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Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 39

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Capítulo 39: El Plan

Richard Slade fue el primero en llegar a Columbia esa mañana. Los vampíricos se habían citado en una mansión que habian alquilado en la ciudad; ese mismo lugar sería el punto donde decidirían sus próximos pasos. Inmediatamente despues de llegar al punto de encuentro, Richard Slade cumplió su parte: fue al encuentro de Alan Richter y lo hipnotizo, tal cual habian acordado.

Luego regresó a la mansión.

Poco a poco irián llegando los demás vampiricos. El segundo en llegar fue Ivan Morell. Su dron descendió con calma desde el cielo, tímido al principio, hasta posarse entre las copas de los árboles. Las hélices se apagaron en un murmullo metálico y el silencio volvió a reinar en la arboleda.

Richard permanecía de pie, las manos cruzadas detrás de la espalda, mirando el horizonte con un gesto serio. Cuando Ivan bajó del dron, su abrigo negro ondeó con el viento.

-Llegas puntual, Morell -dijo Richard con voz grave, casi ceremonial.

-Tú demasiado temprano, Slade -respondió Ivan con media sonrisa-. Tal como planeamos. Supongo que todo va bien, ¿no?

-Sí. Todo va conforme al plan -contestó Richard, breve.

Aun faltaban varios por aparecer. Evelyn Grant despegó desde Nueva York; Gregory Vale, desde Washington D.C.; Maurice Lang viajaba desde Houston y Kenneth Wu salía de Seattle. Las rutas se desplegaban sobre la mapamundi como hilos conectando hienas.

En ese momento sonó una videollamada en las pantallas de los drones y en los dispositivos portátiles de los presentes: Elias Monroe. El nombre iluminó las pantallas, y por un segundo todos contuvieron el aliento. Elias habló para justificar su ausencia: su helicóptero-dron había sufrido una falla mecánica y tendría que demorarse más de lo previsto. Algunos, ya en el claro, asintieron sin sorpresa.

Minutos después llegó el mensaje de Clarisse: estaba enferma y no podría asistir; renunciaba a su lugar y cedería la oportunidad a quien quisiera. Las palabras dejaron un silencio pensativo entre los presentes. ¿Enferma? ¿Conveniente coincidencia?

—

En la sede de Gentrace, Victor Kael miró la ciudad desde su oficina con la calma tensa de quien espera una pieza que encaje. Celina entró con el paso seguro que siempre la caracterizaba.

—Celina—dijo Victor, quiero que avises a los cientificos del laboratorio y a los guardias de seguridad que habrá una reunión muy importante esta noche.

Ella percibió la preocupación en Victor y con naturalidad, clavó la pregunta.

-¿Hay algo que no sé? -dijo Celina, cruzando las piernas sobre el borde del sillón-.

Víctor dudó un segundo, luego respiró y dijo con voz medida:

-Esta mañana recibí una llamada anónima. Alguien afirmó que, en la madrugada, un grupo intentaría atacar la empresa. Por eso quiero estar preparado.

-¿Por qué no me lo contaste antes? -replicó Celina, alzando una ceja-. Ya sabes que soy socia de esto. La seguridad es prioridad.

-Porque no tengo certezas -admitió Víctor-. Podría ser una maniobra, una prueba. Aun así, reforzaremos la seguridad esta noche.

-Seguro quienes quieren atacarnos son los ocho millonarios mutados -dijo Celina sin ocultar su desprecio-. Se volvieron vampíricos, mataron gente y ahora querrán quedarse con lo que tenemos.

Víctor sonrió con frialdad.

-Lo que ellos no saben es que nosotros queremos eliminarlos primero.

Celina dejó escapar una idea que había estado madurando:

-Tengo un plan. ¿Y si aprovechamos ese asalto a nuestro favor? -dijo, esbozando una sonrisa cómplice.

-¿Qué planeas, amor? -preguntó Víctor, interesado.

-Fingimos ignorancia. Dejamos la seguridad aparentemente vulnerable; cuando los millonarios entren confiados, los emboscamos y los eliminamos. Mataríamos dos pájaros de un tiro.

Víctor no pudo reprimir la sonrisa.

-Excelente. Eres un genio, Celina.

Ella se acomodó en su regazo y lo besó con complicidad. El gesto disipó la tensión por un instante.

-Un momento -dijo Víctor poniéndose serio-. ¿No les implantamos rastreadores a esos ancianos? Podríamos saber dónde están. Así confirmamos si son ellos los que se mueven contra nosotros.

-Cierto -dijo Celina-. Lo olvidaste con tanto asunto.

-Tengo muchas cosas encima -admitió Víctor-. Pero no lo olvidé del todo.

-Bien -apuntó Celina-. ¿Qué quieres que haga primero?

-Avísales a los asistentes sobre la reunión esta noche. Quiero asegurarme de que cuento con mi equipo y de que nadie me traicione.

-Lo haré -dijo Celina, poniéndose en pie.

-Debemos confirmar que confiamos en nuestro círculo íntimo -añadió Víctor, clavando la mirada en ella.

-Podría haber un traidor entre nosotros -murmuró Celina, reptando la idea como si la mordiera con gusto-. Alguien de seguridad, o incluso uno de los científicos.

-Alan Richter destacó por cuestionar los experimentos con los millonarios -dijo Víctor, ya agregó -quiero estar seguro que podré confiar en él-. Además, en las cámaras se le vio hablando con una periodista que vino a buscar información.

-¿Asi? ¿Alan hablando con una periodista? ¿porque nunca me lo comentaste?

-Fue solo por un momento, cuando esa periodista quiso ingresar por la fuerza, y el se acerco a la chica y le dijo unas palabras y ella se fue.

-Nunca me cayó bien ese científico -replicó Celina, sin esconder su desdén.

Al salir de la oficina, Celina se acercó al laboratorio donde los genetistas trabajaban. Informó al equipo que esta noche tendría una reunión decisiva sobre el futuro de GenTrace. Al despedirse, dejó una mirada en Alan que él sintió como un puñal frío.

Alan la miró con media sonrisa amarga y pensó para sí:

-Creo que ya saben que no estoy en su bando.

La tensión se espesa. En el bosque, algunos drones seguían posándose y las sombras se acumulaban en torno a la mansión alquilada.

Cada llegada traía un rostro, un ego, una intención. La reunión prometía ser la chispa que encendiera el incendio. Y, mientras tanto, voces y planes se cruzaban: unos por poder, otros por supervivencia. Nada volvería a ser igual después de eso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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