre,” confesó en un susurro al cojín.
Era fuerte, era poderoso, era honesto hasta el dolor, y le ofrecía las estrellas.
Literalmente.
¿Qué más podía pedir?
Su respuesta ya estaba decidida.
Lo aceptaría a él, a su misión y, sí, a su maldito harem multiversal.
Pero no iba a ser tan fácil.
Rubén necesitaba aprender que la honestidad tenía sus consecuencias, y que ella no era una chica fácil de impresionar.
Dejaría que sudara un poco.
Un día, tal vez dos.
Lo suficiente para que la ansiedad lo mordisqueara, para que se preguntara si la había perdido para siempre.
Eso sería bueno para él.
Un pequeño recordatorio de que, aunque ella aceptara su realidad loca, su amor y su lugar en su vida no eran algo que se diera por sentado.
Y luego…
luego estaban las “futuras candidatas”.
La sonrisa de Koyuki se volvió astuta, sus ojos ámbar brillaron con un destelo de pura determinación posesiva.
Si esto iba a ser un harem, no sería un zoológico caótico.
Sería un equipo de élite.
Y ella, como la primera dama, la Garza Escarlata, establecería las reglas.
Se levantó y fue a su pequeño escritorio, tomando una hoja de papel y un lápiz con la elegancia de una general preparando una estrategia de batalla.
“Requisitos Mínimos para la Admisión en el Clan González (Borrador)”, escribió en la parte superior, subrayándolo con un trazo firme.
1.
Fuerza y Utilidad: “No se admiten cargas muertas.” murmuró.
Cualquier chica que quisiera unirse necesitaría aportar algo tangible al grupo.
Ya sea poder de combate, habilidades de apoyo (sanación, fabricación, estrategia), o un conocimiento único de su mundo de origen.
No habría lugar para princesas de cristal que necesitaran ser protegidas constantemente.
Tendrían que poder pararse a su lado en la línea de frente, o al menos, ser lo suficientemente inteligentes para no estorbar.
2.
Lealtad Inquebrantable: El grupo debía ser lo primero.
Cualquier atisbo de traición, egoísmo que pusiera en peligro al clan, o intento de dividir a Rubén de sus otras consortes, sería motivo de expulsión inmediata.
Y Koyuki se encargaría personalmente de esa “expulsión”.
Se imaginó, con una sonrisa ligeramente siniestra, usando su Savate para “persuadir” a una potencial rival problemática.
3.
Personalidad y Sinergia: No se trataba solo de poder.
La chica tendría que encajar.
Tendría que ser capaz de convivir con Koyuki, de respetar su lugar como la primera y de trabajar en equipo.
Una chica con un carácter demasiado débil sería una carga; una con un ego demasiado grande, una amenaza.
Necesitaban a alguien que complementara, no que compitiera de manera destructiva.
“Alguien con quien pueda tomar un té sin querer estrangularla después,” anotó, con pragmatismo.
4.
Aprobación de la Primera Dama: Por supuesto, la decisión final no sería solo de Rubén.
Ella tendría poder de veto.
Una audición, en esencia.
Rubén podría encontrar a una chica que cumpliera con todos los requisitos de poder, pero si a Koyuki no le caía bien, si sentía que la química no era la correcta, se descartaría.
Su felicidad y la estabilidad del clan eran primordiales.
5.
Contribución al Poder de Rubén: Este era el punto más frío y calculador, pero también el más crucial.
El sistema de Rubén recompensaba los vínculos.
Cualquier nueva integrante debía ofrecer un bono pasivo único o sinérgico que fortaleciera a Rubén de una manera en que Koyuki y las demás no pudieran.
No se trataba de duplicar habilidades, sino de expandir el arsenal del clan.
Si una chica solo ofrecía un bono genérico de fuerza, por ejemplo, probablemente no sería prioritaria.
Releyó la lista, satisfecha.
Eran reglas duras, pero justas.
Convertían el concepto de harem de un capricho en una institución estratégica.
Rubén se sorprendería, sin duda.
Esperaba lágrimas, súplicas o una ruptura dramática.
En su lugar, obtendría un documento de términos y condiciones para sus futuras novias, redactado por la mujer que amaba.
Se recostó en el sofá, una paz extraña y poderosa inundándola.
El miedo y la incertidumbre habían desaparecido, reemplazados por una misión clara.
Su camino ya no era solo ascender en la Torre.
Era ascender a través de las dimensiones a lado de su hombre, como su compañera, su confidente y la arquitecta de la familia que necesitarían para sobrevivir a las amenazas cósmicas.
Mañana, o quizás pasado mañana, iría a ver a Rubén.
Ya no sería la novia herida, sino la Reina Garza reclamando su trono.
Le diría que lo aceptaba, a él y a todo su multiverso de problemas.
Y luego, con una sonrisa que lo dejaría paralizado, le presentaría su “borrador” para el futuro.
La idea de la expresión de sorpresa, alivio y total desconcierto en su rostro era tan deliciosa que no pudo evitar reírse suavemente, un sonido claro y lleno de anticipación en la quietud de su habitación.
La forja de su relación había pasado por el fuego de la verdad, y había salido no quebrada, sino templada en un acero mucho más fuerte y precioso.
El viaje apenas comenzaba, y Koyuki Akashi no podría estar más emocionada.
La suite del piso 180 estaba sumida en un silencio tan profundo que el leve zumbido del sistema de ventilación parecía un rugido.
Rubén González permanecía sentado en el mismo sitio donde Koyuki lo había dejado, pero la desesperación inicial había dado paso a una tormenta silenciosa de confusión, incredulidad y una punzada de indignación herida.
El dilema que lo acosaba era de una complejidad absurda.
Por un lado, había hecho lo correcto.
Había sido brutalmente honesto, había expuesto su alma y sus secretos más profundos a la mujer de la que se había enamorado, preparándose para asumir las consecuencias.
Había visto su dolor, su furia, sus lágrimas…
o al menos, eso creía él.
Minutos después de que la puerta se cerrara, su interfaz, siempre presente, había actualizado el estatus de Koyuki de manera drástica.
Esperaba ver “Estado: 😠 Traicionada / 💔 Devastada” o algo similar.
En su lugar, lo que leyó lo dejó boquiabierto: Koyuki Akashi.
Estado: 😊 Feliz / 😌 Tranquila / 🦊 Autosatisfecha / 💘 AMOR VERDADERO (100%).
Intención: La ‘prueba de lealtad y honestidad’ ha sido superada con éxito.
Está elaborando los estatutos fundacionales para el ‘Clan González’.
Planea hacerlo esperar 48 horas como ‘castigo’ por su sobresalto.
Vínculo: Amante Oficial (100%).
Rival Destinada (100%).
Bonus de Vínculo Actualizado: +25% a TODAS las estadísticas base cuando estén en la misma dimensión.
+50% de velocidad de aprendizaje de habilidades cuando entrenen juntos.
Rubén se quedó mirando las palabras, incapaz de procesarlas.
¿Prueba de lealtad?
¿Estatutos?
¿Autosatisfecha?
Un torrente de emociones contradictorias lo embargó.
Primero, un alivio abrumador.
Ella no lo odiaba.
Lo amaba.
Al 100%.
Y no solo eso, aceptaba su realidad, su misión, e incluso el concepto del harem.
Eso era más de lo que jamás había esperado.
Pero inmediatamente después del alivio, llegó la irritación.
Ella lo había manipulado.
Había orquestado toda esa escena de dolor y angustia, lo había hecho sentir como un monstruo, como si hubiera destrozado el corazón de la persona que más amaba, todo para…
¿ponerlo a prueba?
Cada lágrima que había visto caer, cada temblor en su voz, cada mirada de profunda decepción…
había sido una actuación.
Una actuación tan perfecta que había engañado por completo sus sentidos, agudizados por el Nen.
“Una manipulación emocional de primer nivel,” murmuró, frotándose la nuca.
Una parte de él, la fría y pragmática que había sobrevivido a la Torre, no podía evitar admirar la maestría.
La Garza Escarlata no solo era una luchadora mortal; era una estratega consumada.
Había usado su arma más poderosa, su propia vulnerabilidad percibida, para sonsacarle la verdad absoluta.
Sin embargo, la otra parte, la parte que se había sentido genuinamente destrozada al verla sufrir, se sentía…
usada.
Jugado.
Siguió leyendo las actualizaciones en tiempo real de la interfaz, que ahora, con el vínculo al 100%, parecía tener una conexión casi simbiótica con Koyuki.
Vio cómo su “Intención” cambiaba a “Redactando Cláusula 4: Derechos de Veto de la Primera Dama sobre nuevas integrantes.” y luego a “Considerando si ‘prueba de combate’ es un requisito muy extremo.” Una sonrisa seca, casi involuntaria, se dibujó en sus labios.
Era tan…
Koyuki.
En lugar de derrumbarse o huir, estaba redactando una constitución para su futuro harén multiversal.
La imagen era tan ridícula y a la vez tan adorable que le restó fuerza a su irritación.
No podía negar que la idea de tener a alguien tan organizada y letal a su lado, gestionando las complejidades de una familia interdimensional, era increíblemente valiosa.
Pero aquí yacía el núcleo de su dilema.
Él le había revelado TODO…
o casi todo.
Había un pequeño, minúsculo detalle que había omitido: la profundidad de la intrusión que su habilidad de 【Relaciones】 permitía.
Ella sabía que podía ver su estado emocional general y su intención básica, pero no que, con el vínculo máximo, podía casi leer sus pensamientos planificados, seguir el hilo de sus ideas como si estuviera viendo un documento compartido en tiempo real.
No lo había ocultado por desconfianza, sino por una necesidad instintiva de tener un canal de comunicación absoluto, una forma de entenderla en un nivel que las palabras nunca podrían alcanzar.
Era su ventaja secreta, su forma de navegar el corazón complejo y orgulloso de la Garza Escarlata.
Y ahora, esa ventaja le revelaba que ella lo había estado manipulando.
“Un alma por un alma,” pensó, la frase sonaba en su mente con un dejo de ironía.
Si ella quería jugar ese juego, él podía jugarlo también.
No era un “simp” que se postraría ante sus tácticas.
Era su Rival Destinado, su igual.
Y los iguales se devuelven las jugadas.
Una idea comenzó a formarse en su mente, un plan para devolverle con creces su “travesura”.
Cuando ella viniera, confiada y segura, con sus estatutos en la mano, él la recibiría con una serie de “accidentes perversos” tan elaborados, tan sucios y tan perfectamente sincronizados que harían que sus encuentros anteriores parecieran choques casuales.
La haría sonrojar, la haría tartamudear, le recordaría que, aunque ella fuera la estratega, él seguía siendo el Caminante de Umbrales con una habilidad pasiva dedicada a crear caos íntimo.
Sería su venganza dulce, su manera de equilibrar la balanza y, de paso, disfrutar inmensamente del proceso.
Sabiendo que tenía un par de días antes de que ella apareciera para dar su “veredicto” (que él ya conocía), Rubén decidió canalizar toda esta energía conflictiva en lo que mejor hacía: entrenar.
El poder era, al final, la única constante en su vida.
Se dirigió al dojo privado de la suite, un espacio amplio y minimalista.
Con un pensamiento, desplegó su ficha de estadísticas completa, necesitaba evaluar su progreso.
— FICHA DE ESTADÍSTICAS – RUBEN GONZALEZ Habilidad Principal: Caminante de Umbrales (Nivel 3 – 40% de Progreso al Nivel 4) Mundo Actual:Hunter x Hunter Ubicación Actual:Torre Celestial, Suite 180-05 Dinero Actual:48,000,000+ Jenny — ESTADO GENERAL · Nivel de Usuario: 72 · Salud (SAL): 18 · Estamina (EST): 17 · Fuerza (FUE): 17 · Destreza (DES): 18 · Inteligencia (INT): 16 · Fe (FE): 11 · Arcano (ARC): 19 · Puntos de Experiencia (EXP) Acumulados: 8,500 · Próximo Nivel de Usuario: 15,000 EXP — BONUS PASIVOS ACTIVOS · Vínculo de Amante Oficial (Koyuki Akashi): +25% a TODAS las estadísticas base cuando estén en la misma dimensión.
+50% de velocidad de aprendizaje de habilidades cuando entrenen juntos.
· Libro de Carisma Innato (Usado): +5% a la velocidad de desarrollo de relaciones amistosas/amorosas.
+2.5% para rivalidades.
· Pervertido con Suerte (To Love-Ru): Efectos de situaciones comprometedoras maximizados.
— HABILIDADES ESPECIALES · Caminante de Umbrales (Nivel 3 – 40%): · Energía Dimensional: 100%.
· Funcionalidades: Viaje Interdimensional, Interfaz de Stats, Inventario Mejorado, Contador de Riqueza, Sistema de Relaciones, Sistema de Logros, Invocación Gacha (3 Tokens disponibles), Imbuición.
· Próximo Nivel: Se intuía que desbloquearía una mayor influencia sobre el destino de los umbrales o la capacidad de llevar acompañantes.
· Soru (One Piece) – Maestría: Experto (100%): · Efecto: Velocidad de movimiento +650%.
Coste de Estamina reducido en un 90%.
La técnica ahora era casi un acto reflejo, con un control absoluto sobre la distancia, dirección y parada.
Podía encadenar decenas de usos consecutivos sin fatiga crítica.
· Tekkai (Hierro) – (One Piece) – Maestría: Intermedio (76%): · Efecto (Activado): Reducción de daño físico del 70%.
· Buff Pasivo: +10% a Defensa general en combate.
· Buff Pasivo: +10% a Daño cuerpo a cuerpo.
· Nota: Cercano a Experto, donde se esperaba una reducción de daño del 85% y la capacidad de activar el Tekkai en partes específicas del cuerpo de manera instantánea e incluso en movimiento.
· Espadachín – Maestría: Intermedio (98%): · Efectos: · +15% de daño con espadas largas/curvas.
· Buff Pasivo en Combate (Espada Equipada): +5% a Destreza.
· Buff Pasivo en Combate (Espada Equipada): +5% a Velocidad de Movimiento.
· Al borde del rango Experto, lo que probablemente desbloquearía técnicas de corte a distancia o habilidades únicas con Hermana Oscura.
· Nen – Nivel: Iniciado (88% hacia Intermedio): · Bonus Pasivo con Nen Activo (Ten Intermedio): +35% a TODAS las estadísticas base.
· Técnicas: · Ten (Envolver): Intermedio (45%).
Control sólido y eficiente.
· Zetsu (Apagar): Intermedio (40%).
Sigilo excelente.
· Ren (Aumentar): Intermedio (38%).
Explosión de poder manejable.
· Hatsu (Liberar): Sin definir.
EN PROCESO DE CREACIÓN.
— EQUIPO PRINCIPAL · Arma: Hermana Oscura (Espada Larga de Acero Valyrio).
Compatible.
[Espadachín Intermedio activa bonos pasivos al blandirla].
· Tokens de Invocación Gacha: x3.
— OBJETIVOS INMEDIATOS 1.
Definir y crear su Hatsu de Reforzamiento.
2.
Alcanzar el piso 199 de la Torre Celestial.
3.
Ascender las habilidades de Tekkai y Espadachín a Experto.
4.
Gestionar la “respuesta” de Koyuki y establecer los términos de su relación.
5.
Usar los Tokens de Gacha.
— Con la ficha clara, Rubén se centró en el asunto más urgente: su Hatsu.
Como Mejorador, su habilidad debía centrarse en la mejora y potenciación de lo que ya existía.
Su idea era crear una habilidad versátil que no fuera un simple aumento de poder, sino un sistema de “condiciones” y “recompensas”.
Se sentó en el suelo del dojo, cerrando los ojos y sumergiéndose en su aura.
Visualizó el concepto.
No quería un poder que siempre estuviera activo, sino uno que premiara su ingenio y su capacidad para superar desafíos.
“Forja de Aura”, ese sería el nombre.
La idea era crear “sellos” o “contratos” de aura temporalmente.
Estos contratos establecerían una Condición específica que él debía cumplir.
Al cumplirla, recibiría un Buff exponencial en una estadística o habilidad específica durante un tiempo limitado.
Cuanto más difícil, arriesgada o específica fuera la condición, más potente y duradero sería el buff.
Por ejemplo: · Condición: “No esquivar el siguiente ataque del oponente.” · Buff: “Triplicar la potencia del siguiente contraataque.” · Condición: “Derrotar al oponente usando solo la espada.” · Buff: “Duplicar la velocidad de ataque con espada durante los siguientes 10 minutos.” · Condición (de alto riesgo): “Proteger a un aliado de un golpe que podría ser fatal.” · Buff: “Multiplicar por diez la defensa física y la capacidad de regeneración por 1 minuto.” Era un Hatsu que se adaptaba a su naturaleza de jugador RPG.
Le permitiría crear sinergias locas sobre la marcha.
Sin embargo, definir los parámetros exactos, el coste de aura de crear cada “contrato”, y los límites de cuántos podía tener activos a la vez, requería una meditación y experimentación profundas.
Era el siguiente gran paso en su dominio del Nen, y lo tenía al alcance de la mano.
Durante las siguientes 48 horas, Rubén se sumergió en un ciclo intensivo de entrenamiento.
Practicó con Hermana Oscura hasta que la habilidad de Espadachín finalmente, con un destello dorado en su interfaz, ascendió a Experto (0%), otorgándole un +25% de daño y la capacidad de proyectar un tenue “vacio cortante” con swings suficientemente potentes, un precursor de los Flying Slashes.
Su Tekkai también rozaba la perfección, llegando al 89%.
Mientras entrenaba, no podía evitar monitorear esporádicamente la ficha de Koyuki.
La veía alternar entre “Estado: 😊 Contentamente elaborando directrices” y “Estado: 🤔 Evaluando el nivel de poder mínimo para candidatas (¿Piso 150?
¿100?).” Una sonrisa juguetona no abandonaba su rostro.
La Garza Escarlata no se andaba con tonterías.
Ella estaba construyendo un imperio a su alrededor, y él, sabiendo lo que se avecinaba, se preparaba para recibir a su Emperatriz con una bienvenida que ella, definitivamente, no esperaría.
El juego había comenzado, y Rubén González estaba más que listo para jugar.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com