El viajero interdimensional - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capitulo 8 Tekkai
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9: Capitulo 8: Tekkai 9: Capitulo 8: Tekkai Los días que siguieron a la victoria en el piso 101 marcaron un cambio sutil pero profundo en la dinámica entre Rubén y Koyuki.
La Torre Celestial, con su ritmo implacable, se convirtió en el telón de fondo de una danza mucho más compleja que cualquier combate en el ring.
Para Rubén, la rutina se estableció con una precisión casi militar.
Las mañanas estaban dedicadas al ascenso.
Los pisos 102, 103 y 104 cayeron ante él, pero no sin esfuerzo.
Cada oponente en este nivel era un problema único a resolver.
Un especialista en agarres que probó los límites de su Fuerza 15, un contorsionista que casi logró enredarlo con su propia extremidad, y un estratega frío que usaba el entorno del ring a su favor, forzando a Rubén a emplear su Inteligencia 13 para encontrar patrones y debilidades.
Estas victorias le reportaron una corriente constante de EXP, pero aún no la suma crítica que necesitaba.
Su mirada estaba puesta en el piso 105, sintiendo instintivamente que ese sería el punto de inflexión.
Las tardes pertenecían al almacén abandonado.
Pero ya no era un santuario solitario.
Koyuki Akashi había transitioned de una perseguidora incómoda a una presencia casi esperada.
Ya no lo acechaba desde las sombras; llegaba con una puntualidad irritante, a veces incluso con dos botellas de agua, tirando una hacia él con un gesto desafiante, como si retara a que la rechazara.
“Para que no digas que te deshidratas y usas eso como excusa para huir otra vez,” decía, con los brazos cruzados y la nariz ligeramente alzada.
Al principio, Rubén fue cauteloso.
Esperaba una emboscada verbal o un ataque sorpresa.
Pero Koyuki, aunque su orgullo seguía intacto como una armadura, había cambiado su enfoque.
En lugar de demandar respuestas a gritos, comenzó a observarlo con la intensidad de una alumna aplicada, aunque demasiado orgullosa para admitirlo.
Sus “entrenamientos mutuos” se convirtieron en la nueva norma.
Era un acuerdo tácito, no dicho pero firmemente establecido.
Empezaban con combates controlados, con reglas estrictas: primer sangrado o toque decisivo.
No había lugar para el Soru; era puro arte marcial, técnica contra técnica.
Y fue en estos intercambios donde Rubén realmente comenzó a apreciar, y a temer, la habilidad de Koyuki.
Sin la distracción de su belleza como arma principal (una táctica que había abandonado por completo con él), su Savate era una cosa de belleza mortal.
Sus patadas eran como látigos, sus desplazamientos, pura poesía cinética.
Rubén, con su estilo aún híbrido y basado en stats, se veía forzado a evolucionar.
Su Destreza 16.96 y su Inteligencia 13 trabajaban horas extras para anticipar sus movimientos, para encontrar los huecos en su guardia de elegancia férrea.
A cambio, la resistencia sobrehumana de Rubén y sus contraataques brutales, potenciados por su Fuerza 15, eran un rompecabeltas para Koyuki.
Ella, acostumbrada a derribar oponentes con precisión y acumulación de daño, se enfrentaba a un muro que podía absorber su mejor golpe y devolverlo con el doble de potencia.
La frustración que esto le causaba era palpable, pero ya no era la rabia de antes.
Era el fuego de un herrero, golpeando el metal una y otra vez para forjarlo, o en este caso, para entenderlo.
Fue durante uno de estos combates, después de que Rubén bloqueara una de sus patadas circulares más veloces con el antebrazo y la empujara hacia atrás con un simple movimiento de su torso, que ella se detuvo, jadeando.
“Es inútil,” dijo, no con derrota, sino con asombmo.
“Tu cuerpo…
no sigue las reglas.
Deberías tener el brazo magullado de aquí a la semana.
Y sin embargo…” Hizo un gesto vago hacia su brazo, que solo mostraba un leve enrojecimiento.
Rubén se encogió de hombros.
“Calenté bien.” Era una mentira pobre, y ambos lo sabían.
Ella no presionó.
Solo lo miró, y en sus ojos, por primera vez, Rubén no vio la demanda de un secreto, sino el reconocimiento de una diferencia fundamental.
Era el momento en que la “Garza Escarlata” empezó a ver más allá del “Salvaje”, y comenzó a vislumbrar a Rubén.
Esta nueva dinámica no pasó desapercibida para su interfaz.
Una notificación silenciosa apareció una tarde, después de un particularmente agotador intercambio de veinte minutos que terminó en un empate tácito cuando ambos cayeron al suelo, exhaustos.
【RELACIÓN ACTUALIZADA: Koyuki Akashi】 Vínculo: Rivalidad Persistente.
Estado Emocional: 😤 Competitiva / 🤔 Profundamente Intrigada / [NUEVO] 💘 Interés Romántico Incipiente (1%).
Bonus de Vínculo Actualizado: +12% de efectividad en Destreza.
+12% en pool máximo de Estamina.
Rubén se quedó mirando la pantalla mental, un nudo de emociones contradictorias en su estómago.
El salto del 6% al 12% era monumental.
Sentía la agilidad extra en sus músculos, una ligereza que antes no estaba allí.
Pero esa pequeña, casi imperceptible barra de “Interés Romántico Incipiente” lo dejó perplejo.
¿Era solo el sistema interpretando mal la obsesión competitiva?
¿O había algo más, una chispa que ni siquiera la propia Koyuki admitiría?
Para ella, sin una interfaz que le guiara, las aguas eran más turbias.
Seguía convencida de que su objetivo principal era descifrar sus habilidades.
Pero ya no fantaseaba con derrotarlo para humillarlo.
Ahora fantaseaba con derrotarlo para demostrarle algo, para forzar un reconocimiento.
Y cuando él usaba el Soru en sus sesiones de entrenamiento en solitario, ya no solo sentía frustración.
Sentía una punzada de algo parecido a la admiración, un sentimiento que rápidamente ahogaba bajo capas de orgullo y la etiqueta mental de “rival”.
El progreso de Rubén era constante.
Su Soru refinado zumbaba en el almacén.
De Intermedio (6%) saltó a Intermedio (35%).
Ya no era solo un movimiento lineal; practicaba cambios de dirección bruscos, paradas en seco y arrancadas en ángulos cerrados.
Cada uso era más fluido, menos costoso.
Podía encadenar dos Sorus consecutivos sin quedarse completamente sin aliento, una hazaña imposible semanas atrás.
Y su Espadachín estaba a punto de dar un gran salto.
Con el Libro de Aprendizaje Rápido acelerando su progreso, la práctica con Hermana Oscura se sentía como desbloquear memoria muscular ancestral.
Los movimientos básicos se volvieron complejos, las formas, más naturales.
La hoja de acero Valyrio era una extensión de su brazo, y sentía que estaba al borde de comprender algo más profundo, de que la habilidad evolucionaría de “saber blandir” a “ser un espadachín”.
Estaba en Novato (92%).
La anticipación por alcanzar el rango Intermedio lo consumía.
¿Qué nuevo bonus pasivo obtendría?
¿Mayor daño?
¿Velocidad de ataque?
¿Tal vez la capacidad de realizar un corte a distancia, un tenue precursor de un Flying Slash?
Pero todo tenía su fin.
El sol comenzó a descender, pintando el almacén de tonos anaranjados y largas sombras.
Rubén, sudoroso y satisfecho, bajó la espada.
“Eso es todo por hoy,” anunció, dirigiéndose a su bolsa.
“Mañana es la pelea del piso 105.” Koyuki, que había estado observando sus drills con la espada con una concentración intensa, frunció el ceño.
La idea de que su fuente de fascinación y frustración se retirara por el día parecía molestarle profundamente.
“Es temprano,” objetó, su voz con un dejo de queja que rayaba en lo infantil.
“Podrías practicar más tu defensa contra barridos.
Es todavía tu punto más débil.” Era una crítica genuina, pero también una excusa transparente para que se quedara.
Rubén sacudió la cabeza, una sonrisa cansada en sus labios.
“Mi punto más débil ahora mismo es el sueño.
Sin descanso, no hay mejora.” Era una verdad que hasta ella, como artista marcial, tenía que aceptar.
La siguió de vuelta hacia la Torre Celestial, un silencio extraño y cómodo cayendo entre ellos.
Ya no era la tensión de un perseguidor y su presa, sino la quietud de dos atletas agotados compartiendo el mismo camino.
Cuando llegaron a la puerta de su habitación, el piso 100, Rubén se detuvo.
“Buenas noches, Garza,” dijo, un formalismo que sonaba extraño después de horas de sudor y golpes.
Koyuki se quedó allí, en el pasillo bien iluminado, mirándolo.
Su expresión era un conflicto visible.
El narcisismo herido, la obsesión por descifrarlo, y ese nuevo, confuso y minúsculo interés chocaban en su interior.
Quería decir algo más, exigir más tiempo, encontrar la pregunta perfecta que forzara la revelación definitiva.
Pero no lo hizo.
Solo asintió con la cabeza, un movimiento brusco.
“No pierdas mañana.
Sería…
decepcionante.” La palabra “decepcionante” la dijo con un peso que iba más allá de la rivalidad deportiva.
Luego, dio media vuelta y se marchó, su figura elegante alejándose por el corredor.
Rubén sintió una inexplicable punzada de…
¿soledad?
No, era solo alivio, se dijo a sí mismo.
Alivio de finalmente tener un momento de paz.
Al cerrar la puerta de su habitación, el silencio lo envolvió como una manta.
Era un contraste marcado con la energía cargada de la presencia de Koyuki.
Se desplomó en la cama, su cuerpo protestando por el esfuerzo del día, pero su mente estaba en calma.
Revisó sus stats una vez más.
La EXP acumulada seguía siendo insuficiente para el Tekkai.
Todo dependía de la batalla de mañana.
El piso 105.
Un número que resonaba con un significado que solo él entendía: la primera gran meta dentro de la segunda mitad de su viaje en la Torre.
Mientras cerraba los ojos, la imagen de Koyuki parada en el pasillo, con esa mezcla de frustración y algo más indecible en sus ojos, se quedó con él.
Su viaje para volverse más fuerte ya no era una carrera solitaria.
Sin quererlo, sin planearlo, había enredado su destino con el de otra persona.
La Garza Escarlata ya no era solo un obstáculo; se había convertido en el espejo en el que se reflejaba su propio crecimiento, y quizás, en el futuro, en algo más.
Pero eso era un problema para el Rubén del mañana.
El de hoy, exhausto y al borde de un nuevo umbral de poder, se dejó llevar por el sueño, soñando con espadas que cantaban y pasos que no dejaban huella.
Mañana, el canvas del piso 105 lo esperaba, y con él, la promesa del poder necesario para enfrentar los cielos y los dioses de su mundo natal.
El aire en la arena del piso 105 era denso, cargado con la electricidad de la anticipación y el peso de las miradas.
Para Rubén, este no era solo otro escalón; era la puerta hacia una nueva capa de poder.
Su contrincante, un hombre alto y esculpido conocido como “El Vigilante”, era un especialista en golpes penetrantes y una guardia tan sólida como una muralla.
Desde el primer momento, la batalla fue un choque de filosofías: la fuerza implacable contra la velocidad evasiva.
El Vigilante avanzó con pasos medidos, cada uno resonando en el canvas.
Sus ataques no eran rápidos, pero eran devastadoramente precisos, buscando fracturar huesos con cada golpe conectado.
Rubén se vio forzado a una danza de evasión constante.
Usaba su Destreza 16.96 para esquivar por los pelos, sintiendo el viento de los puños que pasaban a centímetros de su rostro.
Un golpe a su brazo bloqueado le envió un dolor vibrante hasta el hombro; su Salud 16 lo amortiguó, pero fue un recordatorio de la potencia que enfrentaba.
Koyuki, sentada en las gradas con los brazos cruzados, lo observaba con una intensidad que había evolucionado desde la simple curiosidad competitiva.
Sus ojos ámbar seguían cada movimiento de Rubén, no con la ansiedad de una espectadora cualquiera, sino con la evaluación crítica de alguien que había cruzado espadas (y patadas) con él.
Sabía, con una certeza que le molestaba admitir incluso en sus pensamientos más privados, que Rubén ganaría.
Era insoportablemente testarudo y poseía un arsenal de trucos que parecía no tener fin.
Su frustración había dado paso a una expectativa resignada, casi…
protectora.
“Vamos, idiota,” murmuró para sí, cuando lo vio absorber otro golpe en el costado.
“No te detengas.
Él es lento.
Encuentra la apertura.” Y Rubén la encontró.
El Vigilante, confiado en su poder de derribo, sobre-extendió un poderoso directo.
Fue un error de un segundo, pero para los reflejos de Rubén, fue una eternidad.
No usó un solo Soru.
Usó tres en rápida sucesión, una exhibición de su maestría Intermedia (38%) que dejó al público boquiabierto.
¡ZAS!
Desapareció del camino del golpe.
¡ZAS!Reapareció en el flanco izquierdo del Vigilante, lanzando un golpe rápido a las costillas.
¡ZAS!Antes de que el Vigilante pudiera reaccionar al dolor, Rubén ya estaba detrás de él, y con un shuto preciso y potente en la base del cráneo, selló la pelea.
El Vigilante se desplomó como un árbol, y el rugido de la multitud llenó la arena.
Koyuki exhaló un suspiro que no supo que estaba conteniendo.
Un leve, casi imperceptible, sentimiento de orgullo brotó en su pecho antes de que su orgullo narcisista lo aplastara por considerarlo una debilidad.
Mientras Rubén recibía la confirmación de su victoria y la preciada recompensa de +2,650 EXP, Koyuki se puso de pie para ir a encontrarse con él, para tal vez felicitarlo con su habitual sarcasmo o cuestionarlo sobre su nueva secuencia de Soru.
Pero un murmullo cercano, agudo y eufórico, la detuvo en seco.
Eran dos chicas, sentadas unas filas más abajo.
Las había visto antes, en casi todas las peleas de Rubén.
Eran bonitas, de risa fácil y miradas soñadoras que seguían a Rubén con una devoción que a Koyuki siempre le había parecido patética.
Pero hoy, su conversación era diferente.
“¿Viste?
¡Es increíble!
Cada vez más fuerte,” dijo una, con el cabello recogido en una coleta alta.
“Lo sé,” suspiró la otra, jugueteando con un mechón de su cabello.
“Ya no solo es guapo, es…
poderoso.
He estado pensando…
deberíamos acercarnos a él después de una pelea.” “¡Sí!
Le diré que su técnica con esa…
cosa veloz, me dejó sin aliento,” dijo la primera, riendo entre dientes.
“Y si no funciona, insisto.
Lo invito a cenar.
Un hombre así no puede estar solo.” “Imagínate,” continuó la segunda, con los ojos brillantes, “una boda aquí, en la Torre.
Sería la comidilla de todos.
¡Y nuestros hijos!
Tendrían su fuerza y su carisma…” Koyuki se quedó paralizada.
La sangre le golpeó las orejas con un rugido sordo.
Un calor extraño y punzante, completamente nuevo para ella, se extendió desde su pecho hasta sus mejillas.
No era la rabia fría de la derrotada, ni la irritación de la ignorada.
Era algo más agudo, más visceral.
Era una sensación de…
propiedad violada.
De invasión.
¿Ellas?
¿Esas…
niñas?
¿Piensan que pueden…?
¿Con él?
Su primer instinto fue el desdén.
Eran insignificantes.
Rubén, con toda su exasperante peculiaridad, era un guerrero, un rival digno.
¿Qué podrían ofrecerle ellas?
Pero luego, la imagen de una de ellas acercándose a Rubén, sonriéndole, tocando su brazo…
la hizo apretar los puños con tanta fuerza que le dolió.
Los celos, un sentimiento que su ego monumental nunca antes había permitido, emergieron con la fuerza de una bestia dormida.
No sabía cómo nombrarlo, solo sabía que lo detestaba.
Que la hacía sentir vulnerable y expuesta, y eso era inaceptable.
Sin darse cuenta, dio media vuelta y se marchó de las gradas, alejándose rápidamente del ruido y de la fuente de su confusión.
Necesitaba estar sola.
Necesitaba pensar, o mejor aún, no pensar en absoluto.
Mientras tanto, Rubén, en la privacidad de su habitación, no notó su ausencia inmediatamente.
Estaba demasiado absorto en su propio hito.
Con las 2,650 EXP recién adquiridas, tenía finalmente lo necesario.
Concentrándose, invirtió la experiencia, y su Salud saltó de 16 a 17.
Una oleada de vigor renovado lo recorrió, sintiéndose más sólido, más anclado a la tierra.
Y entonces, como había anticipado, la notificación dorada apareció.
¡Felicidades!
Has cumplido los requisitos para desbloquear una Técnica del Grimorio Infinito.
Técnica Desbloqueada: Tekkai (Hierro) – Rokushiki (One Piece).
La información fluyó hacia él.
Tekkai.
La habilidad de endurecer los músculos hasta la densidad del acero.
Una defensa estática pero formidable.
Al activarla, conscientemente tensaría su cuerpo hasta un punto casi sobrehumano, sacrificando movilidad por una resistencia masiva.
Tekkai (Novato – 0%) Efecto:Reduce el daño físico recibido en un 45% mientras el usuario permanezca inmóvil y concentrado.
Advertencia:Si la Fuerza del oponente supera la del usuario, el Tekkai sufre un debuff.
-5% de reducción de daño por cada nivel de Fuerza superior.
Ejemplo: Vs.
oponente con +5 FUE: 45% – (5*5%) = 45% – 25% = 20% de reducción efectiva.
Nota:La habilidad se ve severamente comprometida contra oponentes abrumadoramente más fuertes.
Rubén silbó suavemente.
Era un arma de doble filo.
Fantástica contra oponentes de nivel similar o inferior, una herramienta de supervivencia contra alguien ligeramente más fuerte, pero casi inútil contra los monstruos de Dragon Ball Z.
Un Saiyajin de nivel bajo, con una Fuerza probablemente superior a 40, reduciría su defensa a cero o incluso lo haría contraproducente.
Pero era un comienzo.
Era un ladrillo más en el muro defensivo que necesitaba construir.
Satisfecho, decidió que al día siguiente dedicaría su entrenamiento a dominar esta nueva técnica.
Con el +10% de velocidad de aprendizaje de su libro, confiaba en progresar rápidamente.
Fue solo cuando salió de su habitación para buscar algo de comida que notó la ausencia de Koyuki.
No estaba merodeando por el pasillo, ni lo esperaba con una pregunta sarcástica.
Un vistazo rápido a su pestaña de 【Relaciones】 le ofreció una explicación desconcertante.
Koyuki Akashi.
Estado: 😠 Celosa / 🤯 Confundida / 💘 Interés Romántico (5%).
Intención:Reflexión solitaria.
Está reevaluando sus sentimientos tras sentirse amenazada por la atención de otras mujeres hacia Rubén.
No comprende la naturaleza de sus propias emociones.
Rubén se quedó pasmado.
¿Celosa?
¿Y ese interés romántico había subido del 1% al 5%?
Se frotó la nuca, sintiéndose abruptamente fuera de su profundidad.
Él solo había estado peleando y mejorando sus stats.
¿Qué había hecho para provocar eso?
Comprendió, con un clara incomodidad, que las acciones de Koyuki ya no eran solo el simple producto de una rivalidad.
Había una capa emocional que él no había anticipado y para la que no estaba preparado.
Decidió no buscarla.
Si necesitaba espacio, se lo daría.
Él también necesitaba concentrarse.
Regresó a su habitación, la emoción por el Tekkai mezclándose con la perplejidad por el drama interpersonal que se desarrollaba a su alrededor sin su consentimiento.
Mientras se acostaba, su mente volvió a sus objetivos principales.
Su Caminante de Umbrales estaba completamente cargado, listo para llevarlo a casa o a una nueva aventura.
Pero el plan estaba claro: quedarse.
Llegar al piso 199.
Los pisos entre el 130 y el 150, calculaba, le darían la cantidad masiva de EXP necesaria para esos últimos y cruciales niveles en Inteligencia (de 13 a 15) y Arcano (de 15 a 18).
Entonces, finalmente, desbloquearía el Nen.
Con esa thought final, se durmió, soñando no con mujeres celosas o espadas, sino con el flujo de un aura invisible y el poder de moldear la realidad con su propia voluntad.
El camino era largo, pero cada paso, cada técnica desbloqueada, cada punto de stat ganado, lo acercaba a la fuerza necesaria para enfrentar el destino que lo esperaba al otro lado del umbral.
La forja de Rubén González continuaba, y ahora, no solo su cuerpo, sino también su corazón, se estaba volviendo más resistente.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para mas de estas historias y para comisiones de imagenes.
Mi patreon: SeathScale
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