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El viajero interdimensional - Capítulo 18

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18: Capitulo 18: Últimos pisos 18: Capitulo 18: Últimos pisos El paisaje de la Torre Celestial se había transformado para Koyuki Akashi.

Los pasillos de piedra, los coliseos resonantes con vítores, incluso el aire mismo, todo parecía teñido con una nueva dimensión.

Ahora que su Ten era una segunda piel instintiva y su control sobre el flujo de aura se afinaba día a día, su ascenso por los pisos se había convertido en algo radicalmente distinto.

Desde el piso 120, donde había derrotado a Lyra y despertado el Nen, hasta el piso 150, su progresión fue una demostración de poderío mesurado.

Los combatientes que antes representaban un desafío serio ahora parecían moverse en cámara lenta, sus ataques carentes de la densidad y la intención que solo el Nen podía conferir.

Koyuki no necesitaba ya de la “Avalancha de Pétalos” o de movimientos desesperados.

Una patada simple, imbuida con la cantidad justa de Ren en el punto de impacto, era suficiente para desbaratar guardias, fracturar armas de entrenamiento y enviar a sus oponentes a la lona con un golpe limpio y no letal.

Era una bailarina en un campo de batalla donde todos los demás tropezaban.

Su narcisismo, lejos de inflamarse, se había transmutado en una tranquila certeza.

Se encontraba con Rubén en los pisos superiores entre combate y combate, y en una de esas reuniones, mientras compartían un jugo de fruta exótica obtenido de un token gacha, no pudo evitar un comentario sacudido por la incredulidad.

“Es ridículo, Ruben,” dijo, mirando su propia mano como si la viera por primera vez.

“La diferencia…

es abismal.

Es como si toda mi vida hubiera estado peleando con los ojos vendados y ahora pudiera ver.

Una semana.

Solo una semana con el Nen controlado y he subido treinta pisos.

Treinta.

Antes, cada cinco pisos era una batalla campal.” Rubén, reclinado contra una pared del descanso del piso 190, asintió con una sonrisa comprensiva.

Observaba el aura de Koyuki, ahora estable y pulcra como un lago en un día sin viento, y comparaba mentalmente con el torbellino caótico de su despertar.

“El Nen es la expresión de la vida misma, Koyuki.

Cuando usas solo tu cuerpo, estás limitado por su carne y hueso.

Cuando usas Nen, estás desatando tu propio potencial vital.

Es natural que la brecia sea insalvable.” Hizo una pausa y añadió, su tono tornándose más serio.

“Pero no subestimes a quienes no lo tienen.

La astucia pura y la técnica refinada aún pueden ser armas mortales.

Y recuerda, en los pisos superiores, todos los que queden serán usuarios.

La ventaja se igualará.” Koyuki asintió, absorbiendo sus palabras.

Ella estaba en el 150.

Él esperaba en el 190, habiendo limpiado los pisos intermedios con una eficiencia que rayaba en lo aburrido para él.

Su propósito ahora no era ascender, sino esperarla, pulir sus propias habilidades al borde de la maestría Experta, y prepararse para lo que ambos sabían que sería el clímax de su estancia en la Torre: un combate final entre ellos, no como amantes, sino como Rivales Destinados, ambos con el poder del Nen fluyendo en sus venas.

Sin embargo, había un paso crucial que Koyuki necesitaba dar antes de ese enfrentamiento.

Una pieza fundamental de su puzzle de poder que aún faltaba por colocar.

Esa noche, en la quietud de su almacén privado, Rubén se puso en movimiento.

Koyuki lo observó con curiosidad mientras él sacaba de su inventario mental, con un leve destello de aura, una copa de cristal simple y elegante.

La llenó con agua de una jarra y, con el cuidado de un alquimista, colocó delicadamente una sola hoja de un árbol ornamental sobre la superficie del agua, donde flotó como un pequeño barco verde.

Koyuki arqueó una ceja.

“¿Una ceremonia del té?

No sabía que fueras tan formal.” Ruben esbozó una sonrisa misteriosa.

“Es una prueba.

Una muy importante.” Sin dar más explicaciones, volvió a acceder a su inventario y, con un poco más de esfuerzo, materializó una piscina infantil portátil, de esas de plástico resistente, que llenó hasta la mitad con agua.

El contraste entre la copa delicada y la piscina burda era tan absurdo que Koyuki no pudo evitar una risa ahogada.

“¿Y eso?

¿En caso de que tenga sed un elefante?” “Algo así,” respondió él, enigmaticamente.

“Siéntate.” Ella obedeció, cruzando las piernas frente a la pequeña mesa improvisada donde reposaba la copa.

Rubén se colocó frente a ella.

“Coloca tus manos alrededor de la copa.

Sin tocarla,” instruyó.

Su voz había adoptado el tono de instructor que Koyuki reconocía y respetaba.

“Ahora, cierra los ojos.

Siente tu aura.

No la contengas con el Ten, sino cánelala.

Haz un Ren, pero no una explosión.

Dirígela.

Concéntrala en tus manos, como si quisieras calentar la copa con el mero calor de tu energía.” Koyuki inhaló profundamente.

Cerró los ojos.

Su Ten se relajó ligeramente alrededor de sus brazos y, en su lugar, sintió el flujo de su aura concentrarse en sus palmas.

No era un Ren completo, sino un flujo dirigido, como un río desviado hacia un canal específico.

Una calidez sutil emanó de sus manos.

Durante un momento, nada sucedió.

Luego, Koyuki, con los ojos cerrados, no pudo ver el cambio, pero Rubén sí.

Sus ojos, aguzados por el Gyo, observaron el agua en la copa.

Al principio, fueron apenas motas.

Como si un polvo invisible hubiera sido soplado dentro del cristal.

Luego, las motas se multiplicaron, formando remolinos nebulosos en el agua clara.

No eran burbujas, ni suciedad.

Eran como ecos de forma, sombras de sustancia que el aura de Koyuki estaba “materializando” en el medio acuoso, el conductor perfecto para tal prueba.

La hoja, en el centro, giraba lentamente, afectada por las corrientes invisibles de energía que ahora impregnaban el líquido.

Rubén asintió para sí mismo, una oleada de comprensión y, admitámoslo, de cierta sorpresa, recorriéndolo.

No era Enhancer, como él.

Tampoco era Emitter.

Lo que veía no era una simple alteración del agua (Manipulation) ni una infusión de propiedades (Transmutation).

Eran impurezas, sí, pero en el lenguaje de esta prueba, eran gérmenes de objetos, de cosas.

La esencia de su aura anhelaba dar forma a lo abstracto, de traer conceptos al mundo tangible.

Era una Conjurer.

O, posiblemente, una Materializadora, si la distinción en este mundo se aplicaba.

Podía, con el tiempo y la maestría, crear objetos reales, permanentes, dotados de propiedades únicas, a partir de su aura.

Y con su personalidad narcisista, su necesidad de control y de imponer sus propias reglas, el potencial era tremendo.

Las condiciones que podría establecer para sus creaciones podrían ser tan estrictas, tan ridículamente específicas y ligadas a su ego, que la potencia de los objetos resultantes sería monumental.

“Puedes abrir los ojos,” dijo suavemente.

Koyuki lo hizo y miró la copa.

Su rostro se demudó.

“¿Qué…

qué le pasó al agua?

¡Está sucia!

¿Mi aura es…

impura?” Una punzada de preocupación cruzo su voz.

Ruben negó con la cabeza, una sonrisa tranquilizadora en sus labios.

“Al contrario.

El agua no está sucia.

Está…

respondiendo a tu naturaleza.

Es una pizarra en blanco y tu aura está escribiendo en ella lo que eres.” Señaló las nebulosas formas en el agua.

“Esto, Koyuki, indica que tu afinidad principal es con la Conjuración o Materialización.

Tienes el potencial de crear objetos con tu Nen.” Los ojos de Koyuki se abrieron como platos.

“¿Crear?

¿Como…

sacar una espada de la nada?” “Exactamente.

O algo mucho más complejo.

Un objeto que tenga reglas propias.

Que, por ejemplo, solo pueda ser usado bajo la luz de la luna, o que sea más fuerte si tu oponente te subestima, o que sea indestructible siempre y cuando mantengas la respiración.” Su mirada se intensificó.

“Con tu personalidad, con esa…

seguridad inquebrantable que tienes, podrías establecer condiciones tan duras que el objeto que crees en compensación sería devastador.” Se sentó frente a ella y comenzó a explicar, dibujando con su dedo un diagrama hexagonal imaginario en el aire, iluminado por un tenue Ren para hacerlo visible.

“El Nen tiene seis categorías principales.

Piensa en esto como un hexágono.” Marcó un punto en la parte superior.

“Enhancement, donde estoy yo.

Fortalecer lo que ya existe, el cuerpo, los objetos.” Movió su dedo en el sentido de las agujas del reloj.

“Emission: proyectar aura a distancia.

Manipulation: controlar cosas o personas.

Conjuration: crear objetos reales.

Y al otro lado, Transmutation: cambiar las propiedades de tu aura para imitar algo más.” Señaló el punto opuesto a Enhancement.

“Y en el centro, el más raro, Specialization: habilidades únicas que no encajan en las demás.” “¿Y qué significa para mí estar en Conjuration?” preguntó Koyuki, fascinada.

“Significa que eres más fuerte usando Conjuration,” explicó, señalando el punto correspondiente en el hexágono.

“Tu eficiencia es del 100%.

Para las categorías adyacentes, Transmutation y Manipulation, tendrías un 80%.

Para Emission, un 60%.

Y para la opuesta, Enhancement…” Hizo una pausa dramática.

“…solo un 40%.

Eso no significa que no puedas fortalecer tu cuerpo con Ren y Ten, todos podemos.

Pero crear un Hatsu de Enhancement puro sería muy ineficiente para ti.

Tu camino, tu fuerza única, reside en la creación y en las reglas.” Koyuki asimiló la información, su mente de guerrera ya procesando las implicaciones tácticas.

Entendía los porcentajes, la lógica.

Pero entonces, surgió la pregunta inevitable.

“Y el Hatsu…

¿es el objeto que creo?” “El Hatsu es la técnica única que incorpora tu naturaleza de Nen,” corrigió Rubén.

“Para un Conjurer, a menudo sí, es un objeto con habilidades especiales.

Pero no te apresures.” Su tono se volvió cauteloso.

“No te preocupes por desarrollarlo ahora.

Esta es la etapa de la semilla, de la idea.

Debes pensar, soñar despierto.

¿Qué necesitas?

¿Qué te falta?

¿Qué se ajusta a tu estilo de lucha y a tu personalidad?

Un Hatsu es una extensión de tu ser.

Forzarlo o elegirlo apresuradamente es como construir una casa sobre arena.” Le explicó su propia filosofía, nacida de su experiencia como jugador y su naturaleza metódica.

“Mira mi caso.

Tengo una idea para mi Hatsu, una muy clara.

Pero no la he materializado aún.

¿Por qué?

Porque quiero que el concepto base sea sólido, casi perfecto, desde el principio.

Prefiero pasar semanas, incluso meses, refinando la idea en mi mente, en el papel, asegurándome de que la base es versátil y robusta.

Así, cuando por fin la cree, cualquier adición futura, cualquier nueva habilidad o condición, será solo un módulo que se acopla a una estructura ya estable, no un cambio drástico que obligue a reconstruir todo desde cero.

Evita la fatiga de re-diseño.

Es más eficiente.” Koyuki lo miró, y por primera vez comprendió la profundidad de la paciencia estratégica de su hombre.

No era indecisión; era previsión.

Era la mentalidad de un arquitecto, no de un albañil.

“Entiendo,” dijo, su voz determinada.

“Empiezo con una idea fuerte.

Algo que sea…

mío.

Realmente mío.” Ruben sonrió, satisfecho.

“Exactamente.” Sin perder un momento, Koyuki se levantó y buscó entre sus pertenencias hasta encontrar un rollo de pergamino en blanco y una pluma de tinta.

Se sentó a una mesa, con la concentración que normalmente reservaba para sus katas.

El narcisismo que una vez usó para la manipulación emocional ahora se canalizaba en un acto de pura creación.

Iba a dar a luz un concepto, un hijo de su aura y su voluntad.

Ruben la observó desde la distancia, sin interrumpir.

Vio cómo su ceño se fruncía en concentración, cómo mordisqueaba el extremo de la pluma, cómo sus ojos se iluminaban con un destello de inspiración antes de inclinarse para escribir con trazos firmes y seguros.

En el silencio del almacén, solo roto por el leve rasguño de la pluma sobre el pergamino, dos futuros se estaban forjando.

El de Rubén, con su “Persona” esperando en las alas de su mente, un sistema de buffs y poderes listo para ser invocado.

Y el de Koyuki, con la semilla de un objeto único, un testamento de su orgullo y poder, comenzando a germinar en tinta y papel.

La Torre Celestial pronto quedaría atrás, pero las armas que estaban puliendo dentro de sus muros los seguirían a través de cualquier umbral, listas para enfrentar los locos dioses y titanes de un mundo llamado Dragon Ball Z.

El aire en los pisos altos de la Torre Celestial tenía una cualidad diferente.

No era solo la densidad del aura de los maestros que habitaban allí, sino la quietud anticipada de un ciclo que se acercaba a su fin.

Para Rubén González, estas semanas no fueron de conquista, sino de consolidación.

Una pulida meticulosa del acero que ya estaba templado, mientras esperaba a que la otra mitad de su ser alcanzara la cima.

La semana transcurrió en un ritmo sincronizado de sudor y concentración.

Con Koyuki absorta en la conceptualización de su Hatsu, Rubén volcó su formidable disciplina en el perfeccionamiento de cada fibra de su poder.

Los resultados fueron tan tangibles como el filo de la Hermana Oscura.

En los silenciosos amaneches, antes de que Koyuki despertara, Rubén se encontraba en el vasto almacén del piso 190.

Allí, la espada valyria no era un arma, sino una extensión de su propia voluntad.

Cada tajo, cada estocada, cada defensa, no buscaba derrotar a un oponente imaginario, sino alcanzar un estado de gracia marcial.

Fue en uno de esos estados de flujo, con el sudor cayendo a gotas sobre el suelo de piedra, cuando sintió un click sutil en su mente, como una llave girando en una cerradura ancestral.

Su percepción del espacio, del peso de la espada, de la trayectoria de cada movimiento, se agudizó de manera exponencial.

La hoja se movía ahora no por esfuerzo muscular, sino por pura intención, trazando arcos de plata que parecían cortar la realidad misma.

Su habilidad de Espadachín había alcanzado el rango Experto.

La interfaz de Caminante de Umbrales lo confirmó con una silenciosa notificación.

Los buffos pasivos fueron inmediatos: un +45% al daño infligido con cualquier espada y un +30% a la destreza y velocidad de movimiento general, no solo al blandir un arma.

Era como si una capa de restricciones invisibles se hubiera desprendido de su cuerpo.

Ahora, el progreso se medía en la refinación absoluta, y ya llevaba un 78% de camino hacia la maestría definitiva, un dominio tan completo que trascendería la mera técnica para convertirse en un arte.

Su Tekkai fue la siguiente en cruzar el umbral.

Durante sesiones exhaustivas donde convocaba bloques de Nen cada vez más densos para que se estrellaran contra su cuerpo, Rubén no se enfocaba en la resistencia bruta, sino en la economía del impacto.

Aprendió a distribuir su aura no como un muro estático, sino como una red elástica y inteligente que absorbía, disipaba y redirigía la fuerza.

Cuando un bloque del tamaño de un pequeño meteorito se hizo añicos contra su torso sin que él cediera un milímetro, supo que había llegado.

El Tekkai Experto le otorgaba una defensa del +85% cuando la habilidad estaba activa, y, crucialmente, unos bonus pasivos de +20% a la defensa y fuerza física durante cualquier combate, incluso sin activarla conscientemente.

Estaba en un 67% de refinamiento, acercándose a una piel de hierro viviente.

El Soru, su primera gran técnica robada de los mundos que cruzaba, había alcanzado su cenite.

Ya no había más eficiencia que extraer.

En rango Experto, el coste de estamina se reducía en un 90%, y su velocidad de movimiento alcanzaba un +650%.

Para cualquier observador sin Nen, no era velocidad; era teletransportación.

Un parpadeo, y Rubén había cambiado de posición.

Era la herramienta perfecta de posicionamiento, evasión y ataque relámpago.

Pero el mayor salto cualitativo vino de la maestría sobre su energía fundamental.

Sus habilidades básicas de Nen, forjadas en el yunque de la Torre y potenciadas por su naturaleza de Caminante, florecieron.

Ten (Envolver) – Experto: La capa base de aura ya no era solo una defensa pasiva.

Se había integrado tan profundamente con su ser que, de manera constante, potenciaba todas sus estadísticas en un +50%.

Era el cimiento sobre el que se construía todo lo demás.

Zetsu (Apagar) – Experto: La supresión de su aura no era solo para esconderse.

Ahora, su sigilo aumentaba en un +350%, permitiéndole moverse como un fantasma, pero también le otorgaba una sensibilidad ambiental agudísima, capaz de detectar las más leves perturbaciones en el flujo de aura a su alrededor.

Ren (Fortalecer) – Experto: La liberación de aura era un huracán controlado.

Cuando activaba su Ren, sus estadísticas se disparaban a un +80% sobre su base.

La contrapartida era el costo: su Nen se consumía al doble de velocidad (+100%), lo que limitaba su uso prolongado a situaciones de máxima intensidad.

Estas tres habilidades estaban en un 50% de progreso dentro del rango Experto, con margen para crecer aún más en eficiencia.

Sin embargo, una pieza crucial permanecía en el tablero de dibujo: su Hatsu.

La idea de la “Persona”, inspirada en sus videojuegos favoritos, estaba detallada con precisión de arquitecto en sus pergaminos.

Sabía que una vez materializada, sería un punto de no retorno.

Pero la prisa era un enemigo.

Forjar un Hatsu era dar a luz a una parte de tu alma.

Cualquier imperfección en el concepto base podría limitar su crecimiento futuro o, peor, crear una debilidad explotable.

Prefería la paciencia de un artesano a la precipitación de un soldado.

Que la base fuera sólida, versátil y robusta.

Luego, cada nueva habilidad, cada condición, sería un módulo que se acoplara a la estructura, no un parche torpe.

Su progreso por los pisos 191 al 199 fue deliberadamente lento, casi contemplativo.

Los maestros que encontraba, aunque formidables, eran más un ejercicio de aplicación práctica que un verdadero desafío.

Derrotarlos era una cuestión de elegir la herramienta correcta del arsenal: un Soru para flanquear, un Tekkai para absorber un golpe culminante, un tajo de la Hermana Oscura potenciado por su maestría para decidir el combate.

No estaba farmeando experiencia; estaba haciendo tiempo.

Esperando.

Esperando a Koyuki.

El combate en el piso 200, el último de la Torre Celestial, no sería una simple formalidad.

Sería la culminación de su viaje en este mundo, la prueba de fuego para ambos.

El último choque entre el Rival Destinado y la Amante, donde no habría límites, donde el Nen fluiría libre y completamente.

Sería el digno final para su aventura en Hunter x Hunter antes de cruzar el umbral de regreso a la pesadilla de Dragon Ball Z.

Al evaluar su estado actual, Rubén podía sentir la masa crítica de poder que había acumulado.

Se había convertido en una máquina de combate de eficiencia aterradora.

Sin embargo, en el fondo de su mente, una comparación constante y fría lo mantenía humilde.

Sabía que, a pesar de todo, este poder era apenas un suspiro comparado con los titanes que habitaban su mundo de origen.

Allí, donde los guerreros podían volar, destruir planetas y moverse a velocidades que desafiaban la física, él sería, una vez más, un insecto.

Pero ahora era un insecto con un aguijón venenoso, una coraza de acero y la capacidad de evolucionar a un ritmo monstruoso.

Contempló la experiencia acumulada: 34,650 EXP.

Suficiente para subir 3 niveles inmediatamente.

Sentía la tentación, la promesa de un poder inmediato.

Pero su instinto de jugador veterano le advirtió.

Guardar esos puntos, ese potencial sin gastar, era un arma en sí misma.

Al regresar a un mundo de peligro existencial, la capacidad de adaptarse en el acto, de invertir toda esa experiencia en las estadísticas que la situación demandara, podría ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Contuvo las ganas.

La paciencia era su aliada.

Mientras, en los pisos inferiores, podía sentir a través del tenue hilo de su vínculo único con Koyuki cómo su aura crecía, se estabilizaba y empezaba a adquirir una cualidad nueva, más definida, más personal.

Ella estaba forjando su propio camino.

Y él estaría allí, en la cima, esperando para recibirla no como una damisela, sino como la única persona en todos los universos que había logrado igualar su paso en esta danza de umbrales.

HOJA DE ESTADO: RUBÉN GONZÁLEZ Nivel de Usuario: 80 EXP Acumulada: 34,650 (Puede subir 3 niveles) Mundo Actual: Hunter x Hunter (Torre Celestial) Habilidad Única: Caminante de Umbrales (Nv.

3 – 40%) ESTADÍSTICAS PRIMARIAS Salud (HP): 20 Estamina: 20 Fuerza: 19 Destreza: 20 Inteligencia: 17 Fe: 13 Arcano: 18 HABILIDADES Y TÉCNICAS TÉCNICAS DE COMBATE (One Piece) Soru (Shave) – EXPERTO Velocidad de movimiento: +650% Coste de estamina: -90% de reducción.

Estado: Maestría Máxima Alcanzada.

Tekkai (Iron Body) – EXPERTO Defensa al activar: +85% Bonus Pasivo (siempre en combate): +20% Defensa, +20% Fuerza.

Progreso hacia Maestría Definitiva: 67%.

Espadachín – EXPERTO Daño con espadas: +45% Bonus Pasivo: +30% Destreza, +30% Velocidad de movimiento.

Progreso hacia Maestría Definitiva: 78%.

TÉCNICAS NEN (Hunter x Hunter) Ten (Envolver) – EXPERTO Bonus Pasivo a todas las estadísticas: +50%.

Progreso en Rango Experto: 50%.

Zetsu (Apagar) – EXPERTO Bonus a Sigilo: +350%.

Sensibilidad al aura ambiental: Extremadamente agudizada.

Progreso en Rango Experto: 50%.

Ren (Fortalecer) – EXPERTO Bonus a todas las estadísticas al activar: +80%.

Velocidad de consumo de Nen: +100%.

Progreso en Rango Experto: 50%.

Hatsu (Técnica Única) – SIN ESTABLECER Concepto en Desarrollo: “Persona” (Sistema de Buffs/Debuffs y Ataque basado en Nen).

Estado: Diseño conceptual avanzado.

Esperando condiciones óptimas para materialización.

BONUS ACTIVOS Y RELACIONES BONUS POR RELACIÓN (Koyuki Akashi) Rivalidad Legendaria & Amor Incondicional.

Sinoergia Activa: +30% a efectividad de todas las habilidades cuando están en el mismo universo.

+60% a velocidad de aprendizaje cuando entrenan juntos.

EQUIPO PRINCIPAL Arma: Hermana Oscura (Espada Valyria, Juego de Tronos).

Bonus del Arma: Corte extremadamente afilado, capacidad de daño espiritual/aura.

RESUMEN DE PODER Rubén González se ha consolidado como un combatiente de nivel maestro, con una combinación letal de velocidad extrema (Soru), defensa formidable (Tekkai) y potencia de espadachín de élite.

Su dominio del Nen en sus formas básicas le otorga buffos pasivos masivos y un estado de poder amplificado (Ren) para enfrentamientos críticos.

Es una máquina de guerra optimizada, aunque consciente de que su poder actual es el cimiento, no el techo, para los desafíos que aguardan en su mundo de origen.

Su mayor fuerza reside en su potencial de crecimiento sin explotar y su habilidad para trascender universos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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