Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Emir Lovelace - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Emir Lovelace
  4. Capítulo 22 - Capítulo 22: Capítulo 21
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 22: Capítulo 21

Sus palabras, por más que quise pensar en que eran falsas, no pude. Su mirada era honesta y parecía estar desesperado para que yo le creyera. Y me hizo recordar a las veces que intentó apartarme porque sabía que no podríamos comenzar una relación porque él era el próximo sucesor de la corona irlandesa y ciertamente me habría evitado tantos problemas si le hubiera hecho caso.

Emir no estaba obligado a decirme la verdad tampoco, yo fui también la culpable porque deseaba estar con él, sin importarme nada.

Lo observé detenidamente. Ya no era aquel chico misterioso de pocas palabras y de mirada oscura que me hacía preguntarme qué era lo que escondía, sino alguien que anhelaba que yo aceptara sus suplicas y no lo abandonara.

Era como si los papeles se hubieran invertido y era él el que no quería dejarme ir.

—Di algo, por favor—susurró, sus ojos cristalizados por las lágrimas y desesperación ante mi silencio.

Continué en silencio. No encontraba las palabras y al mismo tiempo, tampoco quería hacerlo. Todavía necesitaba tiempo para esclarecer mis ideas y no precipitarme a tomar una mala decisión.

Si tan solo no me hubiera acostado con Emir Lovelace, probablemente nuestro vínculo no fuese tan fuerte.

Nuestros cuerpos estaban unidos de la manera más íntima y eso significaba que el lazo se había fortalecido de manera energética y emocional.

—¿De verdad serías capaz de renunciar a todo por mí? De solo escucharlo parece tan ridículo e imposible—dije con voz trémula—por más que digas que estás interesado en mí, dejar atrás lo que eres por alguien que conoces de nada, es inimaginable, Emir. No puedo creerte.

—Jamás he querido la corona—replicó, acunando mi rostro en sus manos para que mi mirada no se desviara y se centrara en la suya—y cuando apareciste en mi vida, terminé de cerciorarme de que no quiero continuar con la vida que me otorgaron sin merecerla. Eres el motivo más grande para luchar por mi libertad, ¿acaso no lo ves?

—¿Quieres decir que soy el pretexto perfecto? —fruncí el ceño.

—No. Tú has sido el detonante para encontrar el valor y pelear por mi felicidad, la cual quiero contigo.

—¿Y qué me dices de tu compromiso con la marquesa? Por más que no la quieras, tus padres te van a obligar a ello.

—Huye conmigo.

Mi ceño fruncido se incrementó e intenté apartarme, pero él no me soltó, me mantuvo a su merced, acariciando mi rostro con delicadeza. Los breves rayos solares caían sobre nosotros, y las ráfagas de aire nos golpeaban en la cara.

—¿Qué? —logré decir.

—Sí, huye conmigo, Spirit—sonrió tenuemente—podemos olvidarnos de todo y dejarlo atrás.

—¿Acaso enloqueciste? Tu familia va a encontrarnos y a mí me van a enviar a desaparecer, o peor aún, las mismas personas que me secuestraron y…

—Es probable, pero ¿sabes? A ti no te pueden tocar sin antes matarme a mí—sentenció y me besó deliberadamente. Lo empujé, pero mi fuerza fue inútil, además de que tampoco quería alejarlo de mí y le devolví el beso de la misma manera, aunque de forma más desesperada.

—Emir… —jadeé.

Él pegó su frente contra la mía y me perdí en sus preciosos ojos.

—Ven conmigo.

—¿A dónde?

—A cualquier parte que tú quieras, solos tú y yo. Nadie más.

—¿A cualquier parte? ¿Eso no sería más peligroso?

—No—esbozó la sonrisa que me volvió loca desde un principio—si aceptas venir conmigo, en este mismo instante nos iremos a donde tú digas.

—Si te pido ir a casa por mis cosas, ¿lo harías? —lo miré a los ojos y me estremecí. Había añorado tanto poder contemplar nuevamente sus preciosas pestañas que hacían lucir su mirada más penetrante.

Él asintió, entusiasmado.

—Aunque si es porque piensas que te hará falta ropa y demás, de una vez te digo que no es necesario. Yo puedo comprarte todo lo que quieras.

—No es por eso—humedecí mis labios—es que mi amigo Cameron iba a esperarme en el aeropuerto de Londres hace unos días y debe estar preocupado por mí. Perdí mi teléfono y no puedo decirle que estoy bien.

Emir frunció el ceño y ladeó la cabeza, reflexionando mis palabras.

—¿Quieres simplemente llamarlo o invitarlo a venir con nosotros?

Me encogí de hombros, restándole importancia.

—Solo quiero que sepa que estoy bien.

—Muy bien—dijo, volviendo a sonreír y buscó mi mano para entrelazarla con la suya—vamos a ir a Londres para hacerle saber a tu mejor amigo que estás perfectamente bien a mi lado y después decidiremos nuestra próxima estadía, ¿te parece bien?

Asentí y de pronto, los nervios me traicionaron y oculté mi rostro en el pecho de él. Me ardía la cara de vergüenza y de algo inexplicable.

—¿Qué ocurre? —murmuró sobre mi cabello.

—Es que me siento extraña. De todas las ideas demenciales que se me ocurrieron mientras estaba cautiva, lo de ser Príncipe fue la que menos pasó por mi cabeza, es decir, ¿cómo era posible que me había acostado con el heredero de la corona irlandesa sin saberlo?

Mis palabras ahogadas contra su pecho lo hicieron reír.

—Bueno ¿y qué opinas ahora?

—No lo sé, pero me siento como si estuviera en una película cliché como las películas navideñas de Netflix, donde mágicamente la protagonista logra enamorar al príncipe del reino ficticio y se casan al final—reí y me animé a mirarlo.

Y me encontré con Emir riéndose también y sacudió la cabeza en negación.

—No está tan lejos de ser real, omitiendo que el reino de Irlanda sí existe—acarició mi nariz con suavidad y me dio un beso justo en la punta, atrayéndome más a su cuerpo al abrazarme. Sentí la calidez y cercanía de su cuerpo y dejé que esos hermosos minutos junto a él se sintieran eternos.

—Lo siento—susurré, hundiendo mi rostro otra vez en su perfecto y firme pecho. Alcancé a notar que su corazón se aceleraba al igual que el mío.

—¿Por qué lo sientes?

—Por haberte tratado mal cuando no fue tu culpa. Yo… estaba muy asustada y quería irme a casa, sin embargo, una parte de mí quería que todo fuera una broma y seguir contigo sin ningún problema.

—¿Te disculpas cuando fui yo el que debió haberte dicho la verdad desde el principio?

Emir se tensó, pero le acaricié la espalda para tranquilizarlo y aquello lo estremeció.

—Querías evitarlo, lo sé, pero tienes que reconocer que yo no iba a dejarte ir fácilmente—bromeé. El fantasma de una sonrisa asomó a sus labios cuando alcé la vista a él—me gustaste desde que me defendiste en el aeropuerto bajo la lluvia y me encantaría saber cuándo fue que te diste cuenta que yo te gustaba.

Me ruboricé. Maldita sea. Había dejado de ser introvertida, eso era obvio. Supongo que por haber estado cerca de la muerte, ya nada podía avergonzarme o darme miedo.

—También en el aeropuerto sentí una atracción inexplicable por ti en el primer encuentro, pero no quise darme cuenta hasta el día en el que volví a encontrarte en el estadio por casualidad—confesó.

Su respuesta fue totalmente de mi agrado y no pude sentirme más emocionada porque era insano, pero cualquier tipo de repulsión o rechazo hacia él se había esfumado, puesto que, en realidad, sí quería estar con él, aunque eso significara estar en peligro.

Estuvimos un rato más abrazados, observando la ciudad a través del acantilado hasta que decidimos regresar a la camioneta.

—Necesito hacer unas llamadas para irnos hoy mismo a Londres—dijo Emir mientras conducía de vuelta a la ciudad—nunca había querido usar mi propio jet, pero creo que es el momento perfecto.

—¿Un jet privado? —me sorprendí.

—No pensarás que viajaremos en un avión normal, ¿o sí? —arqueó una ceja en mi dirección, haciéndome sentir idiota.

—¿Y qué me dices de cuando me rescataste de ese loco en el aeropuerto? ¿usaste un vuelo normal? —aguijoneé, tratando de atar cabos.

—Esa noche quise largarme del país a hurtadillas, pero al final me retracté—explicó—y fue la mejor decisión, de lo contrario, no te hubiera conocido.

—Y desde entonces atesoro algo tuyo y estoy segura que ni siquiera te has dado cuenta que lo tengo en mi poder—vacilé.

Emir apartó la vista de enfrente para mirarme fugazmente con el ceño levemente fruncido.

—¿A qué te refieres? ¿la sudadera?

—No, bueno, aparte de la sudadera, hay algo que guardó con mucho cariño y era lo que más me mantenía unida a ti cuando intentabas alejarte de mí.

—¿Qué es? —preguntó con curiosidad.

—Esto.

Me saqué el collar con el anillo de león que era suyo.

—Es un anillo que estaba en tu sudadera cuando me la diste y opté por quedármelo.

Emir extendió su mano hacia mí y le entregué el anillo junto con la cadena.

Disminuyó un poco la velocidad para poder echarle un vistazo y alzó las cejas, impresionado.

—Debo reconocer que ni siquiera lo recuerdo, según yo, lo había guardado en mi habitación—sonrió y me lo devolvió.

—¿No lo quieres de vuelta?

—No, es tuyo ahora.

—¿No significa algo para ti? Es decir, se ve costoso y peculiar—dije, poniéndomelo en el cuello y ocultándolo de la vista por debajo de mi ropa.

—Fue un regalo de Ewan—arrugó la nariz—lo cual vi muy innecesario, pero ahora que es tuyo, tiene un mejor significado.

—¿Por qué te lo regaló? —fruncí el ceño.

—No tengo idea, pero dijo que haría juego con mi manera de ser y porque el león me representa por mi signo zodiacal.

—La razón la encuentro extraña porque tu hermano no se ve que sea de los que regalan cosas a los demás así sin más.

—Tienes razón, pero no te preocupes, es solo un anillo.

Al cabo de varios minutos, Emir aparcó cerca de la cafetería a la que fuimos hacía algunos días y lo esperé en el interior del Jeep. Había comenzado a hacer frío y mi ropa era la menos adecuada, así que en lo que esperaba su regreso, me dispuse a ver lo que tenía en la guantera. La calefacción me estremecía y también la música suave de jazz que él había puesto en lo que regresaba.

Abrí el pequeño compartimiento y encontré un mapa de Dublín, mentas, un reloj negro que pesaba mucho, señal de que costaba más que mi casa, una botella de agua, una cajetilla de cigarrillos que parecía ser nueva, ya que le faltaban algunos y el empaque estaba casi nuevo. ¿Emir fumaba?

Pero lo que llamó más mi atención es haber encontrado un libro, y no cualquier libro, sino uno muy peculiar y enorme, que tiempo atrás deseé leer, pese a las reseñas malas.

“Tan Poca Vida” de Hanya Yanagihara.

Era edición de bolsillo, pero eso no le quitaba lo extenso que era. Tenía un separador justo en la primera cuarta parte de la historia y me pregunté si ese tipo de lectura era de sus favoritas.

Comencé a hojearlo porque había párrafos que él había subrayado con marca texto y hubo una parte que captó mi atención.

Era sobre un personaje, el principal, Jude St. Francis.

“Mi vida—pensará—. Mi vida. Pero no podrá pensar en nada más, y seguirá repitiéndolo para sí, como una salmodia, una maldición o un consuelo, mientras se sumerge en ese otro mundo que visita cuando el dolor es enorme, un mundo que sabe que nunca está lejos del suyo, aunque nunca lo recuerdo luego: Mi vida”.

Y entorné los ojos cuando en otro apartado, justo al final de la página, había una inscripción escrita por Emir.

“Acabo de encontrar a mi propio Willem y Andy en versión mujer y no estoy dispuesto a perderla”.

Di un respingo cuando Emir apareció detrás del cristal de mi ventana. Cerré el libro de golpe y abrí la puerta. Él me entregó un delicioso café caliente y panecillos para después rodear la camioneta. Me estiré a abrirle y se deslizó al interior del asiento.

Sus ojos oscuros viajaron al libro y después a mí, pero no se alarmó.

—No sabía que te gustaba este libro—comenté, dándole un sorbo al café.

—¿Sabes de qué trata? —preguntó, interesado.

—Sobre la vida de cuatro amigos, aunque se centran más en Jude, quien es el que tiene el pasado más triste de todos ellos.

Él asintió.

—Es muy triste—continué diciendo— ¿por qué te gustan las historias trágicas?

—Tan poca vida no es trágica, sino más bien realista.

—¿Te identificas con la vida de alguno de ellos?

—Con los cuatro, más que nada, salvo que con el pasado de Jude no, pero sí con sus pensamientos sobre sí mismo—bajó la cabeza y fingió abrir el paquete de un panecillo para no mirarme a los ojos.

—¿Quién es tu Willem y Andy versión mujer?

La respiración de Emir se aceleró y aunque no enfrentó mi mirada, se hundió en el asiento, derrotado.

—No esperaba que te llamara la atención que yo estuviera leyéndolo.

—Solo responde—le insté con suavidad.

De pronto percibí que sus ojos estaban cristalizados y tragó saliva para poder hablar.

—Tú.

Su voz sonó temblorosa.

—¿Yo?

—Eres como Willem porque a pesar de que no sabías con exactitud mi vida, seguiste ahí, a mi lado y como Andy porque logras sanar heridas que no hiciste, heridas que siguen a flor de piel, por más que sean antiguas y comenzaron a cicatrizar en cuanto apareciste en mi vida.

—Por favor, dime que jamás has intentado hacerte daño—palidecí.

—Abrirme la carne para aliviar mi dolor emocional como Jude no—apresuró a explicar al ver mi desesperación reflejada en mi rostro pálido—pero cuando era más joven, fui muy rebelde y estuve a punto de morir muchas veces con tal de librarme de la responsabilidad de la corona y fue a causa del maldito compromiso que mis padres hicieron con los marqueses sobre casarme con Eleanor. Yo me negaba a aceptarlo porque siempre me acoplé a las reglas y tenía la esperanza de, al menos, poder decidir con quién casarme y cuando supe que ni siquiera en eso tenía la libertad de elegir, me deprimí.

—¿Qué solías hacer para poner en peligro tu vida? —me impacienté. Ignoré a propósito el tema del matrimonio para no morirme de celos.

—Solía ir a carreras clandestinas en motocicletas y sufrí incontables accidentes muy severos, sin embargo, la última vez que desobedecí y fui a hurtadillas a una feria. En esas salidas riesgosas fue que conocí Demian Jenkins, y justamente con él fuimos a esa feria, en la que supuestamente teníamos que aceptar un reto para ganar dinero—dijo con amargura—lo cual era estúpido de mi parte porque yo no necesitaba ese premio, pero los demás sí y sin ser egocéntrico, puedo decir que, del grupo, el que sabía maniobrar a la perfección la motocicleta era yo, así que me retaron a desafiar el famoso “Globo de la muerte”.

Parpadeé, sin saber a qué se refería.

Emir colocó el vaso de café en el sitio especial que tenía la camioneta y sacó su teléfono y buscó algo en la red.

—Este es el globo de la muerte.

Me entregó el móvil y entorné los ojos, horrorizada.

—¡Se ve increíblemente peligroso!

—Pues en aquel entonces yo no le tenía miedo a nada, salvo a casarme con esa marquesa insípida—esbozó una sonrisa torcida.

—¿Y qué ocurrió?

—Como todo idiota, pensé que podría hacerlo y acepté el desafío. Sin embargo, no iba a estar solo en la esfera de hierro, sino que metieron a una chica justo en el medio para darle más emoción a la dinámica—cerró los ojos y negó con la cabeza—por supuesto, logré empezar muy bien gracias a la adrenalina, pero solo bastó para que diera un movimiento en falso para que la motocicleta perdiera velocidad…

Agarré su mano para reconfortarlo, ya que parecía afectado por el recuerdo.

—La motocicleta cayó antes que yo, aplastando de muerte a la chica—abrió los ojos y me miró, y advertí el trauma en su mirada—le quebró la cabeza y la columna en el acto y en lo que a mí concierne… Si no hubiera girado por sobre mi espalda, habría sido mi muerte segura. Me fracturé las costillas y me golpeé muy fuerte la cabeza pese a tener el casco y estuve en coma durante un mes.

—Emir, por Dios…

Me eché a temblar, dejé mi café junto al suyo y me acerqué a abrazarlo. Le acaricié la cabeza y le di un beso por sobre el cabello.

—Yo incluso deseé no haberme despertado…

—No digas eso, por favor.

—Pero ahora que lo pienso, fue una verdadera suerte que siguiera con vida, porque de ser lo contrario, no estaría aquí contigo ni siendo abrazado por ti. La vida me dio una segunda oportunidad para conocerte.

Nota: (El «Globo de la Muerte» es un espectáculo emocionante que ha fascinado a multitudes en circos y ferias de todo el mundo. En este impresionante acto, los motociclistas desafían la gravedad al girar dentro de una estructura esférica de acero, realizando acrobacias que desafían la muerte).

(Hola, espero se encuentren muy bien 🙂 De antemano, les agradezco que se tomen la molestia de leer mi historia, en verdad, significa mucho<3, pero me encantaría que comentaran sobre su punto de vista de la trama y así conocernos mejor <3)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo