El Yerno Millonario - Capítulo 42
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42: Consecuencias 42: Consecuencias ¡El señor Orvel había llegado!
¿Señor Charlie?
¿Quién es el señor Charlie?
Un segundo después, Orvel Hong entró al privado casi tropezando y le metió una patada al Hermano Biao que lo mandó al suelo: —¡Ciego de mierda!
¿Cómo no reconociste al señor Charlie?
¡Te voy a matar!
Orvel lo siguió pateando sin parar, descargando todo su nerviosismo en cada golpe.
El Hermano Biao, que hacía un momento era el amo del privado, ahora estaba en el suelo recibiendo una paliza de su propio jefe.
Elsa miraba la escena con la boca abierta.
¿Qué está pasando?
Los hombres del Hermano Biao tampoco entendían nada.
¿Ese muchacho era el señor Charlie?
¿El mismo al que estaban a punto de golpear?
Orvel se volvió hacia ellos con la cara encendida: —¿Qué esperan?
¡De rodillas a pedirle perdón al señor Charlie, ahora!
Los hombres cayeron de rodillas al mismo tiempo, con las cabezas tocando el suelo: —¡Señor Charlie, perdónenos!
¡Tuvimos ojos y no vimos!
¡Le rogamos que nos perdone!
El Hermano Biao también se hincó, jalándose la oreja con una mano y suplicando con la otra: —Señor Charlie, fui un idiota.
Le juro que no vuelve a pasar.
Por favor, tenga compasión.
Orvel Hong se dio una bofetada a sí mismo y dijo con la voz tensa: —Señor Charlie, la culpa es mía.
No preparé bien a mi gente y estuvieron a punto de faltarle el respeto a usted y a su invitada.
No tiene palabras mi vergüenza.
Charlie miró a Elsa de reojo y dijo tranquilamente: —Sólo vine a cenar con la amiga de mi esposa.
Luego recorrió el privado con la mirada y añadió con frialdad: —Los demás no son mis amigos.
Elsa sintió que el suelo se movía bajo sus pies.
Charlie no había estado presumiendo.
Sí había reservado en La Mansión Clásica.
Sí era el privado diamante.
Y Orvel Hong, el hombre más temido de Aurous Hill, lo había reservado para él personalmente.
Y ella lo había juzgado.
Lo había mirado con lástima.
Había pensado que era un fanfarrón sin nada.
El calor le subió a la cara de golpe.
Qué vergüenza.
Harold, desde el suelo donde seguía tirado, escuchó cada palabra y el cuerpo entero le tembló.
¿Charlie?
¿El inútil de Charlie conoce a Orvel Hong…
así?
Wendy, con la cara irreconocible, también lo procesaba desde su propio horror.
Charlie conoce al señor Orvel.
Y el señor Orvel lo trata así.
Miró a Gerald, inconsciente y ensangrentado en el suelo, y sintió que su mundo se derrumbaba.
Orvel Hong, recuperando algo de compostura, prometió: —Señor Charlie, le juro que esto no se repite.
A partir de hoy, cuando quiera comer en La Mansión Clásica, el privado diamante es suyo.
Si alguien le falta al respeto aquí, me encargo de sus ojos personalmente.
Charlie asintió con un sonido breve.
Se volvió hacia Elsa: —Ya comimos suficiente.
Aquí está muy revuelto.
Nos vamos.
Elsa reaccionó como si la despertaran de un sueño: —¿Y los demás?
Echó un vistazo a Harold, Gerald y Wendy.
Por mucho que no le cayeran bien, verlos así le removía algo.
—Que el señor Orvel lo resuelva —dijo Charlie.
Orvel asintió de inmediato: —Señor Charlie, no se preocupe.
Llamo una ambulancia ahora mismo y los mando al hospital.
—Bien.
Charlie salió del privado con Elsa a su lado.
Al cruzar las puertas de La Mansión Clásica, Elsa no podía ordenar sus pensamientos.
Miró a Charlie caminando a su lado, con esa cara de siempre, esa ropa de siempre, esa calma de siempre.
Parecía que no había pasado nada.
Y sin embargo.
Es como si tuviera capas que nadie puede ver.
—Charlie, lo de hoy…
Charlie la interrumpió con suavidad: —Elsa, te pido que no le cuentes nada de esto a Claire.
Si se entera de que anduve mezclado con gente como Orvel, se va a preocupar.
Elsa asintió despacio: —De acuerdo.
No digo nada.
Después de que Charlie y Elsa se fueron, Orvel mandó llamar dos ambulancias.
El diagnóstico de los tres no fue menor.
La mandíbula de Wendy quedó fracturada.
Con suerte y cirugía podría recuperarse, pero las marcas en la cara eran otra historia.
La mano de Harold estaba gravemente dañada.
Los médicos dijeron que tardaría meses en recuperar algo de movilidad, si es que la recuperaba del todo.
Y Gerald fue el que peor la pasó.
El golpe en la cabeza le dejó una conmoción severa.
Salió del peligro inmediato, pero las secuelas lo acompañarían por mucho tiempo.
Fin del Capítulo 42
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