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Elian: Criaturas De Sangre - Capítulo 10

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10: Ecos De Sangre 10: Ecos De Sangre Negro.

Oscuridad total.

Un zumbido.

Un latido.

Thump…

thump…

thump.

Elian estaba desmayado, pero su conciencia no estaba apagada del todo.

Algo dentro de él seguía despierto…

algo más antiguo que su cuerpo.

Entonces, aparecieron las visiones.

No eran sueños normales.

Eran como destellos.

Como si una película antigua, rota, proyectara fragmentos en su mente, en blanco y negro, con interferencias, líneas cortadas y sonido distorsionado.

Primera imagen: Un bosque cubierto de niebla.

Una figura encapuchada, de espaldas, camina descalza por entre los árboles.

Su sombra es larga.

Su andar es silencioso.

Y sus ojos brillan, aunque no haya luz.

Segunda imagen: Una sala de piedra.

Antorchas encendidas.

Un ritual.

Cuatro personas en círculo, con túnicas oscuras, entonan palabras en un idioma que Elian no conoce, pero entiende en sus huesos.

En el centro, un hombre desnudo y herido, con marcas en el pecho…

Y alguien le da de beber sangre desde una copa tallada en hueso.

Las imágenes parpadean, fallan.

Una voz ronca susurra: “Sanctus Sanguinem.

Filius Tenebris.

Revertetur.” Hijo de la oscuridad.

Regresará.

Otra imagen: Un campo de batalla medieval.

Cadáveres por doquier.

Una figura entre ellos se levanta…

con los ojos totalmente negros y la piel pálida.

Abre la boca.

Grita.

Y del cielo cae una bandada de cuervos.

Y entonces…

Elian abre los ojos.

La luz lo enceguece por un momento.

Está en una sala blanca, fría, con monitores que parpadean a su alrededor.

Brazos robóticos se mueven cerca de él, retirando tubos, ajustando parámetros.

Sus brazos están marcados con puntos de punción.

Hay sangre en una bandeja.

Su sangre.

Una doctora —que no era Celina— lo observa desde detrás de una mampara.

—Sujetos tipo B como él no deberían sobrevivir a la estimulación genómica.

Pero lo hizo.

—¿Qué nivel de respuesta mostró?

—pregunta otro técnico.

—Regeneración del 300% en células musculares.

Incremento de percepción sensorial.

Y, lo más inquietante…

presión emocional extrema cuando se expuso a sangre.

Elian respira con dificultad.

Todo le duele, pero no como un dolor punzante…

más bien como un cambio interno.

Como si su cuerpo estuviera reescribiéndose.

Thump…

thump…

thump.

Sus oídos ahora escuchaban todo.

El zumbido eléctrico.

El corazón del técnico a tres metros.

Las gotas que caían dentro de un frasco.

Una mosca zumbó cerca…

y Elian la vio con detalle absoluto: cada ala, cada pelo en sus patas.

Su olfato era aún peor.

Podía oler sangre.

En bolsas, en tubos, en piel.

Podía oler el miedo…

incluso en las personas del otro lado del vidrio.

—¡Sube la dosis del compuesto 4!

—ordenó un médico.

—¿Estás loco?

¡Eso puede matarlo!

—¡Él no va a morir!

¡No puede morir!

Elian quiso hablar, pero su voz no salió.

Un nuevo tubo descendió.

Inyectaron un líquido rojo oscuro que brillaba con un matiz metálico.

Todo se aceleró.

Sus músculos se tensaron.

Sus venas ardieron como fuego líquido.

Sintió cómo su piel se endurecía.

Cómo su fuerza se duplicaba.

Y algo más…

algo profundo dentro de su pecho, como una garra invisible despertando.

—¿Sabes qué estás creando?

—preguntó uno de los técnicos al doctor encargado—.

Esto no es solo un estudio.

—Lo sé.

Estamos dando forma al siguiente paso evolutivo.

Él es la piedra angular.

Su sangre…

nos dará la fórmula.

Y con ella, podremos vender salud perfecta a quien pueda pagarla.

—¿Vas a vender esto a los ricos?

—Millonarios de ochenta y noventa años.

Ellos pagarán lo que sea para vivir cien más.

Y este chico…

es la clave.

Mientras tanto, en otra sala, Celina observaba a través de una cámara en vivo.

Víctor estaba junto a ella.

—¿Ves lo que te dije?

—dijo ella—.

Es mejor que un sujeto modificado.

Es natural.

Un híbrido real.

Víctor sonrió, hipnotizado.

—La sangre del muchacho contiene una enzima única.

Algo que ralentiza el envejecimiento celular de forma perfecta.

Si logramos aislarla, tendremos la cura.

No solo para la vejez…

sino para todo.

—¿Y qué haremos con él?

—No es cuestión de qué hacer con él.

Es cuestión de cuánto más podemos sacarle…

antes de que se vuelva más fuerte que nosotros.

Elian escuchó cada palabra.

Aunque apenas podía moverse, su cuerpo…

se estaba adaptando.

Ya no era el mismo.

Sintió cómo sus pupilas cambiaban.

Cómo su corazón latía más lento pero con más potencia.

Sintió cómo podía ver a través de las paredes, aunque fuese por segundos.

Y, en su interior, algo rugía.

Una voz antigua, enterrada, que decía: “No eres víctima.

Eres herencia.” La historia de su linaje estaba oculta, pero no olvidada.

Y Elian…

estaba despertando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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