Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 40
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Capítulo 40: Confiar O Caer
Elian se encontraba tendido sobre el pasto húmedo, al borde de un lago grande que había entre los árboles.
El agua reflejaba el cielo celeste y los rayoz de luz se quebraban con cada brisa. Tenía los brazos detrás de la cabeza, como si descansara, pero en realidad sus pensamientos no le dejaban demasiado.
De pronto, un recuerdo lo atravesó como una aguja: el día que abrió el archivo holográfico de Gentrace con el resultado de su prueba de genealogía. Lo había visto solo una vez, y desde entonces había intentado olvidarlo. Apenas unas pocas líneas, ramas rotas, nombres que no significaban nada. Una familia que no existía.
-Poca familia… -susurró, dejando escapar una risa seca, sin alegría.
La pantalla le había mostrado un árbol genealógico tan vacío que parecía un bosque talado. No había abuelos, ni bisabuelos, ni tíos. Casi ningún apellido que lo abrazara. A veces pensaba que quizá nunca había tenido raíces, que él mismo era un invento, un error de laboratorio… o algo peor.
Tenía veintisiete años, pero al frente del espejo parecía un muchacho de diecisiete aproximadamente. Su papariencia juvenil confundía a muchos.
La gente siempre se lo decía: “pareces congelado en el tiempo”. Él sabía la verdad. No era un humano común. Su sangre, con todo lo que escondía, lo mantenía joven. Y ese secreto estaba escrito incluso en los datos fríos de la base genética más grande del planeta.
El viento sopló de repente, arrastrando un montón de hojas secas que crujieron como un eco lejano. Elian cerró los ojos, y la imagen volvió: aquel documento flotando frente a él, con sus pocas ramas, sus cortes abruptos, sus silencios. No eran raíces lo que veía, eran preguntas. Y cada día lo atormentaban más.
—
En la Universidad de Columbia, el día estaba por terminar. El timbre sonó anunciando el final de la última clase. Los estudiantes recogieron sus cosas y comenzaron a salir en grupos, comentando tareas, riendo, algunos distraídos con sus lentes Vance.
Maya permanecía en el aula, inquieta. Había mandado varios mensajes a Elian y no tenía respuesta. Daniel, sentado unas filas más atrás, también lo había intentado. Nada. Solo silencio por parte de Elian.
Mientras tanto, en otro pasillo, Nayra Kovarik avanzaba con paso firme. Llevaba gafas oscuras y el celular apretado contra la palma, como si sostuviera un arma. Había pasado la noche entera investigando, siguiendo rastros, saltando muros digitales, hasta dar con la información que buscaba: la universidad y la carrera de Elian Vólkov. Biología. No se lo había contado a los vampíricos. Ese hallazgo era solo de ella.
“Estoy del lado correcto”, se repetía, aunque el miedo le revolvía el estómago.
Al llegar al aula, se topó con un grupo de chicos que salían con mochilas al hombro.
-Disculpen… ¿este es el salón de Elian Vólkov? -preguntó, con un tono casual que no logró esconder del todo su nerviosismo.
Uno de ellos asintió.
-Sí, aquí estudia… pero hoy no vino.
-¿Seguro? -insistió Nayra, arqueando una ceja.
-Sí, faltó a clases -respondió una chica, encogiéndose de hombros.
Nayra frunció los labios. Aún quedaba el profesor dentro, acomodando papeles en un maletín. Respiró hondo y se animó a entrar.
-Disculpe, profesor… -dijo con cierta formalidad-. Estoy buscando a un estudiante, Elian Vólkov. ¿Sabe si vino hoy?
El profesor levantó la vista, ajustándose las gafas.
-No, señorita. Elian no se presentó. ¿Quiere que le deje un recado?
-En realidad… ¿tendrá su número de teléfono? -se apresuró a decir Nayra, sin medir las palabras.
El ambiente se tensó. El profesor apenas abrió la boca, pero una voz femenina lo interrumpió.
¿Por qué buscas a Elian? ¿Hay algún problema con él?
Era Maya, de pie en la puerta. Había escuchado la conversación. Sus ojos brillaban con una mezcla de desconfianza y desafío.
Nayra giró lentamente.
-Solo… necesito hablar con él. Es importante.
-¿Quién eres tú? -replicó Maya, cruzándose de brazos.
La atmósfera se cargó de inmediato. En ese momento apareció Daniel, entrando al aula con calma, levantando las manos como un árbitro de paz.
-Chicas, tranquilas… -dijo con media sonrisa-. Si buscas a Elian, somos sus amigos. Tal vez podamos ayudarte.
El profesor, incómodo, cerró su maletín y se marchó sin decir nada más. El aula quedó en un silencio denso, apenas roto por pasos lejanos en el pasillo.
Nayra dudó, mordiéndose el labio. No sabía si soltar la verdad o callar. Hasta que Maya dio un paso adelante.
—Soy su novia—dijo, firme, con cierto tono de confesión y de orgullo. Elian no responde el celular. Está desaparecido… y presiento que Gentrace tiene algo que ver. ¿Eres de ellos? Si sabes algo, dilo ya.
Nayra respiró hondo, sintiendo cómo su propio pulso le golpeaba las sienes.
-Lo que tengo que decirles no puede escucharlo cualquiera… ¿podemos ir a un lugar más privado?
Maya la evaluó unos segundos, como si tratara de leer sus pensamientos.
– Ok… la biblioteca está llena. En los pasillos siempre hay curiosos… mejor vamos a la cafetería, creo que esta medio vacía…
Daniel asintió enseguida.
-Sí, ahí estaremos más tranquilos.
Nayra titubeó, pero terminó accediendo.
Está bien, suspiro.
La cafetería universitaria estaba casi vacía.
Un par de estudiantes distraídos con sus Vance, un trabajador acomodando bandejas, y nada más. Eligieron una mesa apartada, en la esquina, donde las sombras cubrían parte de sus rostros.
Nayra fue directa:
-Elian está en peligro. Los vampíricos lo están buscando para capturarlo.
Maya arqueó las cejas.
-¿Vampíricos? ¿Qué clase de creaciones ilegales son esas? ¿Gentrace los fabricó?
Nayra asintió despacio.
-Sí. Son ocho millonarios viejos que aceptaron ser experimentos. Les dieron la sangre de Elian mezclada con sustancias secretas. El resultado: rejuvenecieron, ganaron habilidades únicas… y se convirtieron en vampíricos. Ahora quieren más sangre humana. Más poder. Y planean acabar con Gentrace para no tener rivales.
Maya sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
-Hace poco escuché en las noticias más de veinte muertes misteriosas… -murmuró, como si conectara piezas de un rompecabezas-. ¿Fueron ellos?
-Sí -confirmó Nayra, con voz grave-. Todas esas muertes son obra de los vampíricos.
Daniel tragó saliva.
-Vaya… yo pensé que eran rumores, noticias fakes generadas por IA. Pero ya lo sospechaba. Por eso… inventé algo.
Sacó de su mochila un pequeño aparato metálico, con un cristal en la punta.
-Mi Linterna Lazarus. Sirve contra vampiros.
Nayra lo miró con asombro, pero antes de hablar, Maya intervino:
-Un momento. ¿Y si Elian ya fue capturado? Quizás por Gentrace… o por ellos.
Nayra negó con la cabeza, pensativa.
-Por los vampíricos no creo. Hace una hora, Maurice Lang me escribió preguntando si sabía algo de Elian. Eso significa que todavía lo buscan.
Maya frunció el ceño.
-¿Y por qué hablas con ellos? ¿De qué lado estás?
El silencio se hizo pesado. Nayra apretó el celular y bajó la voz.
-Porque me atraparon antes. Los vampíricos pueden hipnotizar a sus víctimas. Yo… estuve bajo su control.
Daniel abrió los ojos de par en par.
-¿Hipnotizada?
-Sí. Pero el efecto se rompió. Desde entonces finjo seguir bajo su influencia. Así obtengo información. Así gano tiempo… y busco pruebas contra ellos.
Maya la observó con dureza, intentando leer si mentía. Pero en los ojos de Nayra había una determinación nueva, casi desesperada.
-Entonces no tenemos mucho tiempo -dijo Maya finalmente-. Tengo que encontrar a Elian. Si ya lo capturaron, lo rescataré.
La tarde caía rápido cuando los tres salieron de la cafetería. Los pasillos estaban semivacíos, el sol se filtraba por los ventanales, tiñendo de naranja los muros de concreto.
Nayra habló con firmeza:
-Debo ir a la policía. Esta medianoche los vampíricos atacarán Gentrace. Si la policia los cercan, podrían atraparlos.
—De acuerdo, pero a nosotros tambien danos pruebas de esos vampiricos—dijo Maya—Fotos o videos.
Nayra les envió a sus celulares, archivos al instante: fotos de los vampíricos, documentos filtrados y hasta capturas de conversaciones.
-No será fácil -advirtió Nayra-. Esta noche no se parecerá a ninguna otra.
Se despidieron frente a la salida de la universidad. Nayra se encaminó hacia la comisaría, decidida a exponerlo todo. Maya y Daniel, en cambio, tomaron el camino al departamento de Elian.
La tensión flotaba en el aire. Como si todos supieran, sin decirlo, que el verdadero enfrentamiento estaba a punto de comenzar.
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