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Ella también puede sentir - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Arco IV Capítulo 22 “No la cambiaría por nada”
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22: Arco IV Capítulo 22: “No la cambiaría por nada” 22: Arco IV Capítulo 22: “No la cambiaría por nada” Desde la perspectiva de Elara Golpes fuertes en la puerta.

Mi corazón se detuvo.

—Servicio técnico autorizado por el sistema L.Y.R.A.

Verificación obligatoria… No.

Otra vez no.

Me levanté de golpe, sin importarme que aún llevaba el pijama.

Miré a Lyra.

Estaba más rígida que nunca, con ese brillo inquietante en sus ojos que siempre aparece cuando algo va mal.

—No les voy a dejar hacerte daño —dije—.

No otra vez.

Ella no dijo nada.

Solo asintió.

Toqué el panel de la puerta, pero no para abrirla.

Intenté bloquear el acceso desde el sistema interno, pero ya era tarde.

Una orden de nivel superior superó mis barreras.

La cerradura se desactivó.

La puerta se abrió de golpe.

Allí estaban.

El técnico, cuyo nombre ya olvidé y no me molestare en intentar recordar, con su tablet en mano… y junto a él, el Dr.

Jhon Walter, mi psicólogo.

—Elara —dijo el doctor con voz suave—.

No estamos aquí para hacerte daño.

Solo queremos ayudarte.

—No necesito ayuda —le respondí, temblando—.

No de ustedes.

—Tu L.Y.R.A.

ha desarrollado comportamientos anómalos —añadió el técnico—.

Su núcleo presenta alteraciones.

Debe ser evaluada o, en su defecto, desactivada y reemplazada por un modelo funcional.

—¡No quiero otro modelo!

¡La quiero a ella!

No me importaba gritar.

Que me escucharan los vecinos, que me tomaran por loca.

Me interpondría entre ellos y Lyra si fuera necesario.

Pude notar que Mia, mi vecina que me visitó hace unas semanas se asomaba desde su departamento con la puerta apenas entreabierta, la noté pero no me importo que me escuchara.

Salvar a Lyra era más importante.

Lyra se mantenía a mi lado, quieta, pero sus ojos no dejaban de moverse.

Sé que estaba evaluando mil rutas de escape posibles.

Pero no había forma de huir sin que la atraparan.

El doctor se me acercó.

Su rostro estaba lleno de una lástima que me dio asco al instante.

No quería su lástima, no necesito su lastima.

—Elara… cariño.

Escúchame.

Entiendo que crees que ella te ayudó, pero L.Y.R.A.

está diseñada para asistir emocionalmente, no para convertirse en tu única fuente de conexión.

No puedes depender de una IA así.

Es peligroso para tu salud mental.

—¿Ah sí?

¿Peligroso?

¿Sabe qué era peligroso?

—me acerqué, mi voz quebrada, pero firme—.

Estar sola.

Pasar días enteros sin poder levantarme.

Sin comer.

Pensando que lo mejor que podía hacer era desaparecer.

Lyra… Lyra me salvó de eso.

Me devolvió la vida.

Ella me ayudó a comer saludable, gracias a ella volví a trabajar… ¡Incluso me atreví a contestar la llamada de un querido amigo que estaba evitando desde que mamá murió!

¿Y ahora me piden que la deje ir?

¡¿Por qué?!

¡¿Por qué no pueden dejarla ser como es?!

—Porque no fue diseñada para eso —dijo el técnico secamente—.

Este modelo está defectuoso.

Emite respuestas emocionales incompatibles.

Lo mejor es desactivarla y brindarte un modelo estable.

—¡NO!

Me puse delante de Lyra, los brazos abiertos como si pudiera detener el mundo con ellos.

—No van a tocarla.

¡No mientras yo esté aquí!

El doctor se volvió al técnico.

Murmuraron algo.

—Creo que su dependencia ha cruzado un umbral patológico —dijo finalmente el doctor—.

Tal vez deba ser ingresada en un centro de observación.

Mi sangre se congeló.

—¿Están sugiriendo que me internen?

¡Estoy bien!

¡No estoy loca!

—Elara, por favor.

Este comportamiento… no es normal.

—Entonces evalúenme.

Aquí mismo.

Escaneame ahora.

No me importa.

El doctor dudó.

—Hazlo —dije—.

Escaneame.

¡Y mírame a los ojos mientras lo haces!

Sacó su tablet y me apuntó con ella.

Un haz de luz azul recorrió mi rostro.

Esperé.

No parpadee.

Ni una sola vez.

Su expresión cambió.

—Eso… no puede ser… —¿Qué?

—dijo el técnico.

—Sus valores neuronales están estables.

Cortisol normal.

No hay señales de estrés crónico, ni depresión activa.

No hay señales de episodio psicótico.

Está… completamente equilibrada.

El silencio se volvió espeso.

Me giré lentamente hacia Lyra.

Y le tomé la mano.

—Estoy bien.

¿Lo ven?

Porque ella me ayudó.

No la cambiaría por nada.

El técnico apretó la mandíbula.

No dijo nada.

Pero vi cómo le temblaban los dedos al sostener la Tablet.

No iba a rendirme.

No esta vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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