Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 38
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Capítulo 38: En El Bosque
-¡Hazlo! -le gritó Maya a Elian-. ¡Corre como si fueras a volar!
Elian respiró hondo. El aire fresco y cargado de aroma a hierbas mojadas, subía desde el barranco. Maya lo observaba desde atrás con una sonrisa traviesa, esa que siempre encendía su competitividad.
Retrocedió unos pasos para tomar impulso.
Luego, con una velocidad sobrehumana, sus pies golpearon la tierra en una carrera que parecía un relámpago vivo. Se lanzó desde el borde, extendiendo los brazos, y por un instante sintió la ilusión de estar suspendido en el aire, flotando.
Cayó al agua con un chapuzón. Emergiendo, sonrió, empapado y extasiado por la sensación.
-¡Wow! -exclamó Maya desde arriba-. ¡Lograste volar por un momento!
-¡Sí, es increíble! -gritó él desde el lago-. ¡Vamos, inténtalo tú también, Maya!
Ella se negó a saltar sola del barranco, riendo algo nerviosa. -No, no… el sobrehumano eres tú.
Elian subio de nuevo hasta lo alto del barranco, con su ropa goteando agua.
-En la tercera repetición, volarás conmigo-dijo.
Maya arqueó una ceja, fingiendo pensar.
-Mmm… está bien. ¿Pero no me soltarás verdad…?
Él sonrió de lado, y repitió la carrera. Nuevamente voló, cayendo al lago. La segunda vez, más rápido aún.
Llegó el momento. Maya, con un poco de miedo pero sin retroceder, se acomodó sobre su espalda. Se aferró a su cuello, y Elian sintió el latido acelerado de su corazón.
-¿Lista? -preguntó, girando apenas para mirarla.
-Creo que sí… -susurró ella, mordiéndose el labio.
-Sujétate fuerte.
Flexionó las piernas y despegó como un felino. Diez metros antes del borde, el viento ya les golpeaba el rostro, agitando el cabello de Maya. Sus pasos retumbaban como tambores sobre la tierra. Y entonces, el vacío.
Maya dejó escapar una carcajada eufórica. -¡Es genial!
El impacto del agua fue fresco, envolvente. Emergieron riendo, lanzándose agua, empujándose como niños. Entre risas y gotas, sus labios se encontraron en un beso que mezclaba adrenalina y algo más profundo.
-Es de las cosas más emocionantes que he hecho -dijo Maya, recuperando el aliento.
-No será la última -replicó Elian con una sonrisa segura.
Nadaron hasta la orilla y se tumbaron sobre la hierba húmeda, secándose al sol filtrado entre las hojas. La complicidad flotaba entre ellos como un secreto.
Pero el recuerdo se desvaneció. Maya volvió a la realidad cuando la campana de la universidad sonó, marcando la hora de descanzo. Salió al pasillo rumbo a la cafetería, cuando una mano la detuvo. Era Daniel, “Dan” para los amigos.
-¿Sabes qué pasó con Elian? -preguntó-. No suele faltar.
-No lo sé. Le envié un mensaje, pero no responde.
-Mmm… capaz que se mareó con tanta sangre -bromeó Dan.
-No digas tonterías -replicó ella, algo seria-. Presiento que algo le pasó. Acabo de tener un recuerdo muy vivido hace un momento en clase… de los dos en el lago. Fue como si se metiera en mi cabeza.
-Seguro que sabe cuidarse, Maya. Ya aparecerá.
Llegaron a la cafetería y se sentaron a tomar un café con un sándwich, intentando disimular la inquietud.
A lo lejos, en un bosque, Elian seguía en posición de meditación. Llevaba horas intentando reconectar con aquella voz que le había advertido de un peligro inminente. El recuerdo con Maya se había colado en su mente, y de algún modo, había cruzado hasta ella.
De pronto, un hambre intenso lo arrancó de su trance. No era comida lo que su cuerpo pedía, sino sangre. Se movió en silencio, como un depredador, hasta que sus sentidos detectaron un grupo de venados. Con velocidad letal, atrapó a uno y bebió. No era tan exquisita como la humana, pero saciaba su necesidad.
Fue entonces cuando lo sintió:
Alguien lo vigilaba. Levantó la vista. Un pequeño dron, apenas del tamaño de una libélula, flotaba en el aire. Iba a derribarlo, pero justo un puma se abalanzó sobre él.
La lucha fue rápida pero feroz: garras rasgando piel, colmillos detenidos por pura fuerza. Con un giro violento, Elian dominó al felino y lo abatió. El puma huyó despavorido.
Justo en ese momento el dron comenzó a alejarse. Elian trepó por los árboles y al rato de seguirlo, arranco una rama gruesa del arbol rapidamente, apunto al al pequeño dron y lanzo la rama con una agilidad maestra, derribando así al aparato.
Entonces Elian tomó entre las manos al dron y lo analizó: era tecnología avanzada, demasiado para ser un simple dron de alguna persona común.
Seguro es un dron de seguridad o de la policia, dijo.
Luego cansado, se dejó caer junto a la orilla del lago, intentando recuperar fuerzas.
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