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Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 32

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Capítulo 32: Secretos

El edificio principal de Gentrace ya casi estaba vacío. Las luces de iluminaban los pasillos silenciosos. Los ejecutivos y empleados habían abandonado el lugar una hora antes, pero Alan Richter se había quedado en el laboratorio, fingiendo tener complicaciones al analizar unas muestras de unos pacientes.

En realidad, solo esperaba una oportunidad.

Cuando un guardia se retiró del pasillo del ala restringida, Alan se deslizó como una sombra por los corredores de acceso restringido. Llegó frente a la puerta del laboratorio más privado de todos: el Laboratorio B. Nadie fuera del círculo más cercano de Victor Kael tenía acceso autorizado… al menos, en teoría.

Alan acercó su mano y colocó su huella dactilar sobre el lector solo para probar. Para su sorpresa la puerta se abrió con un pitido suave.

—¿Que rayos?—exclamó Alan, pensé que no abriría…

El interior estaba completamente limpio. No había muestras, ni tubos de ensayo, ni laboratorios funcionando. Solo pantallas en reposo, documentos digitales suspendidos en hologramas, y una serie de planos que, al ser activados, mostraban estructuras genéticas artificiales. Una medicina basada en ADN mutado, aún más compleja que la que usaron con los ocho millonarios. La palabra SEPÍA aparecía en varios diagramas, junto a descripciones técnicas que hablaban de mezcla de secuencias vampíricas, aceleradores inmunogenéticos y catalizadores virales.

Pero lo más inquietante no estaba a la vista.

Al fondo de la sala del sotano, tras un muro metálico de acero pulido, se encontraba una especie de bóveda congeladora con acceso biométrico y clave ultra secreta. No hacía falta entrar para entenderlo: lo que fuera que estaban almacenando allí… no podía ser bueno.

Alan tomó varias fotos con su celular holográfico, ocultando su rostro con un leve giro de muñeca para evitar las cámaras. Luego salió con rapidez. Ya no tenía dudas: estaban creando algo mucho más peligroso.

Mientras tanto, en un rincón más cálido de la ciudad, Elian se encontraba estrenando sus lentes Vance. Recién los había activado y se entretenía con videos virales, bromas callejeras en hologramas y un clip de videos de inteligencia artificial.

Una notificación lo interrumpió.

Videollamada entrante: Mi Maya

Elian aceptó con una sonrisa.

—Hola, niño—dijo Maya, con una sonrisa cálida y un fondo de luces tenues detrás.

—Hola, nena, respondio Elian con un guiñó de un ojo holográfico—.

Estoy probando los lentes que me recomendaste y si son buenos…

—Si no los usas reprobarás los próximos exámenes —bromeó ella.

Ambos rieron. Durante unos minutos hablaron de tonterías, recordaron la escena en clase de defensa y hasta se enviaron emojis de corazón flotantes. Pero luego Maya se puso más seria.

—Oye… ¿viste esto?

Ella deslizó su dedo sobre el aire y le compartió un video de noticias que comenzó a reproducirse en la esquina superior de la videollamada. Elian observó en silencio.

“Cuatro cuerpos fueron hallados esta mañana sin una gota de sangre. Dos de ellos con claras marcas de colmillos. Se sospecha de un grupo criminal. Las víctimas no tienen familiares que reclamen por ellas…”

Elian frunció el ceño.

—No veo noticias —dijo él—. Me arruinan el apetito.

—Esto es grave —dijo Maya con firmeza—. Alguien está cazando personas. Y no me digas que no tiene que ver con vampiros. Tú sabes que Gentrace está detrás de esto. Yo lo siento.

Elian respiró hondo. Su rostro no mostraba miedo, sino decisión.

—No dejaré que nada te pase, Maya. Te lo prometo.

Justo entonces, otra notificación apareció.

Solicitud de ingreso a la llamada: Daniel

—¡Ey, ey, ey! —dijo Daniel, apareciendo con una camiseta de dinosaurios brillantes—. ¿Vieron las noticias? Esto se está poniendo como esas pelis de vampiros del 2050.

—Sí —respondió Elian—. Nos acabamos de enterar.

—Bueno, quiero mostrarles algo… algo que nos podría salvar el trasero.

Daniel giró su cámara y bajó al sótano de su casa. Las paredes estaban cubiertas de herramientas, cables, circuitos y un par de cascos con luces. Al fondo, sobre una mesa metálica, había una linterna del tamaño de una botella de agua, con una estructura compleja y un núcleo brillante azul pulsante.

—Les presento… ¡la luz lazarus! —dijo Daniel como si estuviera presentando un truco de magia.

—No sabía que eras inventor —dijo Maya, asombrada.

—Sí, bueno… nunca lo dije. Quería que sea una sorpresa, es mi primer invento. Desde los 12 armaba cosas con mi impresora de plasma, pero nada como esta linterna. La hice usando un difusor cuántico, una bobina de energía solar invertida y una célula fotosintética artificial que reacciona con ADN maligno —explicó todo con una emoción infantil—. Esta luz emite una frecuencia que, según las pelis y mis cálculos, daña a cualquier criatura que no sea… digamos… totalmente humana.

Elian entrecerró los ojos, curioso.

—¿Y cómo sabes que funciona?

—Lo probé con una rata alterada genéticamente. La hizo convulsionar —respondió con orgullo—. Además, después de ver cómo comías sangre esa vez, tuve un presentimiento… de que más “tipos especiales” podían aparecer. Mejor estar preparados, ¿no?

La conversación se alargó entre risas, bromas y asombro. Al final, cada uno se despidió. Maya retiró sus lentes y se dejó caer sobre la cama. Su madre pasó por la puerta y dijo en tono cálido:

—No olvides quitarte esos lentes antes de dormir, hija.

—Sí, ma—respondió ella, quitándoselos lentamente.

Al otro lado de la ciudad, en una enorme habitación minimalista, Victor Kael yacía en la cama junto a su esposa. Miraba el techo, en silencio.

—¿Estás bien? —preguntó ella, acariciándole el pecho.

—Gentrace… podría estar en peligro—respondió él—. Lo que hicimos… tal vez nos está por explotar en la cara.

Porque no dejas el estres en el trabajo… dijo ella con voz calmada.

Él no respondió. Solo cerró los ojos, sabiendo que pronto se acercarían más conflictos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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