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Emir Lovelace - Capítulo 10

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10: Capítulo 09 10: Capítulo 09 Emir Lovelace parecía definitivamente un niño.

En pocos minutos logró conciliar el sueño y quedar profundamente dormido en mis brazos y solo hasta ese entonces, pude deleitarme con su absoluta cercanía.

Su rostro relajado era más atractivo y dulce, en especial sus largas y espesas pestañas que descansaban sobre sus mejillas levemente sonrojadas por el frío.

Tenía diminutas pecas en la nariz, pómulos, espalda y brazos, como si le hubieran rociado un poco de canela encima, haciendo un magnifico contraste con su piel de porcelana.

Adorable.

Me atreví a acariciarle el contorno de sus facciones con las yemas de mis dedos y al instante que recorrí sus cejas, él gruñó en sueños, frunciendo el ceño e intensificando el abrazo, decidido a no soltarme, como si temiera que yo me iría a alguna parte.

Le rodeé el cuello con un brazo y coloqué el otro sobre su espalda, atrayéndolo más a mí, sin importarme nada, su calidez me estremeció, me sentí segura.

Todavía no podía creer que Emir estaba durmiendo en mis brazos, teniendo en cuenta que apenas nos conocíamos y ni siquiera nos habíamos besado, pero estaba segura que este momento era incluso más íntimo que tener sexo.

Al siguiente día, me sorprendí al ver como él continuaba abrazándome, aunque en una posición diferente.

Emir se había acomodado detrás de mí, rozando su pecho desnudo con mi espalda.

Su brazo alrededor de mi cintura y sus piernas entrelazadas con las mías.

Y sentí su otro brazo por debajo de mi cabeza.

¿En qué momento había logrado cambiar de lugar?

Hice el ademán de levantarme, pero enseguida sentí la mano de Emir que estaba sobre mi cintura tensarse y mantenerme en mi sitio.

—Quédate un rato más—ronroneó en mi oreja.

Su voz dominada aún por el sueño me erizó la piel de una manera tan exquisita.

Asentí y sentí su aliento en mi cuello, estremeciéndome.

De pronto, su mano empezó a acariciarme mi brazo y parte de mi cintura, situándose después a la altura de mi pecho izquierdo.

Emir titubeó un poco, pero después se aventuró a acariciarme esa área también y me mordí el labio inferior.

Su masculina mano se apoderó de mi pecho y percibí algo creciendo detrás de mí, a altura de mi espalda baja.

Algo grande, duro y muy demandante.

Ay Dios.

—No cabe en mi mano—rio él, y era cierto.

Me ruboricé ante su comentario.

—Jamás me habían dicho eso—reí también, avergonzada.

Él rio todavía más y siguió tocándome a su antojo de manera divertida en otros sitios menos erógenos.

—¡Emir!

—chillé cuando sentí sus dedos hacerme cosquillas en las costillas—nos van a oír… Ni siquiera me di cuenta que me había levantado casi toda la blusa.

—¿Qué importa?

Esta es mi finca y puedo hacer lo que quiera contigo… —le restó importancia, teniendo la intención de meter su mano por debajo de mi ropa.

Sin embargo, aquel momento se paralizó cuando llamaron a la puerta.

—Joven Emir, ¡tiene visitas!

Era la señora Aria.

Nos tensamos.

—No te muevas ni respondas—susurró Emir, irritado—se va a fastidiar y se irá, tranquila.

—Pero vinieron a verte—insistí.

—Ya habíamos quedado que no quería que permitieran el acceso a nadie—espetó Emir a Aria—así que quien sea que haya venido, dile que no voy a atenderlo.

—¡Joven Ewan, no puede entrar a la habitación!

Emir se levantó de un salto cuando escuchó a la señora Aria discutir con otra persona afuera.

Ewan.

Abrí la boca para preguntarle a Emir quien era el que estaba afuera intentando abrir, pero él me puso un dedo sobre los labios, completamente desesperado.

—Métete al baño—susurró—corre.

—Pero mi tobillo… —balbuceé.

Emir se las arregló para rodear la cama y cargarme rápidamente.

Me dejó sobre la bañera y salió corriendo nuevamente, cerrando con pestillo la puerta del baño.

No obstante, se escuchó como la puerta de la recámara se abrió.

—¡Joven Ewan!

—chilló Aria, histérica.

—¿Se puede saber por qué entras de esa manera a mi habitación?

—inquirió Emir con la voz filosa como una navaja.

—Querido hermano, ¿acaso estás escondiendo a una chica?

—se burló el que se llamaba Ewan y que era el hermano de Emir.

Oh por Dios.

Tenían casi la misma voz.

—Es mi finca, ¿no?

Puedo meter y sacar a quien yo desee—añadió Emir con veneno.

—Desde que heredaste este lugar, desapareces con frecuencia de casa y eso no les agrada a nuestros padres.

—Estoy por cumplir treinta años, Ewan, y no he vivido lo suficiente.

—Tienes razón, es especial porque dentro de poco… —Mejor dime a qué has venido—le cortó Emir con brusquedad.

—¿Estás con alguien ahora?

—volvió a aguijonear su hermano.

—¿Y qué si lo estoy?

—gruñó Emir, a la defensiva.

—Es la primera vez que te vería con una chica, a excepción de… —Ese es otro asunto—volvió a cortarle el hilo de sus palabras de manera desesperada, como si supiera que yo estaba escuchando con atención.

—A nuestros padres no les gustará saber que estás viendo a alguien—canturreó.

—No tienen por qué enterarse—arrastró las palabras, en señal de advertencia—y tú no vas a decirles nada.

—De acuerdo, no hablaré, pero con una condición—vaciló.

—¿Cuál?

—Déjame conocerla.

—¿Qué?

Fruncí el ceño.

¿Por qué querría el hermano de Emir conocerme?

—Es conocerla o decirles a nuestros padres—lo desafió—tú decides.

Tras un largo minuto de silencio, escuché a Emir resoplar, azorado por la situación.

—No es posible que mi hermano menor sea un completo idiota y me manipule de una manera escalofriante—carraspeó Emir—y tú ganas, te voy la voy a presentar, pero si nuestros padres se enteran, te asesinaré, ¿entiendes?

—Bien—agregó Ewan, complacido.

—Espera abajo, voy a hablar con ella.

—Pero… —¡Largo!

Luego de varios segundos, se escuchó la puerta cerrarse y enseguida Emir fue a verme al baño.

Le quité el pestillo como pude y me cargó de vuelta a la cama.

Su expresión era huraña y tenía el ceño fruncido muy profundo, señal de agobio, el cual atormentaba sus preciosas facciones.

Era obvio que no esperaba la visita de su hermano menor.

—¿Escuchaste todo?

—Un poco—me encogí de hombros, restándole importancia para que no pensara que yo estaba asustada.

—Bien, pues conocerás a mi hermano menor, Ewan, el que te había dicho que tiene más los genes irlandeses que turcos—intentó bromear, pero su mirada estaba preocupada.

—No estamos obligados a hacer lo que él diga.

Emir volteó a verme y suavizó su semblante.

—Él no es el problema, sino mis padres, así que será mejor que nos alistemos para que Ewan se marche rápido.

Esto es solo un berrinche suyo—recogió algunos cojines que estaban en el suelo y volteó a verme otra vez—te daré privacidad, me iré a la otra recámara.

¿Estarás lista en quince minutos?

—Tal vez en diez—prometí, sonriendo.

—¿Podrás ducharte sin ayuda?

—me guiñó el ojo, ruborizándome.

—Obvio, pero si me quieres echar una mano, no me quejo—bromeé.

—Cuando Ewan se largue, entonces veremos.

Le sonreí de oreja a oreja, dándole a entender que no me parecía tan mala idea, Emir me devolvió la sonrisa y salió de la recámara.

Me quedé un momento procesando lo que había pasado y sacudí la cabeza.

Dios.

¿En qué me había metido?

Jamás en la vida me había duchado tan rápido y sin importarme que el agua estuviera fría, casi helada.

Tenía un extraño presentimiento ante la presencia de Ewan Lovelace en la finca de Emir.

Quería verme bien presentable para que no existiera ni la más mínima posibilidad de que ese chico pensara que no estaba a la altura de su hermano, pero tampoco quería verme toda exagerada.

Elegí ropa casual y abrigadora, siendo cuidadosa de ponerme una venda nueva en el tobillo y pantuflas para no incomodar mi lesión.

Me puse crema por todo el cuerpo y sequé lo más posible mi cabello.

Coloqué un poco de labial en los labios y me sentí lista para enfrentar a ese irlandés pedante.

Tendí la cama y cojeando, caminé hasta la puerta y estiré la mano para hacer girar el pomo y al hacerlo, alguien más se adelantó.

Trastabillé hacia atrás, sintiendo una punzada dolorosa en mi tobillo y estuve a nada de caer de espaldas al suelo, pero unas fuertes manos me agarraron fuertemente de las manos, evitando mi mediocre destino.

—¿Estás bien?

—me preguntó.

Y alcé la mirada a él y quedé paralizada de la impresión.

No era Emir, sino Ewan, su hermano.

¡Eran tan parecidos!

—Tú debes ser la chica que mi hermano ocultó ese rato—dijo, sin esperar mi respuesta a su primera pregunta.

—Y tú debes ser su hermano impertinente que quería entrar a la recámara privada de Emir—objeté, irritada, pero esbozando una sonrisa mecánica.

—El mismo—vaciló, sin soltarme las manos—mi nombre es Ewan Lovelace, ¿cómo te llamas?

Aturdida, quise zafarme de su agarre, pero fue inútil, puesto que los ojos de él estaban sobre mi tobillo herido.

—Spirit—contesté secamente.

—Spirit, interesante nombre, ¿no tienes apellido?

—tiró de mis manos y no supe qué era lo que pretendía hasta que lo vi cargarme ágilmente, tal como Emir hacía.

—¿Qué haces?

—entré en pánico al tenerlo tan cerca.

—Echándote una mano, ¿o puedes caminar bien?

—se burló.

No respondí y le giré la cara, haciendo que él soltara una risita, similar a la de Emir.

Me llevó hasta la planta baja y me dejó en uno de los sillones más grandes, sentándose muy cerca de mí.

Y solo hasta ese momento, logré verlo completamente.

Definitivamente era la némesis de Emir.

Ewan Lovelace tenía el cabello igual de oscuro que Emir, pero más corto y despeinado, parecía ser levemente más alto que él y más ancho, es decir, con músculos más definidos.

Vestía pulcramente de azul, de pies a cabeza y parecía que estaba a punto de ir a una cena de negocios en vez de estar en la finca de su hermano mayor.

Y lo que de verdad me intimidaron fueron sus fríos y gélidos ojos grises que estaban sobre mí.

Aquella era la diferencia más notoria, el color de ojos.

Los de Emir eran oscuros, misteriosos, pero cálidos, los de Ewan todo lo contrario, ya que detonaban desconfianza, curiosidad y malicia, con un toque de perversión.

Ewan colocó su pierna derecha sobre su rodilla y se acomodó para quedar en dirección a mí con aire arrogante.

Sus ojos grises no dejaban de evaluarme y más que intimidada, comenzaba a ponerme de pésimo humor.

—¿Dónde está Emir?

Él me iba a traer a la sala a presentarme contigo—bufé.

—Ya viene pronto—dijo y arqueó una ceja— ¿cómo se conocieron mi hermano y tú?

—Prefiero hablar cuando Emir esté aquí, si no te importa.

—Por supuesto que me importa—replicó, sin ningún tipo de diversión en su voz.

Se había puesto serio y fruncí el ceño.

—Perderás tu tiempo porque no hablaré.

Y como si el solo pensar en Emir lo hubiera invocado, él bajó corriendo la escalera, gritando mi nombre y el de su hermano.

Estaba hecho un loco.

—Estamos aquí—anunció Ewan con tranquilidad, pero alcancé a verle una sonrisa cínica antes de ponerse una máscara de piedra frente a Emir cuando él llegó hasta nosotros.

Emir estaba a medio vestir, con la camisa desabrochada y el cabello húmedo, casi goteándole sobre los hombros.

Postró la mirada en mí y después en Ewan.

—Desgraciado—se acercó lo suficiente para darle un golpe en la cabeza—debí imaginar que me dejarías atrapado en la habitación.

Me sobresalté al ver que su hermano simplemente se carcajeó con entusiasmo.

—¿Estás bien?

—Emir me miró con preocupación y yo asentí.

—¿Por qué tanto alboroto por esta chica, hermano?

—rio Ewan—pensé que sería… ¿cómo decirlo?

una modelo extranjera, no sé.

Emir, que se estaba terminando de arreglar, le envió una mirada asesina.

—¿Sabes cuál es la diferencia entre una pizza y tú opinión?

—siseó.

Ewan arqueó una ceja.

—¿Cuál?

—Que la pizza sí la pedí, ahora cállate y lárgate de mí finca.

—Me comentó Xavier que ayer tuvieron un percance con una serpiente—dijo Ewan, cambiando mágicamente de tema para no marcharse todavía.

Elevé los ojos al techo y Emir chasqueó la lengua, fastidiado.

—En efecto, lo cual es muy extraño—dijo Emir, sentándose en medio de Ewan y de mí con toda la atención y me sentí aliviada cuando él colocó su mano de manera protectora sobre mi pierna, sin dejar de ver a su hermano.

—Sí, en este clima de Irlanda no son capaces de sobrevivir.

—Pero solo fue un susto, nada grave—dije para aliviar el ambiente.

—A nuestros padres podrían agradarle Spirit—declaró Ewan y no supe descifrar si sus palabras eran sarcásticas o no.

—Hicimos un trato—le recordó Emir con dureza.

La tensión entre los dos hermanos era palpable.

—Y el trato en cuestión también era que te marcharías cuando yo cumpliera con mi parte—continuó diciendo Emir.

Ewan alzó las palmas de sus manos en señal de paz.

—Bien, me voy—dijo, haciendo una mueca—y, por cierto, no solo pasé a ver si estabas aquí, sino para comentarte que tienes una visita dentro de unos días en casa, no lo olvides.

La manera en la que ellos se miraron me hizo entender que con sus miradas se dijeron algo más que yo desconocía y miré a otra parte, sintiéndome ajena a ello.

Ewan se levantó del sofá y se situó frente a mí, tomándome desprevenida.

—Un placer conocerte, Spirit sin apellido—esbozó una sonrisa juguetona y tomó mi mano sin previo aviso, besando el dorso de la misma con delicadeza—espero nos volvamos a ver.

Parpadeé, perpleja y Emir fue el que apartó mi mano de los labios de su hermano.

—Ya conoces la salida—gruñó Emir.

En cuanto ese chico abandonó la finca, pude respirar con normalidad.

La tensión e incomodidad que destilaba era enorme.

—Tu hermano es muy extraño—observé.

—Y eso que lo viste de buenas—masculló Emir—no es para nada confiable.

—¿A qué te refieres?

—Debe haber otra razón por la que él haya venido exclusivamente aquí.

Ewan sabe que cuando estoy en la finca, no me gusta que nadie venga y pues obedece a mis exigencias porque odia involucrarse con este estilo de vida.

—¿Por qué otra razón sería?

—ladeé la cabeza.

—No tengo idea, pero olvidemos ese asunto—de pronto el entusiasmo regresó a él— ¿tienes hambre?

porque yo sí.

Asentí, complacida.

Emir se miraba muy tierno cuando sonreía y me sonrojé al recordar la noche anterior y la manera en la que dormimos y despertamos en la mañana.

De no ser por la interrupción de su hermano, habría ocurrido algo realmente especial entre nosotros.

—Solo por esta vez, dejaré que veas que tan bueno soy en la cocina—declaró con orgullo.

La especialidad de Emir consistió en hacer huevos revueltos, tocino, tostadas de miel, fruta picada y café.

Desayunamos en el comedor de la cocina, charlando de banalidades, como, por ejemplo, lo que ambos hacíamos en nuestros tiempos libres.

—Amo escribir—me dijo con un brillo precioso en los ojos—cuando estoy aquí, escribo muchísimo y me olvido de todo, ah, y también amo leer.

—¿Has escrito libros?

—recargué mi barbilla en mis manos entrelazadas que estaban sobre la mesa, sostenidas por mis codos.

Emir se ruborizó.

—Tengo varios a medias, es que me inspiró en muchas historias y al final no logro terminar ninguna.

—Haz el propósito de terminar al menos una.

—Ahora mismo se me ocurrió otra—planteó—sobre nosotros.

Fruncí el ceño.

—¿Nosotros?

—Sí, pero solo fue una idea—se quedó pensativo.

—¿Ya se ha ido el joven Ewan?

Ambos volvimos el rostro hacia la señora Aria que entró a la cocina con mejor humor.

—Solo vino a fastidiarme, lo siempre—eludió Emir y señaló la sartén en la estufa—sírvete, hay suficiente para ti y Xavier.

—Hubiera cocinado, pero no sabía si el joven Ewan se quedaría a desayunar y él es demasiado especial con los alimentos—se disculpó.

—¿Se refiere a que aparte de antipático también es selectivo?

—inquirí, molesta.

La señora Aria y Emir asintieron—qué persona tan desagradable.

—Sí, ni siquiera parecen hermanos—rio ella.

—Se parecen solo físicamente, pero quitando eso, nada que ver.

—Es difícil coexistir con él—convino Emir, feliz de que estábamos criticando a su hermano.

Era muy placentero ver que Emir estaba soltándose más conmigo y no deseaba que esa pequeña confianza se fuera al carajo.

Necesitaba tenerlo más vinculado a mí, pero no sabía cómo, además de que ni siquiera lo había besado.

—¿Cómo se encuentra Jack?

—preguntó él.

—Normal, ¿por qué?

La que aún sigue un poco nerviosa es Emma, pero Jack está bien—respondió Aria.

—Quiero salir a montar y llevar a Spirit conmigo.

—Xavier ya lo aseó y le dio de comer, así que no hay problema.

Emir asintió, complacido y después me miró.

—Vamos, nos espera el verdadero recorrido por los alrededores.

Y dicho eso, se giró hacia mí y me tomó en sus brazos de manera tierna.

Recosté mi frente en el hueco de su hombro y cuello, sintiendo su calidez y delicioso perfume.

Y de manera involuntaria, le acaricié el cuello y parte de su cabello, haciéndolo estremecer.

Bajó la mirada a mí y me sonrió tan tierno que contuve las ganas de tomarlo de las mejillas y besarlo ahí mismo.

Me llevó hasta el exterior y me ayudó a sentarme en una silla en el jardín trasero en lo que alistaba a Jack para dar un paseo.

Había bastante frío, pero el panorama era bellísimo.

Mi aliento se miraba cada que exhalaba, parecía humo.

A los diez minutos cuánto mucho, apareció Emir montado en el majestuoso caballo negro.

Jack se acercó haciendo sonar sus cascos con toda la intención y resoplando, inmensamente emocionado porque Emir lo iba a sacar a pasear otra vez.

—Es demasiado precioso—dije, admirando al caballo.

—Espera a que lo veas correr.

Él desmontó rápidamente y siendo cuidadoso, me impulsó a sentarme sobre la montura, haciendo que Jack se impacientara por tardar tanto.

Y como tenía mucha experiencia, subió también él de manera tan rápida y ágil, quedando detrás de mí.

Sentí su pecho en mi espalda y sus piernas junto a las mías.

Dios.

Su cuerpo estaba demasiado pegado al mío y tuve que tranquilizarme.

Sujetó las riendas y vi que se había puesto guantes negros para no lastimarse.

—¿Lista?

—susurró sobre mi cuello, dándome cosquillas.

—Sí.

En cuanto dije eso, Emir instó a Jack a moverse.

Comenzó trotando y después, ante el movimiento de las riendas, aceleró.

En otro momento habría tenido miedo porque jamás había hecho correr a un caballo, pero no estaba sola, Emir estaba conmigo y sabía que no había nada que temer.

Él podía con cualquier cosa.

El aire helado azotó mi rostro y mi cabello, pero eso no impidió que me deleitara con el paisaje.

Jack corrió a todo galope durante un largo rato y comprendí que la finca no era grande, sino gigante, no parecía tener fin.

—¿Quieres que paremos?

—me preguntó Emir en voz alta porque el aire impedía que habláramos en tono normal.

—No, quiero llegar al final.

Emir incentivó a Jack para correr más rápido y sentí vértigo, y seguramente él lo notó porque liberó una de sus manos para colocarla en mi estómago y sostenerme de manera segura a su cuerpo y piernas.

Durante quince minutos más, alcancé a ver el final de la finca, en donde había una pequeña cabaña a medio construir, pero se alcanzaba a divisar una hamaca roja en medio de dos árboles y una fogata apagada, señal de que quizá Emir llegaba a estar a solas ahí, lo más alejado de la finca.

Jack comenzó a aminorar el paso hasta que llegamos ahí.

Emir me ayudó a bajar y después amarró al caballo en una estaca en el suelo para que no se alejara.

—¿Qué es aquí?

—quise saber, haciendo lo posible para no perder el equilibrio, pero Emir volvió a cargarme—te está gustando tenerme en tus brazos—bromeé.

—Lo estoy terminando todavía, quiero que sea mi estudio—explicó, dejándome sobre la hamaca—y bueno, cargarte es lo segundo más inocente que puedo hacer en este momento.

—¿En serio?

—lo miré, desafiante.

—Sí.

—¿Y qué es lo más extremo que quisieras hacer?

Emir se quedó pensativo y sonrió con picardía.

—Si me atreviera a efectuarlo, nos podrían ver y yo no doy espectáculos a nadie—me guiñó el ojo y se sentó conmigo en la hamaca.

—¿Y cuál es lo primero más inocente que sí puedes hacer?

—humedecí mis labios cuando sentí su mirada en mi boca.

Emir alzó su vista a mis ojos y me puse nerviosa ante su silencio.

—Esto es lo que he querido hacer desde el primer momento que nos vimos en el aeropuerto—murmuró.

Iba a preguntarle a qué se refería, cuando sentí sus manos tomarme de las mejillas y acercar su rostro al mío.

La calidez de sus labios demandando los míos me hizo perder la cabeza.

Emir Lovelace me había besado por voluntad propia.

Me había besado…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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