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El viajero interdimensional - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capitulo 3 Tecnicas
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4: Capitulo 3: Tecnicas 4: Capitulo 3: Tecnicas Cada paso después de la victoria contra la Garza Escarlata fue una agonía consciente.

Rubén había cruzado un umbral dentro de sí mismo; ya no era el novato que se sorprendía por cada nueva hazaña de su cuerpo, sino un veterano cansado que sentía el peso de cada gramo de músculo magullado y cada tendón inflamado.

Los pisos 93, 94 y 95 fueron una espiral ascendente de brutalidad refinada.

Sus oponentes ya no cometían errores tontos.

Sus estilos eran economías perfectas de movimiento, donde cada gesto tenía el propósito dual de atacar y defender.

Ganó, pero fueron victorias pirricas que lo dejaron más vacío que eufórico.

Su cuerpo, con SAL 16 y EST 15, era un bastión, pero un bastión sitiado.

Su mente, con INT 10, era un general táctico, pero cuyas tropas (su cuerpo) estaban llegando al límite de su entrenamiento.

La ventaja que sus estadísticas le daban se estaba reduciendo peligrosamente.

Sus oponentes en el piso 95 lo habían enfrentado con una técnica tan pulida que su fuerza bruta y sus reflejos apenas bastaron para lograr una victoria por decisión dividida, algo que sintió como una derrota moral.

La sombra de la próxima batalla, la del Piso 96, se cernía sobre él como un nubarrón de certidumbre negativa.

Sabía, con cada fibra de su ser, que su yo actual no sería suficiente.

Necesitaba algo más.

Un salto cualitativo, no solo cuantitativo.

Tenía EXP acumulada para un solo nivel.

Un único punto de stat que colocar.

Pero ¿dónde?

Se encerró en su pequeña habitación de alquiler, el sudor frío de la indecisión pegándole la camiseta a la espalda.

Sentado en el suelo, con los ojos cerrados, repasó sus opciones.

· Salud (16): Más vida.

Siempre útil.

Pero ¿de qué servía ser un saco de boxeo más duro si no podía golpear con fuerza suficiente o alcanzar a su oponente?

· Estamina (15): Más energía.

Vital para peleas largas.

Pero, de nuevo, era una solución defensiva, reactiva.

No le daba una herramienta para cambiar el ritmo de la pelea.

· Fuerza (15): Un golpe más potente.

Tentador.

Pero su fuerza ya era sobrehumana.

El problema no era la potencia de su golpe, sino llegar a conectar ese golpe contra oponentes más rápidos y escurridizos.

· Destreza (15): Aquí estaba.

La velocidad, los reflejos, la coordinación.

Si no podía ser más fuerte, tal vez pudiera ser más rápido.

La velocidad podía ser tanto un escudo como una espada.

Podía esquivar lo que no podía bloquear y golpear donde su oponente no esperaba.

Contra la Garza Escarlata, la velocidad de sus patadas había sido su mayor obstáculo.

La decisión se cristalizó en su mente.

No era la más segura, pero era la que ofrecía la mayor posibilidad de evolución.

Concentrándose, asignó el preciado punto a Destreza, elevándola de 15 a 16.

El familiar calor de la mejora fluyó por sus venas, una sensación que ya no era sorprendente, sino reconfortante.

Sintió cómo sus terminaciones nerviosas se afinaban, cómo la percepción de su propio cuerpo en el espacio se hacía más aguda, como si hubieran quitado un velo de sus sentidos.

Se sentía más ligero, más conectado.

Y entonces, pasó algo completamente nuevo.

La pantalla azul, que normalmente mostraba sus stats y se desvanecía, brilló con una intensidad cegadora.

Una notificación dorada, adornada con runas que parpadeaban suavemente, apareció en el centro de su visión, superpuesta a todo lo demás.

¡Felicidades, Usuario!

Has cumplido los requisitos para desbloquear una Técnica del Grimorio Infinito.

Técnica Desbloqueada: Soru (Seis Reinos – One Piece).

¡La pestaña [TÉCNICAS] ha sido añadida a tu interfaz!

Rubén se quedó boquiabierto, su proceso de pensamiento se detuvo en seco.

¿Soru?

¿La técnica de movimiento supersónico de One Piece?

¿El Grimorio Infinito?

Su corazón comenzó a latir con una fuerza desbocada.

Esto no era solo una mejora numérica; era una habilidad real, tangible, de otro mundo.

Con la mente temblorosa de emoción, navegó por la interfaz.

Efectivamente, junto a las pestañas de [ESTADÍSTICAS] y [INVENTARIO], ahora había una nueva, brillante con el título [TÉCNICAS].

Al concentrarse en ella, la pantalla se transformó.

Era como adentrarse en una biblioteca cósmica.

Ante él se desplegaba una lista aparentemente infinita de habilidades, técnicas y sistemas de poder, organizados en categorías etéreas.

Cada entrada brillaba con una luz tenue, y algunas, como la de Soru, brillaban con un resplandor dorado, indicando que estaban “desbloqueadas” o “aprendidas”.

Seleccionó Soru.

Una ventana de información se desplegó.

TÉCNICA: SORU (Paso Veloz) Mundo de Origen: One Piece Tipo: Movimiento / Artes Marciales Requisitos: Destreza 16, Estamina 13.

Descripción: Permite al usuario moverse a velocidades extremas pateando el suelo decenas de veces en una fracción de segundo.

Para un observador normal, el usuario parece teletransportarse.

Maestría: Novato (0%) Notas:Alto consumo de estamina.

Se requiere un control corporal excelente para cambios de dirección precisos.

La emoción lo inundó.

¡Era real!

Podía aprenderla, practicarla.

Esto cambiaba todo.

Ya no estaría limitado a la velocidad que su cuerpo natural pudiera alcanzar.

Luego, impulsado por una curiosidad febril, comenzó a navegar por el Grimorio.

Era abrumador.

Vio técnicas de espada de Bleach que requerían niveles absurdos de Destreza y un stat nuevo llamado “Reiatsu” que aún estaba en gris.

Encontró los principios del Alquimismo de Fullmetal Alchemist, que necesitaban una Inteligencia monumental y un Arcano elevado para comprender la “Verdad” del universo.

Vio magias elementales de Fairy Tail y docenas de otros mundos, cada una con sus costosos requisitos de Inteligencia, Fe y Arcano.

Y entonces, encontró las secciones más grandes, las que contenían los Sistemas de Poder fundamentales.

Con el corazón en un puño, buscó Nen.

SISTEMA DE PODER: NEN (Aura) Mundo de Origen: Hunter x Hunter Tipo: Energía Vital / Manipulación de Aura Requisitos: Arcano 18, Inteligencia 15, Fe 10.

Descripción:Sistema para manipular la energía vital de uno mismo (Aura).

Permite la creación de habilidades únicas (Hatsu) basadas en la personalidad del usuario.

Se divide en los Cuatro Principios Mayores (Ten, Zetsu, Ren, Hatsu) y los Seis Tipos de Nen (Reforzamiento, Emisión, Transformación, Materialización, Manipulación, Especialización).

Estado:Bloqueado.

Requisitos no cumplidos.

Rubén asintió lentamente.

Tenía sentido.

El Nen era energía vital y mental.

Un Arcano alto para percibir y manipular la energía, Inteligencia para comprender sus complejos principios y Fe (voluntad) para imponerla sobre la realidad.

Estaba cerca, pero no lo suficiente.

Necesitaba 6 puntos más en Arcano y 5 en Inteligencia.

Era un objetivo tangible, un faro en su entrenamiento.

Luego, casi con temor, buscó Haki.

SISTEMA DE PODER: HAKI Mundo de Origen: One Piece Tipo: Voluntad / Energía Espiritual Requisitos: Salud 25, Estamina 22, Fuerza 24, Destreza 20, Fe 25.

Descripción:Manifestación de la fuerza espiritual.

Tres tipos: Kenbunshoku (Observación), Busoshoku (Armadura) y Haoshoku (Rey).

Permite predecir movimientos, crear armadura invisible y dotar de voluntad a los ataques, y dominar la voluntad de otros.

Estado:Bloqueado.

Requisitos no cumplidos.

Silbó suavemente.

El Haki era puramente físico y de voluntad.

Requería ser un monstruo físico (FUE, DES, SAL, EST por encima de 20) y poseer una voluntad sobrehumana (FE 25).

Era el camino del guerrero puro, y estaba a años luz de su alcance actual.

Finalmente, conteniendo la respiración, buscó la entrada que más miedo le causaba: Ki.

SISTEMA DE PODER: KI (Energía de Vida) Mundo de Origen: Dragon Ball Z Tipo: Energía Biofísica / Manipulación de Energía Requisitos: Salud 40, Estamina 45, Fuerza 38, Destreza 42, Inteligencia 35, Fe 28, Arcano 48.

Descripción:Control de la energía latente en cada célula del cuerpo.

Permite vuelo, emisión de energía (Ki Blasts), multiplicación de fuerza y velocidad, y técnicas devastadoras.

La escala de poder es potencialmente infinita.

Estado:Bloqueado.

Requisitos no cumplidos.

El rostro de Rubén palideció hasta quedar completamente lívido.

Un frío glacial se apoderó de su corazón, más penetrante que cualquier golpe recibido en la Torre.

Los números bailaban ante sus ojos, burlándose de él.

Arcano 48.

Estamina 45.

Destreza 42.

Eran números que sonaban a leyenda, a dioses.

Si esos eran los requisitos mínimos para simplemente aprender a usar el Ki, entonces la brecha de poder entre él y el más débil de los guerreros Z era abismal.

Una oleada de claridad aterradora lo golpeó.

Yamcha, el hazmerreír del fandom, el que siempre moría primero…

en este momento, podría reducir a Rubén a un montón de átomos sin apenas esfuerzo.

Krillin, el humano más fuerte de la Tierra, era una entidad que ni siquiera podía comprender.

Y eso sin hablar de los Saiyajins.

Su plan de volverse lo suficientemente fuerte para enfrentar las amenazas de su mundo de repente pareció ridículamente ingenuo, como una hormiga planeando derribar una montaña con un palillo.

La desesperación intentó ahogarlo, pero entonces, su mirada volvió a caer en la entrada dorada de Soru.

Y luego, en la lista infinita del Grimorio.

No todo estaba perdido.

Lejos de ello.

Ahora tenía un mapa.

Tenía una hoja de ruta clara.

El poder no era un misterio; era una ecuación.

Necesitaba stats específicos para desbloquear habilidades específicas.

Podía mezclar y combinar, crear una build única, un arsenal de poderes de diferentes universos que nadie en Dragon Ball podría anticipar.

El Soru era el primer paso.

Una técnica de otro mundo que, dominada, le daría una ventaja de velocidad abrumadora en este nivel de la Torre.

Podía esquivar, contraatacar y reposicionarse de maneras que sus oponentes ni siquiera podrían soñar.

Se levantó, una nueva determinación ardiendo en sus ojos.

La batalla del piso 96 ya no era una sentencia de muerte; era un campo de pruebas.

Un lugar para estrenar su nueva arma.

Abrió la ventana de su habitación, mirando la imponente silueta de la Torre Celestial que se perdía en las nubes.

El camino era más largo de lo que imaginaba, pero por primera vez, podía ver el sendero con absoluta claridad.

No solo estaba subiendo pisos; estaba ascendiendo por un árbol de habilidades cósmico, y cada punto de EXP, cada gota de sudor, lo acercaba a una rama nueva y poderosa.

La interfaz del Caminante de Umbrales aún no alcanzaba el Nivel 3, pero este nuevo sistema, el Grimorio Infinito, era un poder tan monumental que hacía palidecer cualquier otra mejora.

Rubén sonrió, un gesto frío y lleno de propósito.

El juego había cambiado.

Y él acababa de leer el manual de instrucciones.

————– FICHA DE ESTADÍSTICAS – RUBEN GONZALEZ (Pre-Batalla Piso 96) Habilidad Principal: Caminante de Umbrales (Nivel 2 – 67% de Progreso al Nivel 3) Mundo Actual:Hunter x Hunter Ubicación Actual:Torre Celestial, Piso 95 (Próxima batalla: Ascenso al Piso 96) Dinero Actual:13,200,000 Jenny — ESTADO GENERAL · Nivel de Usuario: 59 · Salud (SAL): 16 · Estamina (EST): 15 · Fuerza (FUE): 15 · Destreza (DES): 15 (+1) · Inteligencia (INT): 10 · Fe (FE): 9 · Arcano (ARC): 12 · Puntos de Experiencia (EXP) Acumulados: 210 · Próximo Nivel de Usuario: ???

EXP — NUEVAS HABILIDADES DESBLOQUEADAS · Técnica: Soru (One Piece)  · Requisitos: DES 16, EST 13.

· Estado: Aprendida.

Sin dominio.

· Descripción: Una técnica de movimiento ultra-rápido que permite al usuario moverse a velocidades imperceptibles para el ojo normal, aparentando teletransportarse.

Se ejecuta pateando el suelo decenas de veces en un instante para generar una propulsión explosiva.

· Coste: Alto consumo de Estamina.

· Efecto Actual: Velocidad de movimiento corto aumentada en un 300%.

Tiempo de reacción en esquiva mejorado.

Aún en fase de práctica, el control de la dirección y la parada precisa son deficientes.

———- El aire en la arena del piso 96 era denso, cargado con la electricidad estática de la anticipación y el sudor de batallas pasadas.

Para Rubén, cada respiración era un ejercicio de control.

Su cuerpo, aunque mejorado, aún guardaba la memoria del dolor de sus peleas anteriores, y la sombra del monstruo musculoso frente a él era un recordatorio tangible de que cada paso hacia arriba era un paso más cerca del abismo.

Su oponente se hacía llamar “Goliath”.

Era un nombre poco imaginativo para una presencia tan abrumadora.

Medía fácilmente más de dos metros, con un torso en forma de barril y unos brazos que parecían troncos de roble.

Sus músculos, definidos con una precisión anatómica grotesca, no eran solo para mostrar.

Cada uno de ellos estaba cableado con fibras de explosiva velocidad.

Rubén había estudiado sus cintas.

Goliath no era un bruto lento; era un depredador que se especializaba en tormentas de golpes cortos y devastadores dirigidos a puntos críticos: hígado, plexo solar, mandíbula, sien.

Su estrategia era simple y brutal: abrumar, romper la guardia con pura potencia concentrada, y luego terminar la pelea con una lluvia de golpes que no daba tregua para recuperarse.

El gong sonó, y Goliath cargó como un rinoceronte enfurecido.

La velocidad era, como Rubén había temido, alarmante.

Un jab de su puño izquierdo, del tamaño de un jamón, silbó en el aire, buscando la nariz de Rubén.

Su Destreza 16 le permitió torcer la cabeza, sintiendo el viento del golpe cortarle la piel de la mejilla.

No había tiempo para pensar.

Un gancho al hígado siguió, luego un uppercut que pretendía desprender su cabeza de los hombros.

Rubén se convirtió en un espectro defensivo.

Bailaba en el filo de la navaja, usando su postura mejorada -fruto de su INT 10 y la experiencia sangrienta- para desviar, bloquear y absorber.

Cada bloqueo en sus brazos enviaba una vibración dolorosa hasta sus hombros.

Su SAL 16 era puesta a prueba una y otra vez; golpes que habrían fracturado costillas en un hombre normal solo le dejaban magulladuras profundas y un dolor sordo y persistente.

No podía enfrentarse a Goliath directamente.

Su FUE 15 era significativa, pero contra la masa pura y la técnica destructiva de su oponente, un intercambio limpio sería un suicidio.

Su plan, fraguado en los momentos de quietud antes de la pelea, se puso en marcha.

Comenzó a moverse, a rodear, a usar su agilidad superior (DES 16) para evitar quedar acorralado.

Atacaba con rapidez: un directo a las costillas flotantes de Goliath, una patada baja a su muslo, un golpe corto a la boca del estómago cuando se abría tras un ataque fallido.

Eran golpes de mosquito para un elefante, pero los mosquitos, en suficiente número, pueden agotar incluso al animal más grande.

Su estrategia era el desgaste.

Gastar la estamina de Goliath, acumular daño poco a poco, buscar una apertura.

Y si esa apertura no llegaba, o si la situación se volvía insostenible, tenía un as en la manga, una carta que jamás había mostrado en la Torre: el Soru.

La pelea se desarrolló como un violento ballet de fuerza contra velocidad.

Goliath gruñía con cada golpe, su respiración empezaba a sonar como un fuelle roto.

Rubén jadeaba, su EST 15 siendo drenada por el constante esfuerzo de evasión y los contraataques rápidos.

La multitud rugía, dividida entre los que admiraban la potencia cruda de Goliath y los que apreciaban la resistencia escurridiza de Rubén.

— En las gradas, en una posición privilegiada que le permitía una vista perfecta del ring, se sentaba la Garza Escarlata.

No llevaba su qipao de combate, sino un elegante vestido negro que contrastaba con su piel pálida y acentuaba su belleza severa.

Sus ojos ámbar, usually llenos de una confianza helada, ahora estaban nublados por una mezcla de curiosidad y una irritación que se negaba a admitir.

Ella había llegado al piso 90, y luego al 93, utilizando una herramienta tan letal como sus patadas: la psicología.

Los hombres, sin excepción, subestimaban su belleza o se dejaban distraer por ella.

Un destello de pierna, un movimiento que acentuaba una curva, y la guardia de sus oponentes se abría como una flor envenenada.

Para ellos, ella era un objeto de deseo hasta el momento en que su talón conectaba con sus sienes.

Rubén había sido la excepción.

No había lujuria en sus ojos, ni condescendencia.

Solo la fría evaluación de un depredador que ve a otro.

La había tratado como a un igual, como a una amenaza pura, y la había derrotado con una combinación de instinto, resistencia y un golpe calculado que aún le hacía doler la mandíbula al recordarlo.

Su ego, ese orgullo cuidadosamente cultivado de ser la mujer más peligrosa y deseable de los pisos medios, se había visto agriado.

No era un odio visceral; era la picazón de un misterio sin resolver.

¿Qué tenía él que los demás no tuvieran?

¿Por qué no había caído en su juego?

Ahora lo observaba, analizando cada movimiento, buscando el secreto de su éxito contra ella.

Y lo que veía la confundía aún más.

Contra Goliath, Rubén lucía…

ordinario.

Luchaba bien, con una resistencia envidiable y unos reflejos excelentes, pero no veía esa chispa de genialidad táctica que había esperado.

Era la misma lucha de desgaste que cualquiera con su físico y determinación podría intentar.

Una punzada de decepción la recorrió.

¿Había sido su derrota solo un golpe de suerte?

¿Un error de cálculo de su parte?

— En el ring, la situación se volvió crítica.

Goliath, frustrado por la escurridiza presa, cambió de táctica.

Con un rugido, se abalanzó, ignorando un golpe de Rubén a su costado, y lo atrapó en un clinch.

Sus brazos, como constrictores, se cerraron alrededor del torso de Rubén, apretando.

El aire fue expulsado de sus pulmones con un silbido.

La presión era monstruosa.

Rubén sintió cómo sus costillas gemían bajo la tensión.

Su visión comenzó a nublarse en los bordes.

Goliath sonrió, un gesto brutal, y levantó la cabeza para golpear su frente contra la nariz de Rubén.

Era el momento.

No había más espacio para el desgaste.

Era ahora o nunca.

Rubén cerró los ojos por una fracción de segundo.

No fue una invocación, sino un acto de pura voluntad.

Su mente se vació de todo excepto del conocimiento de la técnica.

Diez patadas en un instante.

Concentrar la fuerza.

El suelo es el trampolín.

Su EST 15, ya mermada, fue drenada de repente en un chorro masivo.

Una explosión de energía recorrió sus piernas.

Para los espectadores, y para Goliath, sucedió lo imposible.

Rubén no se soltó, no forcejeó.

Simplemente desapareció.

No fue un movimiento rápido.

Fue una desmaterialización.

Un parpadeo en la realidad.

Goliath, cuyo poderoso golpe de cabeza solo encontró el vacío, se tambaleó hacia adelante, la confusión grabada en su rostro.

El peso en sus brazos había desaparecido.

Un susurro, el sonido de un trueno contenido, se escuchó justo detrás de su oído derecho.

Para Rubén, la experiencia fue vertiginosa.

El mundo se convirtió en una ráfaga de color y sonido distorsionado.

Sintió el suelo bajo sus pies siendo golpeado repetidamente a una velocidad imposible, una vibración que le subió por las piernas como una descarga eléctrica.

Luego, la quietud.

Se encontró de pie, firmemente plantado, justo detrás de la espalda indefensa de Goliath.

El esfuerzo fue brutal; su pecho ardía, sus piernas temblaban, y una oleada de náuseas lo invadió.

El Soru, en su estado novato, era un arma de doble filo que consumía tanto al usuario como sorprendía al enemigo.

No había tiempo para la recuperación.

Con la última fracción de su fuerza, canalizando toda su FUE 15 en un solo punto, lanzó un puñetazo perfecto, un shuto o “mano cuchillo” dirigido con precisión quirúrgica a la base del cráneo de Goliath, justo donde la médula espinal se encuentra con el cerebro.

El impacto fue seco, sordo, y definitivo.

No hubo crujido de huesos, solo la interrupción instantánea de las señales nerviosas.

Los ojos de Goliath se dilataron en un estupor incrédulo, sus músculos de acero se convirtieron en gelatina, y se desplomó hacia adelante como un roble derribado, golpeando el canvas con un sonido que silenció por completo a la multitud.

El silencio fue absoluto durante un largo segundo.

Luego, el estallido.

El árbitro, tan atónito como todos, contó mecánicamente hasta diez antes de levantar la mano temblorosa de Rubén.

Él permaneció de pie, jadeando, sintiendo que las piernas le flaqueaban.

Había ganado.

Había usado el Soru y había funcionado.

Pero el costo era evidente; se sentía vaciado, como si hubiera corrido un maratón a toda velocidad.

— En las gradas, la Garza Escarlata se había incorporado sin darse cuenta, sus nudillos blancos agarrando la barandilla.

Sus ojos, tan calculadores, estaban abiertos por completo, reflejando una conmoción genuina.

La había visto.

Lo había visto desaparecer.

No era un movimiento rápido, era algo más, algo que trascendía la física que conocía.

Y luego, reaparecer detrás de Goliath con un golpe letal.

Toda su confusión se evaporó, reemplazada por una comprensión fría y una hiriente indignación.

Él tenía eso.

Esa técnica.

Ese…

truco.

Y no lo usó contra ella.

Durante toda su pelea, él había luchado a pie, cara a cara, soportando sus patadas, ganando con sudor y sangre.

En ese momento, lo interpretó no como un signo de respeto por forzarle una victoria “justa”, sino como un desaire.

¿Acaso no la consideró lo suficientemente peligrosa, lo suficientemente digna, como para sacar su arma secreta?

¿Había luchado contra ella en serio, o solo había estado practicando?

La punzada en su orgullo fue aguda y profunda.

Sin pensarlo, sus mejillas suaves y pálidas se inflaron en un puchero inconsciente, un gesto infantil y completamente ajeno a la mortífera elegancia que siempre proyectaba.

Sus finos labios se fruncieron, y un brillo de frustración genuina iluminó sus ojos ámbar.

Parecía, por un brevísimo instante, una diosa griega enfadada porque un mortal había rechazado su ofrenda.

Con un resoplido silencioso que no llegó a ser un gruñido, dio media vuelta y se marchó de las gradas con pasos enérgicos, su vestido negro agitándose a su alrededor.

No iba a permitir que ese hombre, ese Rubén, la menospreciara de esa manera.

Si no la consideraba digna de su mejor técnica, entonces ella se encargaría de volverse tan fuerte, tan impecable, que la próxima vez no tendría más remedio que usarla.

O, mejor aún, le arrebataría la victoria antes de que tuviera la oportunidad.

Rubén, mientras bajaba del ring tambaleándose, ni siquiera la vio ir.

Solo sentía el dulce sabor de la victoria mezclado con la agónica fatiga.

Había ascendido al Piso 96.

Había probado el Soru en combate real.

Y, sin saberlo, había encendido una chispa de determinación rival en el corazón de la mujer más peligrosa que había conocido hasta ahora.

El camino a seguir era claro: dominar esta nueva técnica, recuperarse, y seguir ascendiendo.

La Torre Celestial, y todos sus secretos, lo esperaban.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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