Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Emir Lovelace - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Emir Lovelace
  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 19
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: Capítulo 19 20: Capítulo 19 Me alejé de ambos cuando por fin nos quedamos solos los tres.

El amanecer estaba próximo y yo solo quería largarme de ahí.

No me importaba nada, salvo estar en casa.

Aproveché que ninguno de los dos me estaba prestando atención y eché a correr en dirección opuesta, lejos de todo.

La brisa helada del amanecer mordía mi piel mientras corría sin rumbo fijo.

El puerto viejo estaba desierto, salvo por el eco de mis propios pasos golpeando la grava y el asfalto.

Mi cuerpo protestaba con cada movimiento: las piernas ardían, mi pecho dolía, y mi cabeza zumbaba de agotamiento.

Pero no podía parar.

No debía parar.

Detrás de mí, escuché su voz llamándome.

—¡Spirit!

¡Espera!

Era Emir.

El terror me atravesó como un rayo, y aceleré lo poco que mi cuerpo me permitía, ignorando el dolor en mis músculos y el ardor en mis pulmones.

No voy a esperar.

No voy a dejar que me atrape.

El amanecer comenzaba a teñir el cielo de tonos rosados y naranjas, pero para mí no había belleza en ello, solo la fría promesa de que pronto no habría lugar para esconderse.

El puerto parecía un laberinto interminable, pero seguí corriendo, zigzagueando entre contenedores y callejones, sin atreverme a mirar atrás.

—¡Spirit, por favor!

—Su voz estaba más cerca ahora, más desesperada.

Tropecé con algo en el suelo, tambaleándome, pero logré recuperar el equilibrio justo a tiempo.

Sentía sus pasos cada vez más próximos, y mi mente gritaba que no había escapatoria.

Finalmente, mi cuerpo no aguantó más.

Me detuve abruptamente, jadeando, mis piernas temblando bajo mi peso.

Antes de que pudiera decidir qué hacer, Emir apareció frente a mí, su figura recortada contra la tenue luz del amanecer.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—preguntó, su voz firme pero cargada de preocupación.

—¡Déjame ir!

—le grité, retrocediendo varios pasos.

Él levantó las manos en un gesto pacificador, pero no hizo ningún intento por acercarse.

Su respiración también era pesada, y su rostro estaba bañado en sudor, pero su mirada no se apartaba de la mía.

—No puedo hacer eso, Spirit.

—Su voz era baja, casi un susurro, como si le doliera pronunciar esas palabras—.

Si te dejo ir, no sobrevivirás.

—¿Y qué te importa?

—espeté, sintiendo las lágrimas quemar en mis ojos.

Mi voz se rompió mientras señalaba con un dedo hacia él—.

Todo esto es tu culpa, Emir.

Nunca debí conocerte.

Su rostro se endureció, pero no respondió de inmediato.

Dio un paso hacia mí, lento y cauteloso, como si temiera que fuera a salir corriendo de nuevo.

—Spirit… —murmuró, sus ojos llenos de algo que no entendí—.

Yo sé que no tengo derecho a pedirte nada, pero solo por esta vez, escucha lo que te digo.

—¿Escucharte?

—Me reí sin humor, una risa rota y llena de amargura—.

¿Después de todo lo que he pasado?

¿Después de que me arrastraras a este infierno?

¿Cuándo planeabas decirme que eres el maldito Príncipe de Irlanda del que todos hablan?

Él apretó los labios, sus puños cerrándose a los costados.

Parecía estar luchando consigo mismo, buscando algo que decir que pudiera atravesar la barrera de mi dolor y mi rabia.

—Spirit, sé que, si no te hubiera conocido, ahora no estarías en esta situación —dijo finalmente, su voz temblando con una mezcla de furia y desesperación—.

Eleanor y su familia no van a detenerse hasta destruirte, a menos que confíes en mí.

—¿Y tú?

—le desafié, mi voz subiendo de tono—.

¿Qué eres tú para ellos?

¿Otro peón en su maldito juego?

Él dio un paso más, acortando la distancia entre nosotros.

Esta vez no retrocedí.

Estaba demasiado cansada para seguir luchando, demasiado rota para huir.

—Soy muchas cosas —dijo, con un amargo matiz en su tono—.

Pero lo único que importa ahora es sacarte de aquí con vida.

Antes de que pudiera responder, un sonido de pasos se unió al eco de nuestra discusión.

Emir giró la cabeza bruscamente, su postura cambiando al instante.

De entre las sombras de un callejón apareció Demian, caminando con calma, pero con una intensidad en su mirada que helaba la sangre.

Y al fin pude distinguir su rostro.

Él era aquel chico que vi en el aeropuerto, que no dejaba de observarme antes de secuestrarme.

Maldito.

—Llegas un poco tarde, Lovelace —dijo, deteniéndose a unos metros de nosotros.

Emir dio un paso adelante, protegiéndome instintivamente con su cuerpo.

—¿Aun aquí, Demian?

Demian sonrió de lado, pero su expresión era fría, peligrosa.

—Digamos que tengo un interés en garantizar que nuestra querida Spirit llegue a casa sana y salva.

Aunque no puedo decir lo mismo de ti.

El aire se llenó de tensión, cargado con palabras no dichas y amenazas veladas.

Sentí que apenas podía respirar entre ambos hombres, cuyas miradas eran como dagas.

Y a pesar de que Demian Jenkins era homosexual, era igual de varonil y masculino que Emir.

—Esto no tiene nada que ver contigo —gruñó Emir, con los puños apretados.

—Al contrario —replicó Demian, cruzándose de brazos—.

Tiene todo que ver conmigo.

¿O crees que fue tu impecable juicio lo que mantuvo a Spirit con vida hasta ahora?

El amanecer seguía iluminando el puerto, pero para mí, la oscuridad no había desaparecido.

Algo más estaba ocurriendo, algo que ninguno de los dos parecía dispuesto a admitir.

—El simple hecho de que en el pasado rompí tu corazón, no te da derecho de meterte en este asunto como venganza—ladró Emir y percibí como se le subían los colores a la cara de Demian.

—Dejemos el pasado en donde está—replicó, restándole importancia—planeaba no volver a ver a tu novia, pero con la aparición de ese sujeto, que no tiene nada que ver con mi grupo, me ha dado la sensación de que debo protegerla.

—¿De qué demonios hablas?

—masculló Emir.

Su voz era muy extraña y jamás pensé que él hablaría con tanto odio.

—Me agrada y…

Emir permaneció inmóvil por un segundo, pero podía ver la tensión acumulándose en sus hombros.

Era como si toda su calma exterior estuviera a punto de estallar.

—¿Quieres dejar de dar rodeos, Demian?

—dijo finalmente, su tono bajo y cortante—.

Si tienes algo que decir, dilo de una vez.

Demian soltó una breve carcajada, una risa hueca y sin alegría.

Dio un par de pasos hacia adelante, pero aún se mantenía a una distancia prudente.

—¿De verdad no lo has notado?

—preguntó, con un toque de burla en su voz—.

¿Crees que Eleanor Darcy simplemente cambió de opinión?

Que alguien como ella dejaría a Spirit con vida solo porque tú lo pediste.

Emir frunció el ceño.

—Eleanor dijo que solo quería asustarla y que la liberaría.

Demian rodó los ojos, y su tono de voz se endureció.

—Alguien más está jugando en este tablero, Lovelace.

Y te aseguro que su poder eclipsa incluso al de tu querida familia real y la de los marqueses.

Sentí un escalofrío recorrerme.

Las palabras de Demian resonaban en mi cabeza, pero no podía comprender completamente lo que significaban.

—¿Quién?

—preguntó Emir, su voz apenas un susurro.

Demian lo miró con seriedad, toda la arrogancia de antes desvaneciéndose.

—Eso es lo que tú deberías averiguar.

Pero te diré esto: quien sea que intervino, no lo hizo por altruismo.

Spirit sigue viva por una razón, y si no descubres cuál es, podrías estar condenándola.

El silencio que siguió fue opresivo.

Podía escuchar el latido de mi corazón resonando en mis oídos mientras intentaba procesar lo que estaba ocurriendo.

—¿Y tú?

—intervino Emir, dando un paso hacia Demian—.

¿Por qué estás aquí?

¿Por qué arriesgarías tanto por alguien a quien apenas conoces?

Y no me digas que simplemente es porque te agrada.

Demian lo observó con una expresión inescrutable, como si estuviera evaluando si valía la pena responder.

Finalmente, se encogió de hombros.

—A veces, las deudas no se pueden pagar con dinero, Lovelace.

Y a veces, las decisiones no son nuestras.

Emir parecía a punto de replicar, pero algo en la mirada de Demian lo detuvo.

Era como si entendiera que, aunque quisieran enfrentarse en ese momento, había algo más importante en juego.

Antes de que cualquiera de los dos pudiera hablar de nuevo, decidí intervenir.

Mi voz temblaba, pero logré alzarla lo suficiente para que me escucharan.

—Basta.

Ambos se giraron hacia mí, sus rostros llenos de emociones contradictorias: preocupación, ira, confusión.

—No quiero ser parte de este juego, sea lo que sea.

Solo quiero volver a casa —dije, sintiendo que mi propia voz se quebraba al final.

Emir dio un paso hacia mí, su mirada suavizándose.

—Spirit, yo… Pero antes de que pudiera terminar, Demian levantó una mano, deteniéndolo.

—Si quieres protegerla, Lovelace, empieza por ser honesto.

Y si no puedes hacer eso, aléjate.

El ambiente se llenó de una tensión palpable, pero Emir no apartó la mirada de la mía.

—No te estoy pidiendo que confíes en mí ahora, Spirit.

Solo dame la oportunidad de llevarte a casa.

Demian soltó un suspiro, pasando una mano por su cabello.

—Esto es un desastre.

La luz del amanecer comenzaba a iluminar más claramente el puerto, y con ella, sentí que todo lo que había vivido en las últimas horas finalmente me alcanzaba.

Estaba cansada, rota, pero también decidida.

Si iba a salir de esto con vida, tendría que empezar a confiar en mí misma antes que en cualquiera de ellos.

—Llévame a casa —dije finalmente, mi voz apenas un susurro.

Emir asintió, y aunque la batalla entre ambos hombres no se había resuelto del todo, al menos, por ahora, parecía haber un cese al fuego.

Pero mientras nos alejábamos del puerto, no pude evitar sentir que, en las sombras, alguien más estaba observando, esperando su turno para moverse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo