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Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 36

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Capítulo 36: Susurros

Elian permaneció un momento quieto y en silencio, sentado en la silla del pequeño comedor de su departamento. La ciudad vibraba más allá de los ventanales, con su eterno bullicio, las pantallas holográficas rotando publicidad en bucles infinitos, y los drones de reparto zumbando en el aire.

Esa rara voz en que escucho en mi mente, ¿de quien podría ser? pensó.

Intentó de nuevo contartar con aquella voz mental.

—¿Hola…? —susurró mentalmente, como si eso tuviera sentido. Cerró los ojos, concentrado—. ¿Estás ahí…? ¿Quién eres?

Nada.

Solo el silencio dentro de su mente.

Se recostó en la silla, frunciendo el ceño.

—Hay sí que estoy estresado… quizás estoy perdiendo la cabeza —murmuró, pasando una mano por su cabello oscuro.

Respiró hondo.

De repente, una idea: escapar por un rato de todo. De la ciudad, de las rutinas, de los informes de biología y del caos que sentía por dentro. Tal vez en la calma del bosque, con la brisa del lago, pudiera reconectar con esa voz misteriosa. Si es que no se la había inventado.

Dejó la tarea de investigación en su escritorio. Aún tenía tiempo para entregarla, se convenció. Cogió su chaqueta ligera, sus lentes Vance —transparentes, inteligentes, ajustados como si fueran parte de su piel—, y deslizó el dedo por la interfaz flotante del aire.

—Solicitar moto autónoma —dijo.

Una interfaz holográfica se desplegó frente a sus lentes. Seleccionó el modelo XR-9, con modo silencioso activado. Lo pidió como quien pide un Uber de hace décadas.

Pagó escaneando sus pupilas.

Cinco minutos después, la moto llegó. Compacta, negra como obsidiana líquida, con luces azules tenues y sin conductor. Eran las 12:30 p.m. Elian confirmó su identidad con un parpadeo.

—Destino —preguntó la voz sintética.

—A las afueras de la ciudad. Hacia el lago Stake, por la ruta del bosque.

—Confirmado. Modo explorador activado.

La moto aceleró con suavidad. Elian se acomodó, reclinando el asiento automático hacia atrás. Mientras los edificios futuristas se desvanecían tras él, Elian sintió, por primera vez en días, una especie de paz. Observó el cielo pálido, los árboles del extrarradio que comenzaban a aparecer como fantasmas verdes entre la neblina del tráfico.

En otra parte de la ciudad, Nayra Kovarik colgó una llamada. Su rostro estaba serio, el ceño fruncido. Respiró hondo antes de iniciar otra.

—Maurice —dijo cuando se conectó—. Sé dónde podría estar Elian. Creo que puedo ayudarte a encontrarlo.

Maurice Lang, desde su mansión blindada, la escuchó con interés.

—Bien. Ayudame a localizarlo, y si lo logras, me avisas. Mañana a la medianoche atacaremos Gentrace y seria mejor si encontramos a Elian primero.

—Lo haré —respondió Nayra, aunque su voz tembló un poco.

Después de terminar la videollamada, no esperó más y llamó a Alan Richter.

—Alan, tengo que contarte algo. Los millonarios mutados… van a ir a atacar Gentrace mañana a la medianoche, porque quiere la medicina ultramutada.

Alan guardó silencio al otro lado de la línea.

—Gracias por contarmelo y por confiar en mí —dijo al fin—. Voy a… avisar a Gentrace.

Pero cuando Alan finalizó la videollamada, se quedó inmóvil en su sala. La idea de proteger a esa empresa que ayudó a crear monstruos lo corroía.

Caminó por la habitación.

¿Realmente merecen que los proteja?después de todo lo que han hecho…

se pregunto a sí mismo…

Tal vez dejar que los ataquen es lo correcto. Tal vez… es la única forma de acabar con este horror.

Esa noche, Alan no avisó a Gentrace.

En cambio, comenzó a preparar otro plan.

Mientras tanto, Elian llegó al bosque.

La moto se detuvo suavemente a la entrada del sendero que llevaba al lago Stake. Era de madrugada. Todo estaba cubierto por una oscuridad tranquila, apenas interrumpida por el murmullo de las hojas movidas por el viento y el croar lejano de ranas.

Se sentó a la orilla del lago, respirando el aire fresco. Sintió el rocío en la piel y un silencio que parecía antiguo, como si el tiempo se detuviera en ese rincón del mundo.

Cerró los ojos.

—¿Estás ahí…? —pensó una vez más—. Por favor… necesito entender.

Nada.

Solo su respiración.

Solo el crujir de los árboles.

Pero esta vez, no se desesperó.

—Quizás no es algo que se fuerce… quizás… es algo que se espera.

Decidió meditar. Se quedó en posición de loto, dejando que el tiempo pasara. Las horas avanzaron y, sin que lo notara, el sol comenzó a asomarse tímidamente.

A las 7:00 a.m., Alan iba camino a Gentrace.

Estaba dentro de un taxi automático. Iba solo, revisando notas en su pad flotante, aún sin estar seguro de lo que haría si llegaba a tiempo.

Entonces, notó algo.

Un auto oscuro, detrás.

Miró varias veces.

¿Lo seguían?

De pronto, el taxi se detuvo.

—Falla en el sistema. Por favor, descienda del vehículo. El servicio técnico llegará en breve. Su viaje ha sido reembolsado —dijo la voz robótica.

—¡¿Qué demonios?! —masculló Alan.

Bajó a regañadientes. Apenas había avanzado unos pasos por la vereda solitaria, cuando un hombre se le cruzó en el camino.

Ropa oscura. Mirada intensa.

Alan cambió de dirección, apurando el paso.

Doblando la esquina, alguien lo empujó contra la pared. Con fuerza.

—¿Me recuerdas, doctor? —dijo una voz familiar.

Alan alzó la mirada y palideció.

—¿Slade…?

Richard Slade sonrió. Su rostro parecía humano, pero sus ojos tenían un brillo rojo imposible de ignorar.

—Soy uno de tus experimentos. Mirame bien… soy superior a cualquier humano. Ustedes me crearon.

—No. Ustedes son errores. Monstruos. Mutaciones que no deberían existir —escupió Alan.

—Entonces tú también eres culpable, doctor. Y ahora, vas a ayudarnos. No te mataremos… aún. Primero, vas a desactivar la seguridad de Gentrace por nosotros.

Antes de que Alan pudiera gritar o escapar, Richard lo miró fijamente. Sus ojos se iluminaron. Un rojo intenso, hipnótico. Sobrenatural.

Alan sintió que su mente se quebraba por dentro.

La oscuridad se lo tragó todo.

Ahora eres nuestro.

Y con pasos lentos, sin oponer resistencia, Alan se encaminó hacia Gentrace a cumplir un propósito que no era suyo o al menos no del todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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