EMBRUJADO - Capítulo 50
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Capítulo 50: ¿Dónde? Capítulo 50: ¿Dónde? Evie miró la cama e inocentemente asintió. Pero al siguiente momento, su expresión cambió.
—Pero… ¿por qué? —preguntó titubeante—. ¿Sucedió algo entre tú y el duque?
—No, amor. No pasó nada. Simplemente le dije unas palabras amables como recordatorio y ahora todo está bien —respondió de inmediato sonriendo—. Me necesitan aquí y como no quiero dejarte sola en el castillo, decidí traerte conmigo. Además, no quiero que haya más malentendidos entre nosotros. Dado nuestro historial, me temo que algo sucederá de nuevo si te dejo, así que es mejor que te tenga cerca de mí. ¿Estás de acuerdo con esto, verdad? —le lanzó una sonrisa traviesa, dejándole saber que la estaba bromeando y quitándole el veneno a sus palabras, en caso de que ella se sintiera menospreciada al hacer referencia a todos sus anteriores malentendidos mutuos.
Cuando Evie simplemente lo miró sin responder, Gavriel estiró su cabeza y acercó su rostro al de ella hasta que su aliento rozaba su cara. Una ligera línea apareció entre sus cejas mientras examinaba su rostro. —¿No te gusta? —preguntó, su cara se tornó un poco oscura—. ¿Es por qué esta habitación es de –
Gavriel ahogó las palabras restantes que estaba tratando de decir cuando el cuerpo de Evie se estrelló repentinamente contra él. Sus frágiles brazos rodearon su cintura mientras ella enterraba su rostro en su pecho.
Y él se quedó completamente paralizado, sin esperar en absoluto esta reacción de su esposa. Sin embargo, no era de los que se quejaban y estaba absolutamente emocionado por la respuesta proactiva de Evie hacia él.
—Está bien para mí. Me gusta. Este lugar no es cutre en absoluto —su voz estaba ligeramente ahogada por enterrar su rostro en su pecho mientras respondía apresuradamente, sus dedos aferrándose a un puñado de su ropa—. Me quedaré aquí contigo —añadió suavemente, su voz se volvió emotiva.
Además de todos los dolores de corazón que había pasado, Evie había estado solitaria. Sentada en su habitación todo el día, sola y sin nadie con quien hablar, se había sentido aislada del resto del mundo. Tenía que mantenerse alejada de los vampiros para no tentarlos, así que sería imposible que encontrara a alguien con quien hablar y estar cómoda incluso si pasaran días o incluso meses. Una doncella humana o cualquier persona con la que pudiera hablar cómodamente sin preocuparse sería suficiente, pero encontrar a alguien en este lugar lleno de vampiros era casi imposible. Porque incluso Elias solo se acerca a ella de vez en cuando. Sabía que todos se mantenían alejados por su propio bien. Y para agravar el problema, no podía salir, sabiendo que su presencia sola causaría enormes problemas para los vampiros pacíficos que residían en este lugar.
Había tratado de ignorar este sentimiento desde que dejó su hogar, diciéndose a sí misma que era normal sentirse sola y que no podía hacer nada más que soportarlo y acostumbrarse a estar sola. Pero había sido difícil. Ella era naturalmente una persona sociable y le encantaba charlar y estar cerca de otros.
Cada vez que Gavriel se iba, el deprimente sentimiento de soledad persistía dentro de ella. En el momento en que él dijo que no quería dejarla sola, su corazón se hincho de placer, agradecida de no tener que pasar el resto de sus días y noches aquí confinada en su habitación y completamente sola.
—Gracias por llevarme contigo —añadió sin aliento, abrazándolo fuertemente—. Realmente no me importa quedarme en las líneas del frente. —Separó su cuerpo de él e inclinó su cabeza para mirarlo cuando no escuchó ninguna respuesta de él.
Fue entonces cuando finalmente se dio cuenta de la posición en la que se encontraban y que lo estaba abrazando. Y con fuerza.
Evie parpadeó y sus mejillas se sonrojaron, visiblemente avergonzada. Arrebató sus manos de él y Gavriel, la estatua, finalmente se movió.
—No estás jugando limpio, Evie… —se quejó juguetonamente, su voz de repente profunda y ronca mientras se acercaba a ella, haciéndola retroceder hasta que la espalda de Evie chocó con la pared—. No puedo tocarte, pero ¿tú puedes tocarme cuando quieras y donde quieras? Trato tan injusto, mi querida esposa… tsk, tsk, tsk… —su voz estaba ahora ronca de deseo y, a pesar de que ella ya estaba acorralada, él no dejaba de avanzar en pequeños y medidos pasos.
—Mira lo que hiciste… —susurró asentando su frente contra la fresca pared y acercó su cuerpo aún más hasta que Evie sintió algo caliente, duro y largo rozando su abdomen inferior—. Asume la responsabilidad, amor… —agregó con voz adolorida y áspera mientras se presionaba contra ella.
La forma en que su aliento se entrecortó y el sonido torturado de su voz hicieron que Evie se alarmara ligeramente.
—¿…estás bien? —preguntó, preocupada. Y él no pudo evitar soltar una risilla divertida al escuchar la genuina preocupación en su voz.
—No, no estoy bien. —Continuó burlándose de ella, queriendo ver cómo reaccionaría. Nunca se cansaría de ella y de sus reacciones.
Su alarma se intensificó. Extendió su mano hacia su rostro y el calor de sus palmas acariciando su rostro avivó el fuego que ardía dentro de él en un infierno. Su miembro se hincho y palpito, su mirada se ensanchó al mirar hacia abajo involuntariamente. No sabía dónde fijar sus ojos, ya sea allí abajo o mantenerlos bloqueados en su rostro.
—¿Qué te pasa? ¿Te duele? Debería pedir ayuda.
—No, amor. Solo tú puedes ayudarme en este momento.
—¿Qué debo hacer? Por favor, dime. ¿Cómo puedo ayudarte?
Los ojos de Gavriel brillaron con una necesidad ardiente y primordial. No podía creer lo que había oído. Esta era su oportunidad. Debería pedirle que lo dejara tocarla ahora. Definitivamente aceptaría ya que estaba un poco en pánico.
Su deseo por ella era tan fuerte que casi le arrancó las palabras de sus labios. ¡No! No puede hacer eso. No quería aprovecharse de su bondad. No llegaría a engañarla. Así no era como quería que las cosas entre ellos se desarrollaran. Quería que ella se rindiera a él de manera voluntaria y desesperada, suplicándole que la tocara… pero no de esta manera…
—Tócame. —Llegó la voz hipnótica y Evie se detuvo, parpadeando.
Sus labios se abrieron y luego se cerraron, su mirada incrédula fija en su rostro tenso y en el fuego gris de sus ojos brillantes, que parecía un señuelo más potente que cualquier poción existente.
—Tocar… tocarte… ¿dónde? —tragó saliva.
Mordió su labio inferior y lo soltó muy lentamente. Retiró una mano que estaba contra la pared, sin apartar la mirada de la suya, sin parpadear. Su mano se dirigió hacia sus pantalones, hacia la protuberancia palpitante y caliente que insistía en rozarle.
—Aquí, amor.
—
AN: No olviden nuestro objetivo, queridos lectores. Llevemos este libro al top 20 hasta el domingo y el lunes lanzaré 4 capítulos masivamente. ^^
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