Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 33
- Inicio
- Todas las novelas
- Elian: Criaturas Modernas
- Capítulo 33 - Capítulo 33: Confidencias Y Criaturas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 33: Confidencias Y Criaturas
Nayra Kovarik llegó puntual a la sede principal de Gentrace, con su credencial de periodista colgando al cuello y una carpeta de documentos que sostenía como si fueran preguntas preparadas. Su objetivo era claro: averiguar si los experimentos de rejuvenecimiento seguían en curso, o si habían creado más versiones.
Se acercó con decisión al mostrador principal.
Buenos días. Soy Nayra Kovarik, periodista independiente. Me gustaría hablar con algún representante sobre el estado del Proyecto de Rejuvenecimiento. El público merece respuestas.
La recepcionista la miró con incomodidad.
—No estamos autorizados para dar información en este momento, puede enviar una solicitud formal —respondió la señorita con voz monótona.
—¿Siguen experimentando con ancianos? ¿Qué tan “voluntarios” son sus participantes? —insistió Nayra, alzando apenas la voz.
Una mujer de traje negro, visiblemente molesta, se acercó: era la encargada de relaciones externas.
—La señorita tiene que retirarse —dijo con frialdad—. No habrá más declaraciones hasta nuevo aviso.
Un guardia de seguridad se acerco.
—Por favor, acompáñenos. Esto no es una rueda de prensa.
Fue en ese momento que Alan Richter apareció saliendo del estacionamiento subterráneo, con una carpeta en la mano y expresión de cansancio. Vio la escena a unos metros y frunció el ceño. Subió rápidamente los escalones del vestíbulo.
—Tranquilos —dijo al llegar, con voz tranquila pero firme—. Yo la atiendo. Soy el doctor Richter.
La encargada lo miró con cierto recelo.
—Alan… no está autorizado…
—Sólo serán unos minutos —interrumpió él suavemente.
Los guardias se retiraron. Nayra, aún sorprendida, asintió y lo siguió por el
pasillo.
Alan no dijo mucho. La condujo cerca de la salida, y mientras pulsaba el botón para abrir la puerta, deslizó disimuladamente una tarjeta personal entre sus dedos y le susurró:
—Si de verdad quiere saber la verdad… contácteme fuera de aquí. Use esta tarjeta.
La puerta de ingreso se abrió. Alan se alejo y desapareció. Nayra quedó de pie en el pasillo, observando la tarjeta con un número encriptado y un nombre: Dr. Alan Richter – Área de Bioética Experimental. Luego Nayra salió del lugar, retirandose rapidamente.
Esa tarde, Alan recibió un mensaje en su celular holográfico:
> “Dr. Richter, acepto su invitación. ¿Dónde podemos hablar sin cámaras?”
Él respondió:
> “Café Nebulium, distrito 3. 9:00 p.m. Lleve lentes Vance con encriptación activada.”
Mientras eso ocurría, en la universidad, Elian salía de clases junto a Maya. En el pasillo principal, le susurró:
—Esta noche quiero llevarte a un lugar especial. Vamos lejos… solo tú y yo. Quiero probar algo.
—¿Otra prueba? ¿Es una cita romántica o un nuevo experimento? —preguntó Maya, sonriendo pero algo desconfiada.
—Ambas cosas —dijo Elian con una media sonrisa.
Esa noche, Maya le mintió a su padre por videollamada.
—Papá, voy a salir con una amiga, voy aompañar a una amiga al centro a comprar unas cosas. No llego tarde.
—Ten cuidado, hija. No confíes en nadie… ni siquiera en tus propias amigas —bromeó su padre desde la pantalla.
Maya sonrió y cortó la llamada.
Apenas cruzó la puerta de su casa, sintió unas manos que le cubrían los ojos desde atrás. Su primer impulso fue defenderse, pero la voz que escuchó la calmó de inmediato:
—No grites. Soy yo.
—¡Elian! ¿Otra vez con tus entradas teatrales?
—Te dije que sería especial.
Elian la tomó de la mano y caminaron unas cuadras hasta el límite del vecindario. Allí, tras asegurarse de que nadie los veía, le dijo:
—Súbete a mi espalda.
—¿Qué? ¿En serio?
—Confía en mí.
Ella obedeció. Entonces, Elian echó a correr con una velocidad sobrehumana, cruzando los bosques que separaban Columbia del litoral. A cada paso, la vegetación se desdibujaba, las ramas silbaban al pasar y el viento golpeaba sus rostros. Maya, aferrada a su cuello, gritaba entre risas y asombro.
—¡Vamos a mil por hora!
—Ciento ochenta kilómetros —dijo él—. Ya casi llegamos.
Elian se detuvo frente a una pequeña isla unida al continente por un puente peatonal de madera. La isla era tranquila, con una playa escondida entre rocas. No había nadie. Solo el murmullo del mar y la brisa helada.
—¿Este es el lugar?
—Sí. Aquí quiero hacer la prueba.
Maya lo miró con suspicacia.
—¿Qué clase de prueba?
—Quiero saber si… si te muerdo el cuello, podrías transformarte. Tal vez compartir lo que soy contigo.
Ella lo pensó unos segundos.
—¿Y si me convierto en una loca sedienta de sangre?
—Entonces te amaré igual, y te alimentare con sangre—dijo él con una sonrisa cansada.
—Hazlo.
Elian se acercó con cuidado. Sus colmillos emergieron lentamente. La besó primero en la mejilla, luego en el cuello. Y, con un movimiento preciso, la mordió.
Maya sintió el pinchazo y un calor extraño, pero no gritó.
Después de unos segundos, Elian se retiró, observando las marcas en la piel. No parecía haber ningún cambio.
—¿Sientes algo?
—Solo cosquillas… y un poco de ardor. Pero no me siento distinta —respondió Maya.
—Tal vez… no funciona así.
—O tal vez eso solo pasa en las películas.
Ambos rieron. Luego, Elian se pinchó un dedo y dejó que una gota de su sangre cayera sobre las heridas.
—Esto debería cerrar las marcas.
La herida tardó más en sanar que otras veces. No fue como con el escarabajo moribundo que curó en su clase de biología. Tal vez había gastado demasiada energía… o tal vez, curar humanos no era tan sencillo.
Maya lo abrazó mientras las olas rompían a lo lejos.
—Gracias por intentarlo… y por querer compartir lo que eres.
Mientras tanto, en el Café Nebulium, un local minimalista de luces azules y mesas flotantes, Alan se sentó frente a Nayra.
—No tengo mucho tiempo —dijo él.
—Ni yo. Hablemos claro.
Alan le contó sobre Elian, el ADN alterado, los experimentos con ocho millonarios y el proyecto secreto de una medicina aún más poderosa. Sacó de su bolsillo una microtarjeta de datos.
—Aquí están las fotos de los planos que vi esta mañana. La medicina que están desarrollando no es para curar. Es para crear algo… monstruoso.
—¿Y por qué me lo cuenta a mí?
—Porque veo que usted no tiene miedo de enfrentar a los más fuertes y es muy valiente…
Nayra sonrió. Guardó la tarjeta de datos en su bolso.
—Haré mi parte. Iremos hasta el fondo de esto, para poder denunciar a esta empresa.
Se estrecharon la mano. Y aunque Alan creyó que por fin tenía una aliada…
…no sabía que dentro de Nayra, algo ya había despertado. Una voz en su mente, suave pero persistente:
> “Infórmales. Diles todo.”
Y ella obedecería.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com