Elian: Criaturas De Sangre - Capítulo 53
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53: El Poder De La Sangre 53: El Poder De La Sangre -Vamos a pelear sin trucos -gruñó la bestia, con esa voz gutural que no parecía humana-.
Nada de juegos mentales.
Sin trampas, muchacho…
Elian entrecerró los ojos, manteniéndose firme.
-¿Sin trucos?
-respondió con calma contenida-.
Tú te inyectaste una medicina monstruosa.
¿De qué hablas entonces?
Si de verdad quieres pelear limpio, espera a que se te pase el efecto.
-¡El efecto durará hasta que yo lo decida!
-rugió Victor, golpeando el suelo con una garra.
-No -dijo Elian, dando un paso al frente-.
Pronto se acabará.
Y ya es momento de terminar con esta pelea…
y con tu transformación.
Controlaré tu mente hasta desvanecer el efecto de esa medicina.
La bestia soltó una carcajada ronca.
Sus labios se estiraron en una sonrisa siniestra, dejando ver colmillos largos, afilados, más propios de un lobo que de un hombre.
-Estoy seguro de que ese poder tuyo aún no lo dominas -escupió Victor-.
Te debilita.
Eres un vampírico limitado.
Dio un paso atrás…
pero no era miedo.
Era provocación.
Se quedó casi indefenso a propósito, abriendo los brazos, retando a Elian a entrar de nuevo en su mente.
-Eso lo veremos -dijo Elian en voz baja.
Cerró los ojos un segundo y luego los abrió con intensidad.
Toda su concentración se volcó hacia Victor.
El ataque mental fue directo, más profundo, más fuerte que antes.
Victor sintió cómo la presencia de Elian irrumpía otra vez en su mente.
Sus recuerdos temblaron.
Los sonidos regresaron.
La presión lo hizo rugir con furia.
-¡AAARGH!
La bestia se agachó de golpe y comenzó a golpearse la cabeza contra el piso de concreto, una y otra vez.
El estruendo retumbó en todo el primer piso.
Elian dio un paso atrás, sobresaltado.
De pronto, un dolor agudo le atravesó la cabeza, como un rebote invisible.
Un pinchazo mental que lo hizo llevarse la mano a la sien, respirando con dificultad.
Elian comprendió algo al instante.
La bestia no solo resistía.
Estaba aprendiendo a defenderse.
Esos segundos de distracción fueron suficientes.
Victor arrancó con una rapidez brutal un fragmento de la pileta cercana.
El concreto se desprendió con un crujido seco y, sin dudarlo, lo lanzó como un proyectil directo hacia Elian.
-¡Elian!
-gritó Maya.
El impacto fue violento.
El pedazo de concreto golpeó a Elian de lleno en el pecho y lo lanzó por los aires, estrellándolo contra la ventana de un antiguo laboratorio cercano.
El vidrio explotó en mil pedazos.
Elian cayó dentro del laboratorio, rodando sobre mesas metálicas y tubos de vidrio llenos de líquidos experimentales.
Una de las mesas se partió al medio bajo su peso.
El dolor lo dejó sin aire por unos segundos.
Aturdido, abrió los ojos.
Un líquido verdoso goteaba desde un tubo roto, cayendo directamente sobre su piel.
No le causaba daño, pero al contacto con su cuerpo brotaba un humo espeso y blanco que llenaba el ambiente.
Arriba, en las barandas del segundo piso, Maya apretó los puños con rabia.
-¡Maldito monstruo…!
-murmuró, dando un paso al frente.
Daniel reaccionó de inmediato.
La sujetó y la obligó a agacharse junto a él.
-¡No!
-susurró con urgencia-.
Lo último que queremos es que nos vea.
Si nos ataca, estamos perdidos.
La bestia giró la cabeza un instante hacia ellos, olfateando el aire…
pero enseguida perdió el interés.
Su verdadera presa estaba en otro lugar.
Victor corrió como un lobo hambriento hacia el cuerpo sin vida de Elias Monroe.
Al llegar, se inclinó sin vacilar y clavó sus colmillos en el abdomen del cadáver.
Bebió con desesperación, devorando cada gota de sangre.
Incluso arrancó trozos de carne sin importarle nada.
Su cuerpo tembló.
La energía volvió a recorrerlo.
El poder se restauró.
Sus sentidos vampíricos se agudizaron como nunca antes.
Victor levantó la cabeza y rugió con una fuerza aterradora, haciendo vibrar el concreto del lugar.
Estaba listo para acabar con Elian.
Dentro del laboratorio, Elian se incorporó con esfuerzo.
Apretó los dientes, ignorando el dolor, y salió entre el humo y los restos del vidrio roto.
Cuando llegó al patio donde estaba Victor, se detuvo en seco.
Vio la sangre fresca manchando el hocico de la bestia.
-Así que ese era tu plan…
-dijo Elian, con voz tensa-.
Beber más sangre alterada, ¿verdad?
Victor lo miró y sonrió.
Una sonrisa oscura, llena de colmillos.
-La próxima sangre que beberé será la tuya -gruñó, con una voz gruesa y profundamente amenazante.
Elian intentó atacarlo de nuevo con su poder mental.
Cerró los ojos, concentrándose…
pero algo había cambiado.
La bestia levantó la mirada directo a los ojos del vampirico Elian y por primera vez, bloqueó el ataque.
Elian sintió un muro en su mente.
-Maldición…
-exclamó, retrocediendo un paso.
Victor golpeó su propio pecho con fuerza y luego se lanzó hacia adelante como una bestia salvaje.
La pelea se volvió brutal.
Golpes rápidos, precisos, cargados de furia.
Ambos intercambiaban ataques sin descanso, pero poco a poco la balanza comenzó a inclinarse.
La fuerza descomunal y el salvajismo de Victor empezaron a imponerse.
En un instante la bestia golpeó el rostro del chico con violencia y lo derribó de inmediato con todo su peso.
Elian cayó al piso sin poder reaccionar.
La bestia lo sujetó del cuello contra el concreto y con el otro puño, comenzó a golpearlo una y otra vez en el estómago.
Elian jadeó.
Algo de sangre escapó de su boca.
Victor se detuvo al ver el liquido rojo y con la lengua, saboreó la sangre que manaba de los labios del muchacho.
Sonrió.
En ese instante, Maya y Daniel llegaron al rodear el lugar en el segundo piso.
La escena los paralizó.
Maya se llevó ambas manos a la boca, horrorizada al ver a Elian indefenso bajo el peso de la bestia.
-No…
-susurró, con la voz quebrada.
-¿Que podemos hacer?
-dijo Daniel-.
Sería muy peligroso intervenir…
-Buscaré una mejor posición para usar la linterna Lázarus -respondió Maya, reaccionando al fin.
Daniel la miró sorprendido pero se unió a la idea de su amiga.
Sin esperar más, Maya corrió hacia las escaleras.
Daniel fue tras ella.
La bestia se incorporó lentamente, dejando a Elian tirado en el piso, herido y apenas consciente.
Victor golpeó sus propios puños contra el pecho, como un animal celebrando su dominio.
Maya llegó a las escaleras y se detuvo, saco su linterna lista para usarla y apuntarla hacia el primer piso.
Daniel se colocó detrás de ella, cubriéndola.
De pronto, Maya se quedó inmóvil.
Una voz resonó en su mente.
-Maya…
amor…
-era Elian-.
No entres en la pelea, por favor.
Huyan.
Esto es demasiado peligroso.
Vete con Daniel…
-Elian, déjame ayudarte…
-pensó ella, con desesperación.
-Yo me cuidaré -respondió él-.
Confía en mí.
Ambos permanecieron quietos un instante en la escalera.
De pronto, una figura emergió del pasillo.
Celina apareció de pronto y levantó su pistola, apuntándoles directamente.
-No se muevan-ordenó con frialda-.
No van a interferir en la pelea.
Elian alcanzó a ver la escena desde el suelo: Celina apuntando a Maya y Daniel.
Con un esfuerzo sobrehumano, intentó incorporarse.
Pero no fue lo suficientemente rápido.
La bestia lo observó.
Y en un movimiento brutal, lanzó un zarpazo y clavó sus garras con fuerza en el estómago del chico.
Elian gritó de dolor.
Durante ese segundo eterno, todo Gentrace quedó sumido en un silencio absoluto, cargado de una tensión moderna.
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