Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Emir Lovelace - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Emir Lovelace
  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 12
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: Capítulo 12 13: Capítulo 12 Resignación, angustia, molestia e irritación.

Todas esas emociones se veían reflejadas en el semblante de Emir en todo el trayecto, en especial cuando llegamos al hotel, con el sol entre las nubes y algunas gotas cayendo aun sobre la camioneta.

Aparcó justo enfrente de la entrada principal y resopló, consternado.

—Lamento tanto que este paseo haya salido mal—dijo, apretando el volante con fuerza, llegando al punto en el que sus nudillos se pusieron blancos—si no hubiera sido por Xavier, a mis padres no habrían decidido ir a buscarme a la finca y arruinar todo.

—No todo fue malo—le aclaré, colocándole una mano sobre su pierna para reconfortarlo—me la pasé increíble, especialmente hace unas cuantas horas…

Emir volteó a verme y noté que sus ojos habían recuperado un poco el entusiasmo.

—Es por eso que me siento frustrado.

Compartimos un momento inexplicable, y ni siquiera pudimos conversarlo tranquilamente porque llegaron a interrumpirnos.

—No pasa nada—susurré—estaré aquí en el hotel cuando tus padres se marchen.

—Usa la tarjeta que te di para pagar un mejor hotel—extendió su mano para acomodarme el cabello detrás de la oreja—necesitas un mejor lugar donde quedarte, ¿de acuerdo?

Mándame la dirección para que pueda venir a buscarte.

—¿Qué tiene de malo este hotel?

—Tienes que estar en un sitio que esté a tu altura—esbozó una sonrisa torcida—y si estás saliendo conmigo, entonces con mayor razón.

Parpadeé, sorprendida.

—¿Estamos saliendo?

Emir frunció el ceño.

—Pensé que había quedado claro cuando nos besamos y tuvimos intimidad—ladeó la cabeza.

—En mi mundo, los chicos le piden salir de manera directa a una chica y ser novios.

Él recorrió el contorno de mi rostro con los dedos y se acercó a darme un tierno beso en los labios.

—Y en mi mundo, besando a la chica se le propone salir.

—¿Entonces quieres decir que somos novios?

—mantuve mi voz tranquila, aunque en el fondo quería saltar de emoción.

Sin dejar de sostenerme la mirada, asintió, pero no lo noté tan entusiasmado ni feliz, sino todo lo contrario.

La preocupación parecía dominarlo y quería saber la razón.

—Promete que buscarás otro hotel donde hospedarte—dijo, segundos después, sin alejarse de mí.

—Lo prometo.

—Bien, subiré tus maletas a tu habitación y me marcharé.

Emir tuvo que hacer doble viaje porque se opuso rotundamente a que yo caminara por sí sola, por lo que después de dejar mi equipaje arriba, me cargó todo el tramo de regreso.

Fue cómico porque las personas del lobby se quedaron perplejos al vernos.

—¿Me llamarás cuando todo se solucione?

—le pregunté, antes de que él se fuera.

Nos hallábamos sentados al borde de la cama.

—Sí.

Y para ese entonces, ya me habrás enviado la dirección del otro hotel—me recordó.

Asentí.

Y Emir volvió a besarme, pero no fue un roce de labios como en el Jeep, sino apasionado, hambriento y deseoso de mí.

Tal parecía que deseaba quedarse más tiempo conmigo, pero su deber para con sus padres lo atormentaba.

—Espérame, voy a volver por ti—jadeó, tras romper el beso—si tardo en llamar o buscarte, es porque no es seguro hacerlo, ¿está bien?

Nos dimos un último beso que tardó lo suficiente para dejarme afectada y se marchó.

Me acerqué cojeando hasta la ventana para despedirlo desde lejos, incluso si él no se daba cuenta, pero sonreí como tonta al verlo mirar hacia donde yo estaba desde el Jeep.

Me guiñó el ojo y me envió un beso invisible antes de abordar el vehículo.

Suspiré cuando por fin lo perdí de vista entre las calles de Dublín.

El amanecer se miraba hermoso y yo no podía sentirme más motivada, aunque al mismo tiempo preocupada.

Necesitaba aclarar mi mente sobre los acontecimientos, y para que eso ocurriera, tenía que descansar, para que después pudiera buscar un hotel de mejor categoría a petición de Emir.

Al mediodía desperté gracias a una llamada en mi teléfono.

Apresurada, atendí sin ver el remitente, pensando que se trataba de Emir.

—¿Hola?

¿Emir?

—Soy Cameron—graznó mi amigo del otro lado de la línea—hasta que por fin entró la llamada después de intentarlo muchas veces.

—Oh, discúlpame, pensé que eras él—bostecé.

—Eso me hace entender que ya no estás en su finca, ¿no?

—Ocurrieron cosas… —murmuré y guardé silencio rápidamente, recordando la noche anterior e intentando no sonar tan emocionada porque Cameron podía descifrar hasta el más mínimo cambio en mi voz.

—A juzgar por ese silencio repentino, me hace llegar a la conclusión de que… —No, Cam, no… —¡Por todos los cielos, Spirit!

¡Te acostaste con Emir Lovelace!

—exclamó.

—Fue estupendo—manifesté con orgullo, sabiendo que mi amigo me daría el regaño de mi vida.

—¿Y qué tal estuvo?

—inquirió, poniéndose en modo loco, tal como solía hacer cada que tenía citas hechas por él, que resultaban fallidas.

—¡Fantástico!

—chillé, aliviada por no haberlo enfadado, pero el asunto de las serpientes y de la visita inesperada de sus padres volvió a preocuparme.

—Si fue tan fantástico, ¿por qué tu euforia no aumenta, sino todo lo contrario?

Abrumada, me levanté con cuidado de la cama y abrí las cortinas para recibir un poco de calor, pero el clima había empeorado y el frío era muy escalofriante, además de que parecía que iba a llover.

Me coloqué la sábana encima y me senté al borde de la cama.

Me tomé el tiempo para contarle los sucesos que ocurrieron después de que la última video llamada que tuve con Cameron en donde Emir y él se conocieron a través de la cámara.

—Definitivamente Emir Lovelace oculta algo muy grave—me dijo Cam, en cuanto terminé de comentárselo.

—¿A qué te refieres?

Odiaba que él tuviera mucha razón y nuestros presentimientos fueran similares.

—Escucha, te aconsejo que no vuelvas a ver a ese tipo—manifestó con irascibilidad—no sabes quién es él de verdad, ni su familia.

Tiene mucho dinero, pero en internet no hay información suya.

Se esconde de sus padres y su hermano menor parece un psicópata, según me contaste.

Me rasqué la ceja, reflexionando.

Los consejos de Cameron siempre eran positivos y siempre intentaba llevarlos a cabo, pero en este caso, no sabía qué hacer.

Emir Lovelace ya era importante para mí.

—¿Spirit?

—¿Sí?

—¿Estás escuchándome?

—Pero Emir es diferente, él… —Eso me dijiste sobre Thiago y mira lo que ocurrió por ignorarme—me recordó.

No respondí.

—¿Te pidió ser su novia?

—continuó insistiendo.

—Sí.

Antes de marcharse.

—De acuerdo, eso es un buen punto para él—convino—pero debes regresar a Londres ya, alejarte de todo lo que tenga que ver con Emir.

—Tienes razón—mentí.

—Sé que mientes, te conozco, pero solamente te diré que ya es momento de volver a la realidad.

Cameron terminó la llamada, dejándome con el teléfono en la oreja y resoplé.

Comenzaba a irritarme su comportamiento de una manera colosal.

Sabía que estaba protegiéndome, pero yo me sentía feliz, a pesar de lo extraño que era todo el entorno de Emir Lovelace.

Más tarde, salí a comer, siendo consciente de que no estaba Emir para cargarme, por lo que utilicé unos tenis muy cómodos para caminar y no lastimarme otra vez el tobillo.

En los días que estuve con él en la finca, opté por quitarme el anillo del collar para que no se diera cuenta que lo tenía en mi posesión como algo tan importante, pero como yo me hallaba de nuevo sola, me lo volví a poner para llevarlo conmigo.

Mi teléfono seguía sin ninguna llamada suya o mensaje, señal de que era probable que sus padres continuaban en la finca con él.

Aproveché a buscar en internet mejores hoteles y encontré uno perfecto, pero quedaba del otro lado donde yo estaba hospedada.

Y como el clima estaba realmente frío y lluvioso, decidí quedarme un rato más ahí y beber café.

Tuve suerte de elegir un sitio que era acogedor, incluso tenía un pequeño librero para leer en lo que disfrutabas tu estancia ahí.

Encontré el mejor lugar para sentarme y elegí un libro al azar.

“La Metamorfosis” de Franz Kafka.

Había oído hablar de ese libro tan peculiar, pero jamás me había llamado la atención leerlo porque era complejo y para nada mi estilo.

Y me pregunté si de verdad habría personas que les atrajera este tipo de lectura.

Totalmente decidida a no leer aquel libro extraño, me levanté del asiento con la intención de dejarlo en el estante y elegir otro, cuando de repente, embestí por accidente a alguien que no recordaba haber visto cerca cuando me puse de pie, ya que la punzada de dolor en mi tobillo hizo que perdiera el equilibrio.

Empujé a esa persona hacia atrás y el sonido de una taza estrellándose en el suelo sonó, salpicando de café caliente a varias personas, incluyéndome.

Me caí de nalgas y todo me dio vueltas por un momento.

Escuché un sinfín de maldiciones y reclamos hacia mi persona en cuestión de segundos.

—No ha sido su culpa—añadió una voz masculina y familiar detrás de mí, calmando a los demás con elegancia—yo me acerqué sin avisarle.

Fruncí el ceño y palidecí.

Reconocía esa voz.

Era similar a la de Emir, pero… De pronto, una mano se extendió sobre mí, instándome a recibir su ayuda para levantarme.

Tragué saliva, sintiendo la boca seca cuando alcé la cabeza y me encontré con esos fríos ojos grises que sonreían de manera divertida.

Era Ewan Lovelace, el hermano menor de Emir.

—Hola, Spirit sin apellido, nos volvemos a ver—dijo, agarrando mi mano sin mi permiso.

Me incorporó fácilmente y arqueó una ceja sin soltarme—de todos los sitios donde pensé verte, este fue el menos esperado.

—Ewan Lovelace—mascullé, tajante y retiré mi mano de la suya.

Tal parecía que él de verdad amaba el color azul porque nuevamente vestía todo de ese color, pero más casual.

—¿Por qué no veo a mi hermano por ningún sitio?

—escudriñó con curiosidad todo a su alrededor.

—Porque él no está aquí—bufé, elevando los ojos al techo.

—¿Quién va a pagar por la taza rota?

—inquirió una chica que parecía ser la gerente.

—Yo lo haré—respondió Ewan con una sonrisa coqueta—y si no armas más alboroto, cariño, te daré buena propina.

La fémina se ruborizó y asintió, mandando a llamar a más personas para que limpiaran el desastre sin protestar.

Sentí mucha incomodidad al tenerlo cerca porque no dejaba de observarme, su mirada no era para nada parecida a la de Emir.

Me causaba el efecto contrario.

—Bien, yo me retiro—anuncié con serenidad—fue agradable verte de nuevo, Ewan, adiós.

Tomé mi bolso y comencé a andar con lentitud hacia la puerta.

Las punzadas en mi tobillo me hicieron rechinar los dientes de dolor, pero no podía detenerme ni estar un segundo más en compañía de ese sujeto.

El alivio que sentí al ver que no me siguió fue placentero.

Salí de ahí con intención rotunda de volver al hotel, pero en cuanto puse un pie fuera del establecimiento, la lluvia se desató con brutalidad, burlándose de mí.

Maldije entre dientes, aferrando mi bolso a mi costado y mirando la calle en busca de un taxi.

Sin embargo, dejé de sentir las frías gotas sobre mi cabeza y retrocedí unos pasos, perpleja.

Un paraguas oscuro y enorme estaba por encima de mí y mi espalda chocó con el firme pecho de Ewan Lovelace.

¡Demonios!

—Si te mojas, enfermarás y mi hermano se molestará conmigo por no haberte cuidado—vaciló.

—Emir ni siquiera sabe que estamos aquí—gruñí, dándole la cara.

—¿Por qué te comportas tan grosera conmigo?

¿Qué te hice?

—ladeó la cabeza, sin dejar de sonreír de manera maliciosa.

—No me agradas—arrugué la nariz.

—Eso es extraño, ¿sabes?

Porque solo nos vimos una sola vez y no hablamos mucho.

La lluvia había aumentado y el frío me calaba los huesos, en especial el tobillo y estaba a punto de abofetearlo y robarle el paraguas en cualquier segundo.

—Me voy—sentencié, girando sobre mis talones, pero mi tobillo sufrió las consecuencias y caí de rodillas sobre el asfalto, mojándome la espalda.

Ewan se apresuró a ayudarme pese a mis protestas.

Me cargó fácilmente, dándome el paraguas para cubrirnos los dos.

—¿Podrías dejar de actuar como una loca?

—espetó con seriedad y me encogí, asustada.

¿Qué pretendía?

Ewan se echó a andar por la acera, siendo un imán de miradas de todas las personas.

Incluso las que trataban de cubrirse de la lluvia, dejaban de hacerlo solo para mirarlo, y también los que iban en vehículos.

—¿A dónde me llevas?

—A que te revise un doctor el tobillo, es probable que no sea solo una torcedura.

Asentí.

Dios.

Habría dado todo porque fuese Emir el que estuviera ahí y no su hermano.

Caminó hasta la esquina y se detuvo frente a un deportivo amarillo, muy llamativo para mi gusto.

—¿Podrías sacar la llave de mi bolsillo?

—me pidió.

Torpemente estiré la mano hacia su chaqueta y saqué el llavero del Ferrari.

—Presiona el botón y en automático se abrirá todo.

Obedecí y fue cierto.

Ewan simplemente tiró suavemente de la puerta del copiloto y esta se alzó hacia arriba.

Y solo por una fracción de segundo, cuando él me deslizó al interior, creí haber visto el rostro idéntico de Emir en Ewan.

Sacudí la cabeza ante esa comparación cuando él rodeó el coche para entrar también.

Le entregué la llave y Ewan encendió el motor.

Si no tuviera los ojos grises, habría sido el clon perfecto de Emir Lovelace, pero solo en apariencia, ya que en personalidad eran muy distintos.

—¿Qué edad tienes?

—me preguntó, cortando el silencio.

—Veintiocho.

—Somos de la misma edad—añadió con diversión.

—Emir cumplirá treinta, ¿no?

—Sí, dentro de poco.

Se comporta como un anciano la mayoría de las veces.

—Supongo que maduró antes de lo normal—lo defendí.

—Probablemente.

—Asumo que no vas a contarme de la vida de tu hermano ni de la tuya, ¿verdad?

—Lo haría, pero no sé hasta qué punto Emir te habló de su vida —replicó.

—En realidad, nada —confesé—.

Pero me basta con saber que sus sentimientos hacia mí son recíprocos.

Ewan soltó una risa sarcástica que encendió mis nervios.

—¿Qué es lo gracioso?

—sisé.

—¿De verdad crees que mi hermano está enamorado de ti?

—dijo, frunciendo el ceño mientras mantenía la mirada en la carretera.

—¿Y tú qué sabes de sus sentimientos?

—respondí, a la defensiva, sintiendo el calor del enojo subir hasta mis mejillas.

Sin responder, Ewan desaceleró el coche, pero la tensión en el aire era casi insoportable.

Cuando finalmente aparcó, giró hacia mí con una expresión cargada de ironía y una pizca de lástima.

Sus peligrosos ojos grises me atravesaron como un cuchillo.

—Por tu bien, Spirit, aléjate de mi hermano antes de que salgas lastimada.

No hablo solo de corazones rotos.

Hay fuerzas más grandes que no permitirán que este romance se dé como tú sueñas.

Y créeme, si no desapareces de su vida ahora, las consecuencias podrían costarte algo más que un amor…

podrían costarte la vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo