Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 44
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Capítulo 44: Sangre Y Fuego A La Medianoche
Los seis vampíricos millonarios salieron ansiosos de poder de la mansión donde se habían reunido, avanzando sigilosamente por el bosque hacia su destino.
El aire era frío y cortante y las ramas se mecían con un viento que parecía advertirles del peligro. Finalmente al llegar hasta cierta distancia de Gentrace, se detuvieron para analizar el panorama.
-¿Cuánto falta para las doce? -preguntó Maurice, mirando su reloj de pulsera metálico.
-Faltan ocho minutos -respondió Ivan Morell.
-Entonces esperemos -dijo Maurice con calma, aunque la ansiedad vibraba en su voz.
Todos permanecierón ocultos entre la vegetación, observando el edificio iluminado a lo lejos, esperando el momento certero para atacar.
En Gentrace, la atmósfera era densa y expectante. En el último piso, Victor Kael y Celina permanecían resguardados en el área de monitoreo, rodeados por un enjambre de pantallas que mostraban cada rincón del complejo. Un guardia de seguridad controlaba las cámaras con precisión nerviosa, mientras los científicos aguardaban en silencio, atentos a las órdenes del director.
-Aún no hay ningún movimiento inusual afuera de la corporación -informó Victor por el auricular, su voz tensa, calculadora.
Del otro lado, el jefe de seguridad respondió con firmeza:
-Recibido, señor Kael. Todos los equipos están en posición. Tenemos guardias en la azotea y escuadrones en la salida de emergencia.
-Perfecto -respondió Victor, entrelazando las manos detrás de la espalda, con una calma que solo disimulaba la inquietud.
El reloj marcó las 12:05 a. m.
-Todo está demasiado tranquilo por aquí… -murmuró uno de los guardias, rompiendo el silencio con una voz cargada de sospecha.
-En cualquier momento pueden aparecer esos demonios -dijo el jefe de seguridad, acercándose lentamente a la ventana polarizada. Desde allí se podía ver hacia afuera, pero no hacia adentro.
Su respiración se volvió más pesada. Afuera, la neblina se espesaba, moviéndose como un velo sobrenatural sobre el suelo.
Y entonces, lo vio.
-¡Dios…! -susurró, con los ojos abiertos de par en par.
Tres figuras se deslizaban con una fluidez antinatural por la entrada principal. La puerta de seguridad estaba sin seguridad, sin bloqueo, tal cual Maurice le dijo a Alan que la desactive.
-Tenemos intrusos, en la entrada principal- susurro el jefe de seguridad, ajustando los lentes especiales que permitian ver en la oscuridad y en malas condiciones.
Victor frunció el ceño.
-Así que finalmente han llegado… -murmuró con un tono sombrío.
-Sí… están ingresando tres vampíricos por la puerta principal -advirtió uno de los vigilantes frente a las cámaras.
-¡Todos a sus puestos! -ordenó Victor Kael, poniéndose de pie de un salto-. Cuando lleguen al laboratorio… disparen.
De pronto, las cámaras del techo comenzaron a fallar. Una a una, las pantallas se llenaron de interferencia. Eran tres vampíricos que habían trepado con agilidad increible hasta el techo del edificio. En cuestión de segundos, acabaron con los vigilantes que estaban distraidos, succionándoles la sangre con una ferocidad silenciosa. Luego destruyeron las cámaras con disparos precisos, dejando en sombras la visión del perímetro del techo.
-¡Hay tres vampíricos en el techo también! -gritó otro guardia, desesperado frente al monitor.
Eran Maurice, Evelyn y Gregory los que estaban en el techo de Gentrace, colocando pequeñas bombas de alto poder en el techo de vidrio del edificio, moviéndose con precisión quirúrgica entre las sombras.
Mientras tanto, en el primer piso, Richard Slade, Kenneth Wu e Ivan Morell se desplazaban con paso calculado hacia el laboratorio central, ubicado en el segundo nivel. Al llegar, Richard intentó abrir la puerta de acceso, pero notó algo: la cámara de vigilancia acababa de moverse.
-Nos están observando -dijo en voz baja, con una mueca. Luego, alzando la voz, ordenó-: ¡Sepárense!
En ese instante, el jefe de seguridad gritó desde el comunicador:
-¡Ataquen!
Los guardias, escondidos tras los módulos metálicos, salieron al descubierto y abrieron fuego con sus fusiles.
La batalla comenzó.
Kenneth y Morell traban de esquivar las balas, moviéndose rapidamente, pero muchas balas eran muy certeras o quizás ellos no eran tan rápidos como pensaban y algunas les cayerón. Entonces los vampiricos tuvieron que buscar cobertura detras de las paredes. Richard Slade busco refugio adentro del laboratorio principal, y comenzó a buscar el medicamento.
De pronto, una explosión estremeció el edificio. Las bombas del techo detonaron al mismo tiempo.
El cristal reforzado se desintegró en miles de fragmentos que cayeron como una llovizna de vidrio afilado.
A través de la brecha abierta descendieron los vampíricos que estaban en el techo, cayendo con una elegancia letal, justo sobre el grupo de guardias que intentaba reorganizarse.
Los vampíricos atacarón, las balas llovieron y el humo se expandio. Lograrón desarmar a tres hombres, y con sus propias armas comenzaron a dispararles con precisión mortal, moviéndose de un lado a otro, casi invisibles entre el humo y las luces intermitentes del sistema de alarma.
El caos fue total. Varios guardias asignados al nivel yacían muertos. Dos restantes habían logrado refugiarse en una habitación, esperando el momento oportuno.
Los disparos y explosiones resonarón por todo el edificio. Maurice, Evelyn y Gregory no vierón mas guardias en el tercer piso, y siguierón su camino hacia el segundo piso, donde estaba el laboratorio y los demás vampiricos. Esquibarón los cuerpos tendidos sangrientos de los guardias de seguridad, pero de pronto Maurice Lang se dio cuenta que empezaba a sangrar mucho. Habia sido herido por una bala. Se apoyó contra una columna metálica, tratando de contener la sangre que brotaba de su costado.
-Tenemos que ir rápido… a buscar la medicina poderosa -logró decir con la voz entrecortada.
De pronto, despues de recorrer los largos pasadizos de la corporación, y antes de llegar a las escaleras, escucharón varios disparos precisos. Varios drones atacarón a los vampiricos. Evelyn y Gregory dispararón contra los drones, destruyendolos, pero es ese momento entre las columnas aparecieron los dos guardias que se habían escondido. Sin pensarlo, dispararón con balas perfectas a Evelyn y Gregory. Los dos cayeron al suelo, heridos gravemente. Maurice esquivando algunas balas de los drones con la fuerza que le quedaba, se habia escondido en un cuarto cercano para cubrirse.
Los guardias avanzarón despacio, con las linternas de sus fusiles apuntando entre la polvareda hacia el cuarto donde Maurice yacía agachado escondido. El sonido metálico de los pasos se mezclaba con el eco de las alarmas y el chisporroteo de los cables dañados.
Maurice, temblando, cerró los ojos.
Sabía que lo habían encontrado. Estaba muy herido para pelear, pero igualmente se levanto con todas sus fuerzas, esperando el momento para luchar. -Sal de allí, engendro del demonio-, bociferó uno de los guardias. Pero antes de que pudieran atacar, dos siluetas aparecierón tan rápido que apenas parecían humanas.
Dos disparos secos retumbaron en el pasillo. Los guardias cayeron al instante, con agujeros en la cabeza de donde chisporeaba la sangre.
Maurice con miedo, espió por el vidrio roto de la ventana del salon hacia afuera. Allí estaban Elias Monroe y Clarisse von Albercht, envueltos en un halo de humo y polvo, como si hubieran descendido de la oscuridad misma.
—Vaya, hasta que aparecierón—dijo Maurice aliviado y saliendo de su escondite respirando con algo de dificultad. Pensé que no vendrían… gracias por salvarme chicos…
Elias le sonrió por unos segundos.
-No me perdería esta batalla por nada…
Y continuó:
Y menos me perdería el placer de matarte con mis propias manos.
-¿Qué? -alcanzó a decir Maurice, con los ojos muy abiertos.
-Maldito traidor…
Elias tomo a Maurice Lang del cuello de un zarpazo y lo levanto con una mano, mostrando ser el más fuerte de los vampiricos. Clarisse sonreía siniestramente, mientras Elias apretaba y quebraba la garganta de Maurice, penetrando sus garras en su cuello, de la cual brotaba mucha sangre…
-Muere rata cobarde-dijo Elias Monroe, mientras lanzaba al piso el cuerpo sin vida.
Sin perder tiempo, Elias y Clarisse se acercaron a Evelyn y Gregory, que aún respiraban débilmente en el suelo.
Sin dudarlo, los remataron con un par de disparos precisos.
El silencio volvió por unos segundos.
Solo quedarón el humo, la sangre… y la traición flotando en el aire.
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