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Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 34

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Capítulo 34: La Linterna Lazarus

Eran aproximadamente las 10:30 de la noche. La brisa marina seguía acariciando la pequeña isla donde Elian y Maya habían compartido uno de sus momentos más íntimos. Sentados sobre una roca plana, con los pies descalzos hundidos en la arena húmeda, ambos contemplaban el cielo estrellado.

—¿Alguna vez pensaste que estarías en esta situación? —preguntó Maya, recostando su cabeza sobre el hombro de Elian.

—No. Nunca imaginé tener colmillos, fuerza y velocidad sobrehumana… ni tampoco creí poder conocer a alguien como tú —dijo él, con una ligera sonrisa.

Maya rió suavemente.

—Yo tampoco imaginé ser novia de un chico con poderes vampiricos que intentó pasarme sus poderes a besos…

—Fallé, pero… lo logré con mi poder mental…

—Entonces no vayas a tratar de controlarme mentalmente para nada malo…

Ambos se rieron. La noche era tranquila. Por un momento, el mundo parecía detenerse.

Minutos después, pidieron un taxi dron. Una pequeña cápsula flotante con puertas de vidrio aterrizó cerca de la playa con un zumbido suave. Subieron tomados de la mano, y en 30 minutos ya estaban de vuelta en Columbia. Elian la dejó en la puerta de su casa.

—Te escribiré cuando llegue —dijo ella.

—Hazlo, o me apareceré a velocidad vampírica por tu ventana.

—Eso no sería una amenaza, sino un regalo— respondió con picardía.

Se despidieron con un beso largo.

A la mañana siguiente, durante el anuncio general en la universidad, un holograma tridimensional del rector apareció sobre el escenario principal:

—A partir de mañana, las clases serán divididas entre sesiones remotas y presenciales, gracias a la nueva actualización de los lentes Vance. Con esta tecnología, podrán interactuar tridimensionalmente con sus profesores y compañeros… ¡e incluso viajar dentro del cuerpo humano para estudiar sus sistemas desde adentro!

Una demostración comenzó: una célula gigante se proyectó en el campo, y los estudiantes con lentes Vance pudieron caminar dentro de ella como si fuera un museo.

Los alumnos estallaron en aplausos. Algunos aplaudían con exageración. Elian, sin lentes puestos aún, miraba con una ceja levantada.

—¿Qué pasa, Vólkov? ¿No te emociona? —le dijo Daniel, riendo.

—No está mal —respondió Elian—. Pero aún prefiero estudiar tradicionalmente…

—Estás atrapado en la era preholográfica —respondio Daniel con tono bromista.

—Te gusta lo clasico, como todo un señor dracula…—susurro Maya.

Elian sonrió y abrazo a Maya.

Al salir de clases, los tres caminaron hacia una zona despejada del campus.

—¿Van a querer ver la Luz Lazarus o no? —preguntó Daniel con entusiasmo, sacando la linterna metálica de su mochila.

—Ya era hora —dijo Elian.

Daniel la encendió. Una luz blanca con un leve tono violeta emergió del centro.

—Tiene cinco niveles de potencia. El primero apenas molesta, pero a partir del tercer nivel… digamos que no querrías tenerla encima —advirtió Daniel.

—Apunta a mi brazo —dijo Elian.

—¿Estás seguro?

—Hazlo.

Daniel enfocó la linterna. El haz de luz tocó el antebrazo de Elian, y este se contrajo por un segundo.

—Quema… pero solo un poco.

—Está en el nivel uno. Imagina el cinco.

Elian tomó la linterna y apuntó a Daniel por juego. Daniel también sintió una punzada de ardor.

—¡Ey, ey, que soy humano normal!

Entonces, Elian la giró hacia un alumno distraído que caminaba de espaldas a unos diez metros. Subió a nivel tres y disparó un destello fugaz. El estudiante se quejó y se rascó el cuello, volteando a ver detras de él confundido.

Con su velocidad, Elian apagó la linterna y se volvió a donde su grupo.

—¡Tonto! —le dijo Maya a Daniel, entre risas. No creaste algo para combatir vampiros, ¡sino para molestar a cualquiera!

—¡El arma del 2064 para combatir alumnos fastidiosos! —bromeó Daniel y los tres estallaron en carcajadas.

Durante unos minutos se divirtieron apuntando breves destellos a ciertos alumnos molestosos del campo. Era una travesura adolescente que, por un instante, les hacía olvidar las circunstancias nada normales que estaban viviendo.

Esa misma tarde, Nayra Kovarik estaba sentada en su habitación, escribiendo apuntes mentales sobre la conversación que había tenido con Alan Richter. Su mirada era intensa. En su campo visual, los lentes Vance proyectaban los esquemas de los planos filtrados y las fotografías del laboratorio oculto.

De pronto, una figura se materializó en los lentes delante de ella.

—Hola, Nayra —dijo la voz familiar del millonario que la había hipnotizado el día de ayer.

Ella no se inmutó. Ya esperaba que apareciera.

—Tengo información para ti —respondió fríamente.

Le contó todo lo que Alan le habia dicho, sobre los experimentos con el paciente cero, Elian, la sospecha de una nueva medicina aún más poderosa, y la existencia de un laboratorio ultra restringido. Incluso le mencionó que Alan le había dado pruebas encriptadas.

La figura sonrió.

—Has hecho bien. Continúa así. Pronto el mundo será nuestro.

A las horas de haber terminado la videollamada en los lentes Vances, Nayra dió un respiró hondo. Una gota de sudor rodó por su frente. Pero entonces, algo en ella se agitó. Por un instante… se sintió libre. Como si la presión mental que tenía se desvaneciera.

—¿Qué me pasa…? —susurró, llevándose una mano al pecho.

La conexión psíquica se había debilitado. Quizá la información que había procesado de Alan, o la cercanía emocional con aquel cientifico arriesgando su vida, había alterado algo en su mente.

Por primera vez en dias… volvió a pensar con claridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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