Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 43
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Capítulo 43: Revelación En La Oscuridad
La noche en el bosque ya marcaba algo más de las diez de la noche.
La bruma nocturna comenzaba a extenderse como un velo espectral sobre la orilla del lago Keowee, envolviendo el paisaje en un silencio inquietante.
Elian llevaba casi un día entero en el mismo lugar, meditando, inmerso en un estado entre la vigilia y el ensueño. Buscaba, con una mezcla de ansiedad y fe, volver a escuchar aquella voz que escuchó es su habitación mientras estudiaba.
No era una simple voz, lo presentía en lo más profundo de su ser; era una revelación…
De pronto, su novia Maya se implanto en su mente con fuerza; la había dejado abandonada desde que llegó al lago.
Seguro ella me escribío persistentemente al chat, dijo. Se colocó sus lentes Vance, mirando hacia el horizonte oscuro, y trató de usar esa tecnología. Sin embargo, algo extraño comenzó a suceder.
El menú principal brillaba frente a sus ojos, pero los íconos holográficos titilaban como si estuvieran congelados a medio camino. Intentó deslizar la vista para abrir el chat, pero la interfaz se trabó con brusquedad, quedando suspendida en un parpadeo intermitente.
Los comandos no respondían. Ni con gestos ni con comandos de voz.
-¿Qué demonios…? -murmuró con el ceño fruncido.
Pensó que tal vez se trataba de una simple interferencia en la señal, algo común en zonas alejadas. El lago Keowee era precisamente famoso por mantener la tecnología fuera de alcanze para no dañar el habitat.
Volvió a intentarlo, esta vez reiniciando el sistema con un parpadeo prolongado. Nada.
La pantalla continuaba distorsionada, como si una onda invisible estuviera alterando las proyecciones.
Por un instante creyó que los lentes se habían malogrado; nunca antes le habían fallado de esa manera. Las aplicaciones comenzarón a atraparse como en un bucle, congelándose y reapareciendo sin control y en medio de esa confusión visual, una ligera vibración recorrió el marco de los Vance, como si algo o alguien estuviera interfiriendo desde otro lugar.
Trató de ajustar sus lentes, moviendo el marco con cuidado, pero nada parecía arreglarse. Entonces, un escalofrío recorrió su espalda, idéntico al que había sentido la noche anterior… un estremecimiento helado que no venía del clima, sino de algo más profundo, casi instintivo.
En ese instante, los Vance reaccionarón.
Primero fue apenas un murmullo visual, una señal fragmentada que chisporroteaba como un recuerdo mal grabado. Luego, lentamente, la distorsión comenzó a ceder.
Las líneas temblorosas se fueron acomodando, la neblina digital se disipó poco a poco, y una nueva transmisión emergió en la pantalla holográfica, como si alguien estuviera forzando una conexión desde otro plano.
Elian contuvo la respiración. Sabía que aquello no era un simple error técnico.
La imagen comenzó a fragmentarse entre sombras digitales; líneas espectrales danzaban en el aire como si una fuerza invisible intentara abrirse paso desde otro plano. La distorsión crepitó en los lentes Vance como un murmullo eléctrico que se expandía por el lago silencioso.
Y entonces… emergió.
Una figura masculina de aspecto antiguo se delineó entre las interferencias: alto, de rostro pálido y afilado, con ojos tan hondos como pozos sin fondo y una expresión que parecía cargar siglos de secretos. Su silueta tembló por un instante… y luego, la señal se estabilizó. La noche envolvió la escena como un telón oscuro, y el holograma cobró nitidez, tan real como fantasmal.
-Hola, hijo… -dijo el hombre con una voz sombría y profunda, como si brotara desde la misma neblina.
Elian se irguió sobresaltado.
-¿Hijo? -preguntó entre asombro y un temblor que no supo disimular.
La figura sonrió apenas, con una melancolía antigua.
-Si, yo soy tu padre, hijo, espere este momento mucho tiempo–profirió con tono de revelación largamente postergada.
-¿Mi… padre? ¿Cómo entraste en mis lentes? -balbuceó Elian, algo confundido…
Porque, como tú, soy un ser vampírico… aunque mi existencia ya no pertenece enteramente a este mundo. -Su voz se volvió grave-. Estoy en una fase espectral… una frontera entre la vida y la muerte.
Elian sintió un nudo en el pecho.
-Entonces… tu también eres el que se me aparecia en mis sueños como una sombra y esa silueta ¿Verdad?…
-Sí, hijo -respondió la figura con solemnidad-. Sólo puedo manifestarme en los sueños, la mente o en dispositivos que utilicen señales de transmisión, como tus lentes. Porque debo dosificar mi energía… cada aparición consume parte de lo que me queda de energia.
Elian bajó la mirada por un instante, como si las palabras que estaba a punto de pronunciar pesaran más que el silencio que los rodeaba.
-Bueno… -murmuró- yo siempre me sentí como un tipo raro, alguien que no encajaba del todo con los demás.
Sus ojos se reflejaban en la superficie oscura del lago, como si buscaran respuestas en sus propias sombras.
-Pero hace algunos meses… -continuó, con un leve temblor en la voz- comenzaron a sucederme cosas extrañas… sorprendentes. Cosas que no puedo explicar.
La figura espectral lo observaba con una mezcla de tristeza y orgullo. La brisa nocturna agitó las ramas cercanas, como si la naturaleza misma quisiera escuchar aquella confesión.
-Sí, hijo… -dijo el padre con voz grave, casi reverente-. Tú posees poderes. No es casualidad. Es herencia y destino.
Elian alzó la vista, buscando en aquel rostro pálido algún gesto que confirmara que no estaba soñando.
El hombre dio un paso hacia adelante; aunque era un holograma, su presencia llenó el aire de una intensidad casi tangible.
-Quiero contarte mi historia… -añadió el vampíro, y su voz adquirió un matiz más profundo, como el preludio de un relato antiguo.
Elian respiró hondo, sintiendo que estaba a punto de abrir una puerta que no podría volver a cerrar.
-Cuentamelo todo… -dijo finalmente, con firmeza.
-Mi padre… -comenzó el espectro con voz profunda, cargada de un eco antiguo- fue el primer vampírico. Es decir, tu abuelo.
Nuestra especie puede vivir aproximadamente quinientos años en carne y hueso… y luego, inevitablemente, nos desfasamos. -Hizo una pausa breve, como si saboreara la palabra-. Nos convertimos en algo parecido a lo que los humanos llamarían fantasmas… sombras conscientes que deambulan entre los mundos, y eso hacemos por un periodo de unos años más.
Elian lo escuchaba sin parpadear, con el corazón acelerado. La bruma nocturna parecía cerrarse en torno a ellos como un telón.
-Pero hay una regla que no se puede romper -continuó el padre-. Si tenemos hijos en cualquier etapa de nuestra vida… el desfase ocurre en cuestión de horas.
Por eso te tuve cuando cumplí quinientos años, Elian. Sabía que era mi límite. Después de tu nacimiento, comencé a desvanecerme… y terminé atrapado en este estado fantasmal. -Sus palabras se tornaron más lentas, melancólicas-. Ahora mi existencia se está apagando… por eso recién pude contactarte. Era… mi última oportunidad.
-¿Y por qué no apareciste antes? -preguntó Elian, con la voz cargada de reproche y dolor contenido-. Mi madre falleció justo cuando nací…
La figura bajó la cabeza, como si el recuerdo aún le pesara incluso en la muerte.
-Sí… estuve allí. Vi cómo tu madre no resistió el parto… y murió en mis brazos. -Su voz se quebró apenas-. No tuve otra opción… te dejé en un orfanato. Horas después me desfasé por completo.
No podía comunicarme contigo hasta que… -lo miró directamente a los ojos, con una intensidad sobrehumana- despertaras tus indicios vampíricos reales. Y ahora… ese momento ha llegado.
Elian sintió un nudo en la garganta. De repente, muchas piezas de su vida comenzaron a encajar con un frío estremecedor.
-Y también -añadió el padre, con un cambio repentino en el tono, más grave y urgente- ha llegado el momento de luchar. Estás en peligro, hijo… Hay un nuevo grupo de hombres vampíricos creados por unos cientificos que te está buscando… ya matarón a muchas personas y ahora su propósito es claro: acabar contigo.
-Los vampíricos de Gentrace… -repitió Elian con el ceño fruncido-. Ya me habían hablado de ellos. Un científico me escribió por correo hace semanas. Intenté no involucrarme en más problemas… pero veo que tanto esos vampíricos como Gentrace… tienen que ser destruidos.
-Sí -afirmó su padre, con un brillo sombrío en los ojos-. Esta noche, a las doce en punto, ellos atacarán Gentrace.
Y el dueño… -hizo una breve pausa, como midiendo el impacto- tiene una medicina aún más poderosa. La creó usando tu sangre como base.
Elian apretó los puños.
-Entonces iré allí… y pelearé -dijo con firmeza, sintiendo cómo su decisión se encendía como una llama en su interior.
-Maya y Daniel también te están buscando -agregó el padre-. Piensan que estás secuestrado en Gentrace. Irán a la medianoche.
Elian abrió los ojos sorprendido.
-Tengo que intertar escribirle a Maya otra vez-murmuró mientras intentaba nuevamente sin exito activar el panel holográfico de sus lentes.
No pudo enviarle el mensaje y además el ícono de conexión parpadeaba sin éxito.
‐Parece que tus lentes se malograrón, dijo, el padre vampirico…
Elian frunció el ceño e hizo un intento telepático, concentrándose al máximo… pero la distancia era demasiado grande; la conexión mental se desvaneció como un eco lejano.
-Nada… -susurró frustrado.
-Tengo que irme -dijo de pronto, dando un paso firme hacia la oscuridad. Luego miró a la figura espectral-. ¿Me ayudarás en esta batalla?
Su padre esbozó una leve sonrisa triste.
-Sí… estaré cerca de ti. Aún me quedan algunos poderes… pero solo podré manifestarme unas pocas veces más.
Elian asintió. No había tiempo que perder.
No esperó un taxi autónomo ni transporte alguno. Se lanzó a correr con toda su supervelocidad, surcando el bosque como un rayo silencioso.
La brisa golpeaba su rostro, y cada zancada lo acercaba más a la ciudad… y al destino que lo aguardaba.
Estaba cansado, sí. Había pasado un día entero en tensión. Pero la rabia, el deseo de justicia y la idea de que Maya podía estar en peligro lo impulsaban como una fuerza imparable.
Esta noche… todo cambiaría.
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