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Emir Lovelace - Capítulo 19

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19: Capítulo 18 19: Capítulo 18 «Perspectiva regresa a Spirit Norwood» Daemon levantó la vista hacia mí, su rostro sombrío iluminado tenuemente por la luz parpadeante de un viejo poste cercano.

—Solo aguarda unas horas más —me dijo con un dejo de impaciencia, mientras daba otra calada a su cigarro a través de su máscara de demonio japonés—.

La última vez que se comunicaron con nosotros desde que te raptamos fue hace casi cuatro días.

Mi paciencia se agotaba.

Lo miré fijamente, incapaz de contener la frustración que ardía dentro de mí.

—De ninguna manera puedo esperar más —espeté, alzando la voz más de lo que pretendía—.

Yo conozco a Eleanor Darcy porque evité que se lanzara de un puente.

Daemon alzó una ceja, intrigado por mis palabras, aunque su rostro mantenía la misma frialdad impenetrable.

—¿Es en serio?

Asentí, sin molestia en ocultar la verdad.

—De haber sabido que estaba loca, yo misma la habría empujado, y no estaría en este maldito sitio ahora.

Él soltó una carcajada seca, ladeando la cabeza como si mi comentario fuera lo más entretenido que había escuchado en años.

—Eso explica muchas cosas —dijo con una sonrisa sarcástica—.

Pero mira, cariño, esta gente no se anda con juegos.

Si representas una amenaza para Eleanor, no vas a salir de aquí sin ensuciarte un poco las manos.

—Mis manos ya están más que sucias —respondí, apretando los puños—.

Y si tengo que ir más allá para encontrarla y vengarme de lo que me hizo, lo haré.

Daemon me evaluó con una mirada que no podía descifrar del todo, pero en su silencio parecía haber una especie de respeto mezclado con lástima.

—Entonces prepárate, porque estás entrando en un mundo del que no se sale fácilmente.

No necesitaba que me lo dijera.

Ya lo sabía, y estaba lista para enfrentar las consecuencias, porque yo, Spirit Norwood no era una persona que retrocediera ante un desafío, especialmente cuando estaba luchando por sobrevivir.

Daemon frunció el ceño cuando su teléfono volvió a sonar por cuarta vez en todo el maldito día.

¿A quién intentaba evadir?

—Vas a ser trasladada a puerto viejo—me dijo de repente, lanzando la colilla del cigarrillo al suelo—ahí serás liberada al amanecer, pero quiero que te mantengas igual de cooperativa, ¿de acuerdo?

No le des a Jason ni a los marqueses otra razón para mantenerte más tiempo aquí.

—¿Puerto viejo?

—titubeé, ya que no sabía dónde era eso.

—No te preocupes, voy a hacer lo posible para que llegues sana y salva a tu hotel—prometió.

—Si me iban a soltar luego de varios días, ¿qué caso tuvo secuestrarme?

—Una lección, supongo—se encogió de hombros.

—¿Lección de qué?

¿Qué hice?

—¿Por qué crees que tengo todas las respuestas a tus preguntas?

Yo únicamente estoy trabajando, Spirit, de verdad—se mostró fastidiado—y de todo corazón te digo que no me hagas perder la paciencia.

Me caíste bien por tu seguridad y valentía, pero si sigues molestándome, traeré a Jason y no te ayudaré en absoluto.

Bajé la cabeza, angustiada.

Él me había movido a un lugar menos deprimente para que estuviera cómoda, e incluso me quitó la venda de la boca y la soga de mis muñecas de pies, con la condición de que no hiciera una locura y provocara mi propia muerte por culpa de mi estupidez.

Solo podía confiar en sus palabras porque era la única persona que no intentó hacerme daño.

—¿Puedo saber al menos tu nombre?

Daemon postró sus ojos color hazel sobre mí.

A través de su aterradora máscara noté cierta curiosidad ante mi pregunta.

—Si estás consciente de que cuando te liberemos, no nos volveremos a ver, ¿verdad?

—Esa es la razón por la cual quisiera saber tu nombre—respondí, encogiéndome de hombros como si aquello no fuera tan importante.

El hombre, con su imponente máscara y la postura de alguien que estaba acostumbrado a intimidar, dio un paso hacia mí.

Por instinto retrocedí, pero no lo suficiente.

Cuando extendió una mano para agarrarme por las mejillas, no pude evitar sostenerle la mirada, atrapada por una mezcla de curiosidad y temor.

Su tono cambió, volviéndose casi un susurro: —Mi nombre es Demian Jenkins—dijo con una suavidad inquietante—y ruégale al cielo que jamás volvamos a encontrarnos, Spirit Norwood.

Fruncí el ceño, desconcertada por la intensidad de sus palabras.

—¿Por qué no?

—pregunté, dejando que la inocencia se filtrara en mi voz.

Por alguna razón, Demian me recordaba tanto a Cameron, mi viejo amigo, que me sentía inexplicablemente cómoda con él, incluso en esa situación.

Un brillo extraño cruzó sus ojos antes de que se apartara un poco, liberando mis mejillas con un suspiro cargado de algo que no supe descifrar.

—Porque solo en estas circunstancias podríamos vernos de nuevo, cariño—dijo, con una mezcla de ironía y tristeza en su voz.

Permanecí en silencio, esperando que continuara, pero lo único que hizo fue cruzar los brazos y alzar una ceja, como si esperara que yo entendiera algo que él no estaba dispuesto a explicar del todo.

Finalmente, agregó: —Más te vale alejarte de la realeza y regresar a tu país.

La firmeza en su voz me descolocó.

No era una simple advertencia, sino una sentencia.

Sentí un nudo en la garganta, pero no por miedo, sino porque algo en su tono me hacía pensar que estaba tratando de protegerme de algo mucho más oscuro.

—¿Qué tiene que ver la realeza conmigo?

—insistí.

Demian me lanzó una mirada cargada de paciencia rota.

—Al parecer, más de lo que imaginas.

Ahora, guárdate esas preguntas y espera a que todo termine.

Sin más, se giró y salió de la habitación, dejándome sola con mis pensamientos y una creciente sensación de que el peligro que me rodeaba era mucho mayor de lo que había querido aceptar.

El silencio en la habitación se volvió asfixiante después de que Demian se marchó.

Su última mirada me había dejado con una mezcla de inquietud y extraña nostalgia.

¿Por qué tenía esa sensación de que me estaba despidiendo de alguien que conocía desde siempre?

Intenté acomodarme en el incómodo colchón que me habían dejado.

Aunque estaba exhausta, mi mente no paraba.

¿Qué quería decir Demian con “más de lo que imaginas”?

¿Y por qué su advertencia sonaba más personal que profesional?

Un leve ruido en el pasillo me hizo incorporarme de golpe.

Los pasos eran ligeros, pero se detuvieron justo frente a la puerta.

Sentí cómo mi corazón comenzaba a latir con fuerza.

—¿Demian?

—pregunté en voz baja, aunque una parte de mí sabía que no era él.

La puerta se abrió lentamente, dejando entrar a un hombre alto, de cabello corto y rostro severo.

No llevaba máscara como los demás, pero sus ojos tenían una dureza que me heló la sangre.

—¿Se supone que estás aquí sola?

—preguntó, cerrando la puerta tras de sí.

Su voz era grave, pero no tenía el tono amenazante que esperaba.

—¿Quién eres tú?

—respondí con un atisbo de valentía que ni siquiera yo sabía de dónde había salido.

El hombre soltó una carcajada seca, como si mi pregunta hubiera sido lo más absurdo que había oído en mucho tiempo.

—Alguien que viene a confirmar algo—dijo mientras se acercaba a la silla frente a mí y se sentaba con calma, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo—.

Tú eres Spirit Norwood, ¿verdad?

Asentí lentamente, tratando de mantener mi respiración bajo control.

—¿Por qué me retienen aquí?

—Eso es algo que deberías preguntarles a tus amigos reales—respondió, su voz teñida de burla—.

Aunque dudo que te den una respuesta sincera.

El hombre sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió sin prisa, dejándose envolver por el humo mientras me observaba detenidamente.

—¿Qué tienes que ver con Emir Lovelace?

Mi mente se quedó en blanco por un segundo al escuchar su nombre.

¿Qué sabía este hombre sobre Emir?

—Yo…

apenas lo conozco—mentí, aunque el temblor en mi voz me delató.

Él sonrió, pero no de una forma amable.

—Esa es una pésima respuesta, Norwood.

Porque, si realmente no lo conoces, estás aquí por el peor motivo posible: mala suerte.

Quise protestar, decir algo que me ayudara a salir de ese agujero cada vez más profundo en el que me encontraba, pero las palabras no salieron.

El hombre dio una última calada al cigarro antes de levantarse y dirigirse a la puerta.

—Te daré un consejo, chica—dijo antes de salir—.

Reza para que alguien como Demian Jenkins siga estando de tu lado.

Porque si no lo está, estás más sola de lo que crees.

Y con eso, desapareció, dejándome con más preguntas que respuestas y una sensación de que el tiempo se me estaba acabando.

Me quedé mirando la puerta cerrada durante lo que parecieron horas.

Cada palabra que aquel hombre había dicho retumbaba en mi cabeza, como una advertencia velada que no alcanzaba a comprender del todo.

Reza para que Demian Jenkins siga estando de tu lado.

¿Qué significaba eso?

Demian había sido amable conmigo, o al menos eso parecía.

Pero sus constantes idas y venidas, la intensidad de sus palabras, y ahora este extraño que insinuaba que mi vida dependía de él… nada tenía sentido.

Intenté distraerme observando el pequeño cuarto donde me tenían encerrada.

Era frío y desprovisto de cualquier cosa que pudiera ofrecer un mínimo de consuelo.

Las paredes eran grises, como si toda la vida hubiera sido arrancada de ese lugar.

Me pregunté cuánto tiempo más me retendrían ahí.

Un ruido metálico detrás de la pared llamó mi atención.

Me acerqué lentamente, pegando el oído contra la superficie.

Era un sonido constante, como si alguien estuviera manipulando algo pesado.

—¿Hay alguien ahí?

—pregunté en voz baja, casi sin aliento.

El ruido cesó de inmediato, lo que me puso más nerviosa.

Me alejé instintivamente, pero antes de que pudiera hacer algo más, la puerta de mi habitación volvió a abrirse, esta vez con más brusquedad.

Un hombre diferente entró, más joven que el anterior y con una expresión ansiosa.

Llevaba una chaqueta de cuero desgastada y un arma que colgaba a su lado, pero no parecía saber cómo usarla.

—Spirit Norwood, ¿verdad?

—preguntó rápidamente, sin siquiera esperar una respuesta antes de continuar—.

Escucha, no tenemos mucho tiempo.

Mi corazón se aceleró.

—¿Qué quieres decir?

—Demian me envió—respondió, echando un vistazo por encima de su hombro, como si esperara que alguien lo siguiera—.

No tengo permitido sacarte de aquí, pero hay alguien que pagó mucho dinero para asegurarse de que estés viva.

—¿Quién?

—pregunté, aunque en el fondo ya sabía la respuesta.

—No puedo decirte más—respondió, visiblemente incómodo—.

Pero escucha esto: lo que sea que pienses hacer, no confíes en nadie más aquí dentro.

Ni siquiera en Demian.

Lo miré, incrédula.

—Pero él dijo que me sacaría de aquí.

El hombre negó con la cabeza, sus ojos brillando con algo parecido a la pena.

—Demian tiene sus propios intereses, Norwood.

Y créeme, no coinciden con los tuyos.

Antes de que pudiera replicar, se giró rápidamente hacia la puerta.

—Hagas lo que hagas, no te quedes esperando que alguien te salve.

Si tienes una oportunidad de salir, tómala.

Y con eso, desapareció tan rápido como había llegado, dejándome una vez más con una mezcla de miedo y confusión.

¿Quién estaba realmente de mi lado?

Durante media hora me quedé estática en mi sitio, sin moverme, totalmente paralizada.

¿Qué estaba pasando?

De repente, la puerta se abrió y entraron un par de hombres sin máscara, pero estaba tan aturdida que no me tomé a la tarea de verles la cara.

—Es hora de irnos, preciosa—reconocí la voz de uno de ellos.

Jason.

El más depravado de todos.

Me encogí en un rincón cuando se acercaron a atarme las muñecas, vendarme los ojos y boca.

Dios.

Me empujaron para que siguiera caminando y estuve a punto de caer varias veces, pero sus sucias manos me mantuvieron de pie.

¿Dónde estaba Daemon/Demian?

Puerto Viejo estaba envuelto en un manto de neblina, denso y pesado, que parecía absorber todos los sonidos excepto los del agua golpeando suavemente el muelle.

El vehículo en el que me trasladaban frenó de golpe, haciendo que mi cuerpo se sacudiera hacia adelante.

—Baja—ordenó un hombre desde el asiento del copiloto, sin siquiera mirarme.

Me quedé inmóvil por un momento, intentando entender.

—¿Qué… qué significa esto?

—Significa que estás libre—respondió otro, con un tono de fastidio mientras me abría la puerta.

Mi corazón se aceleró.

¿Libre?

¿Por qué ahora?

¿Por qué aquí?

Miré a mi alrededor, esperando ver a alguien, cualquier indicio de que todo esto era parte de un plan mayor.

Pero no había nadie.

El hombre que abrió la puerta me agarró del brazo con rudeza y prácticamente me lanzó fuera del vehículo antes de cerrar con fuerza la puerta tras de mí.

Sin decir una palabra más, el motor rugió y el auto desapareció entre la neblina, dejándome sola en un lugar desconocido.

El aire estaba frío, y el olor a salitre y madera húmeda llenaba mis pulmones.

Me envolví en mis brazos, mirando alrededor en busca de algo o alguien, pero el puerto estaba desierto.

El crujido de las tablas del muelle resonó a mi alrededor cuando di un paso incierto, abrazándome para protegerme del viento gélido.

Mis zapatos resonaban en el vacío, un recordatorio constante de mi soledad en aquel lugar olvidado.

El vehículo que me había traído ya era apenas un eco en la distancia, y la sensación de desamparo me invadía con fuerza.

¿Por qué aquí?

¿Por qué ahora?

Miles de preguntas se agolpaban en mi mente mientras intentaba entender qué estaba sucediendo.

De repente, un ruido seco rompió el silencio.

Me giré con el corazón latiendo frenéticamente, esperando lo peor.

Fue entonces cuando vi las siluetas de dos hombres a través de la bruma.

No eran sombras vagas, sino figuras definidas, tensas, como si el mismo aire estuviera cargado de electricidad entre ellos.

Eran Demian y… ¿Emir?

No sabía que era lo que me impactó más, si ver a Demian sin máscara o a Emir Lovelace ahí.

—¿Qué demonios haces aquí?

—preguntó Emir, con el tono gélido que nunca antes había dirigido hacia alguien más.

Demian, con una sonrisa ladeada y los ojos entrecerrados, dio un paso hacia adelante, desafiándolo.

—Eso debería preguntártelo yo, príncipe.

Pensé que tus asuntos eran más… refinados que venir a un lugar como este.

Emir apretó los puños, visiblemente tenso.

—¿Fuiste tú?

¿Fuiste tú quien pagó por su vida?

—Si hubiera sido yo, créeme, no estarías viéndome ahora.

Pero alguien lo hizo… y ese alguien tiene más poder del que tú o yo podemos imaginar.

El aire se volvió más denso, más pesado.

Ambos estaban armados, aunque no habían desenfundado aún.

La tensión era palpable, como si el aire mismo estuviera esperando que uno de los dos diera el primer paso.

—Deja de jugar, Jenkins—dijo Emir, avanzando un paso más cerca de él—.

Si tienes algo que ver con esto, lo sabré.

Demian levantó las manos en un gesto teatral de rendición.

—Relájate, príncipe.

No soy tu enemigo aquí.

Pero—su tono cambió, volviéndose más oscuro—tampoco sigo siendo tu amigo.

—¿Quién está entonces detrás de todo esto?

—presionó Emir, su voz cortante como el filo de una espada.

Dio un paso adelante, su postura defensiva, protectora.

Demian levantó otra vez las manos con teatralidad, como si se divirtiera con la situación, aunque sus ojos traicionaban una sombra de algo más profundo.

—Eso me gustaría saber a mí, príncipe.

Porque quienquiera que sea, parece estar jugando con todos nosotros.

—Deja de hablar en acertijos, Demian.

Esto no es un maldito juego.

—No, no lo es —respondió Demian, y su tono cambió, volviéndose más oscuro—.

Pero eso no significa que no haya piezas en movimiento… y ella—señaló hacia mí, sin apartar la mirada de Emir—es el centro del tablero.

Quería gritar, exigir respuestas, pero mi voz estaba atrapada en mi garganta.

¿Qué tablero?

¿Qué juego?

¿Príncipe?

¿Emir era el Príncipe de Irlanda?

Mi mente giraba, intentando encajar piezas que no tenía.

Antes de que pudiera reaccionar, un tercer hombre emergió de las sombras.

Su presencia era inquietante, como si la niebla misma lo hubiera moldeado.

Su abrigo negro parecía absorber la luz, y su rostro estaba parcialmente cubierto por un sombrero de ala ancha que ocultaba sus rasgos.

—Puntuales, como esperaba —dijo con voz grave, resonante, que parecía vibrar en el aire frío.

Tanto Emir como Demian giraron hacia él, tensos como resortes.

—¿Quién eres?

—inquirió Emir, su cuerpo colocándose instintivamente frente a mí.

El hombre no respondió de inmediato.

Dio unos pasos hacia adelante, lo suficiente para que sus facciones apenas fueran visibles a través de la bruma.

Sus ojos eran como dos pozos oscuros, insondables.

—No importa quién soy —respondió finalmente—.

Lo que importa es que ella está viva gracias a mí.

Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral, como si cada palabra suya llevara un peso que no podía comprender.

—¿Por qué?

—logré preguntar con un hilo de voz.

El hombre giró ligeramente hacia mí, pero no contestó.

En cambio, sus ojos volvieron a centrarse en Emir y Demian.

—Dejen de comportarse como niños idiotas.

Si realmente quieren protegerla, tendrán que trabajar juntos.

Lo que viene… —su voz bajó aún más, como un susurro siniestro— es más grande de lo que cualquiera de ustedes puede manejar por separado.

La niebla pareció tragárselo mientras desaparecía tan rápido como había llegado, dejándonos sumidos en un silencio abrumador.

Demian fue el primero en romperlo, soltando un suspiro cargado de exasperación.

—Bueno, eso fue… inquietante.

Emir no respondió de inmediato.

Sus ojos seguían clavados en el lugar donde el hombre había estado, su mandíbula tensa.

Finalmente, se giró hacia mí, su expresión suavizándose ligeramente.

—¿Estás bien?

Asentí débilmente, aunque la verdad era que no tenía idea de cómo me sentía.

Todo esto era demasiado, y la sensación de que algo mucho más grande se estaba desarrollando no me abandonaba.

Demian soltó una risa seca.

—¿Qué dices, príncipe?

¿Nos unimos?

¿O seguimos matándonos mientras el mundo se cae a pedazos?

Emir lo fulminó con la mirada.

—Esto no ha terminado, Jenkins.

—Oh, claro que no —respondió Demian, encendiendo un cigarrillo como si nada hubiera pasado—.

Apenas está comenzando, pero me ha dado gusto volver a verte y en las mismas circunstancias, y no pensé que involucrarías a una chica.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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