El Yerno Millonario - Capítulo 57
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Capítulo 57: El show de los regalos
Charlie se sentó con Claire y Elsa. Gerald no tardó en acomodarse justo al lado de Elsa.
Apenas tocó la silla, le preguntó con su mejor sonrisa:
—Elsa, escuché que viniste a trabajar al Emgrand Group.
—Acabo de entrar, sí.
—Qué coincidencia —dijo Gerald—. Mi papá trabaja ahí, es subdirector de un departamento. Dile a él que te eche la mano si necesitas algo.
Los de la mesa reaccionaron de inmediato:
—¿En serio, Gerald? ¿Tu papá es subdirector del Emgrand Group?
—Desde el año pasado.
—¡Eso es enorme! ¿Varios millones de sueldo anual?
—Los sueldos son lo de menos —dijo Gerald con modestia calculada—. Mi papá tiene bastante influencia y otros ingresos. Con el proyecto del hotel que trae el Emgrand Group ahora, solo en esta vuelta puede sacar entre diez y veinte millones.
Un compañero al otro lado de la mesa se inclinó hacia adelante:
—Gerald, yo también quiero entrar al Emgrand Group. He mandado mi CV varias veces y nada. ¿Le puedes decir a tu papá que me recomiende?
—Mándame tu CV por WhatsApp y yo le hablo —respondió Gerald con generosidad de quien da lo que no le cuesta.
Charlie frunció el ceño en silencio.
No sabía que el papá de Gerald era ejecutivo del Emgrand Group.
Eso es interesante. Voy a mandarle un mensaje a Doris Young después para que revise ese caso.
Preguntó con tono casual:
—Gerald, si tu papá tiene tanto peso en el Emgrand Group, ¿por qué no entró contigo?
Gerald lo miró con desdén:
—¿Qué sabes tú de esas cosas? Que yo entre con él no tiene chiste. La relación padre-hijo se nota de lejos. La gente siempre va a estar pendiente de cada cosa que haga.
Luego se estiró con suficiencia:
—Yo no pienso en el Emgrand Group. Tengo mi propia empresa de materiales de construcción. A través de mi papá voy a conseguir contratos directos del Emgrand Group para proveerles los materiales.
—¡Ah, qué inteligente! —exclamó alguien—. ¿Eso no es hacer mucho dinero?
—Algo se saca —respondió Gerald con falsa modestia—. En un año debería estar bastante bien.
Luego volteó hacia Charlie con esa sonrisita de siempre:
—¿Y tú, Charlie? ¿Sigues en lo mismo, lavando ropa y cocinando desde que te fuiste a vivir con tus suegros?
Las risas recorrieron la mesa.
Charlie respondió sin inmutarse:
—Además de lavar y cocinar, llevo a mi esposa al trabajo y le doy masaje en la espalda cuando llega cansada. Uno siempre ocupado.
Gerald apretó la mandíbula.
Este tipo no tiene vergüenza.
—Charlie, en serio no me explico cómo puedes vivir tan tranquilo comiendo de lo ajeno.
—¿Y por qué no? —respondió Charlie sin la menor señal de incomodidad—. No se lo robé a nadie. No se lo quité a nadie. Si me lo dan, ¿qué tiene de malo recibirlo?
Los compañeros de la mesa no sabían ni cómo reaccionar.
Habían visto sinvergüenzas, pero nunca tan cómodos consigo mismos.
Y lo más incómodo era que en el fondo todos lo entendían.
Con una esposa como Claire, ¿quién no quisiera estar en los zapatos de Charlie? Servir a una mujer así, si a eso le llamaban arrimado, era ganarse la lotería de todas formas.
Envidia pura.
Gerald ya no tenía respuesta.
En ese momento, Lili subió al pequeño escenario del restaurante.
Sonrió al público con la animación de quien lleva semanas ensayando ese momento:
—Queridos compañeros, muchas gracias por sus regalos. Stephen y yo estamos muy agradecidos con cada uno de ustedes. Para corresponderles, hemos decidido hacer algo especial: vamos a compartir con todos los detalles de los regalos que recibimos, para que todos sepan quién se acordó de nosotros y con qué.
Un susurro recorrió el salón.
Una inauguración siempre tenía su momento de regalos. Pero anunciarlos en público era otra cosa.
Fin del Capítulo 57
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