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Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 42

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Capítulo 42: Caidas Y Castigos

En la mansión, todos los vampiricos descansaban placidamente en los sillones que erán muy caros y comodos.

En un momento de la reunión, sonó el celular de Richard, y este aprovecho para irse a la terraza.

Al regresar Richard Slade de contestar la llamada, Maurice le pregunto que de quién se trataba la llamada que habia recibido.

Richard Slade tomó la palabra con su sonrisa de siempre, con esa mezclaba de burla y crueldad.

-Acabo de recibir la videollamada del jefe de la policía de Columbia, Charles -dijo, disfrutando del momento-. Me informó que la joven periodista Nayra Kovarik nos estaba denunciando.

Hizo una pausa dramática y añadió con tono satisfecho:

-Le ordené que la encierre en el calabozo. Allí se quedará hasta que tengamos tiempo de ocuparnos de ella… y eliminarla como la traidora que es.

Las risas salierón de la boca de los presentes. Algunos levantaron sus copas, otros golpearon la mesa con entusiasmo. La simple idea de que la prensa quedara silenciada, por sus contactos en la policía les resultaba un triunfo delicioso.

-Asi que la periodista, la cual hipnotizaste, nos quizo delatar, vaya, tenemos que matarla después del ataque a Gentrace-dijo Evelyn Grant.

-Si, igual ya había pensado eliminarla.

-Al finalizar el ataque, limpiaremos todas nuestras huellas-concluyó Maurice.

Cuando el reloj marcaba las 7:30 p.m., Gregory Vale se inclinó hacia adelante en su sillón masajeador y comentó con cierta impaciencia:

-Todavía faltan unas horas para el ataque… ¿qué les parece si salimos a beber un poco de sangre fresca?

-Nos lo merecemos -añadió Ivan Morell, relamiéndose.

-No -respondió Maurice con firmeza-. Ya habíamos acordado beber sangre humana fresca solo una vez al mes, al final de cada mes, para no levantar sospechas en la país. Tenemos que ser precavidos… aún no somos tan poderosos como creemos.

Kenneth Wu bufó y negó con la cabeza. -Pero necesitamos alimentarnos bien para esta noche. Si queremos estar fuertes, hay que tener energía.

Maurice sonrió apenas, como quien ya tenía la respuesta lista.

-Por eso pedí un delivery especial. Llegará en media hora.

Las miradas se iluminaron. Pasada la media hora, llegó el pedido en el dron de envios. Metierón la caja sellada. Era una caja algo grande, de aspecto médico. Le abrierón en la mesa central. Dentro, habia varias bolsas con sangre humana que relucían bajo la luz blanca.

-Aquí tienen su banquete -dijo Maurice, con tono teatral.

Uno a uno, los millonarios tomaron las bolsas y comenzaron a beber con euforia contenida. Algunos hicieron chistes, otros brindaron como si estuvieran en una cena de gala. La sangre era suficiente para todos, y pronto la mansión se llenó de risas y de un aire eléctrico de excitación. Estaban listos, casi ansiosos, por la noche que se venía.

—

Mientras tanto, en Gentrace, el ajetreo se notaba. Todos los trabajadores de allí se empezaban a retirar, salvo los que habian sido citados a la reunión, que era el area de seguridad y los cientificos.

Eran las 7:55 p.m., faltaban apenas cinco minutos para que comenzara la reunión convocada por Víctor Kael.

En la sala de conferencias, Víctor ya estaba sentado al frente junto a Celina Valmorth. Habían sido citados siete científicos genetistas y todo el personal del área de seguridad. Poco a poco fueron llegando, acomodándose en los asientos con carpetas, tablets y expresiones serias.

Alan, antes, entro un momento al baño. Se lavó la cara con agua fría, pero al mirarse en el espejo, el reflejo le pareció extraño, se sentia extraño. Sus ojos parecían más hundidos, su piel más apagada. Sacudió la cabeza, incómodo, y regresó a la sala para sentarse en el centro, intentando pasar desapercibido.

A las ocho en punto, Víctor se levantó con una sonrisa calculada.

-Gracias a todos por venir. Esta noche quiero hablarles del rumbo que tomaremos en los próximos días. -Su voz era firme, segura-. No solo continuaremos con las pruebas de ADN y salud. Retomaremos los experimentos que buscan superar enfermedades incurables y, más aún, mejorar al ser humano.

Celina proyectó en la pantalla un modelo 3D del nuevo prototipo. Explicó que ya habían hecho pruebas en animales, logrando mayor fuerza, resistencia y destreza. La sala escuchaba con atención.

-Pero necesito su lealtad absoluta -dijo Víctor, recorriendo con la mirada a cada científico. -Quiero escucharlo de ustedes.

Uno por uno, los científicos asintieron. Cuando llegó el turno de Alan, este dudó unos segundos.

-¿Cuento contigo, Alan? -preguntó Víctor, esta vez con un matiz desafiante.

-S-sí… claro -respondió al fin, algo incómodo.

Víctor sonrió satisfecho y cambió el tema hacia la seguridad de las instalaciones.

Celina mostraba en la pantalla de la sala , el modelo 3D de la empresa. Diciendo los puntos de seguridad que serián mejoradas.

-Sin embargo, añadió Victor, hoy la seguridad de Gentrace a sido vulnerada. Ha sido hackeada. Lo supimos por las camáras de seguridad y por seguimiento que le hicimos al traidor. Y sí, se encuentra ahora mismo entre nosotros.

Alan se quedó rígido. El murmullo en la sala comenzó a crecer en volumen, como una ola corta. Víctor clavó la mirada en él y, con precisión clínica, pronunció el nombre.

-Alan Ritcher.

-¡Sujeténlo! -ordenó sin titubear.

Los de seguridad reaccionaron al instante. Dos hombres se levantaron y se acercaron con pasos medidos; en un segundo agarraron a Alan por los hombros y lo arrastraron hacia el frente de la sala. El joven intentó balbucear algo, pero el nudo en la garganta le impidió articular bien las palabras.

-Esta reunión también sirve para exponerlo -dijo Víctor, y uno de los guardias le quitó a Alan el celular-. Vamos a ver qué tan ‘leal’ fuiste.

Con la pantalla desbloqueada por reconocimiento facial, los mensajes aparecieron uno tras otro: conversaciones con la periodista, nombres que no debían estar ahí, frases comprometedoras. La sala se fue quedando en silencio, mirando las pruebas digitales como si fuesen dagas.

Celina tomó el control y proyectó en la pantalla el video que mostraba cómo, a eso de las seis de la tarde, Alan entró a la sala de servidores y conectó un dispositivo: la grabación captó cada movimiento, cada gesto nervioso. No había marcha atrás.

Alan habló, su voz tembló: -Los vampíricos… ganarán la batalla…

La reacción fue inmediata. Celina avanzó y, en un movimiento seco, le dio una cachetada que resonó en la sala.

-¡Traidor, hijo de perra! -escupió Celina, con los ojos encendidos-. Lo que no entiendes es que no estás del lado ganador.

-Y el grupo para la cuál trabaja Alan-añadió Victor-es precisamente para los ocho viejos millonarios que una vez mejoramos…y que ahora se han convertido en unas criaturas vampíricas. Y este grupo intentará atacar gentrace esta noche.

Víctor sonrió, frío y satisfecho. -Pero lo que no saben es que nosotros les daremos una emboscada -anunció-. Usaremos el plan de ellos en su contra. Nos esconderemos, los dejaremos entrar confiados y, cuando lo hagan, atacaremos y los eliminaremos a todos.

Hizo una pausa para que las palabras calaran. -Esta noche no habrá negociación. Esta noche se acaba lo que empezó.

La sala estalló en asentimientos y miradas resueltas. Víctor y Celina se sonrieron entre sí confíados; los de seguridad y los seis científicos que apoyaban la idea también mostraron satisfacción.

Alan masculló algo inconexo, una amenaza débil contra lo inevitable. Justo entonces, uno de los guardias se acercó por detrás y, con eficacia entrenada, le propinó un golpe certero en el cuello. Alan se desplomó como un muñeco; sus ojos se cerraron en un parpadeo.

Lo levantaron sin piedad y lo llevaron por un pasillo largo hasta una especie de cuarto que parecía una celda: paredes grises, una cama dura y una cerradura industrial. Lo dejaron allí, tumbado, y se retirarón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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