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Emir Lovelace - Capítulo 15

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15: Capítulo 14 15: Capítulo 14 De cierta manera, me sentí mal por ella.

Ahora entendía esa locura de querer lanzarse al vacío y desaparecer.

Probablemente ser Marquesa de Irlanda era mucha responsabilidad y por lo que había dicho, le acababan de romper el corazón.

Y me pregunté cómo era posible que a esas personas también les hicieran daño emocionalmente, si se suponía que debían tener el corazón frío, puesto que el deber era primero antes de sí mismos.

Observé a Eleanor hasta perderla de vista y las personas hablaban entre sí sobre ella e incluso se burlaban.

—Entonces la Marquesita está enamorada de alguien más y no es la persona con quien se casará—se rio un hombre casi anciano, que estaba a tres asientos de mí—si supiera la mocosa que tener sangre azul es lo mejor que le pudo haber pasado.

—Se supone que ha sido emparejada con el Príncipe Dominic Cavanaugh desde su nacimiento para continuar con un perfecto legado de reyes—interpuso una mujer con mucha seguridad.

—¿Quién pudo haberle robado el corazón a la Marquesa, teniendo de prometido a un Príncipe como Dominic Cavanaugh?

—opinó una chica, que al parecer era hija de la mujer que acababa de hablar.

—Probablemente alguien más atractivo que él—bromeó su madre.

—Nadie ha visto bien el rostro de ese muchacho—replicó el hombre con el ceño fruncido—no le gusta mostrar mucho la cara y mucho menos que le tomen fotos.

—Quizá cuando se efectúe la boda, podamos verle el rostro y por fin permitir ser retratado y salir en revistas—canturreó la chica.

Pensé que solo había sido mi percepción sobre el misterio del rostro de ese Príncipe, y comprendí que el resto de la ciudadanía también padecía esa curiosidad mortal, ya que deseaban saber cómo era realmente la apariencia de su próximo gobernante.

Cuando comenzaron a hablar de política, perdí el interés en escucharlos y le envié un mensaje a Cameron para informarle que iba de regreso, pero tardaría más de lo normal porque faltaban muchas horas para el vuelo.

A Cameron le encantaba llamarme en vez de mensajear conmigo y a pesar de seguir molesto, lo hizo.

Por eso era mi mejor amigo.

—¡Dios es misericordioso!

—clamó en cuanto le respondí a la llamada.

—Desde que saliste del closet eres ateo—le recordé.

—Lo sé, pero tú no, así que él tuvo misericordia de ti y te envió de regreso a casa.

—Ewan Lovelace me orilló a volver—murmuré, mirando a todas partes con miedo de que pudiera aparecer en cualquier segundo.

Lo único bueno era que pronto estaría en Londres para no tener que poner al tanto a Cameron a través de una llamada.

Enloqueció demasiado al saber a ciencia cierta quien era Ewan y su comportamiento mezquino para conmigo.

—¡Ha sido lo más prudente el haber decidido regresar, Spirit!

¿Y si son trata de personas y por eso nadan en dinero y te han elegido como su próxima víctima?

—No digas tonterías.

—Iré justo ahora a acampar al aeropuerto para esperarte, ¿de acuerdo?

Si por mi fuera, iría por ti en este instante y te traería a casa.

—Ya, sea lo que ellos sean, estoy por marcharme, no te preocupes.

Estuvimos hablando durante largo rato, hasta que mi teléfono empezó a anunciar que le quedaba poca batería y se apagaría en cualquier momento.

—Dime que llevaste tu batería portátil, Spirit—dijo Cameron, sabiendo la respuesta.

—Sí, pero no la cargué—reí.

—¿De qué sirve llevarla entonces?

—Me olvidé—musité—le puede pasar a cualquiera, pero bueno, Cam, te dejo.

El veinte por ciento que le queda lo quiero guardar por alguna emergencia.

—Estaré en el aeropuerto esperándote—me recordó—así que ten mucho cuidado, Spirit, nos vemos dentro de poco.

Guardé el teléfono y me acomodé en el asiento.

Habían pasado solamente dos horas y sentía que iba a morirme de aburrimiento.

El vuelo estaba programado para salir en la madrugada.

Transcurrió el tiempo a una velocidad tan lenta que me dormí un par de veces y todavía no estaba ni cerca de la hora indicada.

Bostecé y de manera instintiva, volví el rostro hacia un sujeto de unos treinta y tantos, que yacía a una distancia considerable, que también había bostezado, como si me hubiera estado observando todo el rato.

Era atractivo, pero sus salvajes ojos color hazel me causaron más desconfianza cuando me miraron directamente.

Parecía ser de la misma orientación de Cameron, aunque no estaba segura.

Quizá me estaba poniendo paranoica porque cualquiera podía bostezar sin necesidad de ver a los demás, aunque los bostezos son contagiosos.

Me crucé de brazos, aferrándome a la idea de que era simple casualidad, ya que ese hombre miraba a otra parte, pero me llamó mucho la atención que no tuviera ninguna maleta a su lado.

Cuando él se levantó, pude tranquilizarme y me obligué a mantener la calma.

¿Qué me estaba pasando?

Mi piel se erizaba cada que pasaba alguien cerca de mí.

Para evitar volverme loca, cogí mis maletas y eché a caminar rumbo a los sanitarios para lavarme la cara y aclarar mi mente.

Una vez dentro, me miré al espejo.

Tenía ojeras y claramente me hacía falta descansar.

Cuando salí, había menos personas y más espacios para sentarme y muy cerca del área de abordaje.

Mi vista se quedó fija en el cristal que me dividía de la pista de aterrizaje y los asientos del área de espera.

Ya era de noche y comenzaban a caer pequeñas gotas de agua, anunciando una posible tormenta.

A lo lejos alcancé a ver un relámpago, deslizándose entre las nubes grises que cubrían el cielo.

No obstante, un estruendoso rayo se proyectó sin miramientos y a continuación, las luces se apagaron, causando un severo revuelo entre los presentes.

Fue como un Deja vú, ya que cuando aterricé aquí, ocurrió lo mismo y tuve un mal presentimiento al respecto, era como si el destino quisiera decirme que algo iba a ocurrir, pero ¿qué podía hacer?

Nadie, excepto Cameron, sabía que yo estaba ahí, ni siquiera Emir y era obvio que él ya no podría defenderme si alguien me hacía daño en ese apagón.

Aferré mi maleta a mis rodillas y verifiqué mi teléfono, no había señal y estaba descargándose más rápido.

Las personas tenían las linternas de sus teléfonos encendidas y cuchicheaban entre sí.

A través del rabillo del ojo, intentaba ver a quienes me rodeaban para estar alerta.

Afuera se estaba desatando una tormenta, peor que la anterior y me estaba poniendo nerviosa.

Mi piel se erizaba a cada segundo, señal de que alguien, entre todas las personas de ahí, me estaba prestando más atención de la necesaria.

Afortunadamente, la luz regresó y escudriñé a mi alrededor.

Todos estaban en lo suyo y sentí que mi corazón volvía a la normalidad.

Pronto llegó el momento de abordar por fin y aunque seguía lloviendo, aquello no fue un impedimento para una cancelación, lo cual se me hizo extraño, pero no expresé mi desconcierto a nadie.

—Señorita, por aquí—me dijo la azafata y fruncí el ceño al ver que los demás iban hacia otra dirección.

—Mi vuelo es hacia Londres—le aclaré.

—Exacto, ellos van hacia Madrid—sonrió con amabilidad, que me resultó un poco extraña—usted va a Londres y es por este lado.

La fémina me guio por un pasillo estrecho hasta llegar a una puerta.

La abrió y me instó a entrar.

—Prefiero salir por donde todos van—titubeé, sintiéndome nerviosa.

—Es imposible, si quiere llegar a Londres, es por este lado—insistió.

—¿Y el resto de pasajeros?

—miré hacia atrás.

No había nadie más.

—Estarán en el avión con ustedes, pero tiene que avanzar o va a retrasar el vuelo—masculló, perdiendo la amabilidad.

Mi ceño se incrementó y me rehusé a entrar.

—Esto me parece poco ético y fuera de lugar.

Quiero hablar con el encargado para… De pronto, unas manos firmes y crueles me atraparon, inmovilizándome con una fuerza brutal.

Un pañuelo áspero cubrió mi rostro, impregnado de un aroma que quemaba mis sentidos.

Pataleé con desesperación, mis uñas rasgando la piel de mi agresor, mis gritos ahogados muriendo en el vacío.

Mi cuerpo se retorcía en una lucha frenética, pero todo era inútil.

Mis fuerzas comenzaron a flaquear mientras me arrastraban hacia esa puerta ominosa, una entrada al abismo, sin que nadie, ni una sola alma, notara mi desaparición.

Sentí cómo mi visión se oscurecía, mi respiración se volvía pesada y el control sobre mis extremidades se desvanecía como arena entre los dedos.

La realidad se deformaba a mi alrededor mientras la conciencia se desvanecía.

¿Por qué me estaba pasando esto a mí?

¿Cómo había llegado a esto?

¡Yo no le tenía odio a nadie ni nadie a mí!

Un grito interno resonaba en mi mente: ¡Me estaban secuestrando!

¡En un aeropuerto lleno de gente!

Antes de sucumbir por completo, alcancé a distinguir sombras borrosas y voces entrecortadas, como ecos de una pesadilla.

Una luz cegadora atravesó mis párpados, fría y despiadada, y el último resquicio de fuerza en mí se apagó.

El vacío me envolvió, llevándose conmigo la certeza de lo desconocido.

La oscuridad me envolvía, pero mi mente seguía flotando en una extraña vigilia.

Sentía el frío de un suelo áspero bajo mi piel, el eco lejano de pasos y murmullos ininteligibles que resonaban como truenos en mi cabeza.

Algo pesado ataba mis muñecas y tobillos.

De repente, el silencio fue interrumpido por el chirrido metálico de una puerta abriéndose.

Un destello de luz me tocó los ojos cerrados, tan intenso que parecía perforar mi cráneo.

Intenté abrir los párpados, pero mi cuerpo no me respondía del todo.

Unas voces surgieron de la penumbra, bajas, frías, calculadoras.

Ninguna familiar.

—¿Crees que alguien él la estará buscando ya?

—preguntó una voz grave y rasposa.

Mi corazón latía frenéticamente, golpeando con fuerza en mi pecho como si intentara escapar antes que yo.

Tragué saliva.

Logré entreabrir los ojos lo suficiente para distinguir formas borrosas: un techo de concreto, paredes desnudas, y sombras de figuras que se movían como depredadores acechando.

Esto no puede estar pasando.

No puede ser real.

Intenté moverme, pero las ataduras quemaron mi piel con su fricción.

Un quejido escapó de mis labios, lo suficiente para que una de las figuras se girara bruscamente hacia mí.

Sentí su mirada fría e iracunda clavándose en mí como una daga.

—Parece que nuestra invitada está despertando.

—La voz, ahora más cerca, me heló hasta los huesos.

Quise gritar, pedir ayuda, pero mi garganta estaba seca, como si las palabras se hubieran ahogado en mi miedo.

Sólo pude mirar cómo la sombra se acercaba, lenta, intimidante, con una sonrisa que destilaba crueldad.

Era un hombre ya entrado en los más de cincuenta años, pero portaba una máscara ridícula de Jason para ocultar su identidad.

En cuanto se acercó lo suficiente a mí, me encogí de miedo.

—Eres más bonita de lo que pensé—le escuché decir con cierta malicia y aparté mi rostro de su mano, la cual la había acercado para acariciarme, pero en cuanto vio el rechazo, me tomó del cabello con fuerza y cerré los ojos, sintiendo como las lágrimas rodaban por mis mejillas—nos dijeron que te querían viva, más no nos especificaron que teníamos prohibido divertirnos contigo.

—Sin tocarla—le advirtió otro sujeto, su voz era menos hostil—porque si lo haces, van a asesinarte.

Aquello hizo reflexionar al hombre de máscara de Jason y me soltó con desprecio.

—Le quitan la diversión a esto—se quejó y lo oí alejarse con aburrimiento.

Para mí mala suerte, el que lo hizo alejarse de mí, no se marchó, se quedó frente a mí, pero a él no lograba verle la máscara porque estaba a contraluz.

Únicamente sobresalían unos enormes cuernos de su cabeza.

Me encogí al verlo ponerse de cuclillas para observarme y solo ahí pude ver que tenía una máscara de demonio japonés.

Quizá tenía unos treinta y tantos, no estaba segura, pero viejo no era.

Anteriormente ese tipo de máscaras me habían parecido interesantes y exóticas como para tenerlas de adorno en la sala, pero en estas circunstancias solamente le aumentaba el horror que yo sentía en ese momento.

Era como ver el demonio en persona.

—Escucha, no lo tomes personal esto—dijo con tranquilidad—nadie te va a tocar ni hacer daño si eres cooperativa.

No nos pagaron para matarte, sino para dar una advertencia a alguien más a cambio de dinero.

Me revolví, tratando de quitarme la porquería de venda que tenía en la boca y me tenía amordazada.

—Voy a quitarte un segundo la venda, pero si gritas, te voy a dar una paliza que te hará desear no haberlo hecho, ¿entendiste?

—me amenazó y asentí, ahogando un sollozo.

Sus manos eran gentiles y me liberó la boca para hablar.

—Yo no soy nadie importante—dije con desdén.

Me ardían los ojos y quería vomitar de la impotencia—ni siquiera soy de Irlanda, vine simplemente de vacaciones.

Deben estar confundiéndome.

—¿Acaso tu nombre no es Spirit Norwood?

—inquirió el demonio.

Palidecí.

Me quedé en silencio y muy quieta.

—¿Ves?

Eres la chica correcta y te sugiero que te mantengas tranquila, en poco tiempo vamos a dejarte ir, pero debes obedecer en todo.

—¿Quién los envió a raptarme?

¡En mi casa está esperándome mi madre…!

Como alcé la voz, él me amordazó nuevamente con fastidio.

—¿Acaso crees que estoy demente como para revelarte esa información?

Por eso es que fue tan fácil raptarte—se burló.

Se incorporó y se sacudió las manos antes de encaminarse a la salida en donde se filtraba muchísima luz.

Me envió una última mirada antes de irse y dejarme a oscuras, solo la poca luz que se colaba por debajo de la puerta ruidosa era lo único que me iluminaba.

Lloré en silencio, lamentando no haberme ido a Londres en cuanto Cameron comenzó a percibir que algo andaba mal.

Tenía merecido estar en donde estaba por idiota.

Los consejos de mi mejor amigo eran sabios y siempre tenía que aprender por la mala.

Hecha un ovillo, aun con lágrimas en los ojos, vislumbré que el sitio en el que me hallaba era un almacén, pero lo habían adaptado a una pequeña prisión.

Más allá de mí, habían repisas con frascos de cristal que proyectaban la tenue luz de afuera y sollocé.

¿Quién podría haber mandado a esos hombres a secuestrarme y con qué finalidad?

No podía ser Emir, ya que él era mi novio… ¡Ewan Lovelace!

¡Él era el único que podía ser capaz de hacer algo así con tal de perjudicar a su hermano!

Además, su amenaza en el hotel fue muy clara.

Maldita sea.

Estaba perdida.

No había manera de salir viva de ahí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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