Elian: Criaturas Modernas - Capítulo 48
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Capítulo 48: A Contrarreloj
Elian llegó con una velocidad sobrehumana hacia Gentrace. A cierta distancia, distinguió la silueta de un hombre saliendo de Gentrace.
Su instinto le alerto de inmediato.
—Podría ser una de esas criaturas… o uno de los aliados de Victor —murmuró, tensando los músculos, listo para atacar.
Se acerco velozmente hacia él, listo para atacar, pero se detuvo a pocos metros del sujeto cuando se dio cuenta que el sujeto llevaba una bata de científico y parecia escapar de alli…
El sujeto se agachó instintivamente, tratando de protegerse del impacto que casi recibe.
—¿Eres uno de los aliados de Victor Kael? —preguntó Elian, avanzando con cautela.
El hombre levantó la cabeza, lo miró con atención… y sus ojos se abrieron con asombro.
—Hola Elian… ¿dónde estabas? Todos pensabamos que te habían capturado—exclamó Alan Richter, recuperando el aliento.
Elian lo observó mejor. La cara, el nombre en su bata…
—¿Usted es Alan Richter? —preguntó Elian—. El científico que me advirtió hace unos meses…sobre lo que pasaba aquí ¿Verdad? lo recuerdo…
Alan dio dos pasos hacia él y le extendió la mano.
—Sí. Soy yo. Y me alegra verte en pie. Por fin viniste a detener esta monstruosidad.
Elian estrechó su mano con firmeza.
—Esta corporación cometió demasiados crímenes. No puedo permitir que siga existiendo. Dime, ¿viste a una chica de cabello castaño y a un chico con lentes aquí en Gentrace? Es mi novia… y mi mejor amigo.
—Sí —respondió Alan— justo ellos me ayudaron a escapar, porque Victor me habia capturado… ellos van hacia el sótano donde esta la medicina ultramutada. Allí están todos. Victor y sus aliados fueron capturados por los vampíricos, porque ellos tambien desean la medicina poderosa…
Elian apretó los puños, sintiendo la energía subirle como un fuego.
Entonces acabaré con esto.
—Ten cuidado —advirtió Alan—. Esa medicina podría multiplicar la fuerza y velocidad de cualquiera. Si un vampírico la usa, será prácticamente imparable. Tienes que destruir esa medicina…
Elian asintió y se dispuso a entrar, pero Alan lo detuvo.
—Espera. Tu solo no puedes hacer justicia. Necesitamos a la policía… necesitamos a la ley aquí. Iré a buscarlos. Pero muchos están hipnotizados, y también presiento que capturarón a Nayra, la periodista que trató de denunciar primero todo esto…
Elian frunció el ceño.
—Si la policía está hipnotizada, te pondrás en peligro yendo alli. Tal vez… puedo ayudarte.
—¿Ayudarme cómo?
Elian se acercó y lo miró fijamente.
—Puedo darte una parte mínima de mi habilidad hipnótica. Solo lo suficiente para romper el trance de los demás… si están controlados.
Alan tragó saliva.
—¿Me… hipnotizarás a mí?
—Solo un toque leve. Nada más. Confía.
Alan respiró hondo.
—De acuerdo. Hazlo.
Elian colocó ambas manos en la cabeza de Alan. Sus ojos se volvieron rojos intensos, brillantes, vibrantes… una energía distinta, más poderosa, surgió de él. La transferencia fue breve, pero Alan sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo, como una chispa eléctrica.
—Listo —dijo Elian, con un tono más profundo.
Alan se tambaleó un segundo, pero se sostuvo.
—Creo… sí, creo que funcionó.
—Ve —ordenó Elian—. Libera a Nayra. Rompe el hipnotismo de los policías. Hazlo.
Alan asintió con determinación y corrió hacia la calle lejana. Allí tomó un taxi automático y se perdió en la noche rumbo al complejo policial de Columbia… y hacia Nayra Kovarik.
Estando afuera de Gentrace, Elian escuchó disparos que provenían desde lo más profundo de la corporación… quizás era en el mismísimo sótano.
Sin perder tiempo, entró en la corporación con una ferocidad casi animal, impulsado por la rabia y la urgencia de encontrar a Maya y Daniel.
*****
En el sótano, la tensión era asfixiante.
Victor Kael fue empujado bruscamente por la espalda por Elias hacia la bóveda blindada.
—Vamos, desactiva la seguridad de la boveda para abrirla—ordenó Elias, presionándolo entre la puerta circular de acero y la punta de su arma.
La bóveda tenía un diseño antiguo pero reforzadísimo:
tres capas metálicas superpuestas, un lector de iris, un panel numérico y múltiples cerrojos electromecánicos.
Nadie tenia acceso…excepto Victor Kael.
Clarisse Von Albercht vigilaba a un lado a los científicos y a Celina, que observaba todo con una fría expresión calculadora.
Victor, con rabia y resignación, acercó su rostro al lector de iris.
Bip.
—Acceso autorizado —anunció la voz robótica.
La puerta emitió un silbido y abrió lentamente.
Adentro, sobre un pedestal metálico, había un microtubo criogénico individual, protegido por un cubo de vidrio ultrarreforzado con un seguro adicional: un panel digital de cinco dígitos.
Elias apartó violentamente a Victor y cogió el cubo de su soporte.
—Aún tiene clave… —gruñó con fastidio—. ¿Cuál es la clave, Kael?
—Son cinco dígitos —respondió Victor—. Dame, lo abriré.
—Abrelo rápido —ordenó Elias, levantando su arma.
Victor digitó la clave.
Error. Código incorrecto.
Elias apretó los dientes.
—¡Ábrelo de una maldita vez! —rugió, y apuntó a Celina— o la mato.
Victor lo intentó de nuevo.
Fue justo en ese momento de tensión máxima que Maya y Daniel aparecieron en el umbral del sótano.
Maya dio un paso al frente con el rostro endurecido:
—¿Quién de ustedes tiene a Elian?
Su voz retumbó en el silencio.
—¡Uno de ustedes debe tenerlo cautivo! —insistió, mostrando una valentía que sorprendió incluso a Clarisse.
Victor, aprovechando el caos, alzó la voz:
—Este vampírico —señaló a Elias— capturó a Elian y ahora quiere usarnos como carnada. ¡Ayúdennos a detenerlo!
—Sí —añadió Celina rápidamente—. Si nos ayudan, les diremos dónde lo tienen.
Elias entrecerró los ojos. Observó a Maya y Daniel con interés…
Y luego entendió.
Se dio cuenta que Victor estaba escribiendo mal la clave a propósito.
Lo estaba retrasando.
Elias levantó su arma.
Todo pasó en un instante.
¡Bang!
Un disparo retumbó en el sótano.
La bala atravesó el aire y golpeó directo a Victor Kael.
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