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El viajero interdimensional - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - Capítulo 3: Capitulo 2: Farmeo
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Capítulo 3: Capitulo 2: Farmeo

La euforia inicial tras la repentina y milagrosa mejora de sus estadísticas fue dando paso a una realidad más cruda y persistente: la Ley de los Rendimientos Decrecientes. Rubén lo entendió de manera instintiva, como si su propia carne y huesos le murmuraran la verdad. Su cuerpo, ahora transformado en un instrumento de combate muy por encima de lo humano normal, había encontrado un nuevo techo.

Ascender de los pisos 40 a los 60 había sido un torbellino de victorias contundentes. Sus golpes, cargados con una Fuerza de 14, noqueaban a contrincantes que semanas antes lo habrían sometido con elegancia brutal. Su Destreza de 13 le permitía leer los movimientos enemigos con una claridad que rayaba en la premonición, esquivando y contraatacando con una economía de movimiento que hubiera sido impensable para el novato desgarbado que llegó a la Torre. Con una Salud de 12 y una Estamina de 11, se había convertido en un tanque; podía absorber castigos que habrían mandado al sueño a un luchador convencional y mantenía un ritmo de pelea agresivo durante rounds enteros sin mostrar signos de fatiga crítica.

Pero en el piso 60, el paisaje cambió. Aquí ya no estaban los luchadores simplemente fuertes o rápidos; aquí estaban los expertos. Hombres y mujeres que habían dedicado sus vidas a un arte marcial específico, cuya técnica era tan pulida que compensaba, y a veces superaba, la ventaja puramente física de Rubén. Se encontró con un maestro de Sambo que lo lanzó al canvas una y otra vez, explotando su todavía deficiente conocimiento de las distancias y el equilibrio. Enfrentó a una practicante de Wing Chun cuya velocidad de manos era un vendaval de golpes precisos que encontraban los huecos en su guardia, aún rudimentaria. Ganó, sí. Pero cada victoria era una guerra de desgaste, un triunfo sudado y doloroso que le dejaba más enseñanzas que satisfacción.

Fue esta frustración la que lo llevó a experimentar. Si los stats físicos tenían un límite de eficacia sin una técnica que los respaldara, quizás la clave estaba en otras áreas. Su interfaz, su fiel y fría compañera, le mostraba tres estadísticas enigmáticas: Inteligencia, Fe y Arcano. Las había ignorado, considerándolas vestigios de un sistema de videojuego para magia y milagros. Pero una corazonada, un eco de su conocimiento como otaku, le susurró que el Nen no era solo fuerza física. Era energía vital, voluntad, emoción, conocimiento. Tal vez, solo tal vez, mejorar esos stats podría ayudarlo a percibir el flujo de su propio aura, a desbloquear la puerta desde dentro, sin necesidad de la brutal iniciación de un maestro.

Con un frío pragmatismo, invirtió la preciada EXP que le costaba cada vez más conseguir. Subir un punto de Fuerza o Destreza ahora costaba miles de puntos, mientras que Inteligencia, Fe y Arcano, al estar en un nivel base, eran relativamente más baratos. Inyectó puntos en ellos, sintiendo cambios menos tangibles pero profundos.

Inteligencia a 7: No se volvió un genio de la noche a la mañana, pero notó que su mente procesaba la información del combate con más claridad. Podía anticipar patrones en los ataques de sus oponentes con una o dos repeticiones menos. Los conceptos técnicos de los videos que veía para mejorar su estilo empezaron a tener más sentido; podía visualizar mentalmente los movimientos con una precisión escalofriante.

Fe a 8: No era fe religiosa. Era convicción. Una certeza interior de hierro que se fortaleció. Las dudas que lo asaltaban en los segundos finales de un round reñido se disipaban. Su voluntad de aguantar el dolor, de levantarse una vez más, de creer en su propia victoria contra pronóstico, se volvió una armadura mental tan sólida como su cuerpo.

Arcano a 9: Este fue el más extraño. No lanzó hechizos ni vio el futuro. Pero comenzó a tener… corazonadas. Sensaciones viscerales sobre sus oponentes. A veces, justo antes de que un golpe fuera a conectarse en un punto vital, un escalofrío le recorría la espina dorsal y se movía instintivamente. Empezó a “sentir” la intensidad de la lucha, la atmósfera de la arena, de una manera nueva, casi como si pudiera percibir los ecos de la intención y la ferocidad que flotaban en el aire.

Sin embargo, el Nen no se manifestó. La puerta permaneció cerrada. Comprendió que estas estadísticas quizás solo preparaban el terreno, afinaban sus instrumentos internos, pero que probablemente necesitaría la chispa externa, el desbloqueo forzado, para encender la llama. Aun así, no se arrepintió. Se sentía más… completo. Su combate ganó una capa de sofisticación táctica que antes no tenía.

Otro descubrimiento crucial surgió de su sudor y esfuerzo: la relación directa entre la dificultad y la recompensa. Derrotar a un peleador del piso 40 le daba unos 200-300 EXP. Uno del piso 60, como había comprobado, le reportaba entre 400 y 500. Hizo cálculos mentalmente, sus ojos brillando con un destelo de codicia existencial. Si un luchador sin Nen en los pisos 100 le podía dar 1000 EXP o más… y uno con Nen, aunque fuera básico, podría duplicar o triplicar esa cifra… La Torre ya no era solo un gimnasio; era una mina de experiencia, y él acababa de encontrar la veta madre.

Y luego estaba su Habilidad. El Caminante de Umbrales mostraba ahora una barra de progreso secundaria, justo debajo del nivel. Estaba en un 30% hacia el Nivel 3. Cada batalla, cada punto de EXP ganado, parecía contribuir a ello. La anticipación lo consumía. El salto del Nivel 1 al 2 le había dado el sistema de stats, el inventario y el contador de dinero. ¿Qué maravillas o terrores desbloquearía el Nivel 3? ¿Mapas? ¿Habilidades activas? ¿La capacidad de elegir su destino? La sola posibilidad alimentaba su determinación como leña seca al fuego.

Pero primero, tenía que superar el presente. El ascenso era una tortura china. Cada piso era un mundo de dolor nuevo. Ya anhelaba con desesperación llegar al piso 100, no solo por el dinero, sino por la promesa de una habitación dentro de la Torre. Dejar atrás su pequeño y triste apartamento, tener un santuario en el corazón de la bestia, un lugar donde el ciclo de pelear-comer-dormir-entrenar fuera más eficiente. Donde no tuviera que oír el bullicio constante de la ciudad a través de paredes delgadas. Donde pudiera sumergirse por completo en su obsesión por volverse más fuerte.

Su siguiente batalla era en el Piso 67. Su oponente: un joven de cabello negro erizado y ojos intensos, conocido simplemente como “Kenshi”. Los rumores decían que su estilo se centraba en un karate tradicional modificado, especializado en golpes de puño penetrantes que podían fracturar huesos a través de las guardias más sólidas.

La arena del piso 67 era más grande, con un canvas más nuevo y pantallas de alta definición que amplificaban cada gota de sudor. El público, más numeroso y vociferante, olía la sangre prometida. Rubén, de pie en su esquina, realizó su ritual de calentamiento. Su cuerpo, una máquina de 19 niveles de poder, respondía con un zumbido de energía contenida. Su postura había evolucionado; ya no era la guardia alta y rígida de un boxeador novato, sino una posición más baja y centrada, piernas flexionadas, manos listas para bloquear o golpear, un híbrido incómodo pero funcional de todo lo que había absorbido.

Kenshi, en la esquina opuesta, no mostraba emoción. Solo una serenidad mortal. Sus puños, vendados con esmero, se cerraron con un crujido sordo.

El gong sonó.

Kenshi se movió como un resorte, cerrando la distancia con pasos cortos y explosivos. Un directo de su puño derecho se disparó hacia el plexo solar de Rubén. No era el golpe wild de un bruto; era una estocada precisa, económica, destinada a paralizar el diafragma.

La Destreza de 13 de Rubén entró en acción. Su cuerpo se torció ligeramente, permitiendo que el puño rozara su costado. El aire desplazado por el golpe le azotó la piel. Sin perder el equilibrio, Rubén contraatacó con un gancho izquierdo al hígado. Fue rápido, potente, cargado con su Fuerza de 14.

Pero Kenshi no estaba allí. Se había hecho a un lado con una fluidez envidiable, y su codo se estrelló contra el brazo extendido de Rubén. Un dolor agudo, amortiguado por su Salud de 12, le recorrió el miembro. Demasiado abierto, pensó Rubén, maldiciendo internamente su falta de técnica pura.

Así comenzó una danza agotadora. Kenshi era un escultor, tallando lentamente la resistencia de Rubén con golpes precisos y defensivas impenetrables. Sus puños encontraban las costillas, los brazos, los muslos de Rubén. Cada impacto era un recordatorio de que la fuerza bruta, sin dirección, era como un martillo golpeando el agua: hacía ruido, pero no conseguía nada.

Rubén, por su parte, era un toro enfurecido con la astucia de un zorro. Su Inteligencia de 7 le permitía aprender sobre la marcha. Empezó a predecir los ángulos de ataque de Kenshi, a usar su superior Estamina de 11 para forzar un ritmo más alto, para presionar, para convertir la pelea en una guerra de desgaste donde su cuerpo mejorado tenía la ventaja. Esquivaba, absorbía, y contraatacaba con golpes amplios pero devastadores. Un uppercut que rozó la barbilla de Kenshi hizo crujir los dientes del joven karateka y le nubló la mirada por un segundo.

La batalla se prolongó. El sudor salpicaba el canvas. Los gritos del público eran un mar de sonido del que ambos luchadores estaban aislados. Rubén sentía el ardor en sus pulmones, la pesadez en sus piernas. Su Estamina era alta, pero no infinita, y Kenshi era un maestro en gastarla. Cada esquivada, cada bloqueo, cada explosión de fuerza, costaba.

En un momento de pausa, ambos separados por unos metros, jadeando, Rubén sintió esa extraña sensación again, el eco de su Arcano de 9. Sintió una intención concentrada, un foco mortal emanando de Kenshi. Sabía, con una certeza que no venía de la lógica, que el siguiente ataque sería el definitivo.

Kenshi se recolocó, hundió su centro de gravedad y, con un kiai sordo, lanzó un golpe directo con su puño derecho. No era más rápido que los anteriores, pero estaba imbuido de toda su técnica, su concentración, su voluntad. El puño pareció vibrar, cortando el aire como un proyectil.

La Fe de 8 de Rubén se activó. No había duda. No había miedo. Solo la absoluta convicción de que sobreviviría y ganaría. En lugar de esquivar por completo, se giró, presentando su hombro y el músculo de su espalda, la zona más gruesa y resistente de su cuerpo. Al mismo tiempo, con toda la Fuerza de 14 que podía reunir, lanzó su propio golpe, un cross de izquierda directo al rostro de Kenshi, ignorando por completo la defensa.

Fue un intercambio brutal.

El puño penetrante de Kenshi se clavó en el hombro de Rubén con un sonido sordo y enfermizo. Una oleada de dolor blanco y cegador estalló en su sistema nervioso. Sintió cómo algo cedía, cómo un músculo o tal vez un ligamento se desgarraba. Su brazo derecho colgó, inútil, por un instante.

Pero su propio golpe había conectado de lleno.

El puño de Rubén, impulsado por una fuerza sobrehumana, impactó en la mejilla de Kenshi. El crujido de cartílago fue audible incluso sobre el rugido de la multitud. Los ojos de Kenshi se voltearon, su cuerpo se rigidizó y cayó hacia atrás como un árbol derribado, golpeando el canvas con un thud final.

Silencio, por una fracción de segundo. Luego, la explosión atronadora del público.

Rubén se mantuvo de pie, tambaleándose, su hombro derecho una hoguera de dolor. Jadeaba, escupiendo una mezcla de saliva y sangre. Había ganado. Por los pelos, pagando un precio terrible, pero había ganado. Ascendería al Piso 68.

Mientras el árbitro levantaba su mano izquierda, la fría y familiar pantalla azul apareció ante sus ojos.

+480 EXP adquiridos.

Progreso hacia Nivel 3 de Caminante de Umbrales: 34%.

Dinero actual: 1,850,000 Jenny.

Una sonrisa torcida, dolorida pero genuina, se dibujó en sus labios. El dolor era temporal. El dinero y la EXP eran eternos. O, al menos, eran los ladrillos con los que construiría su propia eternidad.

Miró el cuerpo inconsciente de Kenshi siendo atendido. No sentía odio, ni siquiera triunfo. Solo un respeto frío por el obstáculo superado. Cada batalla así era un nivel superado en el juego más importante. Y él, Rubén González, el Caminante de Umbrales, estaba decidido a llegar al final del calabozo, sin importar cuántas veces tuviera que morir y resurrectar en el proceso. La habitación del piso 100 lo esperaba, y más allá, el Examen Cazador y el brillante, esquivo poder del Nen. El camino era tedioso, sí. Era difícil, sin duda. Pero cada gota de sudor y sangre era una inversión en el futuro dios que necesitaba llegar a ser.

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FICHA DE ESTADÍSTICAS – RUBEN GONZALEZ

Habilidad Principal: Caminante de Umbrales (Nivel 2 – 34% de Progreso al Nivel 3)

Mundo Actual: Hunter x Hunter

Ubicación Actual: Torre Celestial, Piso 68 (Ascendiendo)

Dinero Actual: 1,850,000 Jenny

ESTADO GENERAL

Nivel de Usuario: 35

Salud (SAL): 12

Estamina (EST): 11

Fuerza (FUE): 14

Destreza (DES): 13

Inteligencia (INT): 7

Fe (FE): 8

Arcano (ARC): 9

Puntos de Experiencia (EXP) Acumulados: 678

Próximo Nivel de Usuario: ??? EXP (Coste de mejora de stats en aumento constante)

ESTADÍSTICAS DETALLADAS Y SU IMPACTO ACTUAL

1. Salud (SAL): 12

Impacto Actual: Su cuerpo es extremadamente resistente. Puede absorber golpes que fracturarían huesos a un humano normal. El dolor de la lesión en el hombro derecho sufrida contra Kenshi, aunque significativa, es manejable y se recupera a un ritmo notablemente acelerado. Su capacidad de aguante al daño físico es comparable a la de un veterano de guerra con un blindaje corporal natural.

2. Estamina (EST): 11

Impacto Actual: Posee la resistencia de un atleta de élite en su máximo pico. Puede mantener combates de alta intensidad durante periodos prolongados (varios rounds de 5 minutos) sin una merma crítica en su rendimiento. La fatiga se acumula, pero de manera mucho más lenta, permitiéndole presionar en las fases finales de una pelea cuando sus oponentes suelen flaquear.

3. Fuerza (FUE): 14

Impacto Actual: Su fuerza bruta es sobrehumana. Un golpe suyo directo y bien conectado tiene el poder de noquear a casi cualquier oponente que no posea una defensa especializada o una constitución física excepcional. Es capaz de realizar proezas de fuerza como romper tabiques o doblar metales blandos con sus manos. Su golpe final contra Kenshi es un testimonio de este poder devastador.

4. Destreza (DES): 13

Impacto Actual: Sus reflejos, agilidad y coordinación están muy por encima del límite humano. Puede esquivar ataques sorpresa con margen de sobra, sus contraataques son rápidos y precisos, y su control corporal le permite mantener el equilibrio en situaciones de fuerza extrema. Aunque su técnica es autodidacta, la velocidad y fineza de sus movimientos la hacen efectiva.

5. Inteligencia (INT): 7

Impacto Actual: Su mente es notablemente más aguda en combate. Aprende de los patrones de ataque del enemigo con una rapidez significativa, permitiéndole adaptar su estrategia a mitad de la pelea. Comienza a entender los principios fundamentales de las artes marciales que observa, aunque aún le falta la base para replicarlas a la perfección. Su aprendizaje teórico (videos, textos) es más eficiente.

6. Fe (FE): 8

Impacto Actual: No es fe religiosa, sino una voluntad inquebrantable y una confianza férrea en sí mismo. Esta convicción le permite soportar el dolor y la adversidad con una fortaleza mental envidiable. En momentos críticos, puede “apretar los dientes” y sacar fuerza de donde parece no haber, ignorando lesiones que incapacitarían a otros. Es la armadura de su espíritu.

7. Arcano (ARC): 9

Impacto Actual: Esta estadística sigue siendo la más enigmática pero muestra efectos sutiles. Ruben ha desarrollado una especie de “intuición de combate” o percepción extrasensorial baja. Puede “sentir” la intención de un golpe crítico o el flujo de la batalla, lo que se traduce en corazonadas que a menudo son correctas. Es el primer atisbo de una sensibilidad hacia lo que podría ser la energía más allá de lo físico, un presagio del potencial para percibir el Nen.

HABILIDADES ESPECIALES

Caminante de Umbrales (Nivel 2 – 34%):

Energía Dimensional: [No especificada en el fragmento, pero se asume en recarga post-batalla].

Funcionalidades Desbloqueadas:

Viaje Interdimensional (1 mundo aleatorio accesible).

Interfaz de Estadísticas de Usuario.

Inventario (aún no explorado/utlizado).

Contador de Riqueza Automático.

Próximo Nivel: La anticipación por el Nivel 3 es alta, prometiendo posiblemente nuevas y cruciales funcionalidades.

SISTEMA DE PROGRESIÓN

Ganancia de EXP: La dificultad del oponente dicta la recompensa. Pisos 60-70: ~400-500 EXP por victoria. Se estima que pisos superiores (>100) otorgarán 1000+ EXP.

Coste de Mejora: Los costes escalan drásticamente. Mejorar stats físicos principales (FUE, DES) de niveles 13/14 en adelante requiere miles de EXP por punto, ralentizando su crecimiento puro y forzándolo a buscar fuentes de EXP más ricas (oponentes más fuertes).

RESUMEN Y CONTEXTO INMEDIATO

Estado Físico Actual: Ruben se encuentra en un pico de condición física sobrehumana, pero está llegando a un plateau donde la técnica refinada comienza a superar a la estadística bruta. Sufre una lesión significativa en el hombro derecho tras su última pelea, una prueba de que a pesar de sus stats, sigue siendo vulnerable.

Estrategia de Desarrollo: Ha comenzado a diversificar su inversión de EXP en stats mentales/espirituales (INT, FE, ARC) en un intento de forjar una base más completa y, quizás, desbloquear el Nen. Esta es una estrategia a largo plazo.

Próximos Objetivos:

Sanar la lesión en el hombro.

Continuar el ascenso por la Torre Celestial, con la vista puesta en el Piso 100 y su recompensa de alojamiento permanente.

Seguir acumulando Jenny y, sobre todo, grandes cantidades de EXP para su siguiente gran ronda de mejoras y para alcanzar el Nivel 3 de su habilidad.

El objetivo final a medio plazo sigue siendo llegar al Piso 200, retirarse a tiempo y presentarse al Examen Cazador para obtener acceso al Nen.

Observación Clave: Ruben es ahora un luchador de élite dentro del contexto de los no usuarios de Nen. Sin embargo, es plenamente consciente de que este es solo el primer escalón en un universo lleno de amenazas que operan en un nivel de poder completamente diferente. Su viaje de forja personal acaba de entrar en una fase crítica.

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FICHA DE ESTADÍSTICAS – RUBEN GONZALEZ (Piso 90)

Habilidad Principal: Caminante de Umbrales (Nivel 2 – 53% de Progreso al Nivel 3)

Mundo Actual: Hunter x Hunter

Ubicación Actual: Torre Celestial, Piso 90 (Próxima batalla: Ascenso al Piso 93)

Dinero Actual: 8,500,000 Jenny (aproximadamente)

ESTADO GENERAL

Nivel de Usuario: 58

Salud (SAL): 16

Estamina (EST): 15

Fuerza (FUE): 15

Destreza (DES): 15

Inteligencia (INT): 10

Fe (FE): 9

Arcano (ARC): 12

Puntos de Experiencia (EXP) Acumulados: 3,250

Próximo Nivel de Usuario: ??? EXP (Costes de mejora extremadamente altos)

ANÁLISIS TÁCTICO ACTUAL

Enfoque Defensivo: La priorización de SAL (16) y EST (15) sobre un aumento marginal de FUE y DES demuestra una evolución mental. Rubén comprende que en los pisos altos, la capacidad de absorber castigo y mantener la presión es más crucial que un poder bruto que no puede ser aplicado consistentemente.

Mente Estratégica: INT 10 le otorga una claridad táctica notable. Puede desglosar estilos de pelea complejos en componentes básicos y anticipar estrategias enemigas con varios movimientos de antelación.

Voluntad Inquebrantable: FE 9 solidifica su espíritu. Las derrotas cercanas no lo desmoralizan; instead, alimentan una determinación fría y calculadora.

Percepción Sobrenatural: ARC 12 es ahora un activo crucial. Sus “corazonadas” son casi visiones tácticas, permitiéndole sentir flujos de combate y puntos de peligro antes de que se materialicen. Es el pilar de su defensa contra oponentes más técnicos.

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El aire en los pisos 90 era diferente. No era solo el olor a limpiador industrial y sudor ambicioso de los pisos bajos. Aquí olía a dinero, a gloria secuestrada, a la desesperación silenciosa de aquellos que podían oler el piso 100 pero no alcanzarlo. Para Rubén, cada respiración era un recordatorio de lo lejos que había llegado y lo frágil que era su posición.

Sus batallas desde el piso 70 habían sido una letanía de sufrimiento y triunfo agónico. Había enfrentado a un luchador que usaba un estilo de “emboscada”, escondiéndose en los ángulos muertos de la arena hasta que era demasiado tarde. Otro, un maestro del Krav Maga, se especializaba en desarmar y destrozar articulaciones con una eficiencia aterradora. Rubén había ganado, pero a un costo. Moretones profundos, un esguince de tobillo que su SAL 16 había sanado en días en lugar de semanas, y la creciente certeza de que estaba operando al límite absoluto de sus capacidades.

Fue en el piso 90 donde casi lo echan de la Torre. Su oponente, un hombre que se hacía llamar “El Fantasma”, se movía con una velocidad que su DES 15 apenas podía rastrear. Un golpe, un único y preciso golpe a la sien, había sido lo único que El Fantasma necesitó. Rubén no lo vio venir; fue su ARC 12, gritando en su mente como una alarma de sirena, lo que lo impulsó a torcer el cuello en el último microsegundo. El puño, destinado a noquearlo, solo lo rozó, pero la onda de impacto fue suficiente para dejarle un zumbido en el oído durante horas y una lección grabada a fuego: aquí, un error significaba el fracaso.

Esa experiencia fue la que definió su nueva estrategia de crecimiento. La fuerza bruta tenía un techo. La velocidad pura, también. Lo que necesitaba era resiliencia. La capacidad de cometer un error y sobrevivir para aprender de él. Invirtió masivamente en SAL y EST, sintiendo cómo su cuerpo se volvía más una fortaleza que una espada. Aumentar FUE y DES a 15 fue un compromiso, un intento de mantener su poder ofensivo sin descuidar su nueva filosofía defensiva. INT 10 le permitía procesar estas batallas a alta velocidad, aprendiendo más de cada derrota cercana que de cualquier victoria fácil. FE 9 lo mantenía firme, impidiendo que la duda se instalara en su corazón. Y ARC 12… ARC 12 era su red de seguridad, su sexto sentido en un mundo de depredadores.

Ahora, en la antesala de su batalla por el piso 93, sentía la presión de una manera nueva. No era el miedo paralizante de sus primeros días, sino una tensión de alta fidelidad, como la cuerda de un arco a punto de lanzar una flecha. Su habilidad, el Caminante de Umbrales, progresaba con una lentitud exasperante. 53%. Estaba a medio camino de un nuevo poder, pero ese camino era una escalera hacia el cielo, cada peldaño más alto y más difícil que el anterior.

Su oponente era conocida como “Garza Escarlata”. El nombre le llegó acompañado de susurros y de una grabación borrosa que vio en una pantalla pública. Mostraba a una mujer de belleza casi hipnótica. Tenía el cabello negro azabache recogido en un moño alto que acentuaba la elegancia de su cuello. Sus ojos, almendrados y de un color ámbar penetrante, no transmitían emoción, solo una evaluación calculadora. Vistía un qipao ajustado de seda escarlata que, lejos de ser un impedimento, realzaba cada curva de su cuerpo: unos hombros esculpidos, un torso esbelto, unas caderas pronunciadas que se movían con un balanceo mesurado y, lo más notable, unas piernas infinitas, cubiertas por la seda hasta mitad del muslo, que parecían talladas en mármol vivo. Eran piernas que no solo eran sensuales; eran armas. Muslos definidos, pantorrillas tensas y unos pies descalzos cuyos dedos se agarraban al suelo con la seguridad de un felino.

Mientras se calentaba en su esquina, Rubén no podía evitar sentirse observado de una manera distinta. No era la mirada de un rival que busca puntos débiles técnicos, era la mirada de un depredador que evalúa a su presa. Su ARC 12 le envió un escalofrío persistente, una sensación de peligro inminente que se centraba en esas piernas. Ella, por su parte, realizaba su rutina de calentamiento con una gracia mortífera. Estiramientos que mostraban una flexibilidad sobrenatural, balanceos de pierna que cortaban el aire con un silbido siniestro. No calentaba brazos ni puños. Su enfoque era total, exclusivo.

El gong sonó, y el silencio se apoderó de la elegante arena del piso 90. Alfombra roja, cuerdas blancas inmaculadas, un público más selecto y silencioso.

Garza Escarlata asumió su postura. Era extrañamente erguida, casi relajada. Su pie izquierdo adelantado, la punta apuntando hacia él, la rodilla ligeramente flexionada. Sus manos, abiertas y relajadas, se mantenían cerca de su torso, listas para bloquear o guiar, pero no para golpear. El mensaje era claro: todo el poder residía de la cintura para abajo.

Rubén, con su Fe 9 firmemente asida, adoptó su guardia mejorada. Piernas más separadas para una base más sólida, centro de gravedad bajo, manos altas para proteger la cabeza pero con los codos pegados al cuerpo para defender el torso. Era una postura diseñada para absorber y contrarrestar, no para buscar el intercambio.

Los primeros segundos fueron un tenso juego de miradas. Ella no se movió. Estudió. Rubén, con su INT 10, hizo lo mismo. Calculó la distancia. El alcance de sus piernas era enorme, probablemente mayor que el de sus brazos. Acercarse sería suicida.

Fue ella quien rompió el estancamiento. Un movimiento tan fluido que pareció no usar músculos. Su pierna derecha se elevó en un chassé lateral, un movimiento de baile mortal, y su pie, con los dedos apuntando como una daga, se disparó hacia la rodilla de Rubén.

Fue increíblemente rápida. Pero la combinación de DES 15 y ARC 12 de Rubén funcionó. Su cuerpo reaccionó antes de que su mente terminara de procesar la imagen. Giró la pierna, tomando el golpe en el músculo del muslo externo en lugar de en la rótula. El impacto fue seco y doloroso, como si le hubieran golpeado con un bate de béisbol de goma. Su SAL 16 amortiguó el daño, pero sintió el hormigueo adormecedor. Si ese golpe hubiera conectado una semana antes, su rodilla habría cedido.

Esa fue la pauta. La Garza Escarlata inició una danza macabra. Era una maestra del Savate francés y algo más, un estilo que incorporaba patadas bajas y barridos devastadores con una elegancia letal. Patadas circulares (fouetté) que azotaban sus costillas. Barridos (balayage) que buscaban derribarlo. Y siempre, siempre, manteniendo una distancia perfecta.

Rubén era un roca siendo esculpida por un océano. Absorbía, bloqueaba, esquivaba. Sus brazos y piernas empezaron a magullarse bajo el constante bombardeo. Un coup de pied bas se coló bajo su guardia y le golpeó el hígado, haciendo que jadeara y viera estrellas. Su EST 15 le permitió recuperarse lo suficiente como para bloquear la siguiente patada alta dirigida a su cabeza.

No podía acercarse. Cada intento era respondido con una patada de push (chassé frontal) que lo empujaba hacia atrás, rompiendo su momentum. Su FUE 15 era inútil si no podía entrar en el rango para usarla.

Tiene que haber un patrón, pensó, su INT 10 trabajando a toda máquina, filtrando el dolor y el ruido. No es aleatorio. Es una coreografía.

Se concentró, ignorando el dolor punzante en sus costillas. Observó sus caderas. La clave no estaba en los pies, sino en el movimiento de sus caderas justo antes de cada patada. Un ligero giro anunciaba una patada circular. Un pequeño balanceo hacia atrás, un barrido.

Y entonces, su ARC 12 le entregó un fragmento de insight. Sintió una “apertura”, no en su defensa, sino en la de ella. Un breve instante de vulnerabilidad, de no más de medio segundo, justo después de una patada circular alta, cuando su pierna de apoyo estaba ligeramente desequilibrada para mantener la extensión estética de su ataque.

Era su oportunidad. La próxima vez que lanzara un fouetté alto, tendría que arriesgarlo todo.

La Garza Escarlata, impasible, continuó su asalto. Un barrido fallido, un golpe bajo al muslo, y entonces, buscando quizás el golpe final, giró su cadera con un fluido mortífero y lanzó un fouetté perfecto, su pierna como un látigo dirigido a la sien de Rubén.

El tiempo se desaceleró. Rubén no esquivó hacia atrás. En lugar de eso, con una fe (FE 9) ciega en su corazonada, se lanzó hacia adelante. Agachó la cabeza, sintiendo el viento de la patada pasar a centímetros de su nuca. Su mundo se redujo a ese medio segundo de ventana.

Su pierna de apoyo estaba ahí, expuesta. Con toda la Fuerza 15 que pudo reunir en un único movimiento, Rubén lanzó un gancho bajísimo, no a su cuerpo, sino al costado de su rodilla de apoyo.

El crujido no fue de hueso, sino de tendón y equilibrio forzado al límite. La Garza Escarlata emitió un grito ahogado, un sonido de sorpresa y dolor genuino. Su perfecta postura se quebró. Tambaleándose, su pierna de patada cayó al canvas, incapaz de soportar su peso.

Rubén no se detuvo. La tormenta había pasado; era el momento del contraataque. Ignorando el dolor en todo su cuerpo, se abalanzó. Ella, aún tambaleándose, intentó una patada de push desesperada. Él la absorbió con su pecho (SAL 16 gritando en protesta), atrapó su pierna con un brazo y, con su otra mano, lanzó un directo controlado pero potentísimo (FUE 15) directamente a su mandíbula.

El impacto fue limpio y decisivo. Sus ojos ámbar rodaron hacia atrás, y su cuerpo, antes una figura de gracia letal, se desplomó en un montón inconsciente de seda escarlata y miembros elegantes.

La victoria no llegó con una explosión de euforia, sino con un silencio jadeante y dolorido. Rubén se desplomó de rodillas, jadeando, su cuerpo una sola y palpitante herida. Había ganado. Había llegado al Piso 93.

La pantalla azul, su frío y objetivo juez, apareció ante sus ojos nublados por el esfuerzo.

+850 EXP adquiridos.

Progreso hacia Nivel 3 de Caminante de Umbrales: 55%.

Dinero actual: 9,800,000 Jenny.

Miró el cuerpo derrotado de la Garza Escarlata. No sentía triunfo, solo un respeto agotado y la certeza de que los siguientes siete pisos serían el infierno mismo. Pero había perseverado. Había leído el patrón, había confiado en su instinto y había ejecutado con la fuerza que tan diligentemente había cultivado. Era, en esencia, la lección más pura de un juego Souls: la muerte es un maestro, y la perseverancia, la única moneda que importa. Se levantó con dificultad, cada músculo protestando. El piso 100 lo esperaba, y él, aunque sangrante y magullado, estaba un paso más cerca.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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