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Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 47

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Capítulo 47: Una Alianza Necesaria

Alan Richter comenzó a recuperar la conciencia en la “celda” donde había sido encerrado. El golpe en el cuello seguía punzando, pero el estruendo que sacudía todo el edificio—gritos, disparos, vidrios rompiéndose—lo arrancó definitivamente del letargo.

Se incorporó con dificultad y se frotó el cuello. Fragmentos confusos de memoria regresaron como flashes: la reunión… Richard Slade… aquella mirada fría…

—Fui hipnotizado —murmuró, comprendiendo al fin lo ocurrido.

Se examinó, respirando agitado. Algo había cambiado.

—El hipnotismo… desapareció —susurró, sorprendido—. Tal vez el golpe me lo quitó…

Sabía que no tenía tiempo para explorar más. Afuera, los vampíricos y la seguridad de Victor estaban librando una guerra. El caos era total.

—Debo salir de aquí —decidió, poniéndose de pie.

Recordó entonces su herramienta de emergencia: el lapicero que siempre llevaba encima, el cual escondía un pequeño láser industrial. Se palpó la ropa con ansiedad… y lo encontró. Sintió una oleada de alivio.

Se acercó a la cerradura metálica y activó el láser. Un punto rojizo ardiente comenzó a devorar lentamente el metal.

—Vamos… vamos… —susurraba mientras trabajaba.

Cuando ya había consumido más de la mitad de la cerradura, el láser parpadeó… y murió.

—Maldición… —bufó, apretando los dientes.

No tenía más opciones.

Respiró hondo, retrocedió un paso… y embistió la puerta. Luego la pateó. Una y otra vez. El metal vibraba, se deformaba apenas, pero no cedía del todo.

—Vamos… abre… ¡abre! —gritaba mientras atacaba con todas sus fuerzas, logrando apenas hacerla rechinar.

Maya y Daniel avanzaban con cautela, esquivando cuerpos inertes en el suelo: guardias y algunos sujetos con aspecto de millonarios, todos con heridas grotescas. El olor metálico de la sangre impregnaba el aire. Entonces, desde el fondo de un pasadizo a la izquierda, escucharon golpes secos: ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! Como si alguien estuviera intentando romper algo… o intentando escapar desesperado.

Ambos se detuvieron.

Maya fijó la mirada en la oscuridad del pasillo, su respiración acelerándose.

—Podría ser Elian… intentando salir —susurró con ansiedad.

Daniel tragó saliva.

—Sí… podría ser. Vamos, pero con cuidado.

Caminaron hacia el ruido, esquivando más escombros y sombras inquietantes. Cuando estuvieron a unos pocos metros de la habitación de donde provenían los golpes, estos se detuvieron de repente. El silencio que siguió fue aún más inquietante. Luego se escuchó un suspiro… y un quejido bajo, masculino.

Maya, impulsada por la esperanza, se adelantó. La manija de la puerta estaba sorprendentemente sin seguro. Giró y empujó con precaución.

La habitación era sombría, apenas iluminada por una luz de emergencia parpadeante. Al fondo, en el suelo, la silueta de un hombre estaba sentada, encorvada.

—¿Elian?… ¿Elian, eres tú? —dijo Maya, con la voz temblorosa.

—No te acerques demasiado… podría ser otra cosa —murmuró Daniel desde atrás, nervioso.

El hombre levantó la cabeza. Luego se incorporó lentamente y se acercó a las rejas de la celda, dejando ver su bata de cientifico de Gentrace…

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Alan sorprendido, con su rostro asomándose entre las sombras.

Maya contuvo el aliento. Daniel abrió los ojos con curiosidad.

No era Elian.

Ambos dieron un paso atrás de inmediato.

—¿Ustedes conocen a Elian? ¿Acaso fue capturado por Victor otra vez? —preguntó Alan con evidente preocupación.

—Sí. Elian es mi novio —respondió Maya, acercándose un poco más a las rejas—. Vinimos a buscarlo porque desapareció, y pensamos que Victor lo atrapó otra vez.

—Y yo soy amigo de Elian —añadió Daniel—. ¿Usted es científico? ¿Qué hace encerrado aquí?

Alan respiró hondo, como cargando el peso de la culpa.

—Victor Kael, el dueño de esta corporación, me encerró porque no quisé seguir con sus reglas…intenté desenmascarar lo que pasa en Gentrace.

Los ojos de Maya se abrieron con sorpresa.

—Entonces… ¿usted es Alan Richter, el científico que le envió un correo a Elian para advertirle del peligro?

—Sí —asintió Alan, tenso—. Le dije que con su sangre crearon a los vampíricos… los mismos que ahora están atacando esta corporación.

Daniel se agachó frente a la cerradura.

—Vamos a ayudarlo a salir, señor Alan. Y después usted nos ayuda a encontrarlo, ¿sí?

Alan asintió, pero levantó una mano en advertencia.

—Aquí es demasiado peligroso. Deberíamos pedir ayuda o llamar a la policía…

—Tenemos una amiga periodista que prometió venir con la policía. Pero ya tardo mucho, quizá le paso algo. Se llama Nayra.

—Conozco a Nayra —masculló Alan, sorprendido—. Yo le conté todo lo que ocurría y le pedí que denunciara. Pero… la policía no hizo nada. Seguro también han sido hipnotizados.

Daniel frunció el ceño.

—Sí… podría ser. Nayra nos dijo que un vampírico la hipnotizó y la controló.

Activó la linterna en modo láser y empezó a quemar la parte de la cerradura que quedaba. Un chasquido metálico, un crujido… y finalmente la puerta cedió. Alan salió, estirando los músculos adoloridos.

Los tres se miraron, respirando con tensión.

—No sabemos si la policía llegará —dijo Maya—. Así que tenemos que buscar a Elian. Él es el único que puede derrotar a esos vampíricos.

Alan se frotó la frente.

—Antes de que me encerraran, yo no sabía si Elian ya estaba aquí. Pero… si lo capturaron después, lo más probable es que esté en el sótano, donde es oculto y además allí Victor guarda la medicina ultramutada.

Alan salió del área de la celda junto a ellos. Cuando vio los cuerpos atravesados de Ivan Morell y Kenneth Wu, clavados en los vidrios de la ventana rota, se quedó helado.

—Parece que los guardias de Kael ganaron… o quizá no —susurró.

Justo en ese momento vieron corriendo al guardia de seguridad que habia estado con Victor adentro del area de camaras.

El guardia al ver a Alan le dijo, no me importa que hayas escapado, yo me voy de aquí. Se va a poner feo. Victor y los cientificos fueron capturados por dos vampiricos…

¿Donde estan? le pregunto Alan al guardia.

Estan abajo en el sotano, respondio el guardia corriendo hacia la salida.

Al saber eso Alan retrocedió un paso.

—Escuchen… No sería inteligente que yo vaya con ustedes. Si alguno de los vampíricos o cualquiera se inyecta la medicina ultramutada, no tendríamos oportunidad.

—Usted nos dijo que nos ayudaría —protestó Daniel.

—Y lo haré —respondió Alan firme—. Iré a buscar a la policía. Ahora que varios vampíricos están muertos, los oficiales deberían empezar a liberarse del hipnotismo… o al menos podré ayudarlos a romperlo. Además… creo que también secuestraron a Nayra. Por eso no llegó como les prometió.

Maya asintió, decidida.

—Entonces sálvela. Sálvelos a todos. Nosotros iremos a resolver esto… de una vez.

Alan intercambió una mirada llena de tensión y responsabilidad con ambos.

—Buena suerte —murmuró.

—Igualmente —respondió Maya.

Y así, en un pasillo lleno de sangre seca, vidrios rotos y ecos de una guerra oculta, los tres se separaron… cada uno rumbo a su misión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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